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Relato: Papa lo quería y se lo di a mi hermano


 


Relato: Papa lo quería y se lo di a mi hermano

  

Papa lo quería y se lo di a mi hermano 


Era una niña cuando jugaba con mi hermanito; juntos nos
construimos una casita al fondo de la casa y en ella jugábamos a la maestra, al
doctor y la enfermera.


Al principio, todo era muy infantil pero con el correr del
tiempo, la cosa iba cresiendo y a escondidas de nuestros padres, porque no
ignorábamos que lo que hacíamos no era correcto.


Nos desnudábamos y nos tocábamos los pezoncitos, yo su
pitito, y el mi conchita, pero lo hacíamos tímidamente, hasta que todo terminó
porque a mi hermanito lo enviaron a un internado. En ese entonces cuando iba a
dormir yo me tocaba y acariciaba.


Nuestros padres eran muy buenos, mi madre una ama de casa
perfecta, mi padre era muy cariñoso, jugaba mucho conmigo y con el tiempo
comenzó un juego de manos al que no estaba acostumbrada, pero que me gustaba. A
partir de entonces, antes de dormir me despedía con un beso, al principio normal
pero luego me lo daba en los labios y como me agradaba, creo que yo le daba pie
al avance. Me invitaba a tomar helado, me traía regalos, golosinas, que yo tenia
que pagar con besos en los labios, me abrazaba mucho y me apretaba contra su
cuerpo, hasta que un día introdujo su lengua en mi boca; sus manos se deslizaban
por mi cuerpo y a mí me gustaba. Los tiempos con mi hermanito desaparecieron
pero dejaron secuelas como para que me gustara lo que mi padre me hacía cuando
ya tenía diez u once años. En ausencia de mi madre se ponía más atrevido,
siempre me convencia para ponerme vestidos que ya me quedaban muy cortitos y
comenzo un nuevo juego yo me sentaba sobre su regazo y hacia que yo le diera la
espalda y ponia mis manos sobre sus rodillas y yo tenia que rascarlo sin
utilizar las manos me hacía sentir su pedazo que debajo del pantalón crecía y se
endurecía, me dejaba deslizar suavemente para sentir su verga en la concha con
lo calzones puesto. Yo tambien sentia cosquillas y seguia por largo rato. Yo
sabía que eso estaba mal pero me gustaba y no se lo decía a mamà.


Una vez tomó mi mano y sin decirme nada me hizo que lo tocara
por encima de su bragueta; sentí algo duro y seguí tocándolo y con el tiempo el
juego de rascarlo sin las manos fue cambiando ahora eso duro que sentia dentro
de su pantalón lo saco afuera y yo tenia que rascarlo directamente en esa parte
tan dura. ¡Cómo me gustaba sentirla! me sentaba entre sus piernas y dado que yo
nunca daba alguna objecion la colocaba entre mis piernas en dirección a mi
conchita y mientras yo frotaba el acariciaba mis piernas produciéndome un enorme
placer en la concha.


En otra oportunidad la sacó, tomó mi mano y la puso sobre su
pija. Sentí escalofríos pero no la retiré.


Los besos de las buenas noches se transformaron en besos de
lengua, sus manos recorrían mi cuerpo por debajo del camison y me tocaba la
conchita y la cola. Yo devolvía sus caricias, hasta que un dia me quitó la ropa,
se sentó, sacó su polla, apuntó a mi ano apretándome sin conseguir nada. Luego
me dio vuelta e hizo lo mismo con mi conchita. La llevaba de abajo arriba sin
penetrarme. Respetó mi virginidad. Yo se la toqué y acaricié. Después me enseñó
a masturbarme y masturbarlo; cada vez se le ponía más grande y sentía sus jugos
en mi mano.


Un dia me pidio que la besara en esa parte y me inclinó para
que se la besara, obedecí, me pidió muchos besos otro y otro hasta que introdujo
su cabezota en mi boca. Comence a chuparlo tímidamente, continuaba acariciándolo
y masturbándolo con la boca y las manos hasta que me dijo: «¡Basta!»; me soltó,
agarró su pija y se fue al baño a deslecharse, como mucho después comprendí.


