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Novedad - Relatos porno Hablados

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Relato: 12 Años (12)


 


Relato: 12 Años (12)

  

"Para disimular su ignorancia


es terrible lo que el hombre puede hacer.


Un amor se convirtió en la cárcel ideal.


Es irónico pensar que eso sea de verdad.


El triunfo fue perder, la derrota fue ganar.


Conseguir lo que buscas puede ser lo peor."


Fragmento: Ironía - Carajo


*


De acuerdo. De todos los nervios que últimamente pasaba, no
sabía cual era el peor de todo. Pero el hecho de ver a Fabián, el hermano de
Iván, con un tiro en el pecho, moribundo, lo hacía merecedor del título ganador.
Exceptuando, aún, lo que el hombre que apuntó dijo: "Vengo a matarte de parte de
Lucas", que eso ya era sobrevolar el título, convirtiéndolo en la catástrofe de
mi vida.


Desesperado e inútil, me agaché sin saber que hacer. Mis
manos temblaban, ante el débil cuerpo de Fabián, quien debería estar en sus
últimos segundos de vida. Trataba de hablar en vano, formulando palabras
similares a murmullos. Para aumentar más la paranoia, ¡no había nadie en las
calles! Ningún testigo. Parecía una ciudad fantasma. O quizás, el ruido del
disparo había espantado a todo el mundo.


Agarré mi celular y llamé a la única persona que era capaz de
ayudarme en ese momento: Felipe. Era realmente una suerte haberle pedido su
teléfono a Lucas. De no ser así, no sabría como actuar en ese momento. Además,
si llamaba directamente a la policía, posiblemente correría el riesgo de que
Fabián, en algún momento de lucidez, desate el tema de lo que dijo esa persona
antes de dispararle. Si es que contábamos con el hecho de que la había escuchado
con claridad.


- Cálmate. - le dije a Fabián, mientras esperaba a que Felipe
atienda.


- ¿Hola? - saludó, el inspector, del otro lado de la línea.


- ¿Felipe? Habla Mariano. - contesté. - Tienes que venir a la
casa de Lucas. A una cuadra de allí alguien le disparó a Fabián, el hermano de
Iván, así que ¡tienes que venir con una ambulancia!


- Voy para allá. - dijo y cortó.


En otro momento de mi vida, tendría que agradecerle a Felipe
por entenderme tan bien, a pesar de que hablé como un gangoso. Corté la
comunicación y me quedé pensando en si ir a avisarle a Lucas o no lo que estaba
sucediendo. Como no podría dejar al herido solo, decidí llamarlo por teléfono.


*


- ¿Qué estaban haciendo aquí? - preguntó Lucas, cuando llegó
corriendo hacia donde nos encontrábamos.


- Salimos a caminar. - contesté. - Fabián me dijo que tú no
querías que ambos hablemos, así que me citó para irnos a dar una vuelta.


Lucas suspiró mirando a su ex cuñado, mientras se inclinaba.
Tenía las mismas ganas que yo de calmar la herida con algo, pero me percaté que
ninguno de los dos sabía de casos extremos como estos. Lógicamente, en una
herida común, sólo presionamos para que deje de sangrar, pero aquí podríamos
correr la bala para el interior y perjudicar la situación por completo,
causándole la muerte.


- No lo puedo creer. - dijo Lucas, incorporándose. -
¿Quisieron asaltarlos?


- No. - respondí. - No quisieron. Eso es lo misterioso.


- Esta ciudad nunca fue así. - observó mi amigo. - Siempre
fue una ciudad calma y ahora, repentinamente, hay un asesinato y un intento de
homicidio en menos de una semana. Parece que estamos en una película.


- Eso no es lo más peligroso. – contesté, y me di un tiempo
para formular lo que le diría. - El hombre que lanzó el tiro, dijo que venía a
matarlo de tu parte.


- ¿QUÉ? - gritó Lucas, en un tono tan alto que despertaría a
los muertos.


