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Relato: 12 Años (21)


 


Relato: 12 Años (21)

  

Dedicado a "Basta! Lo sé." Que lo quiero mucho.


*


Nota a los Lectores:


Debido a que, en los agradables comentarios del relato
anterior, me doy por enterado que no les agrada mucho que la serie persiga, voy
a hacerles una nueva encuesta para saber que es lo que realmente opinan. Pediría
que dejen sus comentarios todas las personas que leen esto, así nadie es inmune
a mi decisión final.


Ustedes quieren que:


1 - La Serie se Termine de una Buena Vez.


2 - Que continúe "interminablemente".


3 - Que cambie de nombre porque no se le da bastante
protagonismo a Bautista.


Ustedes elijan. Pero si se opta porque la serie termine
lamento comunicarles que sólo pasaré a darles un final forzado, sin sentido e
inesperado. Tal vez, ¿quién dice que no? Se los deje con un final abierto y
retome con otra historia.


No es que lograron afectarme mucho con lo que me dijeron,
pero son sus opiniones y no puedo dejarlas a un lado. Sólo que me sorprende que
mis fieles seguidores no se hayan hecho presentes para defenderme, y lo peor del
caso que le hayan dado la razón a JJRR, con la cual al principio se oponían.
Ahora, para éste sujeto que me da mucha satisfacción que siga leyendo mis
relatos y que se haya aprovechado de los comentarios para hacer su nuevo acto de
presencia en esto, quiero que, antes de criticarme, me presente uno de sus
relatos y me diga: "Léelo y te darás cuenta de que yo sí se escribir".


De todos modos, me causa también un poco de gusto sus
críticas, porque sé que siguen ingresando a mis relatos para continuar con su
lectura. No me considero perfecto a la hora de escribir, simplemente lo que hago
es brindarles algo fuera de lo común, que al principio pareció bien aceptado.
Obviamente que también es algo aburrido, pero todo en mi serie tiene su por qué,
su motivación, su razón de ser.


Pero ahora la decisión es de ustedes. Voten. Es decir, hagan
lo que quieran, yo veo que es lo que me conviene. Pero, como dije desde un
principio, la serie culminaría cuando el éxito se deshaga, y mientras me quede
alguien fiel que siga la historia, la seguiré publicando, aunque sea para una
sola persona, porque eso es lo que hace un buen escritor, no dejar que sus
"VERDADEROS" seguidores queden desilusionados por el mal gusto popular. Igual,
los amo a todos.


Bueno, si es que quieren que la serie continúe, también
prometo aumentar más la trama para que no se vuelva aburrida. Comprendo que en
los capítulos anteriores la cosa se volvió algo repetitiva, y también modificaré
todo una y otra vez para que eso no vuelva a ocurrir. Espero que esto les guste,
ya que fue planeado con mucho esmero y con la intención de cautivarlos
nuevamente.


*


Capítulo Anterior:


Lucas se giró hacia donde estábamos nosotros y nos mostró su
cara, repleta de lágrimas que bailaban por su rostro. Cristina continuaba seria
como siempre, para variar. Lucas puso sus brazos alrededor de mi cuello y me
abrazó, rompiendo a llorar en mi pecho.


- A pesar de que le expliqué al juez que este careo había
sido muy espontáneo y que no me dio tiempo para hablar con mi defendido, no le
importó. - comentó Cristina. - Este chico, Claudio, llegó con la estúpida idea
de que Lucas había obligado a Ludmila, su novia, a matarlo a Iván, y luego la
obligó a ella a limpiar la sangre. Ludmila se opuso, pero Lucas amenazó con
matarla. Entonces, según Claudio, cuando Ludmila estuvo a punto de estallar por
la muerte de Iván, ya que no podía soportar más esa angustia que tenía en el
pecho, Lucas la mató.


- ¿QUÉ? - preguntamos Felipe y yo, al mismo tiempo.


