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Relato: Jugando con Mama


 


Relato: Jugando con Mama

  

JUGANDO CON MAMA


Esta es una historia verídica de una relación incestuosa con
mi madre la cual llevé a extremos nunca antes realizados por mí con ella. Era un
dulce forma de jugar en la cual ambos éramos cómplices por mutuo acuerdo.


Hola mi nombre es Álvaro y vivo en un bello país de
Latinoamérica, la historia que les contaré es totalmente real de ahí que me vea
obligado a cambiar los nombres reales por nombres ficticios para protegerme a mí
y a mi madre.


Tengo 21 años, soy alto, blanco, muy desarrollado físicamente
en todos los aspectos para mi edad. Mi pubertad fue un verdadero martirio dado
que, no sé por qué condiciones del desarrollo, me dolió sobremanera por un
período de 3 años el desarrollo de mi pene, el cual me molestaba todos los días
sobre todo cuando tenía sueños húmedos. Mi aparato llegó a dejar de darme
molestias a partir de los 17 años, pero para ese entonces ya me sentía muy mal
dado que había crecido casi hasta llegar a alcanzar excitado la increíble
longitud de casi 48 cms y un grosor bestial de casi 25 cms. Mamá me llevaba a
tratamiento con el médico por ese "problema" y el doctor le dijo a mamá que ante
eso no se podía hacer absolutamente nada más que no fuera esperar que dejara de
crecer. A mí el solo hecho de tocármela me daba dolor, así que mi madre se
desvivía poniéndome paños calientes y pomadas para que me relajara el pene.


Mi madre es viuda y tiene 34 años, rubia, alta de 1.78 m,
grandes y voluminosos pechos, piel muy blanca y tersa, culo grande y turgente
casi tan parado como el culo de una abeja, su cintura es pequeña, en fin toda
ella es muy bien proporcionada. Mamá, por su formación moral, a partir de la
muerte de mi padre nunca había tenido ningún otro hombre y al único que conoció
fue a mi padre. Ella había sido criada a la forma antigua donde se respeta al
100% la fidelidad conyugal, de ahí que nunca hubiese tenido ningún otro hombre,
ni se interesase en buscar otro marido. Ella decía sentirse bien estando así
viviendo conmigo.


Durante los tratamientos para mi pene, yo observaba cómo mamá
me lo tocaba con cierto temor y a la vez veía brillar en ella sus ojos de
lujuria. Ya eran 4 años sin conocer lo que era una relación sexual y todo ese
tiempo ya estaba causando mella en ella. Sus tratamientos siempre eran muy
largos y ella era muy delicada y meticulosa efectuándome las curas. Llegó el
momento a partir de los 21 años en que como por encanto mi miembro ya no me
dolía. Ese día, de la felicidad de sentir que ya no me molestaba, llamé a mamá
eufórico para que ella fuera la primera en darse cuenta. Ella me pidió que me
desnudara para ver mi pene y saber si era cierto realmente que ya no me dolía.
Le pedí que me la tocara bien de arriba abajo para confirmar que ya no sentía
dolor alguno. Ella comenzó a tocarla con mucho cariño de arriba abajo y dado que
yo no sentía molestia alguna aceleró el ritmo de caricias. Entonces lo que
ocurrió fue que mi pene comenzó a crecer a ritmo acelerado, a alargarse y a
engrosarse. Mi madre veía embobada cómo el aparato tomaba dimensiones colosales
y crecía y crecía como si nunca fuera a dejar de crecer, yo la veía chuparse los
labios del placer que sentía al entrar en contacto con mi verga rica y sabrosa.


