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Relato: Sobrina de 15 y su tío de 30 (real desde Peru) (2)


 


Relato: Sobrina de 15 y su tío de 30 (real desde Peru) (2)

  

Sobrina de 15 y su tío de 30 (real desde Peru) (Parte II)


Esta es la segunda parte del relato real "Mi sobrina politica
(real Peru)" desde Peru. Mi sobrina Betsy se convierte en una pícara y sensual
adolescente.


Alrededor de las 3 de la tarde llamé por teléfono a mi casa,
sólo Betsy estaba en ella. Cuando me contestó le pregunté si ya había terminado
sus quehaceres y le dije: "¿puedo preguntarte algo sin que te molestes Betsy?";
ella me respondió que sí a lo que yo le pregunté nuevamente:


"¿Quieres que continuemos lo que estábamos haciendo ayer?"
Betsy tardó en responderme y me dijo un "sí" nervioso y bajito. Yo le respondí
que estaría en la casa en 15 minutos.


Cuando llegué Betsy estaba nerviosa y vestía como siempre un
buzo y polo; luego de ponerme cómodo de ropa (con un buzo) la llamé a mi
dormitorio...


Cuando Betsy entró a mi dormitorio se sentó en un sillón y
dirigió su mirada hacia la TV sin decir nada más. Yo estaba sentado en el borde
de mi cama y alternaba entre mirarla a ella y a la TV. Pude advertir que ella
estaba nerviosa pues trataba de concentrarse en ver la TV. Yo también estaba
sumamente nervioso, tenía como un nudo en la garganta, así que con mucho
esfuerzo y balbuceando le dije:


"Betsy ven, échate a mi lado para que veamos la TV"; ella no
se hizo rogar y se acercó rápidamente a mi cama por el lado opuesto al que yo me
encontraba y se echó a mi lado pero sin acercarse demasiado. Mientras hizo esto,
Betsy trató en todo momento de ver la TV y evitó cruzar su mirada con la mía. Yo
no le quitaba la vista de encima por lo excitado y nervioso que estaba pues
trataba de estudiar sus reacciones.


Una vez en la cama y echados yo me puse de costado mirándola
mientras ella seguía tratando de ver la TV. Puse mi mano sobre su vientre sin
decir nada y ella, sin dejar de mirar la TV, tomó mi mano y la puso sobre la
cama. Hice lo mismo un par de veces más mientras sonreía por lo gracioso de la
situación y ella reaccionó ambas veces de igual forma sin inmutarse.


Es entonces que le propongo que nos metamos en la cama para
estar más cómodos. Yo lo hice primero y Betsy me siguió sin preguntar por qué o
para qué. Yo lo hice calmadamente pero ella lo hizo rápidamente tapándose con
las mantas y siempre tratando de no acercarse mucho a mí.


Estando dentro de la cama procedí a quitarme el polo y el
buzo sin retirar las mantas. Me quedé en calzoncillos. Betsy seguía mirando la
TV y sujetando las mantas. Yo volví a mi posición inicial, echado de costado
mirándola.


Nerviosamente le dije: "Betsy, ¿te quitas la ropa?"


"¿Para qué tío?", me respondió ella mirándome esta vez.


Me puso más nervioso aún su pregunta pero atiné a
responderle: "para continuar lo que estábamos haciendo ayer".


Betsy volvió a dirigir su mirada hacia la TV sin decir nada.
Yo seguía ahí, nervioso y sin tocarnos siquiera. Luego de un par de minutos y
bruscamente ella comenzó a quitarse la ropa rápidamente por debajo de las
mantas.


Primero se quitó el pantalón (buzo) y luego el polo. Yo le
pedí su ropa para colocarla en una silla que estaba de mi lado de la cama y en
el que también estaba mi ropa. Ella me pasó su ropa sin soltar las mantas para
nada.


Tomando valor y sumamente excitado para ese momento dirigí mi
mano hacia su vientre, ella seguía mirando nerviosamente la TV. Comencé a
acariciar su vientre para subir hacia sus senos pero noté que no se había
quitado el sostén, entonces lentamente y sin dejar de acariciarla bajé mi mano y
noté que tampoco se había quitado el calzón.


