webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Sexo en Marruecos


 


Relato: Sexo en Marruecos

  

Me llamo Andrea, soy medio alemana
y medio española, aunque mi familia vive en Argentina, y os quiero
a contar una historia que me ocurrió hace algo más de un
año y que me ha marcado desde entonces. Creo que soy bastante atractiva
y tengo un cuerpo bonito, al menos eso dicen los chicos. He heredado de
mi padre el físico germánico porque soy rubia, con ojos azules,
blanca de piel y de mi madre el carácter, ya que soy abierta, simpática
y, en general, extrovertida.  Cuando me sucedió lo que os voy
a contar tenía 20 años, acababa de terminar una diplomatura
de tres años en una universidad de Madrid y había roto con
mi novio, las dos cosas casi al mismo tiempo, y lo que más me apetecía
era poner tierra de por medio e irme una temporada a otro país,
cambiar de aires de la forma más radical posible. Por eso cuando
una amiga mía que trabajaba en una ONG me comentó que en
su organización buscaban a una persona para trabajar durante un
año de cooperante en Marruecos me pareció que por fin se
me marcaba el camino que quería seguir.

Yo no tenía ninguna experiencia
en ese campo pero gracias a la recomendación de mi amiga me dieron
el puesto tras una corta entrevista. Debí de caerles bien. Aunque
aparentaba varios años menos de los que tenía (más
de una vez me pusieron problemas para  entrar en algunos locales ya
que pensaban que era menor de edad) tenía un aspecto de buena chica
que no me ha abandonado nunca. Y así me vi en pocos días
recogiendo mis cosas y embarcándome primero en el tren hasta el
extremo sur de España y luego en el ferry a Tánger (Marruecos),
donde iba a vivir los siguientes meses.

Marisa, la persona a la que iba
a sustituir en el trabajo, debía ponerme al corriente de todo antes
de marcharse. Me ayudó a encontrar un piso estupendo en una zona
céntrica donde vivía lo mejor de la sociedad tangerina, sólo
tenía un problema: estaba vacío. En las siguientes semanas
además de ponerme al tanto de los aspectos del proyecto de cooperación
del que me tenía que encargar me dediqué a buscar algunos
muebles, los más necesarios: un colchón, una cocina, esas
cosas imprescindibles para empezar a vivir. Marisa pasó a despedirse
de mí.

 -Bueno Andrea, ya me voy
y no veas las ganas que tenía. Una mujer lo tiene muy complicado
para trabajar aquí. Estos marroquíes son unos reprimidos,
no piensan más que en el sexo y como lo tienen tan complicado para
acostarse con las chicas locales (todos los maridos exigen que sus mujeres
lleguen vírgenes al matrimonio) se pasan el día sentados
en el café mirándolas e imaginando lo que harían con
ellas. De verdad que no te puedes imaginar lo calientes que están
y, claro, nos ven a las extranjeras como la mejor fórmula para desahogarse.
¡Andan locos por meterla, es lo único en lo que piensan! Yo
no aguanto más su acoso, las cosas que te dicen, como intentan meterme
mano en cualquier aglomeración. Me largo aunque tú lo vas
a tener aún más complicado: tan jovencita y encima rubia,
con ojos azules, cuerpo bonito, casi de adolescente, esa piel tan blanca
y ese aire inocente... Pobrecita, no sabes lo que te espera. Y es que ¡cómo
son!, ¡sólo piensan en su pija! Te recomiendo que trates lo
menos posible con la gente que no sea del trabajo, ni se te ocurra traer
a ningún marroquí a tu casa porque pensarán que los
traes para acostarte con ellos, tú di siempre que vives con tus
padres y no te metas en ningún lío que lo acabarás
pagando.

 Marisa me parecía
una exagerada pero me hacían gracia sus quejas. No tenía
ninguna gana de acercarme a un chico, tras la ruptura con mi novio lo único
que quería era estar tranquila y ése me parecía un
buen lugar para hacerlo. Sin embargo no seguí ninguno de sus consejos
y acabé pagándolo y de qué forma.

Tánger había sido
en otra época una ciudad de diversión para intelectuales
y ricos europeos y americanos, pero poco quedaba de todo eso. Tras el trabajo
me dedicaba a pasear por el Bulevar, la calle principal de Tánger.
En cuanto anochecía me parecía trasladada a una ciudad sólo
habitada por hombres, no se veía ni una mujer por la calle. Sentados
a la puerta de los cafés, en las plazas o paseando por la calle,
pasaban el rato mirando a la gente pasar. Sin quererlo, por mi aspecto
y mi ropa de europea, llamaba la atención y me convertía
en la atracción. Los chicos y los hombres me miraban, se reían
entre ellos, algunos me llamaban, me decían cosas al pasar, otros
se acercaban a ofrecerse de guías, a ofrecerme hachís o me
decían que podían "hacer alguna cosa por mí". Otras
veces alguno se acercaba, parecía que sólo quería
hablar conmigo pero acababa preguntándome dónde vivía
o me decía que me invitaba a tomar un té en su casa. Por
supuesto nunca acepté, no es que tuviera miedo, pero no me gustaba
meterme en una situación de la que tal vez no supiera cómo
salir.

Todos los días, de camino
a la oficina pasaba por una pequeña carpintería. No había
reparado en ella pero un día yendo con un compañero del trabajo,
éste se paró a saludar al chico que trabajaba allí.
Me presentó, pero el joven carpintero, que se llamaba Tarek, apenas
hablaba español o francés. Era un chico alto, moreno, alrededor
de 28 años, con una sonrisa con cierta chulería, como de
quien se sabe muy atractivo, muy seguro de sí mismo, que gusta mucho
a las chicas, y una mirada que sin duda las desnuda cuando las mira de
arriba abajo. Y de una forma parecida me miró a mí. Mi compañero
me dijo que si yo necesitaba algún mueble Tarek me lo podría
hacer, sé que después hablaron más de mí porque
Tarek me miraba y le preguntaba cosas a mi compañero. Nos despedimos
y él me respondió con un ¡hasta pronto! y una sonrisa
cargada de malicia.

