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Relato: Hospital


 


Relato: Hospital

  

HOSPITAL


Ya se que las historias de enfermeras son un clásico.
Pero que le vamos a hacer. En un hospital, cuando se está enfermo, no hay
mucho más que hacer que pensar en enfermeras esculturales ansiosas de sexo.
Lo cual comparado con la realidad, suele llevar a decepciones, porque la
mayoría son señoras respetables, cansadas de trabajar. Simpáticas, eso sí.


Llevaba como unas dos semanas ingresado en el hospital,
recuperandome de una operación de rodilla bastante grave. Durante todo ese
tiempo había estado con la pierna inmnovilizada, y la verdad es que me
aburría como una ostra, porque casi no podía hacer nada más que leer y mirar
la tele. Bueno, por lo menos tenía una habitación para mi solo, pero la
verdad es que tanta tranquilidad me estaba matando de aburrimiento. Mis
padres habían venido a verme varias veces, pero la verdad es que vivian
lejos y no podían estar siempre pendientes de mi, así que viendo que todo
iba bien, lo dejaron en manos de los médicos y sólo venían de cuando en
cuando. Mis amigos me visitaban de cuando en cuando, pero eso sólo duraba un
rato. Luego, más aburrimiento.


Así estaban las cosas cuando vino a visitarme Laura.
Aquel dia cumplía los 16 años y la verdad es que estaba bastante deprimido
por mi situación, así que agradecí la visita.


Laura era una amiga a la que conocía desde hacía un par
de meses. Era bastante mayor que yo, porque tenía unos 23 años, pero aún así
nos llevabamos muy bien. Cuando vino ese día era ya bastante tarde, porque
no podía venir hasta acabar de trabajar, y el hospital había empezado a
vaciarse y a disminuir su actividad. Justo cuando Laura había acabado de
sentarse y habíamos empezado a charlar un poco entró la enfermera con la
cena prefabricada que nos daban. En teoría el horario de visitas había
acabado, pero yo había hecho más o menos amistad con la enfermera y la
convencí para que dejara a Laura quedarse un ratito. Al fin y al cabo
acababa de llegar. Cuando la enfermera se fue, Laura me dijo:


-¿Está buena la enfermera, eh? Te habrás hecho un monton
de pajas pensando en ella, ¿A que sí?


La verdad es que la enfermera no estaba especialmente
buena, pero tenía un pase. Era, eso sí, bastante joven (unos 27 o 28 años),
pequeñita y bastante bonita de cara, pero nada espectacular. Había hablado
un par de veces con ella. Se llamaba Alicia y me había fijado en que llevaba
anillo de casada (no tenía otra cosa que hacer que fijarme en esas cosas).
El uniforme no dejaba ver gran cosa, pero bien mirado, tampoco estaba mal.
Por la calle seguramente ni siquiera me habría fijado en ella, pero en el
hospital tampoco tenía tantas alternativas, y una enfermera joven es una
enfermera joven, así que un par de pajas si que me había hecho a su salud.
Como comprendereis, tenía confianza con Laura, así que le contesté:


-¿Qué quieres?, todo el dia con la pata quebrada y sin
hacer nada, en algo me tengo que entretener.


-Que guarro que eres!


-¡Oye, oye, que has empezado tu!


Laura se levantó y se fue hacia la puerta. Echó un
vistazo al pasillo y volvió a la cama donde yo estaba. Me dijo "Pues esta
noche no hará falta que hagas trabajos manuales". Acercó la silla a la cama,
se sentó y metió la cabeza por debajo de la sábana, a la altura de mi
entrepierna. Podeis imaginaros lo que empezó a hacer por allí debajo. Laura
ya me la había chupado algunas veces antes, pero aun así cada vez me parecía
la primera. Si por mi hubiera sido, me la hubiera chupado todos los días y a
todas horas, pero tenía novio, al que quería (por su dinero) y aunque no
hacía ningún drama de aquellas mamadas ocasionales, las reservaba para
ocasiones especiales. Mi cumpleaños era una buena ocasión.


Precisamente estaba pensando en la suerte que tenía el
cabrón de su novio cuando entró la enfermera. Bueno, nos había pillado en
plena faena, pero en aquella posición y con mi polla metida hasta la
garganta de Laura, no quedaba más que una opción, lo que cualquiera hubiera
hecho: negarlo todo.


-Esto no es lo que parece.


-Pues lo que parece es que tu novia te está haciendo una
buena mamada.


