Y pues como adolescente un tanto agraciado por la naturaleza y gracias a mis sofisticadas técnicas en devaneos amorosos aprendidos de películas de segunda, chicas no me faltaban y fue así como de empezar dandos tumbos sólo en el cole -pues mal estudiante sí era-, empezé también a dar tumbos de cama en cama. Así se me escaparon mis 13, mis 14, mis 15 y mis 16 podrían haber seguido el mismo rumbo de no ser por Camila: mi primer gran amor.
Mientras el espera la llegada de su mujer, prepara el lienzo donde ella lo transformara en una femenina obra de arte, los dos estan impacientes por hacerse.
Pasó lo que tenía que pasar, Kika halló, en su propio padre, a un nuevo esposo que atender, y yo a un nuevo hombre con quien debía compartir a mi esposo. No sé si este relato sea de amor filial o transexuales, la verdad...
Luego de ese encuentro con Mauro, todo cambio en nuestra relación. Nos veíamos casi todos los días, y si no nos veíamos seguro hablábamos por teléfono. Éramos como cualquier pareja de novios.