A la vez que crecía mi miembro, también crecía la respiración
de mi madre, se volvía agitada. Seguía acariciándolo pero ya no como antes,
ahora lo acariciaba con pasión. De un momento a otro se transformó en una mujer
que deseaba tener mi pene en su vagina. Ya su mirada no era la mirada de una
madre sino la mirada de una mujer en celo. Se olvidó de mi presencia y me
acariciaba el gigantesco glande con pasión, le daba besos y besos, lo recorría
admirándolo enloquecida. De pronto, paró de hacer lo que hacía, sacó de un cajón
una cinta métrica y midió mi miembro, obteniendo como medidas 47,8 cms de largo
y 24,5 cms de grosor y eso que todavía no estaba a mi máxima expresión. Mamá
consideró que a tope llegaría a unos 49 cms de largo y unos 26 cms de diámetro.
En realidad era un pene bestial casi tipo caballo, decía el médico que él no
sabía de la existencia de otra igual en el mundo. Mamá se sentía muy orgullosa
de mi aparato y se relamía la boca pensando en el momento en que dicho
instrumento la rajara sin piedad alguna. Tanto había visto crecer ese aparato
durante 3 años que lo anhelaba de mil maneras y como mi madre era medio sádica,
lo deseaba destrozando su vagina y clavándose en el fondo de ella hasta hacerla
saltar de placer y de dolor.


A partir de ese momento mamá deseaba estar siempre cerca de
mi aparato y tocarlo para "cerciorarse", decía ella, de que no me doliera, de
ahí que constantemente me lo tocaba y me semimasturbaba sin llegar nunca a hacer
que me viniera. Hasta que una semana más tarde, en una de sus acostumbradas
sesiones de tanteo para reconfirmar la desaparición de mi dolor, me empezó a
masturbar muy feliz y contenta. Mi pene a duras penas cabía en su mano y comenzó
a acariciarlo con las 2 manos. Subía y bajaba a ritmo de desesperación, yo
empezaba a sentir cosquillas y calambres que me recorrían el cuerpo y me
llegaban hasta la cabeza de mi pene y volvían a bajar. Veía a mi madre agachada
con una bata transparente la cual, con el movimiento de la masturbación que me
hacía, se abría y dejaba ver sus grandes pechos blancos con grandes pezones en
forma de cachito de luna todos paraditos por la excitación que tenía. Al fondo
de la bata pude divisar su rajita pelona abultada con grandes labios rosados. A
los pocos minutos le avisé a mamá que ya me venía y la reacción de ella fue
introducir mi glande en su boca, pero dado su enorme tamaño apenas pudo meter
una parte. La explosión fue como destapar una manguera. Trató de tragar todo el
semen que pudo, pero el río era tanto que le corría mi leche por su cara, pelo,
tetas. Le manché toda su bata y al verla manchada se la quitó quedando desnuda.


Era tal el grado de fiebre de mi madre que tomó mi manó y me
arrastró hacia su habitación. Me pedía a gritos que la hiciera suya, que le
metiera el monstruo que tenía entre mis piernas en su vagina y que la
despedazara porque ya no soportaba ni un segundo más de no tener picha cuando
tenía una de verdad a su alcance. Ella se acostó y abrió las piernas al máximo
para que la penetrara toda. Yo, ante la visión de su hermosa vagina pretendí
hincarme y chupársela, pero ella no me lo permitió, me dijo que no perdiera
tiempo, que me requería dentro suyo. Yo cogí mi gigantesco pene y apunté con
cuidado a su vulva y le introduje de un solo golpe una parte de mi glande. Mi
madre soltó un grito ensordecedor diciendo que la rajara toda. "Méééétela
maricón", me pedía. Yo, emocionado por sus gritos, hice mi cadera hacia atrás y
de un certero golpe le metí unos 15 cms dentro de su vulva. Nuevamente gritos
desgarradores salieron de su boca. Yo me paré un poco dado que su túnel era tan
estrecho para mi aparato que me estaba empezando a doler. Dejé que se
acostumbrara a su grosor y longitud y luego de dos minutos la saqué hacia atrás.
Esta vez, ya repuesto, cogí más impulso y la hundí otros 10 cms aproximadamente.
Aún así, solo tenía dentro casi la mitad de mi instrumento.