No me volví a acordar de
él hasta el día siguiente en que pasé de nuevo por
su carpintería. Me sentía intimidada por ese chico, sin saber
por qué, así que aceleré el paso y no miré
para no saludarle. Así hice también los siguientes días,
sin saber siquiera si él estaba allí. Pasaron tal vez un
par de semanas y un día tras haber pasado por allí noté
que alguien gritaba "¡Hola!" Me volví y ahí estaba
Tarek, saludándome con una sonrisa de las suyas. Le saludé
y seguí mi camino, aunque noté que él comentaba por
lo bajo algo en árabe. Otro día también lo vi, hablando
muy de cerca con una chica, tal vez su novia, a quien se notaba loca por
él pero que parecía demasiado recatada. Esta vez sólo
me miró de reojo con su típica mirada.

Cada vez me resultaba más
agobiante pasear por la ciudad, a pesar de ir con la ropa más discreta
posible, siempre se me acercaba algún chico y por eso procuraba
pasar el mayor tiempo posible en casa. Hasta entonces trabajaba sentada
en el suelo con el ordenador sobre una caja, pero decidí que lo
mejor para mi espalda era comprar una mesa. Miré en alguna tienda
pero por el hecho de ser extranjera me pedían cantidades totalmente
exageradas. Pregunté en el trabajo y mi compañero me recordó
que su amigo carpintero me la haría por un buen precio. Como me
daba apuro hablar con él quise que mi compañero ame acompañara
la carpintería con las medidas de la mesa. Tarek estaba trabajando,
llevaba barba de un par de días, estaba sudoroso y con una especie
de mono de trabajo con la cremallera bastante abierta. Mi amigo servía
de traductor. Tarek dijo que yo había tardado mucho en pasarme por
allí, que él ya sabía que le haría algún
encargo, que no me preocupara por el precio, que ya lo trataríamos
y que en una semana tendría mi mesa. Me pidió la dirección
para que me la llevaran.

El sábado siguiente yo me
acababa de acostar para dormir la siesta cuando sonó el timbre.
Me extrañó porque salvo el portero que me entregaba el correo
por la mañana nadie más se pasaba por mi casa. Decidí
no contestar pero insistieron. Abrí y lo primero que vi fue una
mesa y detrás a Tarek bastante serio. Me indicó si podía
meter la mesa en casa y le mostré el camino de mi habitación
donde pensaba colocarla. La puso en el lugar indicado. Luego se me quedó
mirando fijamente, con su sonrisa recuperada, se me hizo tan incómoda
la situación que comencé a intentar contarle que me vendría
bien una estantería para colocar todos los libros que tenía
por el suelo. Mientras le indicaba dónde y cómo la quería
noté que me miraba de arriba abajo. Quise acabar la conversación
y le pregunté por el precio, mientras me dirigía hacia la
salida de mi dormitorio. En ese momento me agarró y me apretó
contra él, mientras se reía y decía algo en árabe
que me parecía entre una insinuación y una amenaza. Yo estaba
paralizada, no sabía qué hacer ni cómo salir de ésa.
Él era bastante alto y notaba que era fuerte y musculoso, no era
cuestión de pelearme con él, no tendría nada que hacer.
Intentaba decirle algo pero apenas me salían palabras y él
no las entendía. Sus manos ya estaban debajo de mi camiseta, acariciando
con fuerza mis pechos, luego me la quitó. Sus manos se metieron
entonces debajo de mi falda, acarició mi cola y luego me apretó
más contra él. Noté su sexo debajo del pantalón
duro como una piedra. Él se dio cuenta y llevó mi mano hacia
él, parecía una barra de hierro. Sonrió, más
bien fue una risa, como si yo hubiera descubierto algo que él me
tenía preparado, algo de lo que se sentía muy contento y
hasta orgulloso. En ese momento comenzó a presionar mi cabeza hacia
abajo. Yo intenté resistirme pero él me empujaba con fuerza,
sus manos eran grandes y rudas y enseguida consiguió apretar mi
cara contra su paquete. Yo ya estaba de rodillas y él me dijo algo,
lo repitió como una orden, algo brusco. Comprendí sin entender
su idioma lo que me pedía y comencé a desabrochar su pantalón
vaquero que estaba a punto de reventar. Nunca había estado en una
situación así y no sabía qué hacer. Mi vida
sexual había sido bastante inocente. Sólo me había
acostado con un chico, mi novio, con el que estuve saliendo cuatro años.
Tardamos bastante en hacer el amor por primera vez y luego nuestras relaciones
fueron bastante esporádicas. No me disgustaban pero a veces me aburrían.
Él era bastante tradicional y el sexo con él era rápido
y siempre igual. Yo imaginaba que podría ser mejor, pero él
parecía contento con lo que hacíamos y yo estaba muy enamorada.
Desde que nuestra relación acabó no había vuelto a
estar con nadie. Por eso no me podía creer que aquello me estuviera
pasando a mí, que fuera realmente yo quien estaba ahí, bajando
el pantalón a ese chico árabe al que no conocía. 
Me di cuenta que tenía bastante vello en las piernas, a diferencia
de m novio que no tenía apenas vello en el cuerpo, fue luego cuando
reparé en su calzoncillo. No me podía creer que todo eso
que se marcaba ahí fuera su pija. Ya sé que los chicos árabes
tienen fama de estar bien dotados pero aquello era increíble. Yo
pensaba que la de mi novio era de buen tamaño pero al lado de ésta
era casi insignificante. Me dijo algo más y yo seguí. Cuando
bajé su calzoncillo su pija saltó como movida por un resorte.
Era muy grande, larga, gruesa, con una forma bien definida, sin piel en
el glande. Volvió a decirme algo y lo repitió con cierta
brusquedad, le miré y vi que me lo ordenaba muy serio, no iba a
poder librarme de aquello, así que no me quedó otro remedio
que empezar a hacer lo que él me mandaba. Comencé a pasar
mi lengua por su pija, desde abajo hasta arriba, llegando a su glande,
luego bajé de nuevo y llegué a sus huevos y pasé también
mi lengua por ellos. Parecía que le gustaba. Decía "Es bueno,
bueno...". Seguí con mi lengua hasta que supe que no podía
eludir lo que venía a continuación, así que abrí
bien mi boca y comencé a tragarme su pija. Era tan gorda que apenas
me cabía. Él lanzó un "Uhmmm", cuando la notó
dentro de mi boca. Hizo un movimiento para meterla más, pero era
tan larga que me dieron arcadas y a duras penas me contuve. Él se
rió. Continué con su pija en mi boca, moviéndome,
sin dejar que saliera y sin casi poder respirar. Movía mi lengua
por ella y notaba que a él le gustaba. Apenas podía tragarme
más que su glande, aunque él hacía movimientos para
que entrara más profundamente que yo intentaba eludir. Luego me
agarró la cabeza con sus dos manos y así hizo que su pija
entrara hasta casi mi garganta. Sentí que me ahogaba, pero él
estaba disfrutando y no parecía  dispuesto a soltar mi cabeza
que ya movía agarrándola fuertemente con sus manos a su ritmo,
de una forma cada vez más brusca, mientras yo sentía que
en los empujones me llegaba hasta la garganta. Una y otra vez, mientras
él gemía de placer.