- ¡Eso dijo! – contesté, alterado.


Lucas se pasó las manos por la cara, en señal de disgusto.
¿Qué tenía que pensar yo? ¿Habría hecho bien en decirle lo que oí? ¿Y si
intentaba matarme a mí por haberlo escuchado? Después de todo, era mi amigo,
pero aún no podía afirmar que sea el asesino de Iván y el que quiera matar al
hermano de este también. Sin contar lo del supuesto sonambulismo con el que
atacó a Bautista. Un escalofrío me recorrió por la espalda. ¿Debía haberle
avisado primero a Felipe lo que habían dicho o hice bien en contárselo a Lucas?


- No puede ser. - respondió. - ¡Esto es una locura! ¿Por qué
iba a querer matarlo? - Lucas comenzó a llorar de desesperación, asombrándome y
dejándome sin actitud. - ¿Quién está haciendo esto? ¿Quién puede odiarme tanto?


- Hay dos personas que pueden odiarte más que a nadie. -
comenté, impulsado, pero arrepintiéndome al instante.


- ¿Quién? - preguntó Lucas, asustado.


- Es sólo una teoría que tengo...


- ¿QUIÉN? - volvió a preguntar, gritándome.


- No me grites. - exclamé. - Según lo que tengo entendido,
hay dos personas que te pueden odiar más que a nadie. La primera que se me
ocurre es Amanda. Era tu ex novia, pero la dejaste por Iván, y por eso es que lo
mató. Ahora, encontró una oportunidad perfecta para matar al hermano de su
víctima ya que tenía un testigo, y lanzó esa frase para que te incriminemos a
ti. Lógicamente no puede matarte porque aún te ama. Suena como una locura, pero
sucede en las mejores películas. – tomé aliente y continué. – Otra de las
personas que se me ocurren es Alex, el ex novio de Iván. Los odia porque Iván lo
dejó por ti, y por eso lo mató. También odia a Fabián porque no permitió que él
siga la relación con su hermano, pero en cambio te lo permitió a ti. Y quiso
matar dos pájaros de un tiro, haciéndote vivir en la vida una tortura peor que
la muerte: la cárcel. - respiré y rápidamente encontré otra teoría. - O puede
que ambos estén juntos en esto. - Lucas estaba asimilando toda esa información,
cuando se me pasó por la mente otra cosa, mucho más tenebrosa y quizás la más
ilógica, pero con mucho sentido. Armándome de valor, se la dije. - O también
puede que tú hayas sido el asesino de verdad de todo esto, y yo te estoy
descubriendo y por eso ahora tendrás que matarme.


Lucas sonrió, pensando en que se lo estaba diciendo en broma,
ya que mi comentario no sonó muy en serio, aunque fui lo más sincero que pude.


En el momento en el que hablé de Amanda, traté de evitar el
término de la pintura en la pared, ya que Bautista había encontrado el slogan de
la Logia entre la caja de secretos de Lucas, así que tal vez no sería
conveniente hablar respecto al tema. Pero eso significaba que la misma Logia que
había matado a Iván, era la misma a la que pertenecían mis dos mejores amigos y
a la que supuestamente pertenecía la persona referida. Todo se estaba volviendo
una bola de nieve. Me estaba mareando.


- Tendré que investigar. - comentó Lucas. - Mañana hablaré
con Alex y con Amanda. Tengo que hablar con ellos dos.


- ¿Estás loco? - pregunté. - Te meterás en la boca del lobo.


- Es la única forma. - repuso mi amigo. - No puedo decirles a
la policía tus teorías porque eso implicaría confesar lo que ese hombre te dijo.
No quiero ir a prisión por algo que no cometí. - Nuevamente se ponía a llorar. -
¿Por qué a mí? - me miró con sus ojos tiernamente cubiertos en lágrimas. - Te
necesito.


