Mis pechos rozaban la piel de tus pectorales, el escaso vello del mismo hacía cosquillas a mi feminidad mientras yo pellizcaba tus pezones con furia y rabia, con el deseo reprimido de una adolescencia traumática y una juventud escondida.
Cuando me creía sólo en la oficina, descubro a Rosaura, mi voluptuosa compañera de trabajo. Pensé que no me aburriría, después de todo. Y así fue, sólo que de una manera que no esperaba.