Le cuento a Ricardo, el compañero de trabajo de mi esposo, mis deseos de averiguar si podría serle infiel a Armando. Y me citó para el día siguiente. Pero me encontré con que había invitado a un montón de compañeros de mi esposo y amigos suyos.
Lola lanzó un grito de dolor, pero sus caderas se arquearon hacia atrás propiciando los movimientos, esperaba con ansia ese orgasmo que sentía inminente. Miguel entraba y salía violentamente, golpeando con sus testículos las nalgas, produciendo un sonido de tamborileo que la enloquecía.
No sé por que me asedian tanto los hombres. Creo que son pruebas de Dios. Por suerte mi marido casi no me asedia. Así puedo dedicarme a mi cruzada religiosa educativa, para salvar a los jóvenes de los peligros de la lujuria.