Ella, enloquecida, gritaba y se revolcaba. Cruzó sus piernas
sobre mi cintura y ella misma hacía movimientos coitales hundiéndose cada vez
más y más mi aparato, hasta que ya no pude entrar dado que topé con una especie
de pared. Pero yo en mi euforia y viendo la gran cantidad de pene aún afuera,
saqué unos 10 cms y retomé impulso, pero lo hice con furia y solo sentí que mi
pene pasaba por un túnel superestrecho e ingresaba en otra cavidad. Mi madre
lloró, grito y bufó que la había partido en dos y que estaba en lo más intimo de
su ser, se retorcía como una serpiente y lloraba a lágrima viva, pero no dejaba
de decirme que le metiera más verga. Me decía "hijueputa pingudo" y pedía que la
partiera toda, que ella era mía y que la matara. Yo viendo el daño que le
causaba cesé mis acometidas y esperé que ella se rehiciera. Cuando ya la vi más
tranquila le pregunté si estaba bien y entre jadeos me dijo que sí, que siguiera
sin miedo pero que no metiera más porque la sentía ya en su estómago. Yo me
sentí frustrado dado que en mi lujuria yo deseaba meterle mi miembro en su
totalidad y sacárselo por la boca lo cual era y es imposible y eso que solo
tenía metidos unos 37 cms aproximadamente y aún me sobraba una buen pedazo que
esperaba ansioso entrar, pero que por ahora no podría ser.


Empecé a moverme a un ritmo moderado en el mete y saca pero
siempre metiendo a profundidad. Mi miembro es tan grueso que yo veía cómo sus
labios vaginales se abrían ante el intruso y cómo mi miembro se enterraba en sus
profundidades. Cogí un lápiz de labios de mamá y me marcaba hasta dónde entraba
en su vagina. Jugaba pretendiendo meter más y más. Cuando lograba meter un
centímetro más los gritos de mamá eran ensordecedores y decía que no más, que la
sacara. Entretanto, mamá orgasmaba una y otra vez, sus piernas ya no la
sostenían, tenía que sostenerla con mi mano. De repente, veo que los ojos de
mamá se entornan y se ponen blancos, echa su cabeza hacia atrás y luego la deja
caer de lado. Solo oí un resoplido y cayó inconsciente.


Sus piernas se aflojaron y yo sin poder regarme aún sentía
algo caliente que abrazaba mi pene y salía a presión y me mojaba mi estómago.
Eran sus jugos y sus orines ya que perdió el dominio de los músculos que manejan
la vejiga. Me estuve quieto e intranquilo, dándole palmadas a mamá en su cara
hasta que volvió en sí. Tenía una cara de felicidad increíble y me pidió que
siguiéramos para hacer que yo me viniera en su raja. Esta vez hice las cosas más
pausadamente, pero lo hacía en salidas largas y en entradas profundas hasta que
sentí que nuevamente mamá se desmayaba y yo me venía también a torrentes. Fue
tal el placer, que ambos nos desmayamos y yo me oriné dentro de mi madre y ella
también, pues debido al placer perdió nuevamente el control de sus esfínteres y
se orino de nuevo empapándome todo.


Al rato, al recobrar la conciencia ambos, mi pene seguía
metido en su vagina y totalmente endurecido. Era tal la dureza que mi madre me
dijo que la sacara ya que nunca la había sentido así de dura y deseaba medirla
para saber cuánto podría darle su bebé de picha. Ella midió 50 cms, uno más de
lo que había especulado y un diámetro de 27 cms. Era una verdadera picha de
caballo, ni comparada a la de un relato de acá de un tipo que la tenía de 35
cms. Esa picha era para principiantes, la mía es una picha de libro Guiness.
Mamá quedó enloquecida, la besaba y la rebesaba y me decía que yo era suyo y de
nadie más, que nunca me compartiría con nadie. Me hizo jurarle que yo sería su
amante por siempre y que solo con su consentimiento ella me traería a alguna
amiga para hacerle el amor, pero yo le pedí que ella sería solamente mía y de
nadie más y que no toleraría jamás compartirla con ningún hombre, que si lo
hacía tuviera por seguro que si la veía con otro mataba a su amante y le haría
daño a ella. Mi madre comprendió que no era una broma sino que hablaba en serio
y juró que eso nunca se daría.


A partir de ahora somos amantes en todo el sentido de la
palabra, yo juego con mamá de meterle toda mi picha por su vagina. He logrado
introducirle 40 cms, le ha dolido que es un gusto pero ella es medio masoquista
y lo acepta. Ahora estamos viendo de qué manera su culo se adapta a mi aparato
para ver si logro meterlo todo, por ahora su ano está siendo tratado con pepinos
largos y gruesos para irla abriendo. Aunque mi aparato es más largo y grueso que
los pepinos, me entretengo metiéndoselos y viéndola gritar. Como soy medio
sádico me encanta sacar los pepinos con sus heces y metérselos en la boca para
que ella se coma su propia mierda. Estuvimos de acuerdo en jugar casi sin reglas
de ninguna especie. Ella me adora, me idolatra y por mi pene está dispuesta a lo
que sea que yo desee. Mi pene la tiene enloquecida, cada mañana se me pega como
un vampiro a beber su lechita directo de mi pene, se trae la taza del café y en
vez de ponerle leche corriente usa mi leche y se toma su cafecito enloquecida de
placer de saber que la lechita de su bebe le está llegando a su estómago.


