Saboreaste cada uno de mis jugos hasta llevarme al delirio. Supe lo que era un orgasmo, me enseñaste en tus brazos a ser mujer. Quiero recordar la primera vez que hicimos el amor.
Me acomode en la silla y puse mi bebida en la mesa, mi vista fue directamente a ti y observe ese rostro varonil, que denotaba madurez. Te pregunte tu nombre y tan solo pronunciaste Jesús. Me quede callada, ¡tu no tenías deseos de hablar!; así que jugué con mi copa. Mis dedos la recorrían suavemente mientras pasaban los minutos, más de repente...