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Relato: Niña Colegiala Ultrajada


 


Relato: Niña Colegiala Ultrajada

  

Niña Colegiala Ultrajada



Esa era la mañana de un día especial y yo lo presentía,
aunque no sabía porque. Me levanté de malas por el tedio de tener que ir a
trabajar como todos los días, además de que apenas era lunes y tenía un dolor de
cabeza clavado por la falta de horas de sueño, ya que me había desvelado una
noche antes viendo porno por internet.



Recuerdo que era una mañana fría y triste, con una lluvia
constante pero ligera; un día ideal para estar "empiernado" como se dice
comúnmente. Así pues, decidí quitarme la pereza de encima y salir un poco antes
rumbo al trabajo para llevar buen tiempo y no estresarme.



Iba yo caminando por una callejuela del centro de la ciudad a
eso de las 7:00 de la mañana, cuando mi mente se apoderó de un pensamiento
perverso que no era nuevo para mí: buscar a una niña de secundaria que fuera
sola rumbo a su escuela para llamar su atención y sacarme el pene ante su mirada
desconcertada; ello ya lo había hecho otras veces y me daba mucho morbo, al
grado que acababa haciéndome una chaqueta en la primera vecindad que encontraba
sola.



Seguí caminando sin tener mucho éxito cuando divisé a una
linda niña secundariana con su deliciosa faldita y sus calcetotas blancas hasta
las rodillas, desgraciadamente iba con su papá y no pensaba arriesgarme a un
problema de ningún tipo, pues la impunidad es lo que le da mayor morbo a los
actos sexuales no consentidos.



Seguí buscando alguna chica mientras con la mano en el
bolsillo me frotaba la cabeza de mi pene pensando en lo rico que sería abusar de
una chica sin consecuencia alguna para mí, por lo que no me percaté que ya me
había desviado varias calles del camino a mi trabajo. Ello no me importó y así
seguí vagando sin tener éxito por varios minutos hasta que me di cuenta que ya
eran pasadas las 7:30 de la mañana, por lo cual mi oportunidad de encontrar a
una niña de secundaria sola se volvía más improbable. Así, decidí encaminarme a
mi trabajo desilusionado, pero con la idea en la cabeza de abusar de alguna
menor de edad que fuera lo suficientemente distraída para dejarse sorprender por
un degenerado como yo.



Pasaban los minutos y mi desilusión crecía pues ahora era
tiempo de entrada de las niñas de primaria, y ya no de secundaria; sin embargo,
al seguir caminando advertí que al otro lado de la acera iba una niña sola con
un poco de prisa rumbo a su escuela. Su prisa al parecer era por el hecho de que
la calle estaba muy sola y fría y no porque le fueran a cerrar la escuela, ya
que todavía era buena hora.



Mi mente algo distraída ignoró de momento a aquella niñita,
pues evidentemente era de primaria y yo buscaba una chica más madurita como de
unos 14 o 15 años, y no una niñita tan inocente como aquella.



Pero conforme me le quedaba viendo como se alejaba, me puse a
pensar que debía andar sobre los 9 años, mas o menos, lo que a final de cuentas
le permitiría tener su boquita lo suficientemente calientita y más o menos
grande como para chupar mi pito, razón por la que una sensación de calor invadió
mi cuerpo e involuntariamente, aumenté el paso, cruzando la acera tras de ella.



Entre más me acercaba por detrás a ella más nervioso me ponía
pues en verdad era una chiquilla, aunque estaba un tanto crecidita y como era un
poco gordita se veía como de 10 u 11 años. Finalmente, aunque algunas personas
venían a una cierta distancia detrás de mí, decidí atacar, era ahora o nunca.



Me coloqué a un lado suyo, ante lo cual me miró bastante
asustada y por un momento pensé que iba a gritar, pero de inmediato puse mi mano
como tenaza sobre su cuello y le dije en tono seco que si gritaba o decía algo
le iba a encajar un cuchillo que traía en la otra mano, que estaba escondida en
la chamarra. Ella no sabía que hacer y de inmediato empezó a llorar diciéndome
que no le hiciera nada, que porque a ella y preguntaba que era lo que quería, a
lo cual le dije que no le iba a hacer nada si me escuchaba bien y si dejaba de
llorar y hacía lo que le dijera, lo cual pareció medio entender.



