Armando se mantuvo perfectamente inmóvil. Cerró los ojos y sonreía. Mi esposa se fue metiendo todo aquel pedazo de carne y con un grito se sentó para introducirse el último par de centímetros.
La reunión empezó normalmente, sin nombrar las miraditas del cerdo de Carlos hacia mi escote. Tampoco se quedaba atrás Diego , que al parecer había visto algo raro en mis muslos, porque no paraba de mirarlos cada vez que me levantaba.
Elsa trabaja como señorita de compañia y tiene muchas historias que contarnos, hoy empieza con uno de los primeros clientes que tuvo y lo que le sucedió con este y su secretaría en su despacho.