Nunca creí que ver aquello me pudiera excitar de tal manera contemplando como tres perfectos desconocidos ocupaban todos los agujeros de mi preciosa esposa a la que hasta ese momento nunca había poseído ningún otro hombre, llegando incluso a romperle la virginidad de su culo.
En mi segundo día de vacaciones mi marido no quiso ponerme la crema protectora, así que el vecino de la carpa de al lado se ofreció a ponérmela y me hizo pasar a su carpa. Y me la puso muy bien...