Cuando cumplí 12 años me dijo que pronto sería mujer y que
las cosas cambiarían. Con el tiempo comprendí que, el «hacerme mujer»
equivaldría a «hacerme suya». Lentamente advertí que mi cuerpo se estaba
transformando, se hacía ondulante, me crecían los senos para deleite de papá que
me los besaba y chupaba. Una vez me desnudó, me llevó a la cama, me acostó, se
ubicó delante mío, abrió mis piernas, me besó y chupó toda; creí estar en el
cielo de tanto placer que me daba y en un momento dado quedamos en un 69. Su
polla estaba a poca distancia de mi boca, se acercó y rozando mis labios con
ella me ordenó que se la chupara; obedecí, primero la cabeza y luego algo más.
Me estaba atragantando cuando la solté y menos mal que lo hice porque no se pudo
controlar y se deslechó, se limpió y se fue al baño. Todo me dio mucho placer y
gozo..., estaba entregada a mi padre, por una parte sabia que estaba mal y por
el otro me gustaba nuestros juegos en secreto de mi madre y todos los demas. Yo
misma los propiciaba ya no podia pasar tres dias sin que encontramos un lugar y
un momento para darle y recibir placer, nos comunicabamos de alguna manera sin
palabras. A la vista de todos eramos padre e hija y a solas éramos hombre y
mujer.


Se acercaban las vacaciones y mi hermanito volvería de la
escuela agrícola de Santa Fe para quedarse todo el verano. Eso me alegró y me
dejó pensando en lo que había pasado entre nosotros. ¿Lo recordaría él? El
reencuentro me emocionó, me temblaban las piernas: él estaba convertido en todo
un hombrecito. Papá le indicó a mamá que no quería que estuviera siempre en casa
e inactivo, que practicara deportes y por la tarde fuera a la fábrica y
trabajara en la administración para ganarse unos pesos. Comencé a observarlo, no
podía apartar de mi mente lo que había sucedido y me preguntaba si aquello se
reanudaría. Él también me miraba y estudiaba. Una tarde en que todos habían
salido, papá regresó del trabajo, según me lo había anunciado; me abrazó, besó,
acarició mis piernas subiendo por debajo de mi falda y chupó mis pechos mientras
deslizaba una mano por mi conchita. Yo le acariciaba la pija por encima del
pantalón, le abrí la bragueta, la saqué, me arrodillé y me la puse en la boca,
pero, de pronto, sonó el teléfono. Él fue a atender: su secretaria lo requería
en la fábrica por una emergencia y me dejó sola y con «hambre».


Después de unos días me enteré que mi hermano nos había
descubierto. Me tildó de mujerzuela, de puta, de hacerlo con mi padre y usó las
peores palabras para insultarme; traté de defenderme y le enfrenté lo que él me
hacía cuando éramos chicos.


Se quedó de piedra y balbuceó un:—Pero, te gustaba, ¿no...?
Con todo desparpajo le contesté que sí.


Se quedó sin aliento, se acercó, me tomó de los hombros, creí
que me iba a zarandear pero no: me dio un profundo beso de lengua.


Nos abrazamos, me estrechó contra su cuerpo y sentí su verga
en mi vientre.


Me sacó la blusa, el corpiño y la falda. Me chupaba y besaba
los senos y dirigió su mano a mi mojada entrepierna. Levantó la ropa y me llevó
al dormitorio, recorrió la casa cerrando puertas y ventanas, después se desnudó,
vi su hermosa verga apuntándome, me senté en la cama y se la chupé y mientras lo
hacía le preguntaba si le gustaba lo que le estaba haciendo. Me contestó
afirmativamente y tomando mi cabeza entre sus manos manejó la situación. Yo
temía que alguien llegase. Con papá todavía no había llegado a tomarme su leche
y no quería hacer con mi hermano lo que no había hecho con papá.


Me puso la verga entre las piernas y me preguntó si me
gustaría. Le dije que sí pero que era virgen y no quería perder mi condición de
tal.


Ofendido me preguntó:—¿Te reservás para papá?


Me dolió, aunque sin perder la calma ni entrar a discutir le
contesté:—No, me estoy reservando para vos.


Lo sorprendí, me abrazó y seguimos con una franela
descomunal, se la re-chupé. Cuando me anunció que llegaba la saqué de mi boca y
lo masturbé esperando ver salir su leche; saco un chorro que cayó sobre mis
pechos y manos disfrutándolo locamente.


