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Relato: Confesiones de una mujer casada (3)


 


Relato: Confesiones de una mujer casada (3)

  

Confesiones de una mujer casada (III).




Aquella tarde yo me había quedado sola en casa. Los niños
estaban en el colegio, y mi marido no volvería a casa hasta las ocho. Era la
ocasión que yo había estado esperando tanto.


Además, hacia tres o cuatro días que yo había acabado de
tener la regla, y por culpa de la regla hacia mas de una semana que mi marido no
me tocaba, y yo estaba como un yegua en celo, deseosa de que la monte un
semental potente y bien dotado…


Después de comer, nada más que los niños se fueron al
colegio, yo me metí en el cuarto de baño, me quite las bragas, me senté en el
bidet y me lave el chocho y el culo bien lavaditos. Luego me puse delante del
espejo y me pinte y me arregle un poquito. Después me fui a mi habitación, me
puse unas bragas limpias, me quite la batita que llevaba de estar por casa y me
puse un vestidito muy provocador que tengo, ajustadito y muy escotado, y no me
puse sujetador debajo, para que se me marcasen bien las tetas, y luego baje a la
calle a buscar al muchacho.


Estaba decidida a todo…


No tardo mucho en pasar por allí el chaval y por la manera de
mirarme los pechos yo supe en seguida que ese día el pobre andaba bastante mas
caliente de lo normal.


Disimuladamente, poco a poco yo me fui acercando a el y
cuando lo tuve delante de mí, mirándole a los ojos de esa manera que solo las
mujeres maduras y con experiencia sabemos mirar a los hombres hasta ponerlos
como un volcán, le pregunte melosa:


- ¡Oye guapo…! ¿Tú no me subirías… un cuartillo de leche… a
casa…?


En seguida el chiquillo se puso más rojo que un tomate.


- ¡Yo… yo… esque yo…!


- ¡Es aquí… aquí mismo… muy cerquita…! ¡Ya sabes…!


Le anime yo.


Por fin el chico me contesto nervioso:


- ¡Si… si señora… pero esque yo vengo ahora de hacer el
reparto… y no me queda gran cosa…!


Se notaba que el muchacho aun se acordaba de l que paso aquel
día en la portería de mi casa, y ahora estaba que se moría de vergüenza, pero
esta era la ocasión que yo había estado esperando tanto, y yo no podía dejar
escaparla así como así.


Entonces yo me arme de valor, me acerque un poquito más y le
solté en voz bajita:


- ¡Es igual tontito… yo la prefiero recién ordeñadita… y
mejor… si es e un becerrito tan hermoso… como tu…!


El pobre chaval se quedo con la boca abierta sin saber que
decir.


Sin esperar su contestación, yo me di la vuelta y empecé a
caminar despacito hacia mi casa.


Era la primera vez que yo me veía en una situación como esta
y estaba excitadísima y muy nerviosa, pero ya no podía ni quería volverme atrás.


De vez en cuando yo miraba para atrás con disimulo por el
rabillo del ojo, y llena e contento yo podía ver que el chiquillo me seguía como
un perrito.


A mi no hay cosa que me caliente mas en el mundo que ver a un
jovencito deseoso de "eso"… ya saben ustedes o que yo quiero decir… deseoso de
"meterla en caliente" como dice mi marido… y yo ya me estaba poniendo cachonda
solamente pensando en lo que iba a venir después…



Cuando yo llegue a la portería de mi casa, con toda la
picardía del mundo me entretuve un poquito en abrir la puerta, para parle tiempo
al muchacho de que pudiera llegar hasta allí, y cuando ví que el ya estaba
bastante cerca entre, dejando la puerta entreabierta, y le espere allí de pie.


Al poquito entro también el chaval y en seguida vi como
cerraba la puerta detrás de el. Entonces yo, sin decirle nada al chiquillo, me
di la vuelta, dándole la espalda, y me dirigí hacia las escaleras.


