La miré y me gustó; la volví a mirar y me gustó más todavía. Dejé escapar un suspiro. Le sonreí, me estaba mirando y eso me llenaba de euforia. Nunca había sentido algo así. Ella tendría no más de 23 años, yo 25.
Nunca había experimentado estar con un travesti, por que los consideraba como algo lejano a mis gustos, pero todo se fue dando para tener una deliciosa experiencia sexual, con alguien como mujer pero que me dio como hombre…
Como sabrás, en algunos momentos he sentido la curiosidad de estar en tu lugar y sentir lo que tu sientes justo cuando estás debajo de mi, con las piernas abiertas, toda mojada, recibiendo huevo, llena de placer y ahogándote en tus propios gemidos...
Desde que llegó a mi empresa a su entrevista, aquella mirada y aquel cuerpo hicieron que me el amor llegara a mí a primera vista, aunque no fuera correspondido.