De repente la sacó y me
soltó la cabeza. Se acabó de quitar el pantalón y
el calzoncillo que tenía por los tobillos y me arrancó la
falda y luego mis braguitas. Vi que se quitaba su camiseta negra, dejando
al descubierto su torso y sus fuertes brazos. Su cuerpo era fuerte, musculoso,
aunque no de gimnasio sino por su propia constitución y el trabajo
realizado. Tenía los pectorales cubiertos de vello oscuro que descendía
en un hilo cada vez más grueso hacia el pubis. Vino hacia mí
con una sonrisa morbosa. Me empujo, caí de espalda al colchón
y él se puso sobre mí. Agarró mis brazos con los suyos
y los estiró en alto sobre la cama. Luego fue abriendo con sus piernas
velludas las mías. No podía moverme, no podía hacer
nada, sólo protestar mientras veía cómo su pija me
apuntaba. La dirigió hacia mi concha y comenzó a penetrarme,
primero lentamente. Costó un poco que entrara pero pronto la sentí
dentro. Él parecía extrañado, como si esperara que
fuera virgen y ver que no lo era le hubiera contrariado. Fue entonces cuando
me penetró con fuerza, metiendo toda su inmensa pija dentro de mí. 
Siguió moviéndose con fuertes embestidas, apretando su cuerpo
contra el mío, cogiéndome de forma ruda y salvaje durante
un buen rato. Temí que se corriera y le pedí que usara un
condón, que no quería quedarme embarazada. Él me entendió,
pero me dijo. "No condón, no gusta, no para machos marroquíes".
Sorprendida pero sin poder hacer nada le pedí que al menos no se
corriera dentro de mí. "Oh sí, pero yo otro sistema". Y sonrió
con malicia. Fue entonces cuando me dio la vuelta y me puso boca abajo.
Comenzó a acariciarme la espalda, pero sobre todo mis piernas y
mis nalgas. Yo estaba aprisionada bajo su cuerpo, notaba su peso sobre
mí y el vello de su pecho sobre mi espalda. Comenzó a acariciar
mi ano con sus dedos y yo casi di un salto al notarlo. No podía
ser, por primera vez intenté resistirme con todas mis fuerzas, escaparme
de allí, pero él no estaba dispuesto a dejarme ir. Se rió
y me agarró fuertemente hasta dejarme inmovilizada. Me agarraba
mis brazos con una mano, mientras abría con sus piernas las mías,
sin que yo pudiera hacer nada. Con la otra mano acariciaba mi ano y trataba
de meter en él un dedo ensalibado. Yo estaba muy asustada, no podía
hacer nada para evitar esa situación, estaba a su completa disposición,
él podía hacer todo lo que quisiera conmigo. Yo me quejaba,
le suplicaba, le pedía que no e intentaba moverme sin que él
hiciera otra cosa que reír y mandarme callar, seguro como estaba
de su fuerza y de su dominio sobre mí. Creo que notó que
nadie me había hecho nunca lo que él me iba a hacer y eso
le agradó aún más. Parecía muy contento de
ser él quien desvirgara mi culo. Había abierto completamente
mis piernas con las suyas y empecé a notar que su pija rozaba mi
cola mientras él la encaminaba hacia el orificio. "¡Nooooo!",
supliqué una vez más, pero él comenzó a empujar
con su pija, que no conseguía entrar. Luego sentí un dolor
fuerte, como si me rompieran por dentro, como si me atravesara  una
barra de hierro. Su pija había comenzado a entrar y poco a poco
siguió entrando, mientras yo ya gritaba y las lágrimas se
me saltaban. Ajeno a mis quejas, a mis gritos, me mandó callar con
brusquedad y continuó empujando, mientras yo tenía la sensación
de que me iba a desgarrar, de que era imposible que eso tan enorme que
yo había tenido en mi boca a duras penas, pudiera entrar en mi culo,
pero él continuaba empujando hasta que su pija me llegaba casi a
las entrañas. A partir de ahí comenzó a moverse lentamente,
sacando y metiendo su pija en mi culo, lo que parecía provocarle
un placer extraordinario. Yo notaba su cabeza apoyada contra la mía,
su respiración sobre mi cara. Continuó bombeándome
el culo por un tiempo que me parecía eterno, sus movimientos se
hacían cada vez más fuertes, más bruscos, su respiración
se aceleraba. Me cogía casi con violencia, hasta que sentí
que terminaba dentro de mí, inundando mi culo con su leche. Siguió
aún un poco más mientras él casi gritaba de placer.
Luego se derrumbó sobre mí durante mucho tiempo, notaba su
respiración extenuada, pensé que se iba a dormir sobre mí,
pero lanzó una risa satisfecha, me dio unas palmadas en la cola,
a la vez que decía "Mío" y luego se fue al baño. Oí
que salía de él pero tardó bastante tiempo en volver
a la habitación. Yo permanecía quieta, deseando que se fuera
y acabara todo aquello. Finalmente apareció, se vistió casi
en silencio, sonriendo con malicia y se fue, diciéndome de nuevo
un "Hasta pronto".

Permanecí un tiempo tumbada
boca abajo, me dolía todo, sobre todo me dolía el culo por
dentro, pensé que no podría sentarme en días. Luego
corrí a cerrar la puerta con llave. Volví al colchón
y me dormí. Sentía rabia y dolor por lo que había
ocurrido, pero afortunadamente ya había pasado. Mientras me dormía,
sin embargo, recordé la sensación del cuerpo de Tarek sobre
el mío, cómo me sentí dominada por él, a su
completa disposición, esperando sin ninguna posible resistencia
que él hiciera conmigo todo lo que quisiera, recordé el roce
del vello de su pecho sobre mi espalda, sus fuertes brazos sujetándome,
sus rudas manos sobre mi piel, sus piernas abriendo las mías, su
enorme pija queriendo entrar en mí y confieso que a pesar del dolor,
me excité recordando esas cosas.