Pero aun no había puesto yo el pie en el primer escalón,
cuando el chico se acerco por detrás de mi y me abrazo con fuerza, apretando su…
bajo vientre… contra mi trasero.


- ¡Que buena esta "uste"… "seña" Amparo…!


Suspiro nervioso.


Aquello a mí me hizo mucha gracia, y llena de sorpresa yo le
conteste riendo:


- ¡Pero niño…! ¿Como vas…?


Aunque la verdad es que a mi no me hacia ninguna falta que el
muchacho me dijera nada, porque yo ya sabia muy bien por experiencia que es lo
que le pasaba, porque no tarde mucho en notar un bulto duro y de buen tamaño en
su entrepierna que se metía justamente entre mis dos grandes nalgas, pero por
encima de la ropa.


Y por experiencia a mi no me fue muy difícil imaginar que era
aquello, y un escalofrio de gusto me corrió por todo el cuerpo, y tuve que
morderme los labios para no soltar un gritito de alegría.


Y les prometo a ustedes que en aquellos momentos a mi me
entraron unas ganas tremendas de darme la vuelta para poder tocarle al chaval
aquel bulto que a mi me tenia tan obsesionada, pero me aguate las ganas y no lo
hice, para no asustar al chiquillo con una reacción mía demasiado fogosa.


Disimuladamente yo aguante todo lo que pude aquella
situación, para que el chiquillo pudiera disfrutar un poquito, y durante un buen
ratito el muy sinvergüenza estuvo restregándome "el paquete" por todo el culo.


Mientras tanto yo con los ojos cerrados me dejaba hacer
contenta, y me imaginaba como seria aquello que el chico me estaba restregando,
y el gustito tan grande que me iba a dar cuando me lo metiera dentro.


Pero no se acabo ahí la cosa…


Porque al ver que yo le dejaba hacer y que no le decía nada,
el muchacho aun se atrevió a más. Me paso las manos por debajo de los brazos, me
cogió las tetas y empezó a sóbramelas y a apretármelas con glotonería. Se puso
"morao" de tanto tocarme, y a mi me puso mas caliente que una brasa.


¡Madre mía… que cachonda me puse en un momento…!


Entre los manoseos que me daba por delante, y los restregones
que me daba por detrás, me estaba poniendo mala por momentos, y yo ya empezaba a
sentir un picor muy fuerte entre los muslos, y ya no quise esperarme más.


Rápidamente yo me lo quite e encima, le cogí de un brazo y le
dije:


- ¡Anda nene… vámonos… vámonos para arriba… no nos vaya a ver
algún vecino…!


Y diciendo esto, comenzamos los dos a subir las escaleras.



Mientras íbamos subiendo el muchacho no paraba de tocarme el
trasero y de meter sus manazas por mi entreabierto escote, y o paro hasta que
consiguió sacarme los dos pechos fuera del vestido.


-¡Pero nene… espera un poquito… que lleguemos arriba…!


Le reñí yo cariñosa.


Como contestación el chaval se abrazo a mi, me metió la
cabeza entre mis dos grandes tetas y empezó a besármelas y a chupármelas como un
loco, mostrándome así su tremenda calentura.


Aquellos chupetones a mi me pusieron en seguida los pezones
tiesos y duros como piedras, y yo ya no pude resistirme mas.


Cuando llegamos a la oscuridad de un descansillo, yo me
arrime a un rincón y apoyando la espalda contra la pared, abrace al chiquillo
contra mí y empezamos los dos a besarnos como locos.


¡Madre mía… que calientes nos pusimos allí los dos…!


Hacia mucho tiempo que a mi no me besaban así, con tanta
pasión y con tantas ganas, creo que desde que yo tenia novios y veían a "pelar
la pava" en la escalera de mi casa.


Mientras nos besábamos el chiquillo me tocaba los pechos
nervioso, y echándole los dos brazos al cuello, yo me los dejaba tocar contenta,
y me apretaba mas contra el y le restregaba el chocho por todo el bulto de su
polla.