- Ahora... - comentó Lucas, entre gemidos de dolor. - Me
acusando de ambas muertes...


- Y eso no es todo. - respondió Cristina, con una cara de
dolor más que de seriedad. - El juez ya no tiene dudas y cree que Lucas es el
homicida, por lo que dictará el traslado de Lucas a una cárcel, en cualquier
momento.


*


- No es posible. - bramó Felipe, pegándole con el puño a la
pared.


- Por el momento no podemos hacer nada y, además, Fabián
relató los dos intentos de homicidio hacia su persona, ya que ambos intentaron
ser de parte de Lucas. - confirmó Cristina, de mala gana. - El juez lo mantendrá
preso de libertad hasta su juicio.


- Pero para eso se puede tardar mucho tiempo. - reproché,
aguantando las ganas de llorar. - Esto no puede ser real. Es una broma.


Cristina bajó la mirada al piso, mientras que Lucas trataba
de reponerse y controlarse. Aquello iba de mal en peor. Nunca imaginé que
Claudio sería capaz de una cosa así. ¡Ahí está! Ese era el punto.


- Mira, Lucas, no te preocupes. - le dije, mirándolo a los
ojos. - Vendré a verte esta tarde. Pronto todo esto va a acabar. Lo prometo.


Esperé a que Lucas se dirigiera nuevamente a su celda y con
su abogada y su amigo, el inspector, nos dirigimos hacia la entrada de la
comisaría.


- Tenemos que hablar con Claudio. - sugerí. - ¡Estoy seguro
que tiene una buena explicación para darnos ya que todo lo que dijo es una
completa mentira!


- Realmente, yo no lo sé. - comentó Cristina. - Ni siquiera
me dieron tiempo de tener una charla previa con Lucas antes de careo. El juez
está cegado ante evidencias tan negligentes. Pero esto lo tendré en cuenta para
la hora del juicio.


- No hay tiempo para esperar al juicio. Tenemos que
investigar ahora mismo sobre Claudio. - reproché, y luego miré a Felipe. - ¿Me
acompañarás?


Felipe asintió. Ya habíamos pasado por lo mismo, juntos, al
intentar rescatar a Bautista de las manos de Cris, así que me di cuenta que
formábamos un buen equipo, por lo que también sabía que lo iba a necesitar en
esta misión, ante cualquier eventualidad que se pudiera presentar, ya que no
sabía contra que grupo de gente loca estaba tratando.


- Bien, yo hablaré con Lucas. - comentó Cristina. - Necesito
mantenerme en contacto con él para saber cosas sobre su vida. - se detuvo,
haciendo que nosotros dos también detengamos la marcha, luego me miró. - No te
olvides que me debes una charla.


Asentí con la cabeza y junto al policía, nos marchamos a
investigar.


*


- ¿Dónde iremos? - pregunté, cuando me senté al volante de mi
auto.


- Al primer sitio que quiero ir es al kiosco. - me reportó
Felipe, mirando el camino. - Le pediremos información a Fabián sobre Claudio.
Comprenderá que necesitaremos hablar con él.


- De acuerdo. - comenté. - ¿Quieres que vaya yo?


- Iremos ambos. - alegó Felipe. - Vamos a descubrir la verdad
y a sacar a Lucas de la cárcel.


Comencé a andar por medio de los autos, a una velocidad
estable. No quería pensar en lo ocurrido esta mañana, siendo el resultado de un
peor día del amigo del que me había planeado. Las nubes negras que se habían
formado alrededor del cielo, indicaban claramente que pronto comenzaría a nevar.
Al poco tiempo llegamos al maxi kiosco de Iván, que ahora pertenecía a su
hermano, Fabián.


Descendimos del auto con Felipe y nos dirigimos hacia la
entrada. Para mi gran sorpresa, el kiosco se encontraba abierto, es decir, con
atención al público, después de dos semanas que estuvo con sus puertas cerradas
por la muerte del dueño.