Ya no pude contenerme más y echándome sobre ella bajé los
tirantes de su sostén y le descubrí los senos y mientras que sobaba uno me
dediqué a chupar y mordisquear el otro. Betsy cerró los ojos y me dejó hacer sin
decir nada. Mientras estábamos en estos escarceos yo ya había desabrochado su
sostén quitándoselo. Seguí mordisqueando y besando sus senos, su cuello, sus
orejas; pude notar que Betsy estaba muy caliente corporalmente (temperatura)
mientras mis manos acariciaban y estrujaban todo su cuerpo. Ella estaba tendida
con los brazos abiertos pero con las piernas cerradas y aún con calzón.


La tomé por la cintura y estrujé sus nalgas. No tenía nada de
caderas, fue un poco extraño pues mi esposa sí las tiene bastante pronunciadas.
Su trasero no era aún como el de una mujer adulta pero se sentía delicioso el
poder agarrarlo de esa forma. Yo tenía el pene sumamente duro y ella debió ya
haberlo notado aunque aún siguiese con los calzoncillos puestos.


Quise quitarle el calzón pero ella me lo impidió diciéndome:
"yo lo hago tío". Me quité de encima de ella y torpemente, y supongo que
nerviosa, se quitó el calzón cuidando de no descubrirse; luego, metió el calzón
debajo de la almohada. Mientras ella hacía esto yo, rápidamente, me deshice de
mis calzoncillos por debajo de las sábanas, al igual que ella.


Volví a echarme sobre ella para besar su cuello y senos
mientras mis manos volvieron a su trasero, ella ahora sí me abrazó torpemente
mientras seguía con las piernas cerradas. Yo tomé su sexo con una de mis manos y
poco a poco le abrí las piernas para situarme entre ellas y supongo que ella
pudo sentir mi miembro cerca de su húmedo sexo.


"¿Haz ... hecho ... esto ... alguna ... vez ... preciosa
...?" le pregunté sin soltar su cuerpo para nada. Ella me contestó pero no
inmediatamente: "Nunca tío".


Entonces sin dejar de besar su cuello dirigí mi miembro hacia
su sexo. Ambos estábamos mojados y comencé a empujar lentamente. No fue fácil.
Con los movimientos, algo torpes de ella, mi miembro se salió de su sexo varias
veces y yo tuve que ponerlo allí otras tantas.


Pero cada vez que lo ubicaba en su sexo la penetraba un poco
más. Ella seguía moviéndose bastante sin decir nada no sé si por el dolor o por
la excitación mientras yo estaba más nervioso que excitado.


Su sexo era bastante estrecho a pesar de lo mojados que
estábamos y fue complicado avanzar con la penetración. La verdad yo nunca sentí
su himen (propio de las muchachas vírgenes).


Debo aclarar que cuando me casé, mi esposa contaba con 18
años y yo con 22, y a pesar de que con ella tuve mis primeras experiencias
sexuales ella ya no era virgen por lo que no contaba con experiencia en cuanto a
rompimiento de virginidades.


Volviendo a mi historia con Betsy, en un determinado momento
ella trató de detenerme diciéndome: "¡me duele tío ...!". Yo me detuve, tenía
introducido ya casi la mitad de mi pene y no quise dejar esto sin concluir así
que le dije:


"Tranquila preciosa, ya casi terminamos". Aunque no era lo
más indicado fue lo primero que se me ocurrió decirle.


Ella movió su cuerpo tratando de librarse de mi pene pero la
sujeté firmemente y con nuestros movimientos logré introducir todo mi miembro en
su sexo. Entonces comencé el movimiento de mete y saca pero Betsy me miró muy
molesta sin decirme nada y sin moverse ya.


Aunque estaba muy excitado el verla molesta a Betsy me alteró
un poco y me puse nervioso. Seguí tirándomela y creo que a ella le empezó a
gustar pues cambió de cara y estaba con los ojos cerrados y con los brazos
extendidos sobre la cama. Luego de un largo tiempo ella me abrazó y me dijo "...
ya no tío...".


No queriendo forzarla ni que se moleste más conmigo retiré
suavemente mi pene de su sexo y me bajé de encima de ella echándome a su lado.
Con lo nervioso que estaba no pude terminar (eyacular) pero eso no me molestó
pues pude disfrutar de un cuerpo que aunque aún no era el de una mujer me llevó
a apreciar los placeres que sólo puede brindar el cuerpo de una adolescente.


