Como no llega su principe azul, sus pensamientos son cada vez mas morbosos y su cariño hacia su perro labrador es cada vez mayor, le hace sentir una corriente extraña en su cuerpo.
Ella y su amiga de toda la vida veían súper excitadas videos de zoofilia y se caldeó tanto el ambiente que dejaron pasar a su perro para que gozara con ellas.
Aquella noche era capaz de cualquier cosa, estaba muy excitada y su marido no vendría. Su excitación era muy grande y sin pensarlo se dirigió al establo en busca de su amor prohibido.
Esa noche su gran danés estaba nervioso, casi amaestrado para el placer haría que ella que estaba dispuesta a todo se sintiera como una verdadera perra.
Quería convertirse en una perfecta ninfómana, compró películas, vibradores, pero su cuerpo quería más. Se le ocurrió que su San Bernardo se podría convertir en su gran semental.
Se encontraba sola y decidió alquilar unas películas porno, muy perversas. Se excitó muchísimo pensando en su caballito y sin dudarlo se dirigió al cobertizo con las más libidinosas intenciones.