Esa niña bien, la consentida de sus papas, se queda a solas, siente plenamente como una mujer y en su noches desveladas... se encuentra con sus más íntimos deseos y pensamientos fluyendo libres y con atropello, en la oscuridad repasa los momentos y lo que siente, algo que no deja de crecer entre las pareces de su cabecita y que enmarca su habitación, acaba desbordandose en su concha impregnado de flujos sus deditos y colmando sus deseos.Preparando la entrega de su compañera de oficina, la hija única del socio de su padre.
Esta aventura empezó una fría tarde de mediados de otoño, el olor penetrante de la tierra mojada, gratificaba todos sus sentidos. Acaba de bajarse, satisfecha, de un autobús desvencijado, con asientos de piel cuarteada y olor a rancio.