El primer asalto entre nosotros había sido como un sueño. Como las mejores de las fantasías que ambos habíamos compartido a través del teléfono o de la red.
Lo que me ocurrió hace unos meses fue increíble. Pensé que estas cosas no pasaban en la realidad, pero al parecer yo mismo seria el actor principal de una de esas historias que leía por ahí.
Sobre el final llega el frenesí y el descontrol. Ya no hay preguntas sin respuesta. Ninguno de los dos habla del mañana. Solo pretenden entregarse a sentir el presente.
Al final derriban todas, o casi todas, las barreras y enfrascados en sendas luchas interiores, se entregan a la lujuria que los desborda, encontrando las respuestas que había venido a buscar.
Se conocieron a través de Internet, ella le mandó fotos suyas y él un relato que describía una noche muy intensa con una mujer muy parecida a ella que no pudo dejar escapar.