Y tengo que reconocer que en esos momentos yo estaba
disfrutando como una loca, pero la verdad es que yo me moría de ganas por
tocarle el bulto de su bragueta, y cuando el chico me metió una mano por debajo
el vestido y empezó a tocarme las nalgas por encima de las bragas, yo pensé que
ya había llegado el momento.


Con disimulo, poco a poco yo fui bajando una mano y le toque
el bulto de la entrepierna.


¡Madre mía… estaba empalmadísimo…!


Ansiosa yo baje la cremallera para abajo, le metí una mano
dentro del pantalón y le saque la polla fuera.


¡Hala…! ¡Es enorme…! ¡Debe ser el doble que la de mi marido…!


Pensé yo llena de sorpresa.


¡Madre mía… que pedazo de pepino tenia aquel muchacho…!


La verdad es que allí en la oscuridad yo no podía vérsela
bien, pero sin poder creérmelo yo se la palpaba llena de curiosidad con las dos
manos y se notaba que era enorme, de gorda y de larga, y la tenia tan dura,
caliente y empinada, que yo no me pude aguantar.


Me puse de rodillas delante de el… me la metí en la boca… y
empecé a chupársela con todas mis ganas…


Yo se que mi marido no sabe resistirse cuando yo le hago una
buena "mamada", y muchas veces, cuando tengo ganas de que mi marido me folle, yo
se la chupo un poquito para ponerlo caliente, además, eso a mi no me molesta, al
contrario, me gusta mucho chupársela, pero hacia mucho tiempo que yo no se la
chupaba a ningún hombre que no fuera mi marido, y al sentir aquella polla joven,
tan gorda y tan dura, resbalándome entre los labios, fue tan fuerte mi gusto y
mi emoción que en seguida sentí como se me abría el chocho como si fuera un
flor, y como se me mojaban las bragas.


Mientras tanto el muchacho se dejaba hace y suspiraba por el
gustito que yo le estaba dando. El pobre estaba tan caliente que si yo hubiera
seguido chupándosela seguramente se hubiera corrido allí mismo, en el
descansillo, pero en esos momentos oímos que alguien subía por las escaleras.


Rápidamente yo me saque la polla de la boca y me puse de pie,
y luego el chaval con la polla toda tiesa fuera el pantalón y yo con las dos
tetas fuera del vestido, subimos aprisita los pocos escalones que faltaban para
llegar a mi casa.


Un portazo feliz nos dio por fin la tranquilidad que los dos
estábamos necesitando, lo demás fue… "coser y cantar"…



Nada mas cerrar la puerta de mi casa, nos abrazamos los dos
ansiosos, y mientras íbamos por el pasillo hacia el comedor, empezamos a
desnudarnos el uno al otro, sin dejar de besarnos y de tocarnos por todas
partes, mostrándome así el muchacho las ganas que tenía de estar conmigo y yo
también las ganas que tenia de estar con el.


La verdad es que para mi fueron los mejores momentos de toda
la tarde y yo me puse cachondisima con aquellas maniobras.


Cuando llegamos al comedor de mi casa, mientras yo le quitaba
la camisa al chaval, poco a poco el me fue subiendo el vestido a mi y me lo saco
por arriba, por la cabeza, dejándome solo con las bragas puestas. Luego me cogió
las bragas con las dos manos y empezó a bajármelas.


Esto le costo un poquito mas, por una parte porque el
chiquillo estaba muy nervioso en esos momentos, y por otra porque yo tenia las
bragas empapadas y estaban metidas y pegadas a la raja del chocho.