Ingresamos al lugar, que estaba completamente vacío, y nos
encontramos con un joven que lo limpiaba y con otro que acomodaba productos en
la estantería. Ambos vestían de ropa informal, por lo que me di cuenta de que
Fabián no era exigente a la hora de elegir el vestuario. Me acerqué al joven que
se encontraba más cerca.


- Disculpa... - saludé, en voz baja. - ¿Se encontraría
Fabián?


El chico que acomodaba los productos levantó la mirada. Me
encontré con una cara algo familiar, es decir que ya la conocía. ¡No lo podía
creer! Era Martín, uno de los hermanos que me hicieron pasar una buena noche de
sexo en el club gay cuando fuimos a buscar a Bautista, que se encontraba
secuestrado. El muchacho pareció reconocerme, porque en su rostro se identificó
una grata sonrisa.


- ¿Eres Mariano, verdad? - preguntó.


Asentí, algo incómodo por el reconocimiento.


- Sí, ¿como estás? - pregunté, con una estúpida sonrisa en la
cara. - ¿Se encuentra Fabián?


Martín me miró, con su hermoso rostro, sin lograr entender a
qué persona me refería. Giró hacia atrás, pero sólo encontró a su compañero de
trabajo, que justamente no era Fabián.


- No sé de quién me estás hablando. - respondió Martín,
encogiéndose en hombros. - Pero puedes hablar con Matías, que es la persona que
nos contrató.


Martín me señaló hacia una pequeña oficina que había detrás
del mostrador. Claro que no tenía paredes, pero se encontraba allí a un hombre
sentado que revisaba los papeles. Felipe y yo asentimos con la cabeza y dimos
unos pasos apresurados hasta llegar allí.


El hombre no levantó la mirada, porque al parecer no notó
nuestra presencia y se encontraba muy entusiasmado por los números que estaba
haciendo. Supuse que debía de tratarse de un hombre de unos 30 años. Era delgado
y usaba unos anteojos que lo hacían verse intelectual. Tenía el cabello bien
corto y vestía de corbata y camisa.


- Buenos días. - saludé. - Buscamos a Fabián, que es el dueño
del local.


El hombre levantó la mirada y nos dedicó una simpática
sonrisa. Se incorporó, haciendo para atrás su silla, y caminó por detrás del
mostrador para ponerse frente nuestro. Extendió su mano hacia mí en señal de
saludo.


- ¿Cómo les va? - preguntó. - Soy Matías. Fabián es mi primo
y me encargó el local, ya que muy pronto el tendría que volver a continuar con
sus estudios.


Esto realmente no me lo esperaba. El día anterior fue el
allanamiento, en donde descubrieron que había sangre de Iván en el piso y en las
paredes, y ahora ya estaba de nuevo el kiosco en servicio, atendido por otra
persona, aunque sea un familiar de los dueños.


- ¿Pero Fabián se encuentra aquí? - pregunté. - Porque me
dijo que se mudaría aquí, ya que no viviría más en lo de Lucas.


- Sí, Fabián vive en la casa de atrás. - respondió Matías,
con una voz grave. - Pero en este momento no se encuentra. Salió a hablar con
los proveedores. Tenía varias reuniones para hoy. Sin embargo, yo estoy al tanto
de todo lo que sucede en su vida, así que si les puedo servir de información,
estaría encantado.


Miré a Felipe sin saber que responderle, y esperando
encontrar en él la solución, pero el muy simpático, estaba concentrado en la
sesión de revistas, ojeando una que en las tapas tenía a una hermosa mujer
desnuda. En ningún momento me había dado cuenta que se alejó de mi lado. Nota
personal: "Matar a Felipe por lo que me estaba haciendo."


- Está bien. - respondí. - Verá, estamos tratando de
encontrar a un chico que fue a testificar hoy a la comisaría a favor del abogado
de Fabián. Se llama Claudio. No creo que lo conozca, pero es nuestro único
recurso ya que no sabemos como empezar a buscarlo y es muy urgente hablar con
él.