Se me aproximó y me abrazó, poniendo sus manos sobre mis
hombros. Yo le devolví la emoción, aferrándome a su cintura. Lucas se soltó y
comenzó a llorar desesperadamente, desahogándose entre mi cuerpo. Fabián estaba
inconsciente pero noté que aún respiraba, aunque con algo de dificultad. No
podía hacer más nada por él, así que me concentré en Lucas.


- Te necesito mucho. - me dijo, en medio del llanto. - Quiero
que seas la única persona en mi vida, de ahora en más. Quiero que seas el amor
que encuentro siempre en los momentos de soledad. Quiero tenerte siempre
presente, sabiendo que a cada momento estás pensando en mí. – hizo una leve
pausa y me besó el cuello, con dulzura y sensualidad. - ¿Quieres ser mi novio?


- ¿Qué? - pregunté, asombrado. - Lucas, creo que no es el
momento para que empecemos a hablar.


- Nunca es el momento de empezar a hablar. - respondió,
apartándose. - Siempre hay algo que nos interrumpe. La vida es corta, no quiero
desperdiciar ningún momento sin ti. Quiero tenerte a cada segundo del resto de
mi vida.


- Lucas, ¡estás loco! - contesté, todavía sin poder creerlo.
- Fabián está al borde de la muerte y tú estás preocupado por quién se acostará
contigo.


- ¡Sabes que no es así! - me respondió, furioso. - No tienes
idea de todas las personas a las que dejé por ti. No tienes ideas de cuantas
personas me aman y se mueren por tener mi cuerpo, pero a cambio de eso te elijo
a ti, que te amo.


- ¡No puedo creer que estés hablándome de esto! - exclamé. -
¡Estás loco!


Estaba a punto de responderme, pero afortunadamente, llegó la
policía en ese momento. Nunca imaginé que Lucas sería tan desubicado de querer
arreglar un compromiso en una situación tan delicada. Pero no había tiempo para
criticar, ahora la vida de Fabián estaba en juego. Divisé la ambulancia a la
vuelta de la esquina, y con ella, un suspiro de alivio me penetró en la mente.
Estábamos a punto de salvarle la vida a alguien.


*


La noche del jueves se hizo muy larga. En mi auto, Lucas y yo
fuimos a la clínica, en donde lo operaron de urgencia. Como no tenía ganas de
que Lucas comenzara con su desubicado cuestionario, me marché, pensando en ir a
visitarlo al día siguiente. Sabía que tenía que descubrir si Fabián había
escuchado lo que el sujeto dijo antes de dispararle. Si reaccionaba, podría
contarle eso a la policía y Lucas estaría en aprietos. Y, viendo la situación
como se encontraba, eso no sería bueno.


Cuando me desperté muy temprano, esa mañana de viernes,
decidí convocar a Ludmila para hablar con ella. Como era una buena fuente de
ayuda para la situación, tenía que pedirle que vigilara a Cris, mientras más
sepamos sobre la Logia, era mejor para todos.


Me dirigí a su casa, ya que me aseguró que su hermano no se
encontraba, e ingresé en el desolado lugar.


- Gracias por recibirme. - comenté, al entrar. - ¿Cómo estás?


- Mal. - contestó ella, al borde de las lágrimas. - Mi novio
y yo no salimos del momento difícil. Todos los días estamos peleando por algo
diferente. Te juro que ya no puedo soportarlo más.


- ¿Entonces por qué no terminas con él? - pregunté.


- ¡Porque lo amo! - me gritó Ludmila alterada, luego se calmó
cuando le arrojé mi encendedor por la cara. - Disculpa, sé que no viniste a
escuchar mis problemas. Ya bastante tienes con los tuyos. Seguramente Claudio
solucionará la situación y todos volveremos a ser felices. En fin, ¿qué es lo
que deseas?


- Averigüé muchas cosas con Alex. - comencé, sentándome en
una silla del comedor. - Creo que él y Amanda, la ex novia de Lucas, tienen
todos los números de haber asesinado a Iván.


- ¿En qué te basas? - preguntó.


