Pasaban los días y yo seguía en lo mismo, disfrutando mi pequeño secreto, follando como loca con mis manos hasta que casi me salían pelos en las uñas y tratando de hacer acopio de valor para hablarle.
Yo esperaba ascender de categoría social y montar mi propio negocio. Mi vecina de enfrente, ama de casa con niños, me facilitó el comienzo de mi aspiración.
Una vez en la casa, las fantasías y los deseos hacen que cada una se someta a la otra de formas diferentes, una por la dominación y otra por el placer...