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Relato: 12 Años


 


Relato: 12 Años

  

"¿Qué pasó en mi vida para merecer un amor así?


Cuanto lloré y sufrí por las noches esperando a qué llegaras
por mí.


Y ahora estás aquí.


Tan galán que me haces bibrar con tu piel tostada siempre tan
sensual.


Y todas esas cosas que piensas hablar.


Me pones sexy, sexy."


Fragmento: Thalía - Me Pones Sexy


*


- ¿Me vas a comprar un rifa? - me preguntó, por décima vez,
el hermano menor de mi mejor amigo.


Esta realmente harto de que siempre que me veía en su casa me
insista conque le compre rifas o cosas que hacía en su colegio para poder ir a
su viaje de egresados de la escuela primaria. Usualmente le compraba esas cosas,
pero realmente que me diga que la rifa salga $20 era una barbaridad. Soy de una
buena posición social, pero tampoco es que me encanta gastar la plata para
quedar bien con un niño de 12 años. Mi amigo, Lucas, siempre me decía que no le
prestara atención a todas las cosas que Bautista, su hermano menor, me decía o
me intentaba vender.


- ¿Por qué haces estas cosas? - le preguntó Lucas a su
hermano, realmente enojado, cosa que yo disfrutaba mucho. Verlo enojado era
divertido. - ¿Por qué no dejas que nuestros padre te paguen el maldito viaje?
¿Por qué tienes que andar haciendo estas estúpidas cosas?


- No quiero que mamá o papá me saquen en cara toda la vida
que siempre se preocupan por mí y yo no estudio. - contestó, prudentemente en
voz baja, Bautista. - Así que voy a vender estas cosas. - Luego, volvió a
concentrar su mirada en mí. - ¿Me compras una rifa?


- Está bien. - respondí, cansado.


Lucas se fue hasta la heladera para agarrar una de las
cervezas que terminé de comprar para pasar una linda noche del sábado con todos
nuestros amigos que vendrían a vernos. Como en la noche del viernes salimos a
comer, hoy decidimos pasarlo más tranquilo y sólo alquilaríamos unas películas.
Quizá a los 19 años uno está un poco agotado de que en la ciudad siempre pase lo
mismo.


- Muy bien. - me dijo Bautista, pasándome un talonario con
muchos números. Por lo visto su venta no marchaba muy bien. - Elige un número y
págame los $20.


Saqué mi billetera y me horroricé al ver que sólo me quedaban
$5. Había gastado $20 en la nafta para mi auto y otros $10 comprando cosas para
la reunión. No me acordé de ir a buscar plata a mi cajero automático, por lo que
quedé sin un centavo.


- De acuerdo, te daré $5 y después el resto. - le dije.


Bautista me miró desconfiado pero de pronto sus ojos
cambiaron. Se me acercó y me hizo señas para que me agachara así podría hablarme
al oído, sin que Lucas lo escuche.


- Puedes pagarme el resto con un favor.


Me sorprendí pero la idea me gustó. No quería gastar plata y
seguro que me pediría que lo lleve a dar una vuelta en el auto.


- Lucas mañana a la noche va a la casa de su novia. -
continuó, en voz baja. - Nuestros padres van a ir a la iglesia, cumpliendo su
rutina de domingos. Puedes venir y puedo mamarte la verga.


*


- ¡Vete a dormir! - le gritó Lucas a su hermano menor cuando
todos nuestros amigos se encontraban reunidos al televisor y Bautista se quería
quedar con nosotros.


Era obvia su preocupación. Su hermano tendría recién doce
años y la película que mirábamos mostraba a mujeres y hombres completamente
desnudos sin pudor de mostrar partes íntimas de su cuerpo. Si las personas que
estaban ahí se exaltaban al ver a las mujeres desnudas, nadie quería imaginas
como sería en un niño.


Pero yo no podía pensar en la película. Por más que Cristian
y Gerardo estaban emocionados y lanzaban comentarios tontos a cada rato, cosa
que causaban la risa del resto del grupo, no podía dejar de pensar en lo que me
había propuesto Bautista.