Volví a explicarles las mismas teorías que le dije a Lucas al
lado del cuerpo agonizante de Fabián. Ludmila me escuchó cada palabra con mucho
interés, mirándome y estudiando cada frase que decía.


- Lo que dices tiene mucho sentido, sólo por un detalle. -
objetó. - No sé nada respecto a Alex, pero Iván fue asesinado el viernes 2 de
julio, según tú, pero fue encontrado el Sábado 3. Ahora, Amanda se encuentra
fuera de la ciudad desde el 24 de Junio, ya que yo misma la ayudé a hacer sus
maletas, para irse a la casa de sus padres de vacaciones. ¿Cómo pudo matarlo no
estando en la ciudad?


- Buen punto. - reafirmé. - No sabía que tú y Amanda se
conocían.


- Yo fui la que ayudó a que ella y Lucas sean novios. -
comentó. - De todos modos, tu teoría no funciona con Amanda, ya que ella tiene
una perfecta coartada.


- Igual que Alex. - contesté. - Alex estaba con unos amigos
cuando mataron a Iván. Y, suponiendo que sea mentira, los amigos de Alex
apoyarán su coartada, y por el momento no hay pruebas que lo incriminen.


- Entonces estamos en la nada. - dijo Ludmila, acomodándose
su rubio cabello. - Pero aún así crees que el grupo al que pertenece mi hermano
tuvo algo que ver con esto.


- Efectivamente. - afirmé. - Aunque no entiendo por qué
motivos habrán matado a Iván. Tiene que haber una razón lógica. Son gente
especializada. No matan por matar.


Ludmila me estaba a punto de responder algo, pero el ruido de
la puerta de entrada se lo impidió. Cris ingresó a la casa, descubriéndonos.


*


- ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó Cris, asombrado.


Me quede helado por unos segundos. Ludmila cerró los ojos
disimuladamente, como suplicando que la Tierra la trague, y si eso pasaba,
pediría que me tragara a mí también.


- Vine a verte. - mentí, fingiendo entusiasmo, pegando un
salto de la silla. - Hoy es viernes, tenemos que salir a algún lado. Hace mucho
que Lucas, tú y yo no salimos a desgastar la noche.


Cris pareció sorprendido. Pero realmente era verdad. Desde
que los tres terminamos el secundario, el año pasado, ya habíamos dedicado la
mayor parte de nuestro tiempo a cosas como el estudio de la universidad. Los
viernes de juerga ya casi quedaban en el olvido, remontándose desde todos los
fines de semana a sólo una vez por mes, si es que eso era pedir mucho.


- No creo que pueda. - contestó Cris, caminando hacia su
heladera para agarrar una lata de gaseosa. - Estoy al borde de un ataque de
histeria por todo el estudio que tengo que afrontar. La semana que viene
tendremos que ir a la clínica para unas clases de preparación y tengo un examen
parcial dentro de dos semanas y tengo que agarrar los libros. Pero luego de eso
hablaremos.


Asentí asombrado por todo lo que me dijo. No sabía que estaba
tan encantado por sus estudios. Es decir, Cris salió primero en clase, ganándome
por un punto, pero jamás imaginé que se convertiría en una persona tan dedicada.


Recuerdo que ambos siempre competíamos por quien ganaba la
mejor nota, a diferencia de Lucas, que casi no aprueba el secundario por su mala
puntuación.


- Entonces llámame cuando tengas un tiempo libre. - le pedí,
levantándome de la silla. - Hace mucho que no hablamos. No quiero que nuestra
amistad se quede en el olvido.


- Eso no va a suceder nunca. - afirmó Cris, volviendo a beber
de la lata. - Te llamaré, lo prometo.


Y aún contento de la forma en la que pude salvarme, me escapé
de esa casa lo más rápido que pude, despidiéndome con el aire.


*


Fabián estaba grave. Durante el fin de semana tuve que
hacerle visitas cortas ya que tenía miedo de encontrarme con Lucas en alguno de
los pasillos de la clínica, y que nuestra coincidente visita se viera
interrumpida por las mismas y desubicadas preguntas que la noche del jueves.