Matías volvió a sonreír, nada más que esta vez lanzó una
especie de carcajada silenciosa.


- Pues si quieres hablar con él, tendrás que apurarte,
muchacho. - contestó Matías. - Mañana viaja a Londres.


¡Oh, Dios mío! ¿Cuántas sorpresas como esta me esperaban aún?
Claudio se marcharía aún antes de que nosotros pudiéramos hablar con él. Pero
¿qué sentido tenía declarar algo así y marcharse tan pronto? ¿Estaba asustado
por algo? ¿Tenía miedo de algo? ¿Alguien lo tenía amenazado? ¿O su declaración
fue también premeditada?


- ¿No tiene una dirección o algo con lo que le podamos
localizar? - pregunté.


- Sí. - contestó. - Yo estuve presente anoche cuando este
muchacho vino aquí a decir que tenía algo de suma importancia para declarar
contra Lucas. Lo dijo a Fabián y a su abogado, pero justo me encontraba viendo
la gestión del kiosco por lo que escuché.


Matías corrió para volver a colocarse detrás del mostrador y,
al mismo tiempo, Felipe dejó de mirar revistar pornográficas y se nos acercó. El
hombre, que ahora se nombró como el nuevo dueño del lugar, comenzó a revisar
entre sus papeles en busca de algo. Me encontraba tan furioso con el inspector
por haberme dejado solo, que ni siquiera alcé la vista para mirarlo, sólo sentí
su cuerpo posarse junto al mío, mientras ambos mirábamos como Matías encontraba
lo que buscaba. Me extendió su mano junto con una tarjeta.


- Creo que pueden encontrarlo aquí.


*


Salimos del lugar sin muchas expectativas sobre lo que
pasaría. Estábamos nuevamente en la nada. Había un testigo que, aunque estaba
muerto, acusaba a Lucas de ser su asesino por medio de un video. Y estaba este
último, que había declarado que Lucas fue el asesino de su linda novia. Se le
apuntaban dos muertes. ¿Qué más le tendrías que pasar al pobrecito?


Caminamos hasta mi auto, cuando sentí que alguien corría a
nuestras espaldas.


- ¡Mariano! - me gritó alguien.


Giramos para ver de donde provenía la voz, y me encontré con
Martín, que corría hacia mí apresuradamente, con una mirada extraña. Llegó algo
agitado, y tragó saliva antes de hablar. Esperaba, desde lo más profundo de mi
corazón, que no me dijera nada sobre la noche que pasamos juntos, ni que tampoco
me invite a revivirla, frente a Felipe, ya que eso convertiría toda esta
situación en algo completamente incómodo.


- ¿Qué sucede? - pregunté.


- No pude evitar escuchar la conversación que tuviste con mi
jefe. - comentó. - De acuerdo, lo que te diré es algo confidencial. Según
escuché junto con Fabián y Matías, parece que este chico viaja a Londres porque,
de un día para el otro, consiguió suficiente plata para hacer semejante viaje.
Es algo como...


- Como si le hubieran pagado por declarar. - terminó la frase
Felipe. - Puede que a Claudio le hayan pagado para declarar en contra de Lucas.
¿Sabes si fueron Fabián o su primo, Matías? - le preguntó el inspector a Martín.


- No fueron ellos. - respondió Martín. - Hoy hablaban del
tema y se mostraron sorprendidos, ya que en ningún momento él les había
comunicado que se marchaba.


- Entonces es un testigo falso. - sentenció Felipe, chocando
sus manos. - Gracias por esta información.


*


- ¡Déjame acompañarte! - le grité a Felipe, cuando estábamos
en marcha por las calles de la ciudad. - ¡No me puedes hacer esto!


- Si el testigo es falso, es investigación de la policía. -
respondió. - No puedo arriesgarme a que me acompañes. Déjamelo a mí. Yo sé hacer
esto.