Seguimos caminando mientras le dije que si se portaba bien y
me acompañaba rápido a ver a una persona que decía que la conocía a ella, la
dejaría ir inmediatamente, a lo cual me dijo aún llorando que por favor no le
hiciera nada, que ella quería irse a la escuela o con su mamá. Toda esta escena
de tensión me hizo percatarme que mi verga soltaba gotas y gotas de ese líquido
que nos sale a los hombres para lubricarse antes de venir, además de que mis
piernas temblaban y las manos me sudaban copiosamente, pero ya era tarde para
arrepentirme y las cosas marchaban bien, nadie me había visto interceptarla y
aunque algunas personas notaban algo raro en nosotros seguían su camino sin
molestarnos.



Le empecé a hacer algunas preguntas para que no se sintiera
tan nerviosa, como su nombre, su edad (tenía sólo 9 años) y que materias le
gustaban de la escuela, lo que le permitió dejar de llorar y a mi tranquilizarme
un poco. Mientras me respondía la miraba con atención: era blanquita como la
leche y algo gordita, lo que hacía que se le formaran algunas llantitas en su
panza y sus piernitas lampiñas; sus ojos eran cafés e inocentes, enmarcados en
una linda cabellera castaña, amarrada en dos colitas con un par de moños verdes,
traía puesta una falda de cuadritos que le llagaba hasta debajo dela rodilla y
su clásico suéter con su camisa y su mochila colgada de la espalda.



Así seguimos caminando e incluso le pedí que me diera su
mochila para cargarla y que pareciera que yo era su hermano mayor o algo así,
asimismo, le dije que si alguien nos peguntaba algo ella dijera que yo era su
primo y que todo iba a salir bien, lo cual pareció entender aunque su miedo y
nerviosismo eran evidentes. Así seguimos caminando mientras yo buscaba algún
lugar propicio para consumar lo que ya para entonces era más que una necesidad,
una obsesión.



Busqué asomándome en varias vecindades algún rinconcito
oscuro o algo así que nos tapara de las dudas de la gente pero no tuve mucha
suerte, por lo que seguí y seguí buscando hasta que encontré la puerta de un
zaguán entreabierta y totalmente sola, era un edificio de departamentos de media
clase, por lo que me arriesgué a entrar. Una vez adentro se me ocurrió ir hasta
la azotea pues a esa hora es muy raro que alguien suba a lavar y mucho menos en
un día frío como aquel.



Subimos en silencio varias escaleras mientras ella me
preguntaba que adonde nos dirigíamos y para qué, a lo cual le dije que guardara
silencio y la dejaría ir en poco tiempo. Al llegar hasta la azotea tuve la
suerte de ver una escalinata de metal que conducía a un lugar un poco más
elevado en donde estaban los tinacos y cuyo sitio se veía que casi nadie
visitaba, en tanto los lavaderos y tendederos estaban en la parte de abajo. De
esta manera decidí que la niña subiera y primero y al hacerlo pude ver debajo de
su falda la blanca pantaleta que cubría sus deliciosas nalguitas blancas y sus
gorditas piernas como invitándome a ultrajarlas. Acto seguido subí yo y al no
ver nada más que tinacos me preguntó: ¿verdad que no me va a hacer nada señor?
Lo que hizo de plano que mi mente se pusiera en blanco y sólo pensara en abusar
de aquella inocencia carnal.



Le dije que se quitara su suéter y junto con mi chamarra y su
mochila hice una especie de lecho en un rinconcito entre una media barda y el
tinaco, me senté y ella se quedó parada sin decir ni hacer nada a lo cual le
dije: mira nena, si tu haces exactamente todo lo que te diga ahora sin gritar ni
llorar, nos vamos de aquí y te puedes ir a tu casa sin problemas, pero si haces
alguna tontería como gritar o algo así te pico con el cuchillo y me echo a
correr dejándote ahí botada sin que nadie sepa de ti, lo que la hizo ponerse
mucho más nerviosa y ponerse a llorar diciéndome que por favor no le hiciera
nada, que ella sólo quería ir con su mamá.



Por fin, en contra de su voluntad la acerqué y le dije que se
quitara la blusita y su pequeño corpiño blanco, lo que hizo lentamente y
llorando, pues era obvio que no quería, además de que el frío era insoportable,
de cualquier manera al hacerlo, sus lindos bracitos regordetes trataban de
cubrir su duros pezoncitos heridos por el frío y el miedo de saberse vistos por
unos ojos lujuriosos, por lo cual la abracé y le retiré lentamente su manos para
comenzar a lamer esas pequeñas y casi inexistentes tetitas blancas ante su cara
de asombro y pudor. Así seguí chupando y toqueteando sus pezones chiquitos hasta
que fui bajando con mi boca ansiosa por su pancita, después por sus rodillas y
poco a poco empecé a subir lamiendo sus piernitas gorditas y blancas.



