Una vez desaparecido el problema de mi marido, mi aprovechamiento como hembra se acrecentó tanto que ni yo misma tuve conciencia hasta que no me aplaudieron.
Sigue la historia y los recuerdos de Andrea en su camino a la sumisión (es mejor leer antes la primera parte para entender el relato en su integridad).
En esta ocasión les contare como ademas de los compañeros de trabajo de mi hijo, mi vecino tambien se unió al grupo que me folla y encula semanalmente.
Se pinta los labios, y se los lame. Se sujeta y aprieta los pezones. Y dice, que mi cuerpo es suyo. Se dice a si misma, mi cuerpo es su cuerpo. Toma, una de mis camisas, se la viste, se la abotona. Esta calenturienta y sus pezones se le endurecen, más y más a cada instante.
Su cuerpo ondulado, se arquea y serpentea. Su deseo le culebrea y se le retuerce, por dentro y por fuera. Y si, la dejo volverse me sonreirá y luego, me dejara ver todos los matices del gusto, del placer y del goce que le ascienden, se le enroscan y le suben y bajan, por toda su piel y por el interior de sus entrañas, por su corazón y por su mente “de mujer enamorada y satisfecha, comprendida y cómplice”. Sus pechos, y su vientre gozan. Sus brazos y piernas, sus manos y sus pies de delectan apretándose conmigo y acariciándome.