Genial. Lo que me faltaba. Ahora que estábamos detrás de la
verdad, a Felipe se le dio la loca idea de que yo no tendría que acompañarlo. En
circunstancias diferentes, y tal vez si Felipe no me hubiera demostrado muchas
veces que estaba de mi lado, sospecharía sobre su actitud. Pero lamentablemente
necesitaba confiar en los que me rodeaban, aunque lo más probable, como en todas
las películas, que uno de ellos me traicione. Felipe conducía, y se dirigía a la
comisaría, de nuevo.


Estaba por lanzar otro comentario, pero justo mi celular
comenzó a sonar. Atendí, era Bautista.


- ¿Hola? - saludó, algo enfurecido. - No es que quiera
reprocharte nada, pero desde ayer que no tengo noticias tuyas.


- Lo siento. - dije, llevándome una mano a la cara. -
Perdóname. Pero es que las cosas se me complicaron. ¿Quieres que te vaya a
buscar?


- No. - contestó Bautista. - Me quedaré aquí hasta el
viernes, si es que no te molesta. La familia de mi amigo ha sido muy amable, y
además... mi amigo es muy amable. Hoy a la noche festejaremos el día del Amigo
con varios más. Si quieres, puedes venir.


Ese comentario hizo que me excitara instantáneamente.
Seguramente ya anoche Bautista y su amigo habrán pasado por una buena sesión de
sexo. No tenía motivos para reprocharle nada, ya que yo mismo lo había hecho esa
mañana con su hermano mayor. Pero respecto a su invitación, me vi forzado a
rechazarla y postergarla para más adelante. Tenía otra cosa en mente.


- No puedo. - respondí, angustiado. - Tendré que dejarlo para
más adelante. Te llamaré mañana. Adiós.


- Lástima. Adiós. - respondió Bautista.


Miré a Felipe, a pesar de que no me iba a llevar a hablar con
Claudio, tenía que pedirle algo muy urgente.


- Felipe, necesito un favor. - dije, sin que él me devuelva
la mirada y siguiera conduciendo. - ¿Podrías conseguir un permiso especial para
que pase la noche con Lucas?


Me miró sorprendido, y se estacionó repentinamente cuando
giró para ver que el semáforo marcaba una luz roja.


- ¿Quieres pasar la noche con Lucas? - preguntó.


- ¿Podrías conseguirme un permiso? - insistí, emocionado por
la idea. - Por favor. Van a trasladar a Lucas, en cualquier momento a la cárcel.
Necesito estar con él.


Felipe no me respondió al instante. Arrancó cuando el
semáforo se puso en verde y siguió andando por el camino. Sabía que lo estaba
comprometiendo a permisos innecesarios y que eso aumentaba más su trabajo frente
a los otros policías, pero era la única persona a la que podía recurrir.
Esperaba, esperanzado, su respuesta.


- De acuerdo. - dijo, de mala gana. - Voy a ver que puedo
hacer para ayudarte. Sólo que tengo una duda. Verás, como amigo que soy de
Lucas, estaba enterado de la relación que tenía con Iván, aunque al principio me
lo trató de ocultar por todos los medios. Lo que quiero saber si pasa algo
similar entre tú y él.


Abrí grandes los ojos, sin saber que responder. Sinceramente
no sabía que Felipe sabía de la relación de Iván, con Lucas, pero seguramente lo
terminó de confirmar con el video que este dejó. Comprendí que no habíamos
hablado respecto al tema, pero jamás pensé que me lo preguntaría tan
directamente.


- Pasa. - respondí, sinceramente, ya que después de todo me
estaba por ayudar a que pase la noche con él. - Pero ahora todo se ve
interrumpido.


- Te puedo ser sincero. - dijo Felipe, pero no era una
pregunta precisamente. - No puedo dejar de pensar en el beso que nos dimos antes
de ir al club gay.


