Su marido la había puesto una venda en los ojos. Me dirigí hacía la única luz que había en la casa. La puerta estaba entreabierta y ella estaba de rodillas, con una venda en los ojos.
Cuando pienso en Viviana, me acuerdo de las pequitas de su rostro, que descienden calidamente y gotean en sus pechos, y me saben al mar al saborearlos, cuando ella es dulce, y después salada al beber el rocío de su vientre…
...y lo pense, lo pense muy bien, por que me jugaba la vida en ello..., seran las rosas ? por lo regular a la mujeres comunes les gustan las rosas y ciertamente esta mujer no era nada comun...