Cuando nos tranquilizamos le pedí que no hablara más de papá;
me lo prometió y me pidió que fuera solamente suya. Para no contestarle, porque
no sabía si podría mantener la promesa, empecé a besarlo. Terminamos
masturbandonos furiosamente.


Papá empezó a notarme distinta, esquiva, ya no cambiábamos
miradas cómplices, ponía excusas para no quedarme a solas con él hasta que me
pidió una explicación y se la di: que mamá siempre andaba por ahí y mi hermano
también.


Lo entendió, pero al día siguiente me llamó por teléfono y me
ordenó que pusiera cualquier excusa y que me esperaba en un determinado lugar.
No pude negarme, nos encontramos, subí al auto y partió; amable y
cariñososamente me dijo:—Ahora estamos solos. En las afueras de la ciudad, sobre
una calle de tierra, detuvo el coche, se acercó, me dijo que me necesitaba, nos
besamos, buscó mis senos, los acarició, besó y chupó mis pezones suavemente.


Me estaba derritiendo de amor con lo que me brindaba, mis
calzones se mojaron, tomó mi mano, la apoyó en su pija diciendo:—Yo también
quiero darte algo. Abrió la bragueta, sacó su pija y sin que me lo pidera me la
puse en la boca. Se la chupaba con deleite, estaba bien grande y gruesa; él
quería que me la tragara cada vez más y yo trataba de complacerlo, pero a veces
me daban arcadas. Sin embargo yo insistía porque me gustaba y quería darle el
placer de comérmela toda. Me pidió que me sacara la tanga. Bajamos del auto,
abrió bien la puerta, me sentó al borde del asiento, abrió mis piernas y me
chupó toda papa decia que estaba maravillosa y que dentro de poco comensaria a
salirme bello. Yo mantenia los labios vaginales bien abiertos con mis manos
mientra jugaba con su lengua en mi clítoris y uno de sus enormes dedos hurgaban
adentro de mi vagina dilatandola papà dijo que ya tenia la concha con bastante
elasticidad ya que introducía hasta dos dedos ... ¡Yo lo gozaba frenéticamente
hasta que unos espasmos casi me desmayan era un orgasmo! y eso me hacía muy
feliz.


 


No abandoné ni a mi papá ni a mi hermano, me repartía
cuidadosamente para mantener en secreto lo de mi hermano.


Esperaba hacerme mujer. Tenia doce años y trataba de
informarme leyendo, a escondidas, un libro de sexología de mamá. Sabía los
problemas que afrontaría y me preparé para ello como para no cometer ningún
error que me pudiera traer consecuencias. Tiempo después papá anunció que
viajaría a EE.UU. por negocios; mamá lo acompañaría.


Nos pidió que nos portásemos bien.


No bien subieron al taxi, mi hermano y yo comenzamos a
disfrutar nuestro amor sexual porque podíamos hacer lo que quisiéramos.


Nos desnudamos como si fuera un concurso yo se la chupé, y él
me lo hizo por primera vez, lo disfrutamos. Quería cogerme, pero como no se lo
permití; empezó a jugar con sus dedos en mi ano. Le pedí que se detuviera, pero
no me hizo caso. Comencé a disfrutarlo. Se envaselinó un dedo, me lo introdujo
provocándome enorme placer. Me preguntó si me gustaba, yo asentí. Siguió
dilatándome introduciendo dos dedos; me dolía pero me gustaba.


Me colocó en posición de perrito, me indicó que me abriera
las nalgas para tener mejor acceso. Sentía sus dedos entrando y saliendo de mi
interior, mientras tanto yo jugaba con su pija. Se apartó de mí, untó su pija,
le adiviné la intención y le dije:—¡¡¡NOOooo!!! —pero no me hizo caso diciendo
que lo iba a probar con la puntita.


Se lo permití porque en el fondo lo deseaba, aunque papá lo
había intentado en vano. Lo dejé hacer, dejé que mis esfínteres se acomodaran
para recibirlo y así, lentamente, me la fue metiendo y mi ano se fue abriendo.
Apenas adentro le pedí que se detuviera.


Me aflojé del todo para facilitar la penetración.


Sentí su pija deslizarse en mi interior. ¡Me dolía, pero me
la aguanté! De pronto, paró para descansar.