A la mañana siguiente me
sentía aún dolorida, pero ya mejor. Había dormido
hasta tarde y decidí darme una larga ducha caliente que borrara
el olor de Tarek aún sobre mi piel y toda huella suya. Estuve durante
mucho tiempo bajo la ducha, enjabonándome bien, mientras me sentía
cada vez más relajada. Me pareció oír un ruido y apagué
la ducha para escuchar mejor, pero no se oía nada. Supuse que se
había golpeado una de las contraventanas por el viento que a menudo
soplaba con fuerza en Tánger y seguí bajo la ducha. Un rato
después me pareció distinguir una sombra tras la cortina
en el baño, corrí la cortina y me quedé paralizada.
Ahí estaba Tarek, frente a mí, sonriente, completamente desnudo,
con su enorme pija bien levantada, señalando hacia mí, desafiante.
Recordé que ayer no había encontrado uno de los juegos de
llaves que solía dejar en el salón, sin duda él se
lo había llevado. Pensé en salir corriendo, pero estaba desnuda
y además Tarek no me dejaría. Se fue acercando y se metió
en la bañadera, bajo la ducha conmigo, sin perder una sonrisa que
yo percibía como una amenaza de lo que me esperaba. Intenté
decirle que no podía, que aún tenía dolor por lo del
día anterior, pero no me hacía caso, agarró jabón
y comenzó a enjabonarme con sus rudas manos mi cuerpo, mis pechos,
mis piernas, las nalgas, metía las manos entre ellas. Luego me dijo
que lo enjabonara yo a él, o al menos eso creí comprender.
Me llené las manos con gel y comencé a acariciar sus brazos
musculosos, su ancha espalda, su pecho baje por el hilo de vello que conducía
a su pubis, me desvié y enjaboné sus piernas, él dirigió
mi mano a su pija, que seguía enhiesta como una lanza, la enjaboné
bien, acaricié sus huevos. Él parecía impaciente pero
yo confiaba en que no esperara de mí otra cosa que una paja bien
hecha. Sin embargo, de repente, como si ya no aguantara más, 
me alzó en sus brazos y abrió mis piernas. Tuve que agarrarme
a su cuello, apretarme contra él para no caerme, me mantenía
en el aire  y me fue bajando lentamente sobre su pija, que se me clavó
hasta el fondo. Me cogió así durante un rato bajo la ducha
moviendo todo mi cuerpo hacia arriba y hacia abajo en el aire, subiendo
y bajando por su pija. Luego me dejó de pie dentro de la bañadera,
me dio la vuelta y me puso contra la pared, intenté poner resistencia
pero él sujetó fuertemente con su mano mi cabeza contra la
pared. Con una de sus piernas abrió las mías  y me levantó
una de ellas hasta que mi pie se posó sobre el borde de la bañadera.
Noté cómo su pija se preparaba a entrar nuevamente en mi
culo. Protesté, intenté resistirme sin éxito cuando
noté que su pija lo empezaba a perforar. La sesión del día
anterior y el jabón hicieron que esta vez entrara más fácilmente,
aunque no por ello sin que me hiciera nuevamente gritar de dolor. Él
de pie a mi espalda se apretaba contra mí y la metía hasta
el fondo en fuertes empujones, hasta que sus huevos me golpeaban. Comenzó
con movimientos lentos hacia fuera y hacia dentro hasta que toda su pija
se perdía dentro de mí. Él gemía de placer.
Sus empujones se fueron haciendo cada vez más rápidos y fuertes
y siguió así durante minutos y minutos. A veces apoyaba su
cabeza contra la mía o me agarraba y me daba suaves tirones del
pelo, otras veces me agarraba de los hombros y me apretaba contra él,
hasta que mi culo tragaba por completo su pija. Luego cambió de
ritmo, lo aceleró y noté cómo se corría dentro
de mí, mientras gritaba de placer entre fuertes espasmos, continuó
aún un poco más moviéndose dentro de mí, luego
sacó su pija. Se rió satisfecho, me dio unas fuertes palmadas
en las nalgas, se duchó un poco más, se secó con mi
toalla, salió de la ducha y poco después oí cómo
la puerta de mi casa se cerraba.

 Pensé en el consejo
que me había dado Marisa al comienzo de mi estancia, en cómo
me lo había saltado y en las consecuencias que eso iba tener para
mí a partir de ahora. Tarek tenía las llaves de mi casa y
en cierta forma me consideraba de su propiedad, se creía con el
derecho a venir cuando quisiera y a utilizarme como su juguete sexual cuando
le viniera en gana, y si era verdad todo lo que me había dicho Marisa
sobre los hombres árabes, mucho me temía que sus ganas serían
muy frecuentes.  No podía irme de repente de allí, dejar
mi trabajo abandonado, debía como mínimo avisar con quince
días de antelación. Por otro lado, tal vez me estaba precipitando,
no sabía cómo iba a evolucionar la situación y he
de reconocer que en el fondo, esa incertidumbre y el sentirme como una
posesión de un chico tan salvaje y rudo pero con un físico
tan atractivo, que en cualquier otro lugar se disputarían decenas
de chicas, sentirme su desahogo sexual, me producía un tremendo
morbo. Decidí esperar.

2.

Recibí nuevas visitas de
Tarek los siguientes días, pero luego dejó de venir. Un día,
al mirar por la ventana de mi salón vi que estaba en frente de la
casa apoyado en una pared y hablando con el portero de mi edificio. ¿Estaría
vigilando o esperando a que yo saliera? ¿pidiendo información
sobre mí al portero, contándole sus diversiones con esa jovencita
española del tercero? ¿o tal vez simplemente se conocerían
de antes, como casi todos en esta ciudad? Esperé temiendo que subiera,
pero no sucedió. Tampoco supe  nada de él los días
siguientes. Tal vez ya se había cansado, una vez probada había
perdido el interés por mí, quizá había encontrado
a extranjera con la que seguir divirtiéndose.