Le dije que se levantara su falda y me mostrara sus piernas,
a lo cual se negó, pero después de amenazarla un poco lo hizo y al ver sus
calzoncitos de niña frente a mí, sentía mis huevos reventar de tanta lecha
acumulada por la escena. Después la obligué a que se diera la vuelta para tocar
sus nalgas y hurgar con mi lengua en las proximidades de su año, lo que la puso
más nerviosa; ello, aunado al frío, hizo que involuntariamente le saliera un
chorro de orina que caliente bajó por su pierna y el cual no escapó a mi ávida
lengua que lo bebió mientras lamía aquella extremidad blanquecina y regordeta.
Ella me suplicó que parara pues se sentía muy mal y quería hacer "pipí", a lo
cual repilqué que lo hiciera, pues estaba dispuesto a tomarme o comerme
cualquier cosa que saliera de esos hoyos frescos, vírgenes y calientes, sin
embargo, dejó de orinar. Evidentemente tuve que quitarle su pantaleta y la
perversión me llenó por completo ante aquella escena: no tenía un solo vello
púbico, es decir, su coño estaba totalmente desnudo y mojado por la orina, lo
cual no pude resistir y me abalancé sobre ella, abriendo sus piernas y lamiendo
como maniático desde su pequeño clítoris hasta la parte más profunda a que mi
lengua podía llegar de su ano, una y otra vez, minuto tras minuto, saboreando
esa mezcla de sudor y orina que caracteriza la panochita de una niña impúber.
Cuanto habrá pasado? No se, pero por lo menos 20 minutos estuve lamiendo,
besando acariciando y oliendo esa vulvita rica que pertenecía a una niña de 9
años, que delicia.



Ya para entonces estaba tan entretenido en su coñito, que mi
pene estaba completamente mojado y flácido, por la distracción de hurgar en sus
genitales sabor a sudor y orina, ante lo cual me levanté y le pregunté si alguna
vez había visto el pene o el pito de un chico, a lo que respondió que no y que
por favor no se lo mostrara pues ya se quería ir y tenía mucha pena y miedo, lo
que no me importó y le dije que me bajara los pantalones y los calzones. Al
hacerlo, me puse de cuclillas sobre su cara y le indiqué que sacara lentamente
su lengua para ponerla lentamente en mis huevos, que para entonces estaban
durísimos; al hacerlo una escalofriante descarga recorrió mi cuerpo, mies
piernas temblaban y mi ano se contraía bruscamente. La obligué a chuparlos por
largo rato para después abrirme de piernas como un pervertido y ponerla a lamer
mi ano por más tiempo aún, mientras mi pito escurría y escurría líquido
transparente.



Ya no podía más, me di la vuelta, y le dije que se metiera a
su caliente boquita de inmediato ese flácido y empapado miembro, lo que hizo con
un asco evidente, ya que no dejaba de salir líquido lechoso de mi cabecita,
independientemente del olor que mi pito irradiaba. Al hacerlo, mi verga cobró
vida en segundos, generándome sensaciones nunca antes sentidas de placer, al
grado que casi me corro en su boca sin yo quererlo, así que sólo me lo chupó por
un par de minutos, ya que no soportaba más y quería aguantar más tiempo para que
mi venida fuera copiosa y fulminante.



Al sacar mi erecto y rígido pito de aquella boquita caliente
que se tragó bastantes líquidos y escupió otros, me ensalivé la mano y me puse a
sobar su panochita sin vellos, al momento que me dijo la niña que por favor no
la lastimara pues por ahí le duele su conejito, lo que no me importó e introduje
poco a poco un dedo sin hallar éxito, pues estaba muy cerrada, sin embargo,
seguí atacando su coño hasta lograr meter mi dedo hasta el fondo de ella, al
momento que soltó un grito de dolor y las lágrimas corrieron por su rostro.



Acto seguido la abrí lo más que pude e intenté penetrar ese
minúsculo hoyo con mi pene endurecido y mojado, lo que no pude hacer después de
varios intentos. Algo frustrado, intenté metérsela por su culo pero no tendía
lubricante a la mano y el viento secaba rápidamente la saliva que ponía, por lo
que decidí a como diera lugar cogérmela por adelante, así que intenté de nuevo y
después de varios minutos y una buena rozada de mi parte entró todo mi pedazo de
carne en su hermosa panocha de niña de primaria, ante lo cual escurrió un
hilillo de sangre y su llanto ya era más profuso.



