La escena duró no más de cinco minutos. De sobra para partirme la cabeza en mil pedazos. Es que ver a una nena desnuda masturbándose en tu propia habitación no es algo que a uno le pase todos los días.
Tus vestidos, tus faldas y tus pantalones tan pegados: se adhieren a ti, como una segunda piel, resaltan más que ocultan. Parejamente, me gusta que te pongas zapatos y sandalias que exhiban parte de tus pies, que lo muestres desvestido y libre para ser visto y para ser acariciado, tomado y apretado –por una mano o por ambas-.
Mis ojos no se olvidan, de tus muslos y de tu espalda entre las sábanas. Mis oídos se acuerdan, del silencio quebrado, por mi deslizarme sobre ti y por los gemidos que empiezan a surgir, de tus labios.
Relato (con fotos) de una companera de trabajo que estaba embarazada y como terminamos involucrandonos sexualmente. (la foto ya esta distorcionada por favor).