Decidí hacer del sábado
un día especial, compré algunas delicatessen de la cocina
marroquí, dormiría la siesta y por la noche tal vez saldría
a dar una vuelta, de ir a un bar, ni hablar, ninguna mujer, salvo las prostitutas
los frecuentaban y sólo me faltaba eso, ir con el cartel de puta
en ese país. De todas formas estaba segura de que muchos me conocerían
al menos de oídas.

 Me encontraba preparando
la comida, cuando me pareció oír voces al otro lado de la
puerta. Cuando salí al pasillo vi que la puerta de la calle se abría
y tras ella aparecían Tarek y otro chico marroquí vestido
de militar. Tarek le señaló y dijo ""Aziz, amigo". Aziz me
miró de arriba a abajo y luego sonriendo le dijo algo a Tarek, ambos
se rieron. Supuse que ya le había contado lo que hacía conmigo.
Aziz hablaba español, lo que me facilitaba las cosas. Era un chico
atractivo, un poco menos alto que Tarek, con algunos años más,
tal vez 30 o32, con bigote, como la mayoría de los árabes
de esa edad, militar destinado en el sur pero que había venido a
pasar el fin de semana a Tánger  para ver a su amigo Tarek.
Éste me dijo que preparara algo de comida y ellos se sentaron en
el salón a fumar un cigarro y a charlar, de vez en cuando me llegaban
sus carcajadas. No entendía muy bien la situación. ¿En
qué nos habíamos convertido mi casa y yo? Yo había
comprado una comida especial y eran ellos quienes se la iban a comer ¿y
todo eso por qué?

Tarek bajó a comprar cigarrillos,
momento que Aziz aprovechó para ir a la cocina, donde yo estaba.
Intenté tantearlo para ver si me podía servir de ayuda frente
a Tarek pero él me miró de una forma claramente lasciva y
supe que no tenía nada que hacer, ni ninguna ayuda que esperar de
él, más bien al contrario.

-Tarek ya me ha dicho que se divierte
mucho contigo, que tú eres muy complaciente. Eso me da envidia.
Sabes, en el ejército lo más duro es estar sin mujeres. Un
hombre, ya sabes, tiene sus necesidades. Los árabes somos muy fogosos
y necesitamos mucho sexo, pero en el ejército no hay mujeres y claro,
tenemos que recurrir a otros medios. Yo no tengo problema para eso, soy
el oficial que se encarga de la instrucción de los más jóvenes
que quieren entrar en el ejército, así que a veces busco
alguna excusa para mandar a uno de esos recién llegados al calabozo
y por la noche le hago una visita. A veces mi pija no aguanta más
y necesita un lugar donde meterse. Él quiere salir de la celda,
ingresar en el ejército y yo puedo ayudarle, a cambio mi pija quiere
pasarlo bien y él tiene el agujero necesario para conseguirlo. A
mí me gustan mucho las mujeres, por supuesto, soy muy macho, pero
a falta de hembras... No creas que me sirve cualquier recluta. Hay algunos
muy feos y brutos, a mí me interesan sólo los más
jovencitos, los que tienen la piel suave como los de una chica, y un culo
virgen preparado para mí. Ya me encargo yo de que sean complacientes,
más les vale. Eso es sólo por necesidad,  porque lo
que me gustan son las mujeres, sobre todo las chicas europeas, rubias,
con ojos claros, la piel muy blanca y unos pechos suaves y bonitos, exactamente
como tú. Pero, sabes lo que me ha pasado, pues que le he cogido
gusto a los culitos, son más estrechitos y calientes, dan más
gustito. Tarek me ha dicho que él desvirgó el tuyo. Ya me
hubiera gustado hacerlo yo. Aún así creo que merece ser probado.
El culito de una chica europea guapa... no puede haber nada mejor.

Tenía ya puesta su mano
en m mi cola cuando se oyó la puerta de la casa y Aziz volvió
al salón a reencontrarse con su amigo. Comimos los tres, ellos hablando
y riendo casi sin parar y yo en silencio, sin comprender sus palabras.
Tarek parecía orgulloso, como si quisiera presumir ante su amigo
de dirigir y hacer lo que quisiera con esa joven española que estaba
a su completa disposición. Hacía calor y Tarek se había
quitado su camiseta y Aziz se había desabrochado su camisa militar,
dejando al descubierto un pecho cubierto de abundante vello. No paraba
de lanzarme miradas morbosas. Cuando volví de la cocina al salón
tras recoger la mesa, los dos me estaban esperando en silencio. Habían
comido mucho y bien, se sentían satisfechos y, relajados sobre las
sillas, se pusieron a fumar un cigarro. Tarek me hizo un gesto para que
me acercara. Se sentía contento de que Aziz viera cómo le
obedecía en todo. Cuando estuve frente a él, me señaló
que me arrodillara y luego agarró mi cabeza y la apretó contra
su paquete. Los dos lanzaron una carcajada. Con un gesto me dijo que siguiera,
mientras él continuaba fumando su cigarrillo. Sabía que no
tenía otra alternativa que hacer lo que él esperaba. Comencé
a desabrochar su pantalón y saqué su pija que estaba dura
e inmensa. Seguí la fórmula que tanto le había gustado
la primera vez, ya que quería sobre todo que se sintiera satisfecho.
Comencé a pasar mi lengua por toda su pija, sin dejar un solo lugar
sin humedecer, jugaba con ella por su glande y luego bajaba y volvía
a subir. Descendí después hasta sus huevos y los chupé
una y otra vez. Veía la cara lujuriosa de Aziz que ya se tocaba
claramente el paquete y empezaba a meter la mano dentro de su pantalón
militar. Se estaba poniendo rojo de envidia. Tarek lo sabía y disfrutaba
doblemente, gimiendo de placer. Volvía subir con mi lengua por su
pija y una vez arriba la engullí hasta que sentí que casi
chocaba contra mi garganta. Continué en mis movimientos hacia arriba
y hacia abajo, moviendo mientras tanto mi lengua por su pija que continuaba
dentro de mi boca. Sabía que Tarek estaba muy excitado. Comenzó
a acariciar mi pelo, luego me agarraba de él para marcarme el ritmo
de mis movimientos, más tarde cogió fuertemente mi cabeza
con sus dos manos y continuó moviéndola, haciendo que su
pija entrara hasta lo mas profundo. La sacó, me acercó más
a él, colocó su pija entre mis pechos y los apretó
contra ella  mientras se movía, masturbándose con ellos.
Aceleró sus movimientos y de repente sentí un fuerte chorro
caliente contra mi cara, golpeó contra mi frente y mis ojos, luego
sentí otro y otro más, hasta que mi cara estuvo toda cubierta
de su leche, sacó su pija y me la restregó, extendiendo aún
más su semen por mi rostro. Luego me soltó y fui al baño
a lavarme. Les oía reír, hablar, a Tarek con su voz orgullosa,
presumiendo, sin duda, de lo buena que era yo y de todo el placer que le
daba. Oía la voz de Aziz insistiendo en algo, repitiendo una frase.
Luego Tarek me llamó. Cuando acudí fue Aziz el que me habló:

 -Ahora me toca a mí,
a ver si me lo haces pasar tan bien como a mi amigo.

