Después de cenar no dirigimos a un local cercano a tomar una copa. "Quiero que ligues con aquel tipo –le dije señalando a un tipo bajito que bebía solo en una esquina del local- ahora."
Esta noticia fue silenciada por la Organización Oficial de los juegos Olímpicos de Seúl 88, pero según transcendieron informaciones puntuales y de total confianza, fueron reales.
Después del episodio del polígono industrial, mi esclava Sara y yo nos dirigimos a casa en coche. La había recogido apenas una hora antes en el aeropuerto y de momento había cumplido su promesa de ser mi esclava.
Ella queria que yo eligiese la ropa que debía vestir, la comida que debía comer, cuando debía comer, como debía comportarse. Quería anular completamente su voluntad y simplemente obedecer las 24 horas del día e intentar hacerlo de la mejor manera posible.