Me giré y a través de la puerta pude ver a los dos malcarados hombres que no parecían tener intención de marcharse. Pensé que este hombre parecía ser alguien culto y educado, y que estando cerca de él estaría más o menos a salvo.
El 69 culminó con que no le avisé que me iba y su boca quedó llena de semen. Pensé que me mataría, pero fue al contrario, si bien lo escupió en el baño, dijo que tener mi leche caliente dentro de su boca le pareció muy sexy pero que igual le avisara la próxima vez.
Mi profesor me cita en un café. Arrinconada por mi acosador y por mis deseos, se desata en mí la pasión que me lleva a disfrutar de una dosis más de lechita tibia y espesa. Una mamada inolvidable que me lleva a descubrir el éxtasis de mi sexualidad.
Tras haber sido forzada a mamar la verga de mi profesor, trago su semen y quedo embrujada, adicta. En este relato regreso por una segunda dosis. Lejos de ser forzada, en este segundo examen, soy yo quien implora la oportunidad de tener mi boca al rededor del grueso falo de mi verdugo.