Sintió un tremendo pene erecto y mojado recorrer su espalda, todo a lo larga hasta pasar entre sus nalgas. El clítoris se le inflamó casi con dolor ante la promesa de una gran penetración anal.
¿No se les antoja? Imagínense manejando un poderoso seis cilindros por la carretera, bajo el sol, con el viento moviéndoles el pelo, y una lolita cachonda mamándoles la verga como una puta consumada?
Pero tenía ansias por saber más del sexo, saber como sacar partido de mi cuerpo, y no me atrevía a preguntar a nadie. Un día estaba en casa, y mi madre se reunía con sus amigas a tomar café.
Lorenzo estaba en su casa, solo y haciendo sus cosas, cuando llega de improviso Diana. Ella es como una tormenta que llega y lo revulevo todo, y luego se va como si nada hubiera pasado.