Miré a Tarek, que me hizo
un gesto para que me acercara a Aziz. Éste tenía la camisa
totalmente abierta y su pantalón a punto de reventar. Me agaché
de nuevo y me dispuse a descubrir lo que escondía ese pantalón.
Me quedé helada. Su pija era todavía mayor que la de Tarek.
Algo más larga y arqueada, pero sobre todo más gruesa, también
algo más oscura. Me iba a costar tragar eso.

-¿Te gusta mi pija? Seguro
que nunca has chupado una tan grande. De auténtico macho árabe.
A ver qué tal lo haces.

Decidí emplearme a fondo
y con esmero con mi lengua por su enorme pija, por sus huevos. Él
parecía impaciente por meterla dentro de mi boca y haciendo un esfuerzo
tragué todo lo que pude, aunque no pude evitar sentir de nuevo arcadas.

-Oh, ¿no me dirás
que es demasiado grande para ti? Pues te la vas a tragar enterita, cómela
hasta el fondo.

Y me la metió todo lo que
pudo. Se notaba que le gustaba por su expresión y los ruidos de
placer que emitía. Me agarraba con fuerza del pelo, moviendo mi
cabeza sin dejar que su pija saliera ni por un momento de mi boca.

-Así, así, no pares.
Mueve la lengua. Uhmmm. Así

Ponía todo mi empeño
en ello, aunque me costaba mantener todo eso en mi boca. Vi que Tarek se
movía por la habitación. Estaba desnudo del todo y su pija
de nuevo en alto, apuntándome. Me agarró por la cintura y
me levantó, con lo que dejé de estar de rodillas, pero sin
que Aziz permitiera ni por un momento que su pija saliera de mi boca. Me
quitó la falda y bajó mis braguitas. Comenzó a acariciarme
el ano, a frotarlo con su saliva y después, abriendo mis piernas,
acercó su pija a la entrada de mi culo y comenzó a empujar.
Sentí de nuevo un fuerte dolor al notar cómo penetraba en
mí, pero Aziz no me dejaba parar.

-Tú sigue, no pares, que
te vamos a dar lo que te mereces.

Mi cuerpo llevaba dos ritmos: el
que Tarek me marcaba por detrás, con sus fuertes sacudidas y con
el que Aziz manejaba mi cabeza, hasta que logré que los dos se acompasaran.
Empecé a notar cómo Tarek se derramaba dentro de mí.
Al  poco tiempo un fuerte chorro de esperma de Aziz golpeó
contra mi garganta. Instintivamente sentí una arcada e intenté
sacar su pija de mi boca, pero no pude, él sujetaba firmemente mi
cabeza para que su pija siguiera muy dentro de mí, así que
seguí sintiendo nuevos chorros que golpeaban fuertemente en mi garganta
y que yo tenía que tragar.

 -Trágatelo, trágate
toda mi leche.

Continuó agarrándome
con fuerza, mientras se arqueaba de placer y gemía en alto sin parar.
Cuando me tragué hasta la última gota dejó que su
pija saliera de mi boca. Tuve aún que pasar mi lengua por ella,
hasta que quedara totalmente limpia.

-Qué bueno. ¿Te gusta
cómo sabe mi leche? ¿Te ha gustado verdad? Tu también
le has gustado a mi pija. Lo haces muy bien, como una auténtica
puta o mejor, ninguna me lo ha hecho como tú. Les tendrías
que enseñar a mis reclutas. Pero aún hay algo más
que me gustaría probar, ya sabes tú qué.

Le dijo algo a Tarek, pero éste,
que acababa de limpiarse y estaba vistiéndose, se negó en
seco. Aziz insistió pero Tarek pareció enfadarse y casi gritaba.

-Bueno, bueno, mi amigo quiere
tu colita solo para él. Es un egoísta, pero ya veremos lo
que pasa, yo siempre consigo coger a quien quiero. Nadie se me resiste.

Acabaron de vestirse y se fueron,
los dos de nuevo tan amigos, satisfechos y riéndose. Tarek cerró
la puerta con llave. Y yo me quedé allí con una mezcla de
rabia, incertidumbre y dudosas expectativas.

Me acosté temprano porque
estaba cansada. Mi habitación estaba totalmente a oscuras y yo profundamente
dormida, boca abajo. No oí ningún ruido, pero me desperté
de golpe, aterrada. Sobre mí había caído un gran peso,
ensenguida comprendí que era un hombre, noté que estaba desnudo
y que tras dejarme inmovilizada sobre el colchón me bajaba las braguitas
que era lo único que yo llevaba puesto. Notaba su vello sobre todo
mi cuerpo, su bigote rozaba mi nuca y por la rudeza y violencia de sus
movimientos, supe que se trataba de Aziz. El aliento se olía a alcohol
y a tabaco. Parecía aún más envalentonado por la bebida.
Intentaba resistirme, suplicarle, moverme, sin éxito.

-Quieta, no vas a conseguir nada.
Este culito no se va a librar de sentir mi pija muy dentro. He tenido que
quitar las llaves a mi amigo y antes de que se las devuelva, me lo voy
a dejar muy bien cogido. Ya te dije que mi pija siempre se consigue meter
donde quiere.

Recordé su pija y la imaginé
intentando entrar en mí y me pareció imposible. Comenzaba
a notar cómo empujaba y di un grito cuando entró, se me saltaron
las lágrimas.

-Tranquila, aguanta, que esto es
solo el principio. Ya verás como te va a gustar.

