Al cabo de un rato me dijo que si quería ducharme con ella. Solo un imbécil diría que no. Nos fuimos a la ducha. Mi pene estaba cansado después de la acción pero no tardó demasiado en levantarse de nuevo.
Voluptuosas memorias de un burgués arrepentido (6)
Está de pie, con las piernas abiertas. Tengo que esforzarme para contener el semen en mis pelotas cuando, arrodillado, tiro del hilo y me quedo con el tampón colgando de la boca.
Una confesión acerca de una de las tantas cosas sexuales que han marcado mi vida y de la que hasta hace poco he empezado a tomar conciencia, para intentar contarla a los demas y entender que fue lo que pasó esa noche en esa isla.