Laura, mientras tanto, había parado, pero no sacaba la
cabeza de debajo de la sabana (ni mi polla de su boca). Simplemente se había
quedado parad, como si con la cabeza metida ahí abajo no la pudieran ver. Yo
tenía aun una mano enredada en el pelo de Laura. Casi sin pensarlo, le dije
a la enfermera.


-Ves como no es lo que parece...parece que es mi novia,
pero en realidad es solo una amiga que me está felicitando el cumpleaños.


A la enfermera le hacía gracia la cosa, porque casi se
hecha a reir, pero seguía en la puerta, sin avanzar ni retroceder. Luego
giró y salió. Bien, pensé. Había hecho la vista gorda e iba a dejar que
Laura acabara lo que había empezado. Per no. Volvió a entrar. Laura había
vuelto a la faena, y me la seguía mamando como sólo ella sabía hacerlo. La
enfermera se puso al otro lado de la cama, y sin decir nada, metió la cabeza
debajo de las sabanas. La situación era surrealista, porque no podía ver
nada, pero si que notaba como mi polla iba cambiando de boca, de una a la
otra y vuelta a empezar. Al final ya no sabía quien tenia mi polla en su
boca, o quien me estaba acariciando los huevos. Con cada mano podía, eso sí,
coger una de las cabecitas que me la estaban chupando, melenita rubia por
los hombros la de Laura, pelo moreno recogido en una coleta el de Alicia, y
asi distinguirlas. Como la enfermera no se había sentado, sino que estaba
inclinada hacia delante, al cabo de unos segundos decidí que podía hacer
algo más, y alargando la mano la metí por debajo de la falda de la
enfermera. La metí justamente entre sus muslos, duros y tiernos a la vez,
para ir subiendo sin saber demasiado bien lo que hacía.


Laura debió de pensar que mi polla ya estaba
suficientemente atendida, porque si lo de Laura era técnica, lo de la
enfermera era voluntad, porque pocas veces he visto a nadie comerse una
polla con tantas ganas, como si la vida de su paciente fuera en ello. Laura
salió por fin de allí abajo, con una sonrisa de oreja a oreja, y empezó a
desnudarse. Tiene un cuerpazo y lo sabe, así que se quitó la ropa como quien
abre un regalo de cumpleaños. Mientras tanto Alicia, la enfermera,
continuaba jugando con mi polla, dandole lametazos como si fuera un
caramelo. Cuando Laura estuvo del todo en pelotas se colocó detrás de
Alicia, se arrodilló y metió las dos manos debajo de la falda de la
enfermera y le bajó las bragas hasta quitarselas. Todo esto sin que Alicia
dejara de chuparmela allí abajo. Las braguitas, rojas, volaron hasta quedar
enganchadas no se donde.


Lo de la mamada estaba muy bien, pero yo ya pedía a
gritos algo más. Pero con una pierna rota, que casi no me dejaba moverme,
tuve que esperar a que ellas decidieran cuando y como follarme. Tenía casi
una pesadilla, pensando que pudieran irse y dejarme así, sin que yo, medio
paralítico, pudiera hacer nada por evitarlo. Pero no fue así, gracias a
dios. Laura, después de dejar Alicia sin bragas, apartó la sábana, y así
pude ver por fin a mi enfermera aplicando su tratamiento de choque. Como si
la hubieran descubierto haciendo algo malo (al fin y al cabo solo estaba sin
bragas y chupandosela a uno de sus pacientes), Alicia apartó por fin su boca
de mi polla. Laura lo aprovechó y se montó en la cama, metiendose mi polla,
brillante aun con la saliva de la enfermera, hasta el fondo. Me pareció como
si alguien abriera la puerta, pero no hice caso. Así, sentada encima de mi
el panorama que me ofrecía Laura era glorioso, un cuerpazo de 23 años listo
para la batalla. Y cuando empezó a mover las caderas, lentamente, sin prisa,
como diciéndome que podíamos estar follando toda la noche si queríamos, creí
que podía morir feliz.


Al cabo de un minuto o así, Laura, sin dejar de follar,
se inclinó sobre mi y me dijo al oido:


-¿Alguna vez le has comido el coño a una chica?


-No


-Pues ya es hora de que aprendas.


Se giró hacia Alicia, que estaba en una silla que había
en la habitación, para las visitas. Se había puesto a masturbarse, viendo
como me follaba a Laura. No hizo falta que se dijeran nada. Alicia se
levantó de la silla, se acabó de quitar el uniforme y se montó en la cama,
con una rodilla a cada lado de mi cara y ofreciendome un coñito
perfectamente depilado para chupar.