La metía primero despacio,
un poco, luego cada vez más hasta que me la clavó por completo.
A partir de ese momento sus embestidas se hicieron salvajes, brutales.
Me agarraba con fuerza, a veces del pelo, a veces apretándose contra
mí, sin dejarme ninguna concesión al menor movimiento y así
siguió durante mucho tiempo, sin parar, cada vez más fuerte,
hasta que noté que se corría dentro de mí en medio
de un alarido de placer, y todavía un poco más.

-Buena chica, te has portado bien.
Voy a devolverle las llaves a Tarek. Le diré que me lo he pasado
muy bien contigo, no creo que se enfade, somos amigos desde hace mucho
y hemos compartido muchas cosas. ¡Él no iba a ser el único
en disfrutar de ti! Ya me pasaré más por aquí cuando
salga del cuartel, algo así no hay que dejarlo pasar y además,
como yo no soy egoísta, te traeré a algunos militares que
me agradecerán el favor. Allí se echan mucho de menos estas
cosas, aunque como te dije yo no me puedo quejar y tengo todos los culitos
que quiero, pero no de chicas tan guapas como tú ni tan sabrosos
como el tuyo. Uhmmm, una delicia. Creo que haré una copia de las
llaves antes de devolvérselas a Tarek. Me gusta llegar así
como hoy, de improviso.

Sabía que Tarek no se tomaría
muy bien la noticia y así fue. Apareció por mi casa gritando,
supongo que insultándome. Luego su expresión cambió.
No entendía todas sus palabras, pero parecía decirme que
me iba a enseñar una lección para que se me quitaran las
ganas de serle infiel. Se marchó. No apreció en todo el día
y pensé que tal vez había interpretado mal sus palabras y
que quizás sólo se había despedido, despechado. Sin
embargo, se llevó las únicas llaves que me quedaban y cerró
por fuera, con lo que me quedé encerrada en mi propia casa. Supuse
que ése era mi castigo aunque ignoraba cuánto iba a durar.

Al día siguiente me estaba
duchando cuando oí voces dentro de la casa. Tarek hablaba con alguien
más. Fue a buscarme y sin dejar que me vistiera me llevó
a mi habitación. Allí había tres hombres negros. Eran
nigerianos según supe. Iban bien vestidos: uno llevaba vaquero y
una camisa, otro un pantalón claro y una camiseta ajustada que marcaba
sus músculos, tenía la cabeza rapada. El tercero llevaba
un pantalón de chándal en el que abultaba su paquete. Calculé
que uno de ellos rondaría los 30 años, otro, un poco más
bajo y más ancho, tendría alrededor de 25 y el tercero, el
del chándal, sería de mi edad o poco mayor. Eran bastante
altos, atractivos, con cuerpos fuertes y bastante oscuros de piel. No sabía
muy bien que pretendía Tarek llevándolos a mi casa, pero
cuando vi cómo me exhibía delante de ellos, cómo me
miraban y me examinaban como si fuera una mercancía que podían
comprar, cómo acariciaban mi pelo, mi cara, mis pechos, mis nalgas,
entendí que era precisamente eso lo que estaban haciendo. Pareció
que yo les gustaba, se reían entre ellos. Luego intercambiaron algunas
palabras con Tarek, al parecer acordando las condiciones del trato, sacaron
unos cuantos billetes (no pude ver cuántos) y se los dieron. Tarek
los contó y se fue, cerrando la puerta de mi habitación tras
él. De repente me quedé sola entre esos tres hombres, que
me miraban como si fuese suya. Comprendí que Tarek les había
dado carta blanca sobre mí. Ellos parecían contentos de disponer
de una chica tan blanca, rubia y joven para a su antojo.

Quise hablarles en inglés,
decirles que les daría el dinero que ellos habían pagado
o más pero que no me hicieran nada. Saqué de mi cartera algunos
billetes y se los ofrecí, se rieron, los guardaron, pero empezaron
a tocarme. Luego comenzaron a desnudarse. Tenían unos cuerpos impresionantes,
sin apenas vello, excepto el mayor de ellos, musculados, marcados, bien
proporcionados. Se desnudaron por completo. No me atrevía a mirar
hacia sus paquetes, pero uno de ellos se acercó a mí y empezó
a darme golpecitos con su pija. La miré. No parecía humana,
era desproporcionada. Miré hacia las de los otros dos, que estaban
totalmente en erección y el tamaño que alcanzaban era descomunal,
su grosor me hizo pensar en la de un caballo o un toro. Nunca había
visto algo así, ni siquiera en una película porno con actores
de color. Uno de ellos me metió su pija en la boca, aunque sólo
me entraba la parte superior, así que me hizo emplear a fondo mi
lengua por toda ella. Enseguida se acercaron los otros dos y tuve que ir
alternando una pija tras otra, a veces las juntaban y yo hacía un
esfuerzo sobrehumano por intentar abarcar dos de ellas de una sola vez.
Disfrutaban bastante y albergué la esperanza por un momento de que
se conformaran con eso, pero al poco tiempo mis ilusiones se derrumbaron
cuando uno de ellos, el que parecía de más edad comenzó
a acariciar mi concha y a meter un dedo en ella. Enseguida lo sustituyó
por su pija y mientras yo, doblada por la cintura chupaba las pijas de
los otros dos, éste comenzó a intentar meterme la suya desde
atrás, pero costaba que entrara. Siguió en su empeño
hasta que los consiguió y la metió todo lo que pudo de una
vez. Me sentía totalmente llena, a punto de romperme, pero él
continuó cogiéndome sin parar, con fuerza. Siguió
así por un buen rato, luego comenzó a meter un dedo en mi
culo. Noté que ponía su pija en la entrada de mi ano y presionaba
sin conseguir que algo tan grande entrara ahí. Lo dejó, pensé
que abandonaba por imposible, pero al momento le vi que volvía con
un bote de crema corporal que yo tenía en el cuarto de baño.
Embadurnó bien su miembro con abundante crema y volvió a
presionar. Esta vez noté que comenzaba a entrar en medio de un dolor
desgarrador para mí y de un suave gemido de placer por su parte.
A veces pensaba que iba a perder el sentido por el dolor, la rudeza de
su forma de follar y sobre todo por el tamaño de su pija que me
rompía por dentro. Me agarró de las piernas, me alzó
en el aire, con su pija siempre dentro, y me cogió por la cola así,
sin que yo tuviera ningún apoyo ni más sujeción que
su pija dentro de mí. Al cabo de un rato noté cómo
mi culo se inundaba  de leche. Era el turno del siguiente. Me colocó
de espaldas sobre la mesa, puso mis piernas sobre sus hombros y me penetró.
Me folló un largo rato por la concha, luego me dio la vuelta, me
puso a cuatro patas sobre la mesa, se subió él también,
se untó de crema su pija y se dispuso a follarme el culo. El tercero,
mientras tanto, se puso de rodillas también sobre la mesa y colocaba
su aparato en mi boca, obligándome a chupar su  pija y a bajar
hacia sus huevos y hasta su culo, algo que parecía encantarle. Fui
de nuevo objeto de una cogida bestial, hasta que noté cómo
se corría dentro de mí y cómo después sacaba
su pija y me la restregaba por todo el cuerpo, llenándome de su
leche. Era el turno del tercero. Esta vez me llevó sobre la alfombra,
me colocó tumbada sobre un costado, él se puso detrás
de mí y me la metió de golpe por mi vagina. Después
de un rato siguió en la misma postura pero esta vez metiéndola
por mi ano. Luego se tumbo boca arriba e hizo que me sentara sobre su pija
de espaldas a él, metiéndola de nuevo por mi culo. Me sentí
empalada, apenas podía entrar, pero él me empujaba con fuerza
hacia abajo. Agarraba mi cuerpo y lo subía y lo bajaba por su pija,
siempre dentro de mí, tan dentro que pensé que acabaría
perforando algo en mi interior. Noté que uno de los anteriores se
ponía de pie frente a mí, con su pija de nuevo dura y enorme.