La sentía y me gustaba. Él continuó, la hundió más, me
pareció suficiente y se lo dije, entonces empezó a bombear. El placer era
intenso, notaba que me abría y rompía todo y sin embargo quería que continuara
metiéndola y sacándola. Comencé a tener un orgasmo, gemía y gritaba de placer,
le pedía más, que no la sacara. Él continuó y súbitamente dijo:—¡Ahora te la voy
a dar toda!


¡Te acabo!...Sentí el calor de su semen intensamente.


Él seguía bombeando hasta que no dio más y empezó a
aflojarse. Ambos quedamos rendidos pero felices de haber dado el primer paso del
coito.


A partir de entonces lo hacíamos a diario, y decidí
chupársela y saborear su nectar: eso lo hizo feliz. Hacíamos el 69 y nos
chupábamos mutuamente pero siempre terminábamos cogiendo, obviamente que por el
culo.


Insistía en desvirgarme y yo me negaba pues quería esperar
hasta hacerme mujer, aunque no estaba muy segura. Hasta que finalmente me
convenció alegando que era la manera de crecer. Yo sabía lo que me esperaba,
tuve miedo pero quería sentir placer, y claro después de ser penetrada por el
ano ya nada es igual.


Primero se la chupé bien, me llegó a la garganta, me la sacó,
abrió mis piernas y mis labios vaginales, acercó su polla, me la apoyó, le rogué
que lo hiciera despacio, me lo prometió y comencé a sentir que su cabeza hacia
presion en mi entrada. Pero no funciono a la primera y resbalo hacia abajo.


Para un mejor deslizamiento envaselinó su pija volvio a
apuntarme y presiono firmemente yo ayude abriendo mis labios,la cabeza de su
polla entro de golpe y por la presion que hizo me la metio hasta la mitad aunque
yo senti que entro toda, sentí como me abria las paredes internas pretendia
empujar el resto encontro un tope y dio un empujoncito mas y... ¡adiós, himen!
Grité y luego bombeó tratando de llegar al fondo. Yo sentia como desaparecía en
mi interior. ¡Placer, goce, orgasmo, fue todo uno y lo gocé con locura! Durante
veinte días disfrutamos a full, me cogió hasta en la alberca debajo del agua en
la mesa hasta lo hicimos arriba del televisor. Podría decir que lo amaba aunque
fuera mi hermano. Claro, necesitaba su sexo y, por supuesto, él el mío.


Éramos felices, me negaba a pensar en el próximo regreso de
papá, y cuando volvieron, papá quiso saber si lo había extrañado.


Por supuesto dije que sí, aunque cuando quiso acercarse lo
rechacé. Me preguntó qué sucedía y le respondí que no deseaba hacerlo en casa
porque cualquier día mamá o Pedro podrían pescarnos y yo trataba de evitarlo.


Al poco tiempo alquiló un departamento para encontrarnos
allí. Cuando me llevó vi que era de un ambiente, muy lindo, con todas las
comodidades y con vecinos y portero muy discretos.


Nos desnudamos, fuimos a la cama, se la chupé tratando de
meterme una porción mayor que lo habitual. Quería lograrlo, tenerla toda en mi
boca, en mi garganta; él también me la chupó, sentí su lengua más adentro.


¿Lo notaría? Como otras veces, jugó con mi concha, sus dedos
se deslizaban por mi ano, en ese momento deseaba que hiciera lo que antes yo
rechazaba y así fue.


Mientras lo hacía, me movía como una víbora demostrándole que
me gustaba y disimuladamente me puse en posición del perrito. Se untó vaselina
en un dedo, lo enterró en mi ano, entonces estiré una mano y se la manoseé
mientras con la otra abría mis nalgas ofreciéndoselas.


Apoyé su pija en mi culo, me moví hacia atrás y sentí como me
penetraba; me preguntó si me dolía, le repondí que algo, pero agregué:—Me gusta
—y sin más se animó, siguió enterrándola y comenzó a bombearme y yo a
gozarlo.—¡Papito, papito, me gusta mucho, quiero más, qué lindo, cómo me hacés
gozar!... ¡Te quiero, papito, quiero ser toda tuya, te extrañé mucho! ¡Me
masturbaba todas las noches, pero no es lo mismo! — le decía mientras él
continuaba bombeando.—¡Estoy llegando! —murmuró y le contesté:—¡Sí, papacito,
dame tu lechita! —y se descargó en mi interior.


