Puedo ver a esa rubia chiquilla de pechos pequeños y caderas casi insuficientes desnuda ante mi vista con la única prenda de esos bonitos zapatos de tacón... siento un cosquilleo en la entrepierna... Acaso el fetichismo tiene edad?
Al día siguiente de su marcha volví del trabajo antes de lo habitual y me dí cuenta enseguida de que me hijo estaba rojo como un tomate como si hubiera estado a punto de sorprenderle en algo malo.
Hasta entonces nuca había sentido semejante obsesión, pero hoy se que no era yo, era Él quien actuaba a través de mis sentidos, apoderándose de mi mente, y distorsionando mi percepción de la realidad.
A Osvaldo lo conocí de la manera más común en que conocemos a nuestros compañeros de cama o de juegos eróticos: en un cine porno. Me llevó a su casa me lamió todo, y terminé en su baño haciéndole...