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Relato: Unas bragas indiscretas


 


Relato: Unas bragas indiscretas

  

Estaba mirando unas antiguas fotografías familiares, cuando
de pronto vino a mi memoria una anécdota que voy a compartir con todos vosotros.


Mi padre era una persona muy recta. Era militar y sus
palabras preferidas eran ¡¡¡antes muertos que manchar este uniforme!!! Yo
respetaba todas sus reglas, y en su presencia jamás me permití ni tan siquiera
un chiste picante.


Mis hermanas eran diferentes, ellas pasaban totalmente de
reglas, y se enfadaban conmigo porque según ellas era una mojigata.


Pero bueno… seguiré con mi historia. Me casé un mes de Julio
y desde luego en los meses antes de la Navidad, me dio tiempo de conocer
muchísimas cosas que ignoraba, me hice mas atrevida, mas sensual, pero delante
de mi papá me costaba incluso darle un beso a mi marido.


Muchas veces habíamos ido a visitar a mis progenitores que se
encuentran a unos 200 kilómetros, pero por más que insistía mi madre yo siempre
encontraba una excusa. Me aterraba la idea de meterme en la cama con mi marido
bajo el mismo techo que mi padre


Llegaron las Navidades y yo quería que todo continuase como
de soltera, Navidad en casa de mi familia, y Fin de Año en casa de mis suegros,
mis cuñadas eran mis amigas, y salíamos de juerga todos juntos, y sin ningún
papá cerca que me controlase.


Pero ese año era mi primer año de casada. Unos familiares de
Sudamérica, no pudieron venir a mi boda y justo vendrían a pasar el Fin de Año
con mis padres. No es que me hiciese mucha gracia la idea, pero sabía que era mi
obligación atenderlos. Por eso decidimos pasar la fiesta con ellos.


Cenamos todos juntos en casa de mis padres, como éramos
muchos, nos trajeron la cena de un restaurante, entremeses, sopa y pierna de
cordero. Estaba todo riquísimo, y la sobremesa con los postres se alargaba
interminablemente. Pero los jóvenes necesitábamos marcha y cuando a los mayores
empezó a rendirles el cansancio, nosotros decidimos salir a completar la juerga.


Fuimos a una discoteca dentro de la población para evitar
coger los coches, habíamos bebido mucho, y nos apetecía seguir haciéndolo.
Llegamos cuando la fiesta estaba en todo su apogeo, serpentinas por los suelos,
pitos, gorritos y collares de flores eran testigos de la locura que se debió
formar cuando sonaron las doce campanadas.


Yo llevaba un vestido negro, ceñido, sin tirantes, y cada vez
que levantaba los brazos, mis pechos amenazaban con escaparse por el escote.


Mi marido, no se si por la bebida que había consumido, por mi
baile incitante, o por mis traviesos pechos que no querían estarse quietos
dentro del vestido, se estaba poniendo a mil. Me apretaba fuertemente, para que
yo notase como estaba de excitado, y al sentir el pene duro que oprimía mi
vientre, me calentaba hasta límites insospechados.


Intercambiamos nuestras parejas, mi primo era un gran
bailarín y yo le seguía, hubo un momento que nos hicieron sitio para que
bailáramos un desenfrenado rock y todos nos jaleaban y aplaudían, disfrutaba
sintiéndome el centro de la atención, pero mas disfrutaba observando como mi
marido no me quitaba sus ansiosos ojos de encima.


Cuando volvimos a bailar juntos, me apretó contra el con aire
posesivo, comenzó a besar mi oreja, mi cuello, cada vez me apretaba mas. Yo
estaba muy húmeda, y sentía el calor que desprendía su miembro que traspasaba el
fino tejido de mi vestido.


Le dije que tenía que ir al baño, y traviesa cuando volví,
tome su mano y puse en ellas mis braguitas, apretadas como si fuesen una bola.
Ummmm, las pasó por su nariz y haciendo un gesto de deleite las guardó en su
bolsillo


Sus manos agarraron mis nalgas y me frotó fuertemente en su
sexo.


Me daba cuenta de lo muy excitado que estaba y que como no lo
parase, era capaz de tomarme delante de toda la gente.


Busque con la mirada a mis primos y al verlos en la barra del
bar cogí a mi marido de la mano y lo lleve hasta ellos. Ellos se quedaban a
dormir en casa de uno de mis hermanos, por lo tanto no se tomaron a mal que los
dejásemos, alegamos que estábamos muy cansados porque el día anterior habíamos
madrugado para hacer el viaje.


Salimos de la discoteca y él seguía toqueteándome y
besándome. Yo estaba muy excitada, y al llegar a una zona oscura, detrás de los
aparcamientos, levantó mi vestido, bajó su cremallera, y sin más preámbulos me
embistió con desespero. Mi anhelante cueva se vio invadida por su pene erecto y
deseoso. Fue un polvo corto, pero muy satisfactorio, estábamos tan calientes que
nos corrimos casi al mismo tiempo.


Mas calmados, aún besándonos continuamos el camino hasta
llegar a casa. Cuando llegamos todo estaba en silencio. Nos habían asignado mi
antigua habitación de soltera, la que compartía con mi hermana de 15 años. Ella
era el terror de mi padre. Contestona, mal hablada, muy picarona y desinhibida.
Yessy, no tuvo ningún inconveniente de acostarse en el sofá del comedor, para
dejar su cama a mi marido.


