Es la confesión de mi placer de bailar desnuda ante un selecto auditorio compuesto solo por mis dos hermanos y la semejanza con otro relato enviado de forma anonima, pero con las diferencias que lo hacen totalmente distinto.
Voluptuosas memorias de un burgués arrepentido (3)
La tía es una auténtica puerca... Se quita la falda llena de lamparones: no lleva bragas. Saca una palangana de debajo de la cama que contiene agua, se acuclilla y se moja los cuatro pelos que todavía conserva y la vulva. Para terminar las abluciones, se mete el dedo medio en la vagina y lo saca cubierto de un líquido verdoso, mezcla -supongo- de semen y de mocos, que daría asco a cualquiera... Lejos de asquearme, me excita.