La teoría de los doctores era que Fabián se encontraba en
proceso de recuperación, pero podría llevar más de dos semanas si es que no
respondía de manera instantánea dentro de los próximos días. Lo vi sólo un
segundo y la visión fue horrenda. Estaba conectado a tubos por la mayor parte de
su cuerpo. Parecía un robot en proceso de armado. Me dio pena.


Regresé a mi casa, ese Lunes a la noche, después de terminar
de hacer unas averiguaciones para un trabajo en la universidad. Estaba agotado,
y lo que más quería hacer en ese momento era descansar.


Como eran ya pasada la medianoche, me lo encontré a Bautista
durmiendo, de costumbre, en mi cama. Era la primera vez, en mucho tiempo, que me
percataba de su rostro lindo e infantil. Con todas las tensiones que había en mi
vida, he dejado un poco de lado a los sentimientos personales y me obsesioné con
averiguar quién estaba detrás de todo esto.


Pero aún no había mencionado nada a Bautista ni a Juan sobre
lo que les había visto hacer el otro día. Seguramente ellos pensarán que yo no
me di por enterado, y como mi hermano tendría que volver a su ciudad para
continuar con su carrera, supuse que se lo diría al día siguiente. Ahora estaba
cansado.


*


- Mariano. - me despertó una voz, zamarreándome. - ¿Estás
dormido?


Abrí los ojos y me encontré al juvenil rostro de Bautista,
parado, a un lado de la cama. La luz de la Luna entraba por la ventana,
reflejándonos en toda la habitación. Bautista estaba completamente desnudo, cosa
que, si no hubiera estado tan dormido, me habría sorprendido.


- ¿Qué haces así? - pregunté.


- Tu hermano se va mañana por la tarde. - contestó, hablando
en susurro. - ¿Quieres participar de la fiesta de despedida?


Me quedé helado un momento. Al principio me costó entender de
lo que me estaba hablando, pero al instante capté el mensaje. Me estaba
proponiendo un trío.


*


En la habitación de Juan, mi hermano se encontraba desnudo,
con la luz prendida, y su inmensa verga en sus manos. Bautista y yo nos quedamos
en la puerta de la habitación. Me encontraba, aún, sorprendido por lo que mis
ojos veían, como al punto de que se estaba por convertir en realidad la más
morbosa fantasía de alguien.


- Mañana me voy, hermanito. - dijo Juan, desde la cama. - ¿Me
vas a dejar ir sin que pase la noche en tu culo?


Seguí quedándome en mi sitio, como estúpido. Bautista,
entonces, comenzó a masajear mi bulto, protegido por mis pantalones cortos, con
sus delicadas manos. Bajé mi vista, y lo vi besando mi paquete. Un segundo más
tarde, me bajó los pantalones de un tirón y quedó mi verga afuera, con una bruta
erección, que luego ingresó en la boca de Bautista. Me sentí en el cielo. El
niño mamaba mi verga con gran alucinación, con hambre, con ganas. Alcé mi vista
a mi hermano, que se masturbaba como si estuviera viendo una película
pornográfica.


Agarré la cabeza de Bautista y la atraje hasta el fondo de mi
verga. Al parecer, le dio una arcadas y sintió náuses, pero se apartó y se
contuvo. Luego prosiguió un poco más, mamándomela, al mismo tiempo que yo me
sacaba la remera, para que los tres quedáramos completamente desnudos.


Bautista se apartó de mi verga y los dos nos dirigimos hacia
la cama de Juan. En realidad, yo me dirigía hacia su verga, pero Juan la apartó
del medio, mostrándome su labios, en donde fue a parar mi boca. Nunca imaginé
estar besándolo a mi propio hermano, pero la experiencia era muy rica. Los dos
no pusimos de rodilla en la cama y nuestros brazos fueron a parar al cuerpo del
otro. Me di el lujo de tocar sus nalgas y arañar su espalda con furia, como si
fuera una gata salvaje que encontró a su macho perdido.


