Mientras le observaba degustar su magnífica copa de brandy, pensé en lo que me aguardaba. Ser azotada durante horas con cadenillas no debía ser muy recomendable para cuerpo alguno, aunque fuera reanimada, mi cuerpo se resentiría de tanto castigo continuado.
Mi mente giraba rápidamente, mientras su beso largo y lleno de amor, inundaba cada fibra de mi ser. Podía mirarle a los ojos y todo lo que conseguía observar era sólo amor. Sabía que una esclava no podía permitirse esas fantasías, pero ante él, yo me aferraba a lo que mi alma sentía junto a él.