Luego de atenderla en el parto se enamoró de mí y se prestó a mis fantasías y caprichos. Luego ella disfrutó y me indujo a filmarla como una prostituta.
La noche caía ese inverno, afuera la nieve cubría con su manto blanco todo lo que se ponía en su camino. Allí estaba yo, solo en la habitación de mi mente, mis pensamientos volaban hasta las noches que pasábamos en esta misma guarida. Las noches en la que la ropa nos estorbaba y nos amábamos hasta que el sol nos golpeaba el rostro, hasta que nuestros sudorosos cuerpos eran vencidos por el cansancio.
Un día salí de mi trabajo bastante excitada sexualmente por un chateo via internet, al pasar frente a un cine porno no tuve mejor idea que entrar. Lean mi experiencia y despues cuentenme.