Entré en el baño, me duché, me puse unas braguitas y mi
pijama. La idea una vez satisfechos, era dormir toda la noche y descansar de un
día tan ajetreado.


Mi marido no pensaba igual, el polvo en el parking, solo le
había servido de aperitivo, no le había sacado la calentura, y deseaba continuar
lo que según él "yo había empezado".


 


Al volver del baño, me lo encontré desnudo sobre la cama, con
el palo tieso, esperando introducirlo en el sitio adecuado. Ufffff, yo pensaba
en mis padres, (durmiendo en la habitación de al lado) mi hermana en el sofá y
la habitación donde estábamos, que no tenía ni un maldito pestillo que evitase
visitas inoportunas, y apretando mis manos al cuello del pijama me fui a la otra
cama.


Mi marido saltó hasta donde yo estaba, y agarrando la camisa
de mi pijama la subió hasta mi cabeza, quedando mis brazos aprisionados por
encima de esta.


Yo me retorcía queriendo evitarlo, me daba terror que alguien
escuchase mis gemidos, y soy muy escandalosa haciendo el amor. Metió las manos
por la goma del pijama, y bajó pijama y bragas al mismo tiempo. Colocó una
almohada bajo mis nalgas, para que mi vagina quedase a la altura de su boca y
empezó a lamer y sorber el clítoris.


Mi corazón parecía que iba a escaparse de mi pecho, movía la
cabeza intentando sacarla del pijama, pero con los brazos aprisionados no podía.


Quería chillar, pero el pudor, el miedo a que me oyese mi
padre me lo impedía. Cuanto mas me movía para deshacerme del pijama mas se
excitaba mi marido.


Yo estaba muy enfadada, esa no era la forma que a mi me
gustaba hacer el amor, me sentía como si me estuviese violando. Pero a él el
alcohol le podía, y sus más bajos instintos salieron a flote, mordía mi sexo,
estrujaba mis pechos, nunca lo había visto tan excitado. Yo apretaba los labios
queriendo evitar unos gemidos, que muy a mi pesar eran de puro placer. Al
venirme el orgasmo, lancé un grito que quise ahogar apretando mi boca en la
almohada. Ufffff, me sentía flotar, y en mi semiinconsciencia, creí oír unos
pasos que se alejaban de la puerta. Se lo dije a mi marido, pero el estaba
demasiado excitado, para prestar atención a mis tonterías.


Ya tenía el clítoris tan sensible, que cualquier pequeño
roce, desencadenaba nuevas oleadas de placer por todo mi cuerpo. Cogió mis
piernas, y estirándome hasta el borde de la cama, me colocó de manera que mis
piernas quedaron sobre sus hombros.


Me penetró como un salvaje, yo había conseguido sacar la
cabeza, pero mis brazos seguían aprisionados por el pijama. Su cara dejaba ver
todo el placer que estaba sintiendo, y eso me complacía. En un último y furioso
empujón, se vació dentro de mí, sintiendo yo como su leche caliente inundaba mi
cueva.


Resoplando como un animal, se tumbó a mi lado y nos quedamos
dormidos.


Ya amaneciendo, me desperté abrazada a mi marido, uffffff,
pensé que por la mañana, mi madre entraría en la habitación y vería la cama sin
deshacer.


Me dio vergüenza que supieran o imaginaran lo que habíamos
estado haciendo, y soltándome de sus brazos, me levanté, y a oscuras busqué el
pijama que había quedado en el suelo. Me lo puse, y me acosté en la otra cama.


Era tarde cuando desperté. Oía a mi madre y a mi hermana
hablar en la cocina. Me puse una bata acolchada y me reuní con ellas.


--Buenos días –dije


Mi hermana, me miraba de arriba abajo. Y con esa cara de
bicho, que suele poner cuando dice picardías me dijo.


¡¡¡Vaya jerguetita ¡!! …. ¿he?


Me puse colorada, (recordaba los pasos que había oído en la
madrugada) y mirándola dije.


--No se porque dices eso-----


--Pues…..por ejemplo….porque llevas el pijama al revés---


--Si es por eso…. Nunca lo miro…. lo pongo tal como sale, un
día al derecho y otro al revés---


---Jajajaja, si, y las bragas por fuera….jajajaja, seguro que
también un día si y otro no te pones las bragas por fuera---


Bajé mi mirada, y por la abertura de la bata, se veían
claramente las bragas sobre el pijama, al ponerlo en la oscuridad no me di
cuenta.


Mis mejillas se tiñeron de rojo, no sabía que contestar. Mi
madre conteniendo la risa a duras penas, salio en mi ayuda y encarándose a mi
hermana le dijo.


---Yessy, ¿no te tenías que ir?...¡¡¡ pues ya estas
tardando!!!


---Jajajaja, y yo que quería que me explicase cositas---dijo
saliendo de la cocina.


Han pasado algunos años de esta anécdota, con el tiempo he
conseguido vencer la timidez, y no se, pero aseguraría que me he vuelto incluso
mas atrevida que mis hermanas, hoy no creo que me hubiese pasado esto. Pero
algunas veces nos reunimos con las amigas, y nos gusta explicar nuestras
respectivas experiencias, Mi hermana Yessy, ríe mucho cuando explica la cara que
puse al ver mis braguitas sobre el pijama. Lo que ellas no saben, es que desde
ese día, nunca más me he usado bragas para dormir.


 

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Relato: Unas bragas indiscretas
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