Tenia la vista enterrada entre los libros cuando de repente intuí que tenia que levantar la vista y así lo hice, no me lo podía creer, delante mía paso un hombre maduro, de unos 54 años, gordito pero se le veía fuerte y duro, sus manos eran grandes y velludas...
Yo me acerqué nervioso y pude ver que era un hombre bajo, rechoncho, de piernas muy gruesas y barriga prominente. El tío me gustaba un montón. Tenía unos 65 años y era un hombre muy bonachón de cara y sonriente, pero con poder. Se sacó el casco y dejó ver su pelo blanco, canoso