Mientras estábamos echados la abracé y le di un beso en los
labios para luego decirle: "eres preciosa Betsy".


Ella se sentó en la cama siempre cubriéndose con las mantas y
me pidió que le pasara su ropa. Torpemente y presurosa Betsy procedió a vestirse
mientras yo hacía lo mismo pero sin cubrirme y más calmadamente.


Como ella terminó de vestirse primero me dijo que me retirara
de la cama porque iba a volverla a tender (hacer la cama).


Yo me senté en un sillón para ver la TV mientras ella
retiraba las mantas, supongo que para cambiar las sábanas. En eso ella me llama
para que vea algo en las sábanas. Me acerqué y vi unas manchas ligeras de
sangre, ambos nos miramos y ella sonriendo pícaramente me dice: "me has roto
tío".


Yo también sonreí y le indiqué que lavara inmediatamente las
sábanas no sin antes bañarse primero. Yo también me fui a bañar para irme a
trabajar nuevamente.


Aunque esta primera experiencia no fue muy placentera para
ambos, no por ello dejamos de repetirla.


Betsy comenzó a tratarme con más cariño y confianza que
antes. Esto siempre que estábamos solos, por ello yo siempre trataba de estar
más en casa y de llevarme el trabajo a casa lo más posible.


Una tarde, a unos días de la primera vez y sin haber hablado
nada de lo sucedido, vuelvo a proponerle ver la TV juntos y en mi cama. Betsy no
se hace de rogar y una vez en la cama le digo que sería mejor nos metamos dentro
de la cama.


Ella accede y una vez dentro de la cama yo la abracé y
comencé a besar en el cuello y detrás de sus orejas. Ambos nos comenzamos a
excitar y le pido que se quite la ropa. Ambos nos comenzamos a desnudar, ella
siempre debajo de las mantas, cuando terminó dobló su ropa y me la pasó para
ponerla en la silla donde también estaba la mía. Al volverla a abrazar me doy
cuenta de que esta vez sí se había quitado el sostén y el calzón también.


Luego de sobar y chupar sus senos y de acariciar todo su
cuerpo volví a subirme sobre ella y coloqué mi pene en su sexo. Esta vez ella
estaba más mojada que la vez anterior y empecé el movimiento de mete y saca, me
di cuenta de que en esta ocasión ella lo estaba disfrutando mucho más que la vez
anterior.


Debido a su inexperiencia ella, por lo excitada que estaba,
hacía movimientos bruscos y torpes haciendo que mi pene se salga de su sexo;
pero no perdíamos las ganas y volvíamos a hacerlo.


Luego de más media hora creo que Betsy se cansó y me dice "ya
no tío". Esta vez no iba a permitir que mi sobrina se quedase sin mi leche así
que le contesté sin bajarme de ella: "tranquila preciosa, ya falta poco; esta
vez tienes que sacarme mi leche".


"¿Tu leche? Yo no quiero nada", me dice pícaramente. Esta vez
sí estaba excitadísimo y quité las sábanas que nos cubrían, ella intentó volver
a cubrirse pero yo las boté al piso. Sin soltarla la jalé más hacia mí y tomando
sus piernas las coloqué en mis hombros para moverme cada vez más rápido
sosteniéndola de su cintura.


Betsy trató se soltarse pero yo la tenía sujetada firmemente
mientras le decía: "ya sale mi leche preciosa, ya sale ..."; pude apreciar su
bello cuerpo, sus pequeños senos, su rostro sonrojado, sus gestos de placer y
sus pequeños y escasos vellos.


Sin permitir que mi pene se salga de su vagina me bajé de la
cama y poniéndola al borde, siempre con sus piernas en mis hombros, me movía
cada vez más rápido y pude sentir lo mojada que estaba ella, lo caliente de su
sexo, lo apretado que estaba, en sí sensaciones que nunca había sentido.


El único método anticonceptivo que uso es el del coito
interrumpido (eyacular fuera de la vagina) a veces combinado con el del ritmo.
Los condones no los uso por lo incómodos y porque disminuyen el placer.