Entonces yo quise ayudarle un poquito, y disimuladamente abrí
un poco mas las piernas, para que el chico pudiera quitármelas, y en seguida el
me las bajo, dejándome con… todo… al aire…


Cuando el muchacho me quito las bragas en seguida se noto en
toda la habitación un olorcito a chocho de mujer, y esos momentos para mi fueron
un poco delicados, porque eso a mi me dio un poco de vergüenza


Porque yo soy una mujer muy limpia, pero en esos momentos
estaba tan cachonda que tenia el chocho muy mojado, y eso una mujer no lo puede
evitar… ya saben ustedes lo que yo quiero decir, sobre todo si ustedes son
mujeres…


Porque cuando las mujeres estamos cachondas, o sea, cuando
las mujeres tenemos ganas de que los hombres nos metan la polla en el chocho y
nos follen para que nos den gustito al chocho, a nosotras se nos abre el chocho
y se nos moja todo con un liquidito transparente, espesito y muy oloroso… el
flujo como decimos las mujeres…


Y ese liquidito hace que a nosotras se nos ponga el chocho a
punto para que los hombres puedan meternos la polla dentro. Es como si nosotras
mismas nos hubiéramos puesto vaselina en el chocho. Así la polla de los hombres
resbala bien, y los hombres pueden meternos la polla en el chocho fácilmente y
sin hacernos daño para poder follarnos.


Y luego cuando los hombres nos follan, o sea, cuando los
hombres nos meten y nos sacan la polla del chocho sin parar para darle gustito a
su polla, la polla también resbala bien, y los hombres pueden meternos y
sacarnos la polla del chocho fácilmente y sin hacernos daño, así los hombres le
dan gustito a su polla y al mismo tiempo nos dan gustito al chocho a nosotras
también.


Yo ya se que los hombres maduros y con experiencia ya saben
todas estas cosas de las mujeres, pero como aquel chaval era tan joven, yo no
sabia si el ya las sabia también.


Además, yo se que a mi marido ese olorcito le pone muy
caliente y también se que a muchos hombres eso les gusta, porque me lo cuentan
mis amigas cuando hablamos de esas cosas, igual que a muchas mujeres les gusta y
les pone cachondas el olorcito que hace la leche de los hombres, aunque ellas no
lo digan porque les da vergüenza... pero como yo no conocía al chiquillo yo no
sabia si a el eso le gustaría o si le daría asco.


Con disimulo yo le mire a la cara al chico para ver como
reaccionaba, y en seguida pude ver que el no decía nada.


¡O no lo ha notado… o si que lo ha notado y le da igual…!


Pensé yo, y después de eso yo ya me quede un poco mas
tranquila,


Y tan pronto se me paso a mí el apuro y la vergüenza del
primer momento, en seguida yo reaccione, y poniéndome las dos manos en la
cintura mire al muchacho y le pregunte meneando las caderas de una manera muy
provocadora:


- ¿Qué… te gusta lo que estas viendo…? ¿Es… esto lo que te
esperabas… o te has quedado "despagao"…?


El chaval no me contesto, y por unos momentos se quedo
mirándome mis grandes pechos y mi peludo chocho con unos ojos como platos. Me
comía con la mirada. Se notaba que el pobre no podía creerse todo lo que estaba
viendo.


Luego, cuando se recupero de la sorpresa, se abrazo a mí y
empezó a besarme y a tocarme por todas partes, diciéndome "cosas bonitas" al
oído:


- ¡Pero que buenorra esta "seña" Amparo… que tetorras y que
culazo tiene…! ¡Es "uste" una jamona… una hembra de categoría…!


Y yo lo abrazaba contra mí y le devolvía con gusto sus besos,
mientras sentía su dura polla golpeándome los muslos y el bajo vientre.


Yo ya se que no eran unos piropos muy "finos", pero yo estaba
tan cachonda que a mi me gustaban y me calentaban muchísimo, y en seguida yo me
puse también como loca.


Deseosa de verlo yo también a el desnudo del todo, mientras
el chiquillo me sobaba a mi yo poco a poco le desabroche los panzones y se los
deje caer al suelo, luego le cogí los calzoncillos y se los baje, y en un
momento nos quedamos los dos como nuestras madres nos trajeron al mundo… ya sabe
ustedes lo que yo quiero decir… nos quedamos los dos completamente desnudos…


Por unos momentos nos quedamos los dos allí de pie, desnudos,
el uno frente al otro, mirándonos si saber por donde empezar…


Los ojos del chico recorrían todo mi cuerpo de arriba abajo y
de abajo arriba sin saber a donde mirar primero, mientras yo no podía apartar
los míos de su hermosa polla, que daba saltitos en el aire completamente
encabritada.