Oh, oh. Genial. Otro chico que me estaba proponiendo sexo,
aunque de una forma muy sutil. No respondí. Agaché la mirada y luego, contemplé
con delicia, como llegamos a la comisaría.


*


Regresé a mi casa sin siquiera despedirme de Lucas. Tenía que
esperar a que Felipe me llamara y me confirme si podía pasar la noche con Lucas
o no. Estaba tan ansioso que consumí tres cigarrillos simultáneamente. No podía
pensar en otra cosa y la ansiedad me estaba invadiendo. Mientras tanto, en las
afuera de la ciudad, comenzó a nevar.


El llamado tan esperado llegó, por fin, y casi me mato por
tratar de atender el celular, que se me resbaló de las manos y cayó al piso.


- ¿Hola? - saludé, entusiasmado, tratando de no parecer
nervioso.


- Me debes una. - reportó la voz de Felipe. - Gracias a los
favores que me deben gente de la policía, dejaron que pases la noche en la celda
en donde se encuentra Lucas. Tendrás que ir antes de las ocho de la noche y te
dejarán partir mañana a las siete.


- Gracias. - le grité, lleno de entusiasmo.


- No te alegres tanto. - me interrumpió Felipe, cortando a mi
alegría. - Hay una mala noticia. El juez dictó el traslado de Lucas para mañana
a las nueve.


*


¿No hay mal que por bien no venga era la frase? Mejor sería,
no hay bien que por mal no venga. Tenía ya en mi lista mental a una buena
noticia de cada diez malas. Cuando todo parecía solucionarse, algo malo sucedía
que me impedía terminar las cosas. ¿Qué estaba viviendo yo? ¿En qué? ¿El títere
de quién era? ¿Quién estaba jugando con mi vida?


Aún así, aplazando a la angustia, esa noche estuve puntual
antes de las ocho de la noche en la comisaría, en donde un policía me trasladó
hasta la celda de Lucas. Al parecer el chico no me esperaba, porque saltó a
abrazarme.


- ¿Qué haces a esta hora? - me preguntó, emocionado.


- Vengo a quedarme contigo esta noche. - dije. - Sé que
mañana te trasladarán y entonces esta es la última noche que podremos pasar
juntos, por lo menos hasta el juicio.


- ¿Y Bautista? - me preguntó, sin entender.


- Está en la casa de un amigo desde ayer por la mañana.


De un momento al otro, las luces del lugar se apagaron,
dejándome con Lucas en plena oscuridad. Hacía tanto frío que apenas podía mover
los brazos. Me encontraba en una celda en donde no lograba ver absolutamente
nada.


Sentí, de golpe, el beso profundo que Lucas me puso, y de un
fuerte empujón, me echó en la cama, para que el se pudiera acostar sobre mí.


- Te amo mucho. - me susurró, volviéndome a besar. - No sé
como podré contenerme no estar contigo cuando me marche.


- No pienses en eso. - lo detuve. - Quiero que me des duro
toda la noche. Quiero tener tu cuerpo grabado en mi recuerdo por la eternidad.
Esto es algo que nunca, nunca quiero olvidar.


Lucas volvió a besarme y recorrió mi torso con sus manos
heladas, metiéndose por debajo de mi ropa. Ya habíamos dejado atrás eso de tener
simple sexo. Ahora me hacía el amor. Besaba mi cuello como si fuera una fruta
que exprimía con sus dientes. Me estaba dejando sus marcas para que quedaran
grabadas en mi piel. Lo amaba.


Nos desnudamos en silencio y en plena oscuridad, a pesar de
que la nieve del exterior hacía entrar el clima más frío que sentí en mi vida.


- Quiero mamarte la verga. - susurré.


- Y yo quiero que hagamos un 69. - se burló.