Ella estaba en la cama con los brazos extendidos disfrutando
de sus primeras lecciones de sexo, lo pude ver en su rostro. Cuando sentí que ya
me venía saqué rápidamente mi pene y terminé sobre sus senos y estómago. Allí me
di cuenta de que la fuerza con la que uno eyacula es directamente proporcional a
lo excitado que uno esté.


Ella se asustó cuando sintió mi semen caliente en sus senos y
vientre, yo la tranquilicé explicándole que esa era mi leche y que no había de
que preocuparse. Nos echamos ambos cansados, esta vez sin cubrirnos.


Como la ví incómoda con mi semen sobre ella busqué papel
sanitario y la limpié suavemente. Esta vez le di un beso más prolongado en los
labios y le agradecí por lo feliz que me había hecho.


Volví a besarla en la boca y debido a su inexperiencia ella
no sabía que hacer por lo que le indiqué que abriera la boca un poco y me dejara
hacer.


Con estas indicaciones pude deleitarme con sus gruesos
labios, le pedí que me diera su lengua para poder chupársela suavemente. Esta
vez ella fue algo torpe pero terminamos excitados ambos otra vez.


En esto estábamos cuando ella me propone ir a bañarnos juntos
a lo que yo gustoso acepto. Rápidamente ella se me adelanta por lo que pude
apreciar su bello cuerpo, una belleza que sólo el cuerpo de una adolescente
puede expresar aunque no tenga la voluptuosidad de una mujer adulta.


Una vez en la ducha, mientras el agua caliente corría por
nuestros cuerpos, ella se enjabonó primero y me pide que le enjabone la espalda.
Comedidamente enjabono su espalda y cuello tratando de acariciarla, pero no me
quedo allí pues bajé mi mano hasta sus nalgas y metí mi mano para llegar a su
sexo desde atrás mientras que con la otra sobaba sus senos.


En el baño tenía un espejo grande que permitía verse uno de
cuerpo entero. Como no cerramos la cortina de la ducha podíamos vernos ambos
totalmente. La escena fue indescriptible y muy erótica, su cabello largo y
mojado la hacía ver más sensual y entre los manoseos que nos dábamos ambos
terminamos excitados otra vez. Mi pene volvió a estar duro y poniéndome detrás
de ella le dije que se apoyase en las llaves de la ducha (inclinándose un poco).
Ella lo hizo diligentemente y sin pensarlo dos veces la penetré nuevamente. El
agua seguía cayendo por nuestros cuerpos, comencé a moverme rápidamente; por el
espejo pude ver en el rostro de Betsy lo excitada que estaba, ella también
comenzó a mirar en el espejo lo que estábamos haciendo.


Creo que desde esa vez a Betsy le excitaba el verse a sí
misma en plena faena pues en posteriores ocasiones siempre buscó acomodar los
espejos para poder vernos en ellos.


Bueno, estando en la ducha me vine sobre su espalda. La
volteé y la abracé para darle un largo beso en la boca. Fue tan excitante.


Terminamos de ducharnos, nos vestimos y nos pusimos a ver TV.
Ella estaba sumamente alegre y cariñosa conmigo.


Como ya me sentí más confiado en que lo que pasaba entre mi
sobrina y yo iba a ser un secreto entre ambos comencé a agarrarla cada vez que
podía. Me ponía detrás suyo y le apretaba mi pene en su trasero mientras que
sobaba sus senos, a veces mientras estaba sentado en el sillón y con buzo la
llamaba para que se siente entre mis piernas y sienta la dureza de mi pene.


A los 3 días de la última vez que tuvimos sexo mi sobrina y
yo se presentó otra oportunidad que no desaproveché.


Nuevamente, luego de cambiarme para estar más cómodo la llamé
para ver la TV en mi cama. Ella vino rápidamente y se metió dentro de la cama.


Supongo que ella ya sabía a dónde íbamos y también supongo
que le gustaba el sexo aunque aún no tomaba la iniciativa en casi nada.


Al ver que Betsy ya estaba dentro de la cama le dije que se
quitara la ropa mientras yo también lo hacía. Una vez desnudos comencé a
acariciar y besar su trasero, sus senos, su cuello y sus orejas. Me percaté de
que su punto débil estaba en su cuello pues al besarla allí mi sobrina se
deshacía por decirlo de alguna forma.