Sentí como Bautista agarraba la verga de ambos y comenzaba a
llevárselas a la boca, en todo lo que duró el beso que tuve con Juan. Me
dedicaba a saborear su rica lengua, besar su salado cuello, raspar mi cara con
su barba de días que le quedaba tan perfecta.


Me estremecía al sentir el roce de mi verga con la de mi
hermano, en el interior de la boca de Bautista. Me sentía en el cielo. Quería
tener esa escena hasta la eternidad.


- ¿Me dejarás probar el sabor de tu culo? - le pregunté a
Juan, susurrándole al oído, y luego volviéndole a besar en el rostro.


Juan no respondió. Se apartó de la boca de Juan y de mi lado,
y sin decir nada, se acostó boca abajo en la cama. Sentí que me agarraba un
infarto al ver ese trasero tan perfecto. Tan rico y tan pulposo que parecía
destinado sólo para mí. En ese instante me arrepentí de no haberlo hecho antes.


Bautista se apartó y me quedó mirando, para ver que actitud
tomaba. Me incliné hacia su trasero y le di un diminuto beso en su nalga
izquierda. Hice lo mismo con la otra, y con mis manos las abrí para que me
dejara ver a la perfección la raya de su culo. Estaba velloso y un olor fuerte,
pero para nada desagradable, me invadió por completo. Apoyé la lengua y hundí mi
cara entre sus nalgas. El sabor era riquísimo. Escuchó como Juan pegó un gemido
de placer, al notar que mi lengua estaba penetrándolo. Me encantaba. Quería
tener todo de mi hermano. Quería entrar en su interior. No aguantaba más las
ganas de poseerlo.


Repentinamente, debido quizás a un proceso de cosquillas,
Juan se dio vuelta y apuntó su erecta verga hacia arriba.


- Siéntate. - me indicó.


Un poco asombrado, ya que nunca antes había hecho algo así,
puse mis piernas alrededor de su cintura y me senté lentamente. Bautista agarró
la verga de Juan y la tenía parada, en dirección a mi ano que se acercaba cada
vez más. Juan me tomó de las manos e hizo presión para que cayera despacio.


Entonces pegué el grito más grande de mi vida, al sentir el
dolor más excitante de mi existencia. La cabeza de la verga de mi hermano estaba
en mi interior, y eso produjo un dolor inmenso que me hizo llorar al instante.
Juan también lo sintió, pero lanzó un largo gemido de placer.


- Despacio. - supliqué, en medio de las lágrimas. - Hazlo
despacio.


Juan comenzó a bombear, ya que yo no podía moverme, y a cada
movimiento que hacía, su verga se enterraba más y más en mi culo. Desbordado por
el dolor, apoyé mis manos en su musculoso torso y arañé, como para que él
sintiera un poco del dolor que me estaba causando. Pero en contradicción, Juan
gozaba de mis arañasos.


Finalmente, como ya no podía soportarlo más, me aparté de la
verga de un empujón, produciendo otro inmenso dolor al sacarla de mi interior.


- ¿Que haces? - preguntó mi hermano, sorprendido. - ¿Quieres
que acabe ya?


Asentí. En ese momento, deseaba que todo ese dolor culminara.


Bautista se puso a mi lado y comenzó a besarme el cuello,
mientras que Juan se ponía de rodillas en la cama, masturbándose salvajemente.
Yo apenas podía sentarme, y no me concentré mucho en como Bautista mamaba la
verga de mi hermano a medida que él se masturbaba.


Finalmente Juan acabó largos rastros de semen caliente en mi
cara y en la de Bautista. Gimió de placer al vernos llenos de semen y luego se
acostó a un lado de la cama, mientras nosotros dos nos limpiábamos.