Supe entonces que aunque el más
joven, el que me estaba atravesando ahora, terminara, mi tormento, mi tortura
sexual no acababa ahí sino que volvería a empezar. Habían
pagado y querían sacar el máximo partido a su dinero. 
Sin embargo había algo que no había podido ni imaginar pero
que sucedió a continuación: mientras el más joven
la tenía dentro de mi culo, el de 30 años, el primero en
cogerme, se situó frente a mí y me la metió por la
concha. Notaba sus dos pijas dentro de mí a la vez, sus empujones,
sus ritmos, me sentía aplastada entre ellos, a punto de romperme
por dentro, me parecía que sus pijas casi se tocaban dentro de mí.
Ellos estaban casi apoyados el uno contra el otro, gimiendo a la vez de
placer. Cambiaron de posición y mientras el de más edad se
tumbaba en el suelo y hacía que yo me sentara sobre él, metiendo
su pija una vez más en mi concha, el más joven me penetraba
por detrás en el culo, con fuertes embestidas, hasta que se corrió.
Pero todo volvía a empezar. Durante las siguientes horas me follaron
de todas las formas posibles, de uno en uno, de dos o de tres. Sobre la
mesa, el suelo, la silla, apoyado contra la pared o sujeto por uno de ellos
en el aire. Se corrieron una y otra vez en mi boca, dentro de mi culo,
en mi cara, por todo mi cuerpo. Luego, exhaustos, se vistieron y se fueron
en medio de risas y bromas.

Yo estaba deshecha, apenas me podía
mover. Ahora sabía lo que me esperaba si me quedaba en Marruecos.
Las visitas de Aziz con sus militares y el negocio de Tarek alquilándome.
¿Qué podía hacer? De repente caí en la cuenta
que la puerta no estaba cerrada con llave. Sin duda Tarek volvería
pronto a encerrarme, como la vez anterior. Intenté hacer un esfuerzo,
pero me costaba mucho andar. No tenía tiempo siquiera de ducharme.
Agarré mi pasaporte y el poco dinero que me había quedado
y salí de mi casa. El portero estaba de espaldas a la puerta y me
moví con sigilo tras él para que no me viera. Oí la
sirena del ferry que estaba en el puerto a punto de salir. Calculé
que era el último de ese día y mi única esperanza
de escapar de allí. El puerto sería el primer lugar en el
que Tarek me buscaría. Atravesé como pude la medina, la gente
se me acercaba, se reían de mi extraña forma de caminar.
A duras penas conseguí llegar al puerto, comprar un billete y montar
en el ferry apenas unos minutos antes de que partiera.

Ha pasado algún tiempo desde
entonces y no he vuelto a saber nada de aquellas tierras. Me quedé
sin trabajo, sin la fianza del piso y sin muchas de mis cosas, pero nada
de eso me importa. Pasé varios meses sin tener relaciones con nadie. 
Más tarde conocí a un chico, salimos varias veces y me acosté
con él, pero no me gustó, me dejó indiferente, no
era como yo lo deseaba. Cada vez, a pesar de todo, pienso más en
Tarek, en su cuerpo fuerte y viril, en la forma en que me poseía,
me dominaba, me hacía sentir que estaba a su total disposición,
que él podía hacer conmigo todo lo que quisiera y es entonces
cuando más me excito. Es algo que añoro y que me gustaría
volver a sentir.

Hace poco he empezado a frecuentar
el un bario de Madrid donde se concentra la población marroquí.
Hay calles en las que me parece estar de nuevo en Marruecos, apenas se
ve más que a hombres árabes con la misma expresión
de deseo y esa mirada que parece desnudar a las chicas. A veces me siento
en un banco y espero por si alguien como Tarek aparece  buscando hacerme
suya, como aquella vez. No faltan los hombres que se acercan a decirme
cosas. Aún no me he atrevido a aceptar ninguna de sus obscenas proposiciones
pero lo deseo y sé que pronto diré que sí a uno cualquiera
de ellos y aceptaré lo que venga después porque ya no habrá
vuelta atrás.

Si quieres hacerme cualquier comentario,
no lo dudes, escribeme. Espero tu mensaje.  POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO


 

Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .


Número de votos: 3
Media de votos: 7.00





Relato: Sexo en Marruecos
Leida: 7622veces
Tiempo de lectura: 32minuto/s

 





Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes
Foro porno
sexo
lesbianas
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados
porno
peliculas porno gratis
videos porno gratis
telatos porno incesto
porno español
travestis
peliculas porno
zoofilia
sexo gratis
sexo madrid
chat porno
webcams porno
fotos de culos
juegos porno
tarot
juegos
peliculas online
travestis