Parece que Betsy sentía aún vergüenza de verse desnuda pues
siempre buscaba la forma de que ambos estemos cubiertos por las sábanas.


Me dirigí a chuparle su conchita y pude disfrutar sus jugos
pues estaba mojada. No sé si ella estaría muy excitada o si no le gustaba mucho
pero me detuvo diciéndome: "ya no tío".


Posteriormente me di cuenta de que no le gustaba el sexo oral
pues la mayoría de veces no me dejaba chuparle la conchita ni tampoco le gustaba
chuparme el pene.


Retomando la historia, me eché de espaldas y retirando las
sábanas le indiqué que bajara un poco y tomando una de sus manos le enseñé a
masturbarme. Lo hizo torpemente, creo que vio en mi cara que no lo estaba
haciendo bien y se molestó soltando mi pene bruscamente y echándose en la cama
se tapó con las mantas.


La abracé y besé diciéndole: "ya aprenderás a hacerlo
preciosa". Ella me contestó: "no quiero aprender a hacer nada". Yo sonreía ante
este berrinche y volví a su cuello. Cuando noté que ya estaba excitada otra vez,
le indiqué que se echara boca abajo. Luego coloqué una almohada debajo de su
bajo vientre para que su trasero se levante y pueda penetrarla por detrás.


Ver su pequeño trasero en esa posición y su conchita sin nada
de vellos y totalmente enrojecida me excitó mucho. Mi sobrina tenía escasos y
pequeños vellos sólo en la parte superior de su sexo formando un pequeño
triángulo es por ello que desde atrás su sexo no tenía nada de vellos. Sin
perder tiempo la penetré suavemente al comienzo para terminar moviéndome cada
vez más rápido. Betsy no decía nada, aunque estaba mojada no sabía si ella había
alcanzado el orgasmo. Me vine sobre su espalda y nos quedamos tendidos largo
rato ambos boca abajo.


A los pocos días se presentó una nueva oportunidad que no
desaprovechamos. Estando en la cocina la agarré por detrás mientras ella lavaba
algo. Introduje una de mis manos por debajo de su polo y comencé a sobar sus
senos, ella seguía con lo que hacía sin inmutarse. Besé su cuello y mi otra mano
se metió en su buzo y haciendo a un lado su calzón busqué su sexo encontrándolo
ya mojado. Quise meter un dedo en su conchita pero ella no me dejó cerrando sus
piernas. Como ya estábamos ambos excitados le dije al oído: "preciosa, ¿vamos a
la cama?"; ella nunca respondía inmediatamente y a los pocos minutos me dice
"ya".


Yo la solté y mientras ella se secaba las manos le propongo:
"vamos a ver quien se desnuda primero" y me alejé corriendo en dirección al
dormitorio. Ella sonriente me alcanzó presurosa y metiéndose dentro de la cama
comenzó a quitarse la ropa rápidamente mientras yo también lo hacía. La dejé
ganar.


Esta vez luego de saborear sus jugos le indiqué a Betsy que
tomará mi pene con su mano, esta vez ella se esforzó en masturbarme mejor que la
última vez. Ella se alegró cuando vio en mi rostro el placer que me estaba
proporcionando. Quise avanzar más esta vez y le dije que pusiera mi pene en su
boca. Ella me miró sorprendida y empujándole suavemente tomó mi pene con su
boca. Es claro que lo hizo con suma torpeza pues me lastimó varias veces con los
dientes, traté de aguantarme para que no se sienta mal por su inexperiencia.
Pero Betsy vio en mi rostro que no estaba chupándomelo bien y volvió a
molestarse echándose y cubriéndose con las mantas.


Yo sonreía y le explique que no había problema, que ya
aprendería a hacerlo. Ella aún molesta me preguntó con algo de cólera: "¿mi tía
te hace eso?". Era la primera vez que mencionaba a su tía sexualmente hablando.
No supe qué responderle, pues no quise compararla y mucho menos lastimarla. No
le contesté nada y comencé a trabajar su cuello para que se le pase el
berrinche.


Cuando volvimos a estar excitados ambos le indiqué que se
coloque de cuatro patas (como comúnmente se dice) para comérmela desde atrás.
Antes de penetrarla pude apreciar su cintura y su trasero. Tenía una figura un
tanto infantil y no muy sexi que digamos pues como ya mencioné no tenía nada de
caderas aún, es decir, no tenía las curvas características del cuerpo de una
mujer.