*


Esa noche Bautista durmió con mi hermano ya que ellos dos
tenían ganas de volver a hacerlo antes de dormir. Viendo que a mi me dolía
muchísimo el trasero, me fui a acostar. Lo extraño es que, a pesar de que el
sueño se me había ido en la fiesta de despedida, me dormí enseguida en un largo
y profundo sueño.


*


El martes por la mañana, como salí temprano de la
universidad, fui a visitar a Fabián. La clínica era amplia y grande y el interno
se encontraba en el piso número tres. Me dirigí a la recepción para hacer mi
reporte y de allí me fui a la habitación 209 en donde se tendría que encontrar
Fabián. En esos últimos cuatro días fui tantas veces a ese lugar, que ya me
conocía el camino de memoria.


El pasillo estaba vacío, cosa que me sorprendió mucho, ya que
en teoría debería de estar repletos de familiares y enfermeros.


Estaba a punto de entrar en la habitación de Fabián cuando
sentí un ruido. No era algo normal, sino un sonido monótono y aburrido. Era como
una bocina. Jamás en mi vida me pareció haberlo escuchado antes. Entonces el
corazón se me enloqueció por completo, al igual que mi cordura. ¡El ruido venía
de la habitación 209!


Abrí la puerta de un golpe y pegué un grito, horrorizado.


- Auxilio. - supliqué. - Doctores. Enfermeros. ¡Ayuda!


Dos enfermeras recurrieron a mí al instante, corriendo por el
pasillo desesperadas. Una de ellas era vieja y robusta, aunque calculé que
apenas llegaba a mis hombros con su estatura. Tenía canas en su cabello corto,
protegido por el gorrito de enfermeras. La otra, en cambio, era una joven
pelirroja y excitante. Tenía unos pechos enormes y unos inmensos labios
carnosos. Esa mujer era capaz de volver heterosexual al más puto de los putos.
¡Era perfecta!


- ¿Eres tú el que está gritando? - preguntó, asustada, la
enfermera más gorda y vieja.


- Está desconectado. – grité, saliendo del flash que me
provocó la enfermera y entrando a la habitación y señalando a las máquinas. -
¡Está desconectado!


- ¡Oh, Dios mío! Conéctalos, Lidia. - gritó la enfermera
vieja. - Llamaré a los médicos.


La enfermera más joven se dirigió corriendo a conectar los
aparatos, mientras que la otra salió corriendo de la habitación. Fabián parecía
muerto. Pero mientras le conectaban los tubos, noté algo que no había notado la
primera vez. En su tiesa mano derecha, apretado con fuerza, estaba un papel
arrugado. ¿Qué haría Fabián con ese trozo de papel? ¿Lo había escrito él? Esperé
a que la enfermera se concentre en hacer la conexión cuando le quité ese papel
de sus manos y me marché de la habitación.


*


No supe que había pasado con Fabián. Tenía el papel que
encontré en su poder, guardado en mi bolsillo del jeans. Ahora me encontraba
sentado en mi auto, esperando que el tumulto pase, agitado por correr tanto
hacia la salida. Saqué el jeans de mi bolsillo y lo desdoblé. Se encontraba
arrugado y la letra era por computadora. Entonces me alarmé al leer su
contenido:


LAS RATAS COMO TÚ MERECEN LA MUERTE.


LUCAS.


*


Esto no podía demorarse más. Estaba completamente seguro que
lo que le pasó a Fabián no fue un accidente común y corriente. Todo fue
planificado. Alguien quería a toda costa matar a Fabián, y ni en una clínica se
encontraba a salvo. Arranqué a toda velocidad hacia la casa de Lucas. Él tenía
que saberlo antes que nadie. Alguien trataba de incriminarlo, sin dudas.


De pronto se me pasó por la mente algo que nunca me iba a
imaginar. En mi memoria se remontó la voz de Cris en la que me decía: “La semana
que viene tendremos que ir a la clínica para unas clases de preparación”. Me lo
dijo el viernes. ¡Me lo dijo la semana pasada! Dios. Cris también tenía que ver
con el intento de homicidio, que ya suman dos, hacia Fabián.