Por ahora nuestro sexo es solamente oral y vaginal, la etapa
anal está en proceso, dado que vivimos en un edificio de apartamentos y mamá es
muy ruidosa en sus expresiones sexuales decidimos alquilar una casa en el campo
retirada de toda comunicación donde ella pueda desahogar sin miedo su lujuria y
gritar lo que se le antoje. La situación se había puesto tan tensa que mis
vecinos nos miraban como si fuéramos delincuentes. Eso nos impulsó a irnos al
campo o bien comprar la casa en la campiña.


Nuestras relaciones sexuales llegan a extremos increíbles. Lo
hacemos por lo menos unas 7 veces al día. Ahora, en nuestra casa de campo
siempre andamos desnudos y yo, apenas la topo, la alzo y le meto mi miembro
entre sus piernas. Es tan grande que aún así sale un pedazo más allá de donde
terminan sus hermosas nalgas y ella echa la mano para atrás de sus nalgas y me
acaricia el glande con dos dedos y lo estira y lo pellizca. Eso me llena de
pasión e inmediatamente la tiro al suelo, le abro las piernas a lo salvaje y la
hundo sin misericordia. Ella ya se ha acostumbrado a este jueguito y ya no le
molesta tanto como al principio que se la hunda a lo salvaje. Siempre que hago
eso siento que mi picha se me parte en dos. Un día, en unos de estos jueguitos
cogí demasiadas ganas y la clavé con tal violencia que inmediatamente se desmayó
y comencé a ver salir sangre por su vagina. Eso me asustó tremendamente. Ella,
al recobrarse, sintió caliente en su vagina y me pidió que la sacará. Luego de
un ratito dejó de manar sangre y me dijo que fue que había logrado entrar en su
útero profundamente y que sintió como si mi pinga de burro le saliera por la
garganta.


Luego me pidió que siguiéramos el juego. La volví a clavar
con pasión solo que esta vez de manera más comedida, pero no por eso dejando de
meterle sus buenos 35 a 40 cms en su deliciosa y calientita raja. Ella lloraba,
gritaba, chillaba de placer, el solo hecho de tenérsela metida era suficiente
para que se regara una y otra vez, pues tenía la capacidad de ser
multiorgásmica. Mientras ella se regaba una y otra vez decidí tocar su culo y
meterle varios dedos para ver si ya estaba lista para rajarle el culo de una vez
por todas y para sorpresa mía su culo me acepto cuatro dedos sin problemas,
producto de la excitación que tenía. Sin sacársela de su vagina la puse a cuatro
patas y seguía metiéndole los dedos en su culo. Era tal su placer que casi ni
cuenta se daba de mis dedos en su culo. Le puse mi mano en sus nalgas y presioné
sobre ella para que pusiera su pecho más contra la cama y levantara más su culo.
Una vez que lo logré, la saqué de un solo golpe, me semiparé en la cama y se la
metí de un solo sopetón en su culo. Ella bramó como loca, gritaba que se la
sacara cuando le metí de sopetón la mitad de mi pene.


El grosor de mi pene la mataba, me quedé quieto un ratito
mientras su culo aceptaba mi pene y cuando dejó de llorar empecé a meterla más
con fuerza. Sentí que llegó a un tope al haber metido alrededor de 35 cms de mi
picha en su culo. E ella blasfemaba que yo era un hijueputa maldito, que le
estaba partiendo el culo, que la iba a dejar cagando directo y que nunca más
volvería a padecer de estreñimiento, en fin, una serie de estupideces que decía
producto del dolor y del placer. No le hice caso para nada y comencé a bombearla
como si fuera un endemoniado, eso sí, con cuidado de no despedazarle del todo su
lindo culo. Al rato de estar así, ella orgasmó de nuevo, decía que era
inconcebible pero que sentía un orgasmo en el culo, que le reventara más el
culo, pero yo sabía que si lo hacía terminaría en el hospital.


