“Les voy a contar una historia que llego a mis oídos, referente a la esposa de un amigo, ella se llamaba Laura y un día se le ocurrió revolear la chancleta (como se dice acá en mi país Argentina cuando una mujer decide tener relaciones prohibidas) y apunto sus cañones sobre el hijo mayor de su hermana o sea su sobrino de nombre Germán, accidentalmente descubrió que su querido sobrinito poseía una verga de generosas proporciones, y decidió iniciar al adolescente en los secretos del sexo, haciéndolo participar en diferentes orgías que ella organizaba para calmar su insaciable necesidad de sexo”.
Como recordaran en mi anterior contacto Laura y el mejor amigo de su esposo, estaban teniendo una apasionante orgia en el interior del taxímetro estacionado frente a la puerta de su ogar. Ahora pasare a relatarles como continuo esta aventura.
Como recordaran mi relato anterior, Laura la tía de Germán se había subido a un taxímetro y se encontró con que el conductor del mismo era un antiguo compañero de aventuras, esto es lo que sucedió a continuación.
El goce de mi primo y mío con nuestras madres llega su máxima expresión. Tanto mi madre como mi tía son mucho más cachondas de lo que pensábamos nosotros e incluso bastante más de lo que ellas mismas creían.
Los excitantes acontecimientos se suceden en una tarde llena de lujuria entre mi madre, mi tía, mi primo y yo. Mi madre y mi tía sacan a flote toda su calentura de hembras maduras y cachondas largo tiempo reprimidas.
La exhibición de sus encantos por parte de mi madre y mi tía ante mi primo y yo mismo había comenzado casi como un juego inocente pero ahora ya afloran los primeros orgasmos.
Un leve apunte sobre como un hombre hecho y derecho aprovecha discretamente y con el mayor de los respetos la luz que irradia una muchacha, mientras recuerda tiempos pasados.