A pesar de que me sorprendió esa reacción no tardamos en
acomodarnos en la cama para comenzar a hacerlo. Mamé su verga, que por el gusto
se encontraba salada y ese sabor jamás lo había probado, mientras que él se
llevó a la boca la mía. Lo hacía tan deliciosamente que era inútil poder
concentrarme en lo que hacía, y había lapsos en los que me quedaba sólo con su
pene en mi boca, sin hacer ningún movimiento para poder disfrutar su mamada.


- ¿Me quieres penetrar? - me preguntó Lucas, aunque apenas
pude lograr captar su voz.


Asentí, por más que no podía verme, esa idea me entusiasmaba.
Me incorporé sobre la débil cama, y dejé que Lucas se pusiera en posición
perrito. Antes de penetrarlo, acaricié sus frías nalgas. Sentía con mi el tacto
de mis dedos como se trasero estaba lleno de pequeños pelitos. Me acomodé bien y
apoyé mi cara cerca de la entrada a su interior. Percibí un olor fuerte, pero
para nada asqueroso. Necesitaba probarlo. Lamerlo. Chuparlo.


Metí mi lengua por la raya y dejé que la pasión me domine.
Lucas gimió levemente, supongo que lo estremecía al tratar de introducir mi
lengua en su ano. Mi verga estaba a mil, y lista para entrar.


Me puse de rodillas sobre la cama y atraje su cintura hasta
mi cuerpo con una mano, mientras que con la otra apoyé la cabeza de mi verga en
su apertura. Lucas volvió a moverse, inquieto, y lo serené con un chistido.
Luego volví a mi trabajo. Dulcemente comencé a empujar con movimientos rítmicos.
Le gustaba, sentía que me estaba apoderando de su ser. Ingresaba bien. Hasta el
fondo. Sentí que, pese al frío, estábamos empapados en sudor. La frágil cama se
movía junta a nosotros, produciendo un chillido horrible que me hacía temblar
los dientes, pero me concentré en Lucas. En como lo estaba poseyendo para mí.
Ahora era mío. Sería mío por siempre.


- Quiero probar tu semen. - suplicó, mientras lo penetraba.


Sentía en mi interior un cosquilleo. El impulso conque lo
estaba penetrando estaba dando sus frutos. Mi elixir estaba a punto de salir y
sería completamente para él. Le saqué mi verga del culo e hice que se diera
vuelta, quedando él sentado con su boca a centímetros de mi verga. Me masturbé
un poco y al instante gotas de semen salieron, que fueron a parar en su rostro.
Hubiera pagado por verlo, pero con la oscuridad que nos envolvía me fue
imposible.


Lo escuché tragando saliva, gustosamente y me acosté en la
cama, rendido, esperando que nuevamente el frío me volviera a invadir. Lucas se
acostó a mi lado, al instante y me abrazó. No sé cuanto tiempo pasó ni que hora
era, pero nos quedamos dormidos, abrazados, profundamente, uniendo nuestros
cuerpos, fundiéndose mutuamente.


*


Me despertó la leve luz del Sol. No tenía ganas de abrir los
ojos, pero mi inconsciente me decía que si alguien nos veía así, quedaríamos
mal, sobretodo para el pobre Lucas que tendría que pasar unos días en la cárcel,
y si algún preso se enteraba, lo tomarían como una puta.


Abrí los ojos para mirarlo. Estábamos en la misma posición
que la noche anterior. Entrelazados. Lucas, como era de esperarse, dormía
profundamente. Me recosté sobre la incómoda cama, y comencé a mirar la
habitación, levemente iluminada por la luz del Sol.


Entonces lo vi. Miré hacia el techo. Con letras grandes y
rojas, estaba escrito el mensaje. Un escalofrío me recorrió por la espalda, y
forcé mis ojos para no creer que me lo estaba imaginando. Parpadeé, pero la
imagen seguía allí. Las letras. Rojas. Grandes. En el techo.


"GRACIAS POR LA TRAICIÓN.


IVÁN."


*


CONTINUARÁ...


*


 



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Relato: 12 Años (21)
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