Ahora, a la luz del día, si que podía vérsela bien…


¡Madre mía… que instrumento mas grande tenia aquel muchacho…!


Era una polla enorme, mucho más grande que la de mi marido,
con una cabezota aun sin descapullar, y con dos huevazos redondos y gordísimos
que colgaban pesadamente dentro de su peluda bolsa, bien llenitos de leche.


¡Madre mía… es enorme…! ¡Tan grande, tan gorda y tan dura… no
se si a mi me cabra todo eso…!


Pensaba yo mirándole la polla.


Y aunque a mi me dio un poquito de impresión cuando le vi la
polla al muchacho por lo grande que era, la verdad es que a mi no me dio ningún
miedo, sino todo lo contrario, mirándole la polla a mi me entraron unas ganas
tremendas de sentirla toda dentro, y se me hacia la boca agua pensando en el
gustito que iba darme cuando me la metiera.


La verdad es que para mí estos fueron unos momentos muy
emocionantes, pero se notaba que el chaval estaba muy caliente, porque ya no
pudo aguantarse más.


Rápidamente el chiquillo se abrazo otra vez a mi, se cogió la
polla con una mano empezó a restregármela por entre los muslos, buscándome la
raja el chocho. El pobre estaba tan caliente que quería metérmela allí mismo, de
pie en el comedor, y aunque yo también tenia tantas ganas de que me la metiera
como el, porque yo ya estaba cachonda del todo, yo no le deje que lo hiciera.


Porque se notaba que el chiquillo estaba muy nervioso en esos
momentos, y yo sabia muy bien por experiencia que si me la metía ahora
seguramente se correría en seguida, dejándome a mí a medias, y yo no quería que
esto se acabara así.


Y yo reaccione en seguida.


Disimuladamente, poco a poco yo me fui dejando caer sentada
en el sofá, le cogí l polla al chico con las dos manos y se la acaricie un
poquito. La tenia durísima y muy caliente.


- ¡Uuuyyy… pobrecito mió… como estas…!


Le susurraba yo mimosa acariciándole la polla.


- ¿Y… te duelen…? ¿Te duele mucho… verdad…?


Le pregunte después, tocándole y apretándole los huevos sin
dejar de acariciarle la polla.


- ¡Si… si señora…!


Me contesto el.


- ¡Pues ahora veras…! ¡Ahora verás lo que voy a hacerte…!
¡Ahora mismo voy a sacarte toda la… eso… que llevas ahí dentro… y verás… verás
que a agustito te quedas…!


Le dije yo llana de contento.


Y diciendo esto, yo me acerque la polla del muchacho hacia
mí, me la puse entre mis dos grandes tetas y apretándomelas con las dos manos,
empecé a meneársela, moviendo los pechos arriba y abajo y haciendo que su dura
polla resbalara por el profundo canalillo que yo tengo entre mis dos hermosas
tetas.


El chaval se dejaba hacer y suspiraba con los ojos cerrados
por el gustito que yo le estaba dando.


- ¿Te gusta… eh… pillín…?


Le preguntaba yo melosa.


Pero el no decía nada.


De repente el chiquillo empezó a agitarse y a suspirar, y por
la punta de su polla comenzaron a salir grandes chorretones blancos que me
regaron los pechos y la cara con una sustancia caliente y espesa que yo ya
conocía muy bien… ya saben ustedes lo que yo quiero decir…


¡Madre mía… que cantidad de leche soltó…! ¡Dos… tres… hasta
cuatro o cinco chorros seguidos…! ¡Parecía un volcán…!


A mi me gusta mucho ver como se corren los hombres, como les
sale la leche por la polla, me acostumbre a verlo cuando se la meneaba a mis
novios y eso a mi me ponía muy cachonda.