Así que seguí bombeándola casi una hora ya que yo soportaba
largos períodos de tiempo sin regarme, producto de las medicinas de mi
tratamiento. Ella se desmayó en tres ocasiones y me pedía que la sacara, pero yo
estaba enloquecido y trataba de meterla más ya sin acordarme de no hacerle daño.
Al sentir que ya me venía, le cogía los hombros y los usaba como plataforma para
impulsarme más dentro de ella. Eso fue demasiado, pegó un grito endemoniado y se
salió de mi pene gritando y sangrando por el culo. Yo, enloquecido, no le di
importancia, la puse a cuatro patas de nuevo y viendo el gran hueco en su culo
le metí mi mano hasta más allá de la muñeca. Ella lloraba de gusto y de dolor.
Luego ya no pude más y me vine en su boca y en su culo. De su ano salían a
raudales fluidos, sangre y mierda. Embarré mi mano y se la metí a ella en su
boca para que chupara de aquel elixir. Ella no pudo más y cayó rendida con su
cara llena de fluidos (semen, mierda, etc) y se durmió.


Al despertarse le dolía todo el cuerpo y su cara olía a
mierda y semen, así que nos fuimos a bañar. Luego de un buen baño con agua tibia
nos recuperamos un poco y aún en esa condición ella me pedía que le diera mi
leche en su boca, estaba nuevamente con fiebre sexual, mi madre era peor que
ninfomaníaca. Como pudo se metió una parte de mi pene en su boca y lo mamaba
como loca. Yo veía su boca toda distendida y pensaba que no debía de ser muy
agradable sentir la boca tan estirada como ella la tenía, pero en su fiebre por
obtener mi leche eso no le importaba. Mamó y mamó como desperada por espacio de
más de 30 minutos para que lograra yo darle mi leche. Cuando se la di, le tiré
un chorro de leche gigantesco por su boca, su cara, sus pechos y ella bebía y
bebía como loca. Quería que la volviera a rajar su vagina, pero cuando intenté
metérsela estaba tan resentida que tuvo que llegar a la conclusión de que no era
posible y que debía descansar. Nos fuimos a bañar de nuevo, cenamos y nos
acostamos abrazados como dos amantes apasionados.


Al día siguiente fuimos al pueblo cercano por alimentos y a
conseguir una muchacha que se encargara de cocinar y de las labores del hogar.
Tras mucho consultar decidimos hablar con una joven que nos recomendaron llamada
Julieta la cual tenía 16 años y vivía a 1 Km. de donde nosotros vivíamos. La
visitamos y mamá le ofreció pagar un buen salario. Ella (Julieta) es rubia, de
1.63 aproximadamente, pechos medianos muy turgentes, cintura pequeñita tipo
avispa, culo paradito y piernas torneadas. La chica es totalmente blanca, parece
la leche. Estuvo de acuerdo con mamá en que a partir del día siguiente
comenzaría con sus labores.


Ese día, al regreso a mi casa, le dije a mamá que necesitaba
comprar pantalones más holgados dado que mi bulto se marcaba notoriamente ante
cualquier paso que diera y eso me tenía sumamente incómodo, aunque yo guardaba
mi verga entre una cinta de tenis de las que se ponen en la cabeza, me la ponía
en la pierna en el muslo y ahí la guardaba como si fuera una cartuchera de un
revólver. Mamá me dijo que sí, pero dado que en el pueblo no había ningún tipo
de pantalón como yo lo quería me los pagó a hacer a mi gusto.


Mamá ya estaba casi recuperada de su rajita y yo la veía
ansiosa. Cuando le preguntaba que cómo seguía su raja me decía que mañana
estaría ya a punto para mis nuevos embates y que su culo ya estaba repuesto y
listo para la guerra, pero quería que le diera verga a ambos huecos mañana y no
hoy. Para la noche quería lechita pero yo le dije que mejor la guardaba para la
guerra de mañana. En la noche le di la gran sorpresa de meterle una mamada
salvaje a su raja y a su culo, sacándole leche de donde no tenía. Ella me
lloraba que se la metiera y la rajara toda, pero me logré sostener para el otro
día.