Me encontraba en tal alta velocidad, que llegué a la casa de
mi amigo en un abrir y cerrar de ojos. Estaba tan desesperado por darle la
noticia, que no me importaba atropellar peatones en el camino.


Bajé del auto corriendo y toqué el timbre de su casa,
desesperado. Luego abrieron la puerta, pero me encontré con una persona
conocida, que no era precisamente Lucas. Quizá la personas que nunca me imaginé
ver en ese hogar: Alex.


- ¿Qué estás haciendo aquí? - pregunté, intrigado. - ¿Dónde
está Lucas?


- Nunca me imaginé que serías tú el Mariano del que tanto me
habló. - dijo, cruzándose de brazos. - Cuando hablaste conmigo, no recuerdo que
hayas mencionado que lo conocías.


- No lo hice. - contesté. - Es que vi que odiabas tanto a
Lucas que si decía que era más que mi amigo, tal vez tú te enfadabas y no me
brindabas información. Pero ¿qué haces aquí? ¿Puedes llamarlo a Lucas?


- Lucas está dormido. - indicó Alex. - Pasamos una buena
noche de sexo, juntos.


*


CONTINUARÁ...


*


Nota Personal al Usuario JJRR por su crítica de 12 Años (11)


Te agradezco por tu comentario hacia mi serie. Pero tengo
unas cuantas dudas hacia ti. Si piensas que mi obra es tan mala como dices que
es, ¿para qué la sigues leyendo? Si es mala, tendrías que haberla dejado de leer
desde un principio. O tal vez, te abrumas por el hecho de todo el misterio que
encara la serie, y es muchísimo para tu NO desarrollado cerebrito.


Ahora, no entiendo tu motivación a descartar mi obra, ya que
al parecer careciste de hechos fundados para venir a criticarme, dando a suponer
que no tuviste nada mejor que hacer que arruinar algo preparado con dedicación.
Si te sirve de algo mi comentario, no me importa para nada tu opinión y me doy
el lujo de no respetarla, ya que (saldo dos ocasiones) releo las obras antes de
publicarlas, cosa que parece que eso en ti no pasa. Es más, me siento
sinceramente sorprendido de que aprendas a leer. Obvio, esto tampoco te lo digo
de mala onda. Sigue en lo tuyo, y trata de mejorar un poquito si es que quieres
sobresaltar con algo, que yo soy bueno en lo que hago y eso me lo confirmó la
gente inteligente que sigue al tanto de la serie. Haz un favor a la humanidad y
muérete. Saludos.


Mariano.


Nota a los Usuarios que Piden Más Sexo:


No voy a ir en contra de las motivaciones de mis personajes.
Posiblemente este sea un lugar erótico, y eso es precisamente lo que mis relatos
contienen: erotismo. En todo caso, apelo a que el nombre esté mal, ya que
deberían ser relatos pornográficos, cosas que son muy diferentes.


Creo que cualquier persona que estuviera atravesando una
situación así dejaría un poco de lado el sexo, debido al estrés. En este relato
se vio involucrado el sexo, porque así lo escribí de antemano y soy fiel a mi
tesis. Ahora, los que tienen deseos de criticarme, que por favor lo hagan con
fundamentos y no con ganas de llamar la atención. Acepto las críticas, siempre y
cuando sean bien fundadas y no con frases carecientes de sentido, por lo que veo
hasta ahora no recibí ni una crítica digna de mi respeto o consideración.
Suerte.


Mariano.


Nota a todos los lectores:


La historia que se narran en cada capítulo son preparadas con
anterioridad y no es algo que salga de mi mente espontáneamente y lo escribo en
la computadora. Todo aquí tiene un por qué y no es algo que al azar sale. Sigo
esperando sus preguntas para que sean contestadas.


Con amor, Mariano.


 

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Media de votos: 7.40





Relato: 12 Años (12)
Leida: 3667veces
Tiempo de lectura: 19minuto/s

 





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