Cuando nos visita mi cuñado, Miguel, es una fiesta. Realmente lo adoro. Y él lo sabe y hace que lo adore a su peculiar manera. Todo sea en nombre de la unión de la familia...
Al final uno no conoce a nadie. Mi prima no tenía nada que ver con la chica idealizada que creía y mi amigo no era el salido que creía, sino que lo era aún más.
Mi suegro me quiere mucho, y me lo demuestra muchas veces cada vez que vamos con mi marido a su casa. Pena que mi esposo no haya heredado su más bella cualidad...
Dejé a mi marido semi inconsciente, derrengado en el sofá, luego de la sexta mamada de ese día y me fuí a lo de Fanny que había arreglado otro encuentro con los muchachos. Me alegraría ver a mi amigo Andrés el de la fabulosa poronga. ¡Las cosas en que se mete una por mantener la unión familiar...!
Fanny, la hermana de mi marido, le pide que yo vaya a cuidarla esta noche, porque no se sentía bien. Cuando llegué a su casa, me explicó que me necesitaba como compañera, para salir esa noche con dos muchachos que nos llevarían a bailar. A mi me pareció que eso no sería infidelidad, sino más bien solidaridad filial para con mi casi cuñada.
¿Qué hacer cuando en plena luna de miel te enteras de que tu marido ya te ha sido infiel? Pues lo más socorrido es acudir a los servicios de animación del hotel.
Luego de mi graduación como experta en lucha femenina y boxeo, tuve mi primera pelea con un hombre, un muchachón musculoso y peludo que entrenaba con pesas. "Pobre", pensé, "no sabe lo que le espera"