Al día siguiente muy temprano, mi madre deseaba guerra como
desesperada cuando vio que amanecí con mi pene parado como un poste. Ya me
disponía a complacerla cuando sonó el timbre de la puerta, se nos había olvidado
que era Julieta que venía a trabajar. A duras penas me puse una bata y fui a
abrirle. Mi erección era de tal magnitud que aún con la bata que me quedaba
grande se veía como una tienda de circo con su mástil principal. Al abrir la
puerta saludé a Julieta y le dije que entrara. Al dejarle sitio para pasar hice
un movimiento brusco y mi bata se abrió saliendo mi poste entero. Ella cuando la
vio tragó saliva y se quedó petrificada viendo aquella enormidad. Yo rápidamente
me tapé de nuevo y la hice entrar a la casa. Llamé a mamá diciéndole que Julieta
había llegado. Mamá bajó con una bata transparente la cual dejaba ver claramente
que estaba desnuda debajo de la bata, llevó a Julieta a la cocina y le explicó
sus labores y le dijo que empezara con nuestros desayunos. Julieta no me quitaba
ojo de mi entrepierna y mamá se dio cuenta de hacia donde dirigía sus miradas.
Luego de eso nos fuimos a bañar mamá y yo con agua fría para bajar nuestros
ardores. Con la presencia de Julieta las cosas por lo menos durante su tiempo de
trabajo cambiarían, ya que no nos sería posible tener relaciones mamá y yo, más
dado lo escandalosa que era mamá.


Mi madre me dijo que no le gustaba cómo me miraba Julieta,
que eso la ponía celosa y molesta y que si seguía mirándome de esa forma la
botaría. Eso me asustó, dado que yo ya me había propuesto como meta rajar toda a
Julieta, así que a la primera oportunidad que tuve de estar solo con Julieta le
puse en conocimiento de lo que mamá decía y acordamos que ella tratara de no
mirar tanto hacia mi picha. Me dijo que le encantó el poste que tengo y que
deseaba que la rajara aunque ella era virgen. Le dije que a la primera
oportunidad que tuviéramos cumpliría con sus deseos con muchísimo gusto.


Los días fueron pasando y mamá y yo solo por las noches
podíamos tener sexo. Mamá que es muy fija en sus ideas decidió que Julieta ya no
le caía bien y que se vengaría de ella dado que notó que a mí la chica me atraía
mucho. En sus celos mi madre planeó una venganza tipo sadismo. No sé cómo hizo
para conseguir una silla de ginecólogo y la mandó modificar según sus
especificaciones. De todo esto me di cuenta el día que ella llevó a cabo su
venganza con Julieta.


Mamá extrañamente fue acercándose más y más a Julieta,
simulando ser amiga suya y averiguando todo lo que podía sobre nosotros (en
realidad no existía nada). Compraba revistas de sexo y de masoquismo y se las
daba a Julieta para que las leyera a escondidas o que las llevara a su casa y
las leyera, poco a poco fue haciendo en la chica que esta se interesara por el
masoquismo y por el sexo un poco bestial. Las dos eran solo confidencias y risas
todo el tiempo y a cada rato me volvían a ver mi entrepierna y se pasaban sus
lenguas por sus labios relamiéndoselos como si chuparan mi verga.


En la noche mientras hacíamos el amor, mamá me dijo que no
quería cansarse mucho dado que para mañana en la mañana me tenía una grata
sorpresa. Yo le dije si era con Julieta, ella se molestó y no me habló más el
resto de la noche.