Además, como yo sabia que los hombres echaban la leche justo
en el momento que les viene el gustito, así yo también podía estar segura de que
mis novios habían disfrutado con lo que yo les había hecho.


Y ahora de casada aun me sigue gustando y aun me sigue
poniendo muy cachonda.


Poco a poco el chico se fue calmando.


- ¿Estas bien cariño…? ¿Ya la has soltado… toda…?


Le pregunte cariñosa.


Sin decir nada el muchacho me contesto que si con la cabeza.


Contenta y golosa, mientras me limpiaba las tetas y la cara
con mis bragas, yo relamí las gotitas que me habían caído cerca de los labios, y
una vez calmada la primera fogosidad del jovencito me lo lleve a mi habitación.


- ¡Anda nene… ven… ven conmigo…!



Cuando entramos en mi cuarto y el muchacho vio la cama de
matrimonio, en seguida se debió imaginar que es lo que íbamos a hacer allí los
dos, y se volvió otra vez hacia mí, buscándome los pechos.


- ¡Traquino… nene… tranquilo…! ¡Anda… déjame… déjame a mi…!


Le dije yo cariñosa.


Y diciendo esto, yo aparte la colcha de la cama y acosté al
chaval boca arriba en mitad de la cama, luego me senté a su lado y empecé a
darle besitos y a restregarle los pechos por todo el cuerpo.


- ¡Así nene… así…! ¡Descansa… descansa un poquito… que ahora
te toca a ti… ahora te toca darme… gustito… tu a mi…!


Le susurraba yo mimosa.


Como ustedes pueden imaginarse lo que yo quería en esos
momentos era ponerle otra vez la polla dura al chiquillo para que pudiera
metérmela en el chocho y pudiera follarme, porque yo ya estaba cachonda perdida,
y ya tenia el chocho como un horno, pero eso a mi no me preocupaba mucho, porque
yo ya sabia muy bien por experiencia que los hombres jóvenes tardaban muy poco
en recuperarse.


Al ratito el chico empezó a suspirar despacito y en seguida
yo vi que se le estaba empezando a empinar la polla otra vez.


Loca de contento yo alargue una mano, le cogí la polla al
muchacho y empecé a meneársela despacito arriba y abajo.


Mi mano movía arriba y abajo la piel de la polla,
descubriendo y volviendo a cubrir con cada meneo la morada cabezota de la punta,
y yo la miraba embobada sin poder apartar mis ojos de aquella hermosura.


Y sin poder aguantarme mas, aprovechándome de que el chaval
estaba acostado boca arriba y no podía ver lo que hacia yo con la otra mano, de
vez en cuando yo bajaba la mano con disimulo, me la metía entre los muslos y me
acariciaba el chocho con los dedos, para darle un poco de gustito a mi chocho y
calmar un poquito el picor tan grande que sentía por dentro, mientras esperaba
el momento de que el chaval tuviera la polla a punto para poder metérmela y
poder follarme.


- ¡Caray… que duros y llenos los llevas aun… pillín…!


Le susurraba yo melosa, tocándole y apretándole los huevos
sin dejar de menearle la polla.


El continuo vaivén de mi mano pronto hizo su efecto, y la
polla del chiquillo se puso otra vez tiesa y dura como la pata de una silla.
Entonces yo empecé a meneársela mas aprisa, para ponérsela bien dura y a punto
para que pudiera metérmela.


En esos momentos yo sentí como el chico metía una mano por
entre mis dos muslos, me apartaba los pelos del chocho y me lo acariciaba con
los dedos.


Entonces yo, sin ningún disimulo ya, me abrí de piernas para
que el muchacho pudiera tocarme el chocho mejor, suspirando con fuerza:


- ¡Siii cariño… siii…! ¡Cójelo… cojéemelo todo… que es todo
para tiii…!


Entonces el chaval, al ver que yo le dejaba hacer, se
envalentono y aun se atrevió a más.


