Al salir del trabajo, venias a mi piso, simplemente te arrodillabas (sin quitarte ni una sola prenda de ropa), abrías tu boca y recibías una descarga de semen por tu rostro y tu lengua.
Me lamió entera, en los probadores de una conocida tienda de ropa, mientras yo veía reflejado en el espejo su hermoso pene y sus velludos huevos colgando...