Dos tipos venían caminando y no paraban de verme y hecharme piropos a los cuales estoy acostumbrada. Pero nunca me imaginé que al pasar junto a ellos, me atraparían entre ambos y me comenzarían a hacer lo que hicieron conmigo, dejándome totalmente a su merced.
No te resistirías a devolver las ofensas a tus carnes con una magistral cabalgada sobre mi ano. Sacaste la mano de tu espalda y mis pupilas se dilataron de sorpresa. Desde luego no esperaba eso.
Todos necesitamos un castillo donde sentirnos amos y señores, un lugar donde cerrar los ojos, mirar en nuestro interior y finalmente escoger si queremos subir a la torre o bajar a la mazmorra.
No me puedo quejar de mamá ni de mi padrastro como profesores de hembras de provecho. Cada ocasión en que ellos practicaban sexo ante mi era una lección magistral.