Un informático que viaja mucho se encuentra con una chica de la pensión que después de mucho tiempo sin hombre, le regala algo más que una simple sonrisa.
En la época de las invasiones bárbaras una Princesa germana, mujer hermosa, sensual, fiera y luchadora, está dispuesta a cambiar la historia del Imperio.
Ocurrió en una fiesta estudiantil. Se acercó a mí me preguntó si quería bailar con él. Se llamaba Alex, era el chico más popular de la clase y algunas compañeras decían de él que era estupendo en la cama.
Desde siempre he vivido los temas relativos al sexo como algo normal, sin tabúes ni hipocresías. No recuerdo que mis padres nos dijeran nunca nada parecido a “hijos, tenemos que hablar de cosas de la vida”; aprendimos como lo hicimos a andar o a comer, de una manera espontánea y natural que el sexo es algo más que una función reproductiva, que además es reflejo de cariño y amor, pero que puede ser simplemente una fuente de placer sin más connotacion
Es la primera vez que participo en nada parecido a esto y las historias que voy a relataros no las he escrito yo, la autora fue mi mujer. Ella murió, murió hace unos meses en un estúpido accidente doméstico.
Allí estaba yo con mi amiga la monja y a punto de hacer el amor. Ella por primera vez y yo por no se que número. Quería que disfrutase de su primera vez sin culpa y cargo.
Esta es la segunda parte de la historia que tuve con mi amiga de toda la vida; a la cual deje de verla durante un par de años y para mi sorpresa se había convertido en monja...