La puse de patitas al hombro e inicié el bombeo lento pero
seguro, sintiendo un espasmo a cada embestida por su estrecho conejito que se
comía mi pene con dificultad, después la puse de perrito y mientras la seguia
ultrajando introducía mi dedo hasta el fondo de su pequeño ano, para después
olerlo y hacer que ella lo chupara, posteriormente, metía el mismo dedo en mi
ano y lo sacaba para chuparlo con nuestras boquitas juntas, lo que me hizo
sentir como todo un pervertido sexual.



Así seguí poniéndola en varias posiciones, bombeando durante
bastante tiempo hasta que me percaté que ya la mañana estaba algo avanzada y que
tal vez empezarían a preguntar por la niña en la escuela y en su casa, así que
decidí terminar mi acto.



Empecé a arremeter más furiosamente, ante la idea de inundar
su coño de mi leche contenida por varios días, pero como ya llevaba bastante
tiempo encima de ella decidí parar ahí, le saqué la verga a lo cual puso cara de
alivio y después le dije: escúchame linda, ya casi terminamos, te has portado
muy bien, así que si me sigues chupando el pito y te comes todo lo que salga de
ahí sin derramarlo te dejaré ir y hasta te acompañaré al rumbo por donde te
intercepté. Es obvio que para ese entonces la niña lo que más quería era
largarse de ahí, así que accedió de inmediato.



Sin pensarlo más le puse la cabeza de mi verga en su boca
para que chupara sólo la puntita, mientras con una de sus manos la obligaba a
chaqueteármela y con la otra a presionar suavemente mis huevos para que saliera
más semen, así estuvimos por un intervalo de un par de minutos hasta que comencé
a sentir los inicios de un orgasmo que nunca en mi vida he vuelto a sentir, sudé
frío, las piernas me temblaron, mi cuerpo estaba erizando y poco a poco sentí
una marea de calor intensísimo que subía por mis piernas y bajaba por mi abdomen
para centrase en el centro de mi próstata y mis testículos, ante lo inminente,
tomé con mis manos la quijada de la niña para que no fuera a despegar su boca de
mi pene y asegurarme que se comiera todo mi esperma caliente.



Por fin, ante mi cuerpo totalmente arqueado por la víspera
del primer espasmo intenso de placer, sentí una explosión en mis huevos y en mi
verga que me hizo casi perder el conocimiento, mientras la niña llorando
intentaba infructuosamente tragar los chorros de leche caliente que disparaba
con mi pito en su húmeda boca de niña asustada, los mecos se salían por los
lados aunque yo no la despegaba para que siguiera tragando, no sé cuantos
espasmos más tuve pero al pasar un breve periodo de tiempo que para mi fue
eterno, dejó de salir semen a presión y sólo se derramaba de poco en poco en los
labios de la niña, que entendía que todo había terminado y que no dejaba de
comerse aquello ante mis órdenes previas.



Todo había pasado, llegó la increíble calma y el sueño, y
además, la realidad: estaba con una niña de primaria en la azotea de un edificio
desconocido, desnudos y con la chamarra y el suéter llenos de semen, orina,
saliva y sangre, si alguien veía esa escena, estaba seguro de que me lincharían
o iría a la cárcel por lo menos 15 años y eso no lo podía permitir.



Así, me vestí rapidísimo y le ayudé a la niña a enderezarse
como pudiera, ya que estaba temblando de dolor y me decía que sus piernas le
dolían mucho. Ante tal cuadro, la ayudé a vestirse y le dije que si comentaba
algo de esto yo ya sabía donde vivía y la buscaría para hacerle eso mismo pero
con dos amigos más, así que era mejor que se quedara callada y no contara nada.
Bajamos del edificio, la acompañé un par de cuadras y le enseñé el camino para
volver a donde la encontré, afortunadamente, nunca supe nadas más de ella y
hasta me quedé con sus calzones orinados, con los que me masturbo de vez en
cuando acordándome de aquella aventura.



Espero no ofender a nadie, pues este tipo cosas son para
gente de criterio amplio y hasta los romanos y los aztecas lo hacían, así que
tómenlo como viene y consideren que no fue necesario golpearla, secuestrarla, ni
nada de esas conductas que detesto y que he leído en otras historias.



saludos


 

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Relato: Niña Colegiala Ultrajada
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