Era una cruel ironía...ella llevaba tanto tiempo deseando conocer a su amo, verle por fin... y sin embargo, lo primero que hizo él, según ella entró en la casa, fue vendarle los ojos.
Me acababas de decir una hora y un lugar, pero ¿para descubrir que? ¿Que tus ojos me hipnotizaban? ¿Que seria capaz de hacer cualquier cosa que me pidieras con solo un gesto? Eso ya lo sabía… pero la gran duda era: ¿me atreveré a ir?
Te sugiero que al ponerte nuevamente las pinzas (de madera y nuevas), consideres que debes ponerlas lentamente, cerrándolas con cuidado y que hagas que el hueco que tienen diseñado, para la sujección de la cuerda, quede reservada para tus pezones.
Yo era una novata más en la universidad y estaba perdida entre tanto gentío, desorientada. Fui caminando entre los pasillos abarrotados de gente en busca del aula 15 y extrañamente me sentí observada...