Quería que yo le diera mi verga para mamarla. ¿Pero por qué?
¡Era sólo un niño! ¡Un niño de DOCE años! ¿Cómo podría querer eso? Si en teoría
ni siquiera tendría que estar enterado de lo que era el sexo. ¿Por qué tenía que
ser justo el hermano de mi mejor amigo?


Cuando regresé a mi casa no pude dormirme rapidamente. En mi
mente se pasaba la imagen de Bautista, mamándome la verga. ¿Qué debía hacer?
¿Tenía que darle lo que buscaba o me libraba de todo el problema simplemente
pagándole lo que le debía? ¿Y si se lo contaba al hermano? ¡Me mataría! Lucas,
seguramente, me cortaría las venas y me clavaría una lapicera en el ojo hasta
perforarme el cerebro. Estaba ante un gran dilema. Pero la idea me gustaba.


*


El reloj marcaban las 8:30 p.m. y yo me hallaba ante la bella
casa de Lucas. No había señales de vida en su interior. Ni el auto de Lucas ni
el de sus padres estaban en el garaje. Eso significaba que la casa se hallaba
vacía, por lo menos por el momento, pero sí tendría que estar Bautista, a menos
que lo hayan obligado a asistir a la iglesia.


Si llegaban los padres de Lucas no habría problema, ya que
les inventaría que vine a ver a su hijo y que como no estaba, me quedé a
esperarlo unos segundos con Bautista. Pero si llegaba Lucas tendría que inventar
otras cosas, ya que estoy informado que todos los domingos a esta hora va a la
casa de su novia.


No debería un niño de doce años darme nervios, pero así era.
Había una gran diferencia de edad, pero la idea no dejaba de tentarme. Antes de
golpear la puerta medité que si todo era una broma y yo quedaba mal parado ante
mis amigos, pero ya me encontraba ahí y si eso sucedía, inventaría que
sospechaba de la sorpresa o algo así.


Dos segundos después de golpear la puerta, Bautista me abrió,
como si estaba detrás esperándome. Su cara demostraba tanta inocencia que fue un
acto involuntario que la verga se me erecte de la sola idea de pensar que iba a
tener a ese niño hermoso entre mis brazos. ¿Qué estaba haciendo?


- Viniste. - me dijo, sonriendo y cerrando la puerta a mis
espaldas. - Por favor, siéntate.


Para ser un niño, era bastante educado. Me senté en una de
las sillas de la cocina y me quedé mirándolo, en silencio. Bautista se me acercó
con miedo. Noté que sus manos pequeñas temblaban, pero lo disimuló cuando las
puso alrededor de mi cuello con un rápido movimiento y atrajo mi cara a la suya.
Comenzó a besarme con locura. Metía su lengua dulce en mi boca. Su aliento sabía
a menta, con lo que calculé que se había lavado los dientes antes. Puse mis
manos en su trasero y le bajé los pantalones para poder acariciarlo mejor. Mis
ojos estaban cerrados y me estaba entregando con desesperación.


- Quiero jugar a algo contigo. - me dijo, en susurro,
soltándome. - Voy a estar en mi cuarto y quiero jugar a que eres un ladrón que
me forzará a tener sexo contigo.


Nuevamente me sorprendió, pero la morbosa idea me agradaba.
Jugar a ser un ladrón y querer violarlo.


- Iré a hacerme el dormido a mi cuarto y tú entrarás, para
violarme. - explicó.


Me di cuenta que ahora mis manos jugaban a abrir y cerrar su
trasero. Él parado, abrazándome por el cuello, y yo sentado mirándolo como a una
persona realmente madura. Antes de irse, me volvió a dar un tierno beso y se
separó de mí. Mientras caminaba pude ver su pequeño trasero perfecto. Era una
locura lo que iba a hacer, pero estaba dispuesto a hacerlo disfrutar a mi nuevo
amante.


*


La puerta de su cuarto estaba cerrada. La abrí lentamente,
aunque por más que era lo de menos, de todos modos se tenía que despertar. Me lo
encontré dormido y tapado por las sábanas, dándome la espalda, como diciéndome:
"levanta la sábana y hazme el amor".


