A mi Armando, mi amado esposo, le molesta que se la mame. Pero él no sabe lo empecinada y creativa que soy. Así que se la mamé por interpósita persona, sin que él siquiera lo sospechara, usando la poronga de mi recién conocido y servicial amigo. No es lo mismo, lo reconozco, pero fué casi mejor.
Antes de contarles esta experiencia, les explicare brevemente la historia de Alberto y su matrimonio, para que de alguna forma traten de entendernos y no juzgarnos por la relación que mantenemos.
El doctor Vergudez, me hizo la revisión sexológica más completa que una pudiera imaginar, dejándome muy contenta. Pero las ganas de mamar pollas continuaba. Y mi marido se tuvo que ir a trabajar. Por suerte, en la parada del colectivo, conocí a un joven que me miraba con simpatía...
Armando, mi amado esposo, me recrimina las frecuentes mamadas que le hago. El cree que seis mamadas diarias son demasiadas. Así que lo convenzo de que vayamos a lo del doctor Vergudez, sexólogo, para que lo saque de su error.
Cuando nos visita mi cuñado, Miguel, es una fiesta. Realmente lo adoro. Y él lo sabe y hace que lo adore a su peculiar manera. Todo sea en nombre de la unión de la familia...