En casa nos portábamos bien. Para locuras teníamos el
departamento y con Pedro seguía cogiendo en casa.


Al poco tiempo, la noticia esperada: comencé a menstruar. Se
lo comuniqué a Pedro y a papá que se alegró esperando hacerme suya vaginalmente.


Debía disimular mi ex-virginidad. Ya me las iba a arreglar
para engañarlo.


Inmediatamente después de mi primera menstruación le entregué
a papá mi supuesta virginidad. Me hice la estrecha, que me dolía mucho, estuve a
los gritos y él, supuestamente, lo creyó.


Lo disfrutamos y a partir de entonces cogíamos en el
departamento.


Pedro volvió a Santa Fe, dijo que me extrañaría y le contesté
que allá encontraría alguien mejor que yo. Papá comenzó a hablarme mucho de las
distintas variantes de sexo, me leía algunos relatos de Todo relatos e hizo que
me interesara por el lesbianismo y la bisexualidad.


Desde el principio, los relatos que más me impactaron y
despertaron mi curiosidad eran, no sé por qué, los que relacionaban a dos
mujeres. Cuando papá me los leía me calentaba y a partir de ese momento comencé
a fijarme en las chicas de mi edad y también mayores. Sentía que algunas de
ellas me miraban sensual y eróticamente. Recorrí a todas mis amigas y conocidas
para descubrir si alguna de ellas podría tener un dejo de lesbianismo, pero la
que me llamó la atención fue mi profesora de gimnasia.


Llegué a pensar que era su preferida, me hacía bromas, me
miraba y a veces me rozaba con sus brazos en los pechos y nalgas. Al principio
creí que era mi imaginación, pero cada vez era más evidente; hasta que un día se
ofreció a llevarme a mi casa. En el camino me invitó a tomar algo y después a su
casa para que la conociera.


Acepté y apenas entramos se quitó la remera y el corpiño. Me
quedé pasmada y admirada por sus lindos senos. Se metió en la ducha y me dijo
que podía entrar así estábamos limpitas después del ejercicio; me alcanzó la
esponja y el jabón y me pidió que se lo pasara por la espalda, me indicó las
axilas y guió mi mano hacia su pecho. No salía de mi asombro: su cola era
hermosa... ¡Estaba extasiada! Ella lo notó y me dijo:—¿Por qué no entrás?Me
desvestí, entré, me metí bajo la ducha junto a ella, me tomó de la cintura y me
atrajo, nuestros cuerpos estaban frente a frente, sentía sus pechos pegados a
los míos. Me preguntó si me gustaba estar así, le contesté que sí, me abrazó con
fuerza y me besó en la boca. Estaba caliente y me calenté aún más; la dejé
hacer, me confesó que yo le gustaba, se agachó y saboreó mis pechos llevando mis
manos a su concha y la de ella a la mía.Salimos de la ducha, me llevó a la cama
y me hizo el amor... Me enseñó las cosas que hacen dos mujeres en la cama.
Nuestra relación duró bastante tiempo.


Una vez trajo a su pareja y él nos cogió a las dos. Se lo
conté a papá (excepto lo de su pareja) y le pareció que sería una buena
experiencia, me dijo que en cualquier momento podría llevarla al departamento
porque quería conocerla y que estuviéramos los tres juntos.


Ello también se produjo y él tuvo que esforzarse con las dos.
Mi profesora ofreció su pareja para un intercambio, papá aceptó y ahí, por
primera vez, me vio en brazos de otro hombre y una mujer. Lo hicimos varias
veces hasta que mi profe propuso una doble o triple penetración. Papá me había
leído algo al respecto y entre los dos hombres se lo hicieron a la profe y a mí
me me puso delante de ella para que me chupara la concha. Me prometieron que la
próxima lo harían conmigo. La idea me encantó.Ya, a mis pocos años, era una
amante experimentada. Me gustaba estar ensartada por una polla estando el hombre
de espaldas sobre la cama y poder manejar la penetración a mi gusto. También me
enseñaron a sentarme sobre el hombre y quedar ensartada por el culo. Cada día
aprendía más cosas y cada vez me gustaba más el sexo.