Efectivamente hice eso. Me saqué las zapatillas, levanté las
mantas y me acosté a su lado. Comencé a besarle el cuello y lamerle la oreja
derecha, que era la que disponía a mi antojo. Con mis manos volví a bajarle los
pantalones. De pronto se dio vuelta y me miró, como asustado. Por un momento me
asusté, pensando que estaba haciendo algo mal pero luego comprendí que todo era
parte del juego.


- ¡Suéltame, por favor! - rogó de una forma realmente
creíble.


- No te soltaré. - amenacé. - Harás todo lo que te diga si no
quieres que te mate. Puedes empezar por mamarme la verga.


- Haré lo que me pidas pero no me hagas daño. - volvió a
fingir.


Bautista tiró las mantas al piso y comenzó a desprenderme el
jeans con inexperiencia, pero dudaba si eso realmente era de verdad o parte del
juego también. Mi verga estaba en el interior, a punto de explotar de la
excitación y con ganas de salir y parar en su cara. Bautista la sacó y comenzó a
pajearla con leves movimiento de arriba a abajo. Yo gemí del placer que me daba
que sus manitas frías tengan mi pedazo de carne en su poseción. Pero quería
tener los ojos abiertos y ver como se la metía en la boca.


Abrió su boca y pasó su lengua por la cabeza. Ese cosquilleo
casi me hace gritar, pero mantuve la calma. Bautista, esta vez, probó tragar un
poco más y lo hizo. Comenzó un delicado mete y saca, como tratando de gozar de
cada segundo, haciéndome delirar de las ganas.


- Sigue así, putito. - dije, susurrando de placer. - Lo haces
muy bien, putito. Lo haces bien.


- Quiero tu leche. - me susurró en voz tan baja que tardé
unos segundos en reaccionar en lo que me había pedido.


Bautista soltó mi verga y se sentó de rodillas contra la
pared. Ya veo que quería que hiciera, así que decidí culminar este juego a su
manera.


Me paré y fui directamente hacia su cara. Su cabeza quedaba
un poco más arriba que su cara, así que le hice señas para que se arrodillara.
Comprendió y lo hizo. Ahora su boca estaba nuevamente a dos centímetros de mi
verga.


Después de unos segundos de pajear mi verga me corrí en su
cara. Su rostro estaba completamente empapado de semen blanco y eso me exitaba
aún más. Pero por lo visto él no quería desperdiciar nada, porque volvió a
tragarse un poco de lecha que quedaba en la punta de mi verga. Luego se levantó
y salió corriendo. Yo me metí la verga en el pantalón y salí de esa casa lo más
rápido que pude, sin siquiera despedirme ni agradecerle por la excelente mamada
que me había brindado.


*


Cuando estaba en mi auto, marchando por la gran ciudad sin
saber que hacer, mi celular sonó.


- ¿Mariano? - me saludó la voz de Bautista. - ¿Por qué te
fuiste?


- Lo siento. - me disculpé. - No lo sé. Fue algo totalmente
siniestro y extraño.


- ¿Te arrepientes de lo que hicimos?


- Yo nunca me arrepiento de nada. - le respondí, seguro y
firme. - Sólo es que necesito meditar lo que hicimos.


- ¿Volverá a pasar? - me preguntó. - Por más que no tengamos
ni una rifa de por medio.


- Tal vez. - le respondí. - Pero por ahora necesito pensar.


- Perfecto, cuando vuelvas creo que debes saber cosas de mi
hermano. - me dijo, helado. - Hablaremos en otra ocación. - y colgó, dejándome
con una gran intriga en mi mente.


*


"Escondidos sólo por amor.


La oscura habitación.


Tu cuerpo, el mío.


El tiempo de un reloj.


Escondidos, sólo tú y yo.


Atrapados sin poder salir


del interior, de tu interior.


Mientras que hacemos el amor."


Fragmento: Cristian Castro & Olga Tañón - Escondidos


 

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Relato: 12 Años
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