Nunca supe su edad y nunca quise preguntárselo. Eso no me importaba, ni su edad ni su aspecto físico. Lo que me traía loco era su perfume, y su rostro, el más dulce que recuerdo.
Ella de pronto puso su mano en mi pene sobre el pantalón y lo acariciaba torpemente, no sabia que hacer con el, me daba igual, estaba en la gloria yo le enseñaría.
Le pregunte ¿cuánto hace que no te corres una juerga? Dos años, muy suave en la oreja le dije “esto hay que arreglarlo” y la fui empujando a su dormitorio.