Aquello lo iba a tener que aprender sobre la marcha,
porque Laura Había reiniciado el folleteo sobre mi polla, y la enfermera
parecía esperar que yo hiciera algo con el coño que me ofrecía, así que
saqué la lengua y le di un lametazo a aquel precioso chochito. El sabor era
un poco raro, pero no desgradable, así que empecé a implicarme en la cosa.
Ella, mientras tanto, también colaboraba, jugando con sus dedos en su coño.
Me pareció ver que se los ofrecía a Laura, que había quedado de cara a ella,
para que los chupara. Me pareció también que las dos se morreaban encima de
mi. Pero yo a lo mio. Dejaba que Laura hiciera todo el trabajo sobre mi
polla, y yo me dedicaba al coñito de Alicia. No debí de hacerlo demasiado
mal, porque Alicia estaba comenzando a gemir cada vez más fuerte, hasta que
al final se corrió, quedándose allí, encima de mi cara y jadeando para
recuperarse. Luego pasó la pierna por encima de mi cara y se bajó de la
cama.


Ahora podia volver a ver bien como Laura me cabalgaba.
Volver a ver aquellas carita de angel vicioso y aquellas perfectas tetas
arriba y abajo, fue toda una alegría. Peró no duró mucho. Se salió de mi y
avanzó de rodillas sobre la cama, hasta colocar su coño sobre mi cara (desde
luego no era rubia natural). "Ahora me toca a mi", me dijo.


A diferencia de Alicia, Laura no estaba del todo
depilada, así que la sensación fue un poco distinta, pero el resultado fue
el mismo. Entonces descubrí que a las mujeres les gusta mucho que les coman
el chocho, y que los resultados que se obtienen pueden ser espectaculares.
Laura era más gritona que Alicia (o yo lo hacía cada vez mejor), así que
aquello era cualquier cosa menos discreto. Luego pensé que, con lo delgadas
que son las paredes de los hospitales, los vecinos debían estar oyendolo
todo. Afortunadamente, la mayoría de los pacientes eran señores de edad
avanzada, sordos como tapias.


Mi polla, mojadita de los flujos de Laura, se estaba
quedando fria, pero no tardó en recibir atención. Alicia se había recuperado
y había vuelto a su deporte favorito: chuparme la polla. Así que tenía un
coño en mi boca y una boca en mi polla. Que más podía pedir!!!


Pedir por pedir, quería follarme a la enfermera, ya que
se presentaba la ocasión. Afortunadamente Laura, con todo lo que llevaba de
atrás, se corrió pronto, se bajó de mi cara y me dejó una visión más clara
del panorama. Aunque lo estaba pasando en grande, estaba un poco cansado de
ser la parte pasiva de la follada. Así que aparté a Alicia de mi polla y me
levanté como pude de la cama. Llevaba un aparato para sujetarme la rodilla,
así que mis movimientos con la pata tiesa debían de ser bastante cómicos,
pero no estaba la cosa para cuestiones estéticas. Le dije a Alicia que se
pusiera de cara a la pared, y ella lo hizo, ofreciendome su culo. Bonito
culo, pensé. Nunca lo había pensado (mis pajas iban más bien a sus tetas,
medianas pero redonditas). Luego, toda de una se la metí en su coñito, por
detrás, y empecé a folarmela. Como he dicho, Alicia era bastante bajita, y
eso la hacía bastante menejable, como si pudieras levantarla en el aire sin
esfuerzo. De cuando en cuando la cogía por las tetas, que cabían
perfectamente en mis manos.


No se el rato que estuve así, follandomela con toda la
energía de un adolescente de 16 años recien cumplidos. Cuando estaba a punto
de correrme, me salí de ella, y poniéndome de puntillas, dejé que un enorme
chorro se desparramara por su culo y la parte inferior de su espalda. Alicia
recuperaba el aliento y yo, después de darle una palmada en el culo,
retrocedí hasta sentarme al borde de la cama, donde se había quedado Laura,
desnuda pero sin intervenir. Luego Alicia respiró profundamente y dijo


-Buff, ha sido genial, pero si no me doy prisa el doctor
me volverá a echar el sermon.


Luego miró a Laura y le dijo:


-Tu si quieres puedes quedarte. Cuando acabes me buscas y
te dejaré salir. Estaré abajo. Hala, sed buenos y no armeis demasiado ruido.


Aquella noche Laura y yo follamos hasta reventar, en
todas las posiciones que mi jodida rodilla nos permitía. Debía de ser más de
medianoche cuando se fue, no sin antes decirme que Alicia era su prima y que
lo había planeado todo como un regalo de cumpleaños. Bendito regalo.


 

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Relato: Hospital
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