La relación con mi padre duró hasta que me puse de novia y no
quise saber más nada con él. Cuando Pedro volvía del colegio nos encamábamos en
el antiguo departamento de papá. También llevé allí a mi pareja masculina y en
oportunidades a mi pareja femenina. Me sentía completa en mis relaciones
sexuales y muy satisfecha. Más adelante estuve en orgías, siempre en ambiente
selecto porque había homosexualidad y lesbianismo. Allí fue la primera vez que
vi a dos hombres chuparse la pija y también cogerse; ambas cosas me calentaban
mucho y me gustaba presenciarlo. Me enseñaron a usar prótesis con y sin correas,
vibradores. Con mi amiga nos cogíamos así y en una oportunidad conocí a un
hombre al que le gustaba que le jugara con los dedos y la lengua en el culo.


Le pregunté si no le gustaría que lo cogiera y, cuando me
contestó afirmativamente, busqué la prótesis con correas y me lo cogí. Eso me
calentó tanto que orgasmé como loca. Me movía en grandes hoteles, con
ejecutivos, y como me gustaba ir al cine, cuando veía a una mujer sola trataba
de sentarme a su lado con la excusa que me desagradaba la cercanía de los
hombres. Decir eso era como decir que no me gustaban los hombres. Si picaba, nos
hacíamos amigas y, a veces, terminábamos en la cama. Otras veces me sentaba al
lado de un matrimonio y provocaba al hombre que disimuladamente me pasaba su
tarjeta, lo llamaba al otro día a la oficina y... ¡a la cama! A veces provocaba
a los hombres en el cine, se acercaban, me toqueteaban las tetas, entonces yo
les agarraba la pija y los pajeaba y, si realmente me gustaban, a la salida nos
íbamos a encamar. Siempre me vestía muy decentemente, como una dama que era.


Tan jovencita, era una experta en todo, nunca me faltaba con
quien coger, tenía la agenda llena de candidatos y candidatas, pero trataba de
no tener compromisos serios.


Me gustaban las personas mayores, no demasiado, hasta los 55
ó 60 años, porque generalmente tenían mucha experiencia y hacían lindos regalos,
sin que yo se los pidiera.


También me gustaban los jovencitos, como es natural. Mi
especialidad era iniciarlos y enseñarles a coger: los manejaba a mi antojo,
hacían lo que yo quería. Así como lo hicieron conmigo, yo lo hice con chicas que
tenían mi edad de entonces. Esto era más difícil y debía tener mucho cuidado
pues eran menores, pero yo no arriesgaba nada: si podía, bien; si no, a otra
cosa.


Actualmente tengo 29 años, estoy, sexualmente hablando, bien
fogueada. Tendría muchas historias para contar, pero no vienen al caso. No me
casé por que no quise: candidatos me sobraban. He vivido con parejas masculinas
y femeninas; ahora vivo sola y estoy mejor así. Cuando quiero lolas, invito a
alguien que quiera pasar una linda noche o me invitan. A veces me gusta estar
sola y fantasear con lo que aún no hice y masturbarme: lo disfruto mucho.Nunca
me preocupó lo del incesto. Papá sabía de mis relaciones con mi hermano pero
nunca me lo reprochó. Claro, no podía hacerlo porque una cosa es que un padre se
monte a su hija y no que lo haga un hermano. Tantas veces pensé en mamá...
Siempre me preguntaba cómo sería en la cama con papá. Hasta llegué a pensar si
la relación amigable que tenía con una señora no sería lebianismo. Son cosas que
una imagina, pero que lo hay, lo hay.


La relación madre - hija... no podía pensar en hacerlo con mi
madre. Bueno, sí, pero ya sería demasiado; pero que lo pensé, lo pensé. Claro,
los lectores dirán: ¡qué degenerada! No me importa. Cada cual es como es y
disfruta de la vida como mejor le place. A todas y todos los que estuvieron
conmigo, bueno, les di placer y más placer, entonces, ¿quién me quita lo
bailado?


Hasta pronto, amigos de Todo relatos. Los quiero, aunque no
los conozca. ¿Quién sabe si algún día..., si


Nota:esta historia no la escribi yo, pero me gusto, mas bien
me encanto y para que no se pierda la pego aquí, el sitio donde la encontre
desaparecio.


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Relato: Papa lo quería y se lo di a mi hermano
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