Juan llegó a mi vida como tantos otros, un descuido, una casualidad, el destino, yo que sé, lo cierto es que le gustaba endulzarme el oído, y a mi, me encantaba que lo hiciera, cada mañana después de mi dosis de cafeína y nicotina, revisaba mis correos con la esperanza de iniciar mi día con unas palabras dulces...
Mis cumpleaños siempre me llenaron de hastío; en general se repiten con los mismo ritos: flores, cena y regalos utilitarios. Salvo uno que recuerdo con simpatía, mis 28 abriles!