Como un bálsamo afrodisíaco te reanimo íntegramente. Tu boca se acerco a mis labios, llena de una lujuria devastadora y tu lengua, cual serpiente enfurecida, recorrió cada pliegue, cada escondrijo, dejando a su paso un camino húmedo y delirante. Chupeteabas, succionabas, mamabas mi sexo erecto, mientras mis manos impacientes acariciaban mis propios senos y entre mis dedos, mis pezones endurecían.
Hola, este relato va dirigido todos aquellos casados como yo, que no han podido enterrar una antigua pasión por otra mujer, y que de pronto sin planearlo ese sueño de estar con ella después de tanto se hace realidad.