A la mañana siguiente mamá me hizo ir al sótano con ella, al
encender la luz, cual fue mi sorpresa al ver aquella silla ahí y un gran colchón
redondo desplegado en el suelo, además de un mueble con grandes consoladores y
con frascos con aceite, vaselina, etc. Le pregunté cuál era el objetivo de
aquello y me dijo que pronto lo sabría, en eso oímos la puerta principal de la
casa ya que mamá le había dado llaves de la casa a Julieta para que no
tuviéramos todas las mañanas que levantarnos a abrirle. Mamá fue y la hizo pasar
al sótano. Allí ella se quedó asustada al ver aquello, desconocía la existencia
de dicho sótano. La verdad, yo sí lo conocía pero nunca iba ahí. Mamá le ofreció
un trago a Julieta que en realidad era un potente afrodisíaco, ella también tomó
una buena cantidad más de lo normal ya que quería estar al máximo para lo que
pretendía. A mí me dio un vaso grande y lo tomamos. Mamá se sirvió una dosis
casi cuádruple. Eso me estaba poniendo nervioso. Ella obligó a Julieta a repetir
la dosis dos veces más y a los treinta minutos aquello era una hoguera completa,
mamá saltaba desnuda por el sótano y perseguía a Julieta y le arrancaba la ropa
brutalmente, la jalaba del pelo y la tiraba al suelo y trataba de violarla y
Julieta actuaba igual. Yo contemplaba enloquecido aquella escena.


Pero luego me di cuenta de que mamá no había tomado tanto del
afrodisíaco sino que en realidad estaba actuando. Cogió a Julieta, la sentó en
la silla del ginecólogo, la acostó y le amarró las piernas y los brazos. Le hizo
abrir sus lindas piernas al máximo, luego cogió mi picha y la mamó como loca y
me dijo que rajara a Julieta. Yo le obedecía pero no quería maltratar a la chica
porque ella me gustaba demasiado, quería hacérselo suavemente. Mamá, al ver mis
intenciones, me siguió la corriente y me ayudó a poner mi pene a la entrada a la
rajita de Julieta la cual ya estaba lubricada al máximo por el afrodisíaco. Yo
puse mi glande y empecé a empujar suavemente. Mamá excitaba a Julieta diciéndole
al oído que me pidiera a mí que la rajara de una vez en dos, pero como yo
entraba muy muy pausadamente, mamá se molestó y se puso a mi espalda y cuando yo
sacaba la punta de mi pene ella con sus dos manos me empujó violentamente las
nalgas contra la rajita de Julieta. Mi pene entró como un tren en un túnel. Ella
dio un grito horrible cuando le entraron más de 20 cms de una sola vez, yo
sentía que mi pene se me despedazaba dado que ella era muy estrecha. Mamá, como
enloquecida, trataba de empujarme más dentro de Julieta pero yo me sostenía, no
quería despedazarla pues en el fondo yo amaba a Julieta.


Mamá quería vengarse de Julieta porque sabía que nos amábamos
en secreto y yo estaba infringiendo el pacto inicial de mamá y mío de ser fieles
ambos. Desgraciadamente el efecto del afrodisíaco se hizo sentir en mí poco a
poco y comencé a hundirle mi pene con más ganas en un terrible mete y saca.
Julieta lloraba de dolor y placer. A ratos me decía que se la sacara y a ratos
que la partiera en dos. Yo siendo empujado por mamá empecé a meter más mi pene y
pronto sentí que estaba en el útero de Julieta. Ella lloraba como loca que no la
partiera y que me amaba, que yo era de ella. Eso puso a mamá peor y me empujo
mis nalgas con alevosía y furia, quería que se la enterrara toda y la
despedazara. Como pude, logré entorpecer los impulsos de mamá y me viene
profundamente dentro de Julieta, mi madre al ver que me había venido cogió a
Julieta la quitó de la silla y me dijo que le diera a Julieta por el culo, que
se lo abriera así como estaba, pero sin lubricarla antes y con mi enorme pene
era de fijo mandarla al hospital.


Entonces mamá, enloquecida, cogió aceite y vaselina y se los
echó en su culo. Le metía los dedos pero con cólera y le abría a la fuerza su
culo rico. Yo al ver cómo actuaba mamá me enloquecí y deseaba que mamá quitara
sus dedos para rajarle a Julieta su culo. Le quité a mamá su mano ya que duraba
demasiado y apunté con mi poste hacia el lindo culo. Cogiéndome la verga con una
mano le metí de un solo golpe unos 15 cms, ella gritó como poseída por el
demonio y se quiso desmayar. Le di tiempo a que su culo se acostumbrara a aquel
tren que entraba en su anito precioso, despedazándola toda por dentro. Cuando vi
que se había calmado seguí taladrando pero poco a poco, luego empecé un tremendo
mete y saca de su culo y ella chillaba como loca y mamá me empujaba de nuevo
para que la rompiera. Del culo de Julieta salían hilitos de sangre y en cada
entrada a su culo salía aire y ella se echaba sus buenos pedos. Mamá se
enardeció con aquella escena e hizo algo que yo nunca había visto: se guindó
enloquecida del clítoris de Julieta y la obligó a que la mamara a ella. Era una
escena increíble, nunca creí que mamá se fuera a comportar así.