Pero el morbo y esa sensación de lo prohibido que causaba el
que sea mi sobrina y encima una chiquilla pusieron más duro mi miembro.


Comencé a comérmela desde atrás mientras que con mis manos me
deleitaba con sus senos. Luego de un buen rato me vine en su espalda.
Descansamos un rato y luego de limpiarla nos pusimos a ver la TV aún desnudos y
en la cama.


Ella estaba con su cabeza sobre mi pecho mientras yo le
acariciaba el pelo. Ella juguetonamente tomó mi pene flácido y comenzó a
acariciarlo. Su caricias surtieron el efecto deseado y mi pene estaba listo otra
vez, pero Betsy no lo soltó y siguió moviendo su mano de arriba abajo. Sin
soltar mi miembro lo aprieta y sujetándolo desde la base lo sacude y me
pregunta: "¿ todo esto me entra?".


Yo me reí y le dije que habían más grandes y que mi pene era
de tamaño medio (16 cm). Ella me soltó y apegando su cuerpo hacia el mío jaló
uno de mis brazos diciéndome: "abrázame tío".


Me puse de costado y ella también; la abracé fuertemente pues
en ese instante sentí mucha ternura por mi sobrina. Le dije que sacase el
trasero y ella doblando su cuerpo apegó su trasero a mi pene. Sentí riquísimo y
con una de mis manos ubiqué mi pene en la entrada de su sexo para meterlo de
golpe sin dificultad pues ella estaba sumamente lubricada.


En esta posición estuve comiéndomela un buen rato mientras me
entretenía en sus senos y en su cuello. Noté que a mi sobrina ya le comenzó a
gustar lo que hacíamos y que lo disfrutaba bastante.


Me levanté y sin dejar que ella se mueva (seguía de costado y
con las piernas recogidas) me arrodillé para penetrarla en esta posición.
Comencé a comérmela otra vez, pero debido a la posición mi pene entraba hasta lo
más profundo de su vagina, haciéndome sentir mucho placer. En esta posición pude
sobarle los senos sin dificultad así como sus nalgas llegando a rozar su culito
casi accidentalmente.


Estábamos gozando como nunca pues Betsy estaba con los ojos
cerrados y la boca abierta, toda jadeante y con la cara roja de excitación. En
ese momento ella me sujeta de la cintura tratando de impedir que siga moviéndome
pero yo no dejé de hacerlo. Betsy me dice: "ya no tío, ya no, me voy a ...
orinar ...".


Supuse que mi sobrina estaba a punto de llegar a su primer
orgasmo y que no sabía distinguir esto de la sensación de orinar debido a su
inocencia y/o inexperiencia.


Esto me excito aún más y sin soltarla apresuré mis
movimientos diciéndole: "Preciosa, no te preocupes, no te vas a orinar es que
estás muy excitada y parece que te vas a orinar pero no vas a hacerlo".


Seguí comiéndomela con mayor frenesí y le dije: "No te
contengas preciosa, suéltate y grita si quieres". En ese momento noté como su
vagina sufría los espasmos propios del orgasmo femenino y sus músculos
aprisionaron mi pene llegando a sentir como fluían sus jugos; no pude contenerme
más y volteándola me vine sobre sus senos.


Betsy estaba muerta de placer y sumamente cansada al igual
que yo. Luego de limpiarla nos quedamos dormidos.


Todos estos encuentros sucedieron cuando estábamos solos mi
sobrina y yo y durante el día unas tres veces a la semana y por unos 6 meses. Ya
les contaré como mi sobrina demostró lo caliente que era cuando acepta tener
sexo conmigo por las noches mientras su tía dormía en la habitación contigua.


Si les gustó la historia escríbanme a
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO para que me
comenten su parecer. En base a sus comentarios dedicaré tiempo a continuarlo.


Agradezco a las muchachas que me escribieron pues veo que los
lectores no sólo son hombres. Invito a las chicas de cualquier edad que me
escriban indicándome que partes de mi relato les gustaron más. En base a sus
comentarios dedicaré más tiempo a continuar esta historia.


 

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Relato: Sobrina de 15 y su tío de 30 (real desde Peru) (2)
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