Luego de tanto bombeo logré meterle unos 30 cms a Julieta y
cuando ya no daba más me vine en un larguísimo orgasmo y llenaba y llenaba el
culo de Julietita de leche y más leche. Ella mientras tanto lloraba al sentirse
atacada por dos lados. Mamá apenas vio que saqué mi poste totalmente erguido del
culo se tiró como loca a mamármela y al ver el semejante ojete que tenía ahora
el culo de Julieta la maldita trató de meterle su mano en el culo. Julieta
chirriaba que eso no, pero mamá empujó con fuerza y metió su mano en su ano y
comenzó a darle vueltas adentro y a meter y sacar su mano. La mano le salía
llena de semen y de mierda y luego cogió a Julieta y la hizo chupar de su mano.
Era un escena dantesca e increíble y Julieta como en un sueño todavía le
obedecía a mamá. Me dio tanta cólera por el sadismo de mamá que le paré el culo
y sin contemplaciones de un solo estacazo le clavé más de media verga. Lo que
oímos fue un grito que retumbó por toda la casa. Yo no le hacía caso y la cogía
de los hombros y me impulsaba cada vez más adentro de ella, vengándome de lo que
ella le había provocado a Julieta.


Mi furia era tal que llegué a tenerle casi 45 cms dentro de
su culo, la bombeaba como si deseara matarla en ese instante. Ella gritaba y se
quería desmayar. Me vine a chorros dentro de ella, pero de mi cólera se la
saqué, la alcé, la puse en la silla del ginecólogo y la até a ella. La silla
había sido modificada quitándole un pedazo al final de la silla de forma tal que
el culo de la paciente quedaba salido de la silla. Cogí mi verga así llena de
semen y de mierda del culo de mamá y sin limpiarla ni nada (ni siquiera pensaba
en la posibilidad de una infección vaginal posterior) la clavé con saña. De
primera entrada le metí unos 30 cms, llegué hasta su útero. Ella jadeaba y
gritaba que la partiera, que yo era un desgraciado maldito que no valía nada.
Eso me ponía peor de bravo y de caliente y me agarraba de la silla e impulsaba
mi miembro hacia delante hundiéndolo todavía más. Ella gritaba como endemoniada
que la rajara, que yo era un hijueputa mal agradecido de mierda. Del colerón le
logré empujar toda mi verga hasta sentir mis huevos chocando con su vulva. Ella
estaba desfallecida del dolor y del placer, y cuando se recuperó me decía que no
la sacara, que si la sacaba mejor me fuera de la casa y no volviera nunca, tal
era la fiebre que tenía. Julieta al ver aquella escena se subió sobre la cara de
mi madre y le puso el gran huecote que aún tenía su culo y por el cual
chorreaban semen y mierda en la boca de mamá, y esta sorbía como desesperada de
aquel elixir.


Al ver esta escena empecé a bombear como desesperado e hice
que mamá tuviera una serie completa de orgasmos por casi 20 minutos seguidos ya
que yo no paraba de bombear. Ella se desmayó y sus esfínteres se aflojaron y se
orinó y se cagó, era demasiado para ella. Luego de eso caímos rendidos. Más
tarde, mamá me pidió perdón a mí y a Julieta por sus celos y ahora acepta que yo
tenga relaciones con Julieta. Eso sí, con la salvedad de que tenemos que ser los
tres siempre juntos o sólo mamá y yo.


Ahora vivo feliz y contento, luego les contaré de cómo en el
pueblo por un error de Julieta al pasarse de copas le contó a unas amigas sobre
mis dotes masculinas y se corrió la voz por el pueblo y de repente comencé a
tener admiradoras a montones. Mamá esta considerando el mudarnos a otro sitio
donde solo seamos nuevamente ella y yo.


Pero eso será otra historia.


 

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Relato: Jugando con Mama
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Tiempo de lectura: 19minuto/s

 





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