Me metió dos dedos entro del chocho y empezó a restregármelos
arriba y abajo por toda la raja, rozándome la entrada del agujero y el
"botoncito del gustito" de las mujeres… ya saben ustedes lo que yo quiero decir…
ese "pivotito" de carne que todas las mujeres tenemos en el chocho y que nos da
mucho gustito cuando nos lo tocan, la "pepitilla" como la llaman mis amigas…


Y aquello ya fue demasiado…


El chiquillo me tocaba el chocho a mi mientras yo le meneaba
la polla a el, era igual a como yo me lo había imaginado por las noches a solas
en mi cama.


Pero aunque la verdad es que el chico estaba dándome mucho
gustito al chocho con los dedos, yo no quería correrme así. Mi chocho palpitaba
como un corazón, se abría y se cerraba como si estuviera pidiendo una polla,
necesitaba que el muchacho me la metiera y cuanto antes mejor.



Sin poder aguantarme mas, rápidamente yo le solté la polla al
muchacho y me puse de pie, luego me aparte un poquito de la cama, me volví otra
vez hacia el y le pedí nerviosa:


-¡Anda nene… ven… ven aquí…!


Sin decir nada, en seguida el chaval se levanto y vino hasta
donde yo estaba, quedándose de pie delante de mí con la polla toda gorda y tiesa
colgándole entre las piernas, a punto para metérmela a punto para follarme.


Yo estaba loquita de ganas de que me la metiera y sin poder
disimular se la miraba toda ansiosa.


¡Madre mía… que grande…! ¡No se si me entrara… es tan
grande…!


Pensaba yo mirándosela.


Y mientras tanto yo iba pensando aprisita en como podía
ponerme para que el chiquillo pudiera meterme la polla en el chocho fácilmente y
sin hacerme daño para poder follarme.


No es que a mi me diera miedo la polla del chiquillo, porque
yo ya era una mujer madura y con experiencia, con un chocho ancho y profundo, y
a mi ya me habían metido pollas tan grandes como aquella, pero yo tenía que
tener un poquito de cuidado, porque se notaba que el chico estaba muy nervioso
en esos momentos y yo sabia muy bien por experiencia que cuando llegara el
momento de metérmela seguramente me la metería aprisa y corriendo, y como la
tenia tan grande podía hacerme daño sin querer.


Rápidamente lo decidí…


Lo mejor seria que el muchacho me la metiera por detrás,
porque yo sabia muy bien por experiencia que en esa posición yo podría controlar
mejor los movimientos del chaval… ya saben ustedes lo que yo quiero decir, sobre
todo si ustedes son mujeres…


Quiero decir que en esa posición yo estaría mas libre para
poder moverme, porque no tendría que aguantar todo el peso del chiquillo encima
de mi, y podría apartarme un poquito si el chico me lo hacia demasiado rápido o
demasiado fuerte y me hacia daño con sus metidas.


Además, así yo podría apoyarme bien en la cama para recibir
mejor sus embestidas.


Sin querer esperarme mas, allí mismo donde estábamos los dos
de pie al lado de la cama, yo me di la vuelta, dándole la espalda al muchacho,
luego me incline hacia delante y apoyando las dos manos encima de la cama, le
ofrecí todo mi hermoso culazo en pompa, para que el chaval pudiera metérmela
así, por detrás, pidiéndole melosa:


- ¡Anda corazón… ven… ven aquí y dámela…! ¡Aquí… aquí mismo…
así… dámela así… por detrás… pero dámela ya… que me tienes loquita de ganas…!


Sin que yo tuviera que pedírselo dos veces, en seguida el
chiquillo se acerco y se puso detrás de mí, luego me abrió las nalgas con las
dos manos y se arrimó un poquito más a mí, colocó la hinchada cabezota de su
polla entre los grandes labios de mi chocho y apretó con fuerza…


En seguida yo sentí como me entraba la gruesa cabezota… como
yo estaba tan mojada, el chico pudo metérmela fácilmente, a pesar de su tremendo
grosor…


¡Aaahhh… siii… se que me entraaa…!


Pensé yo contenta.


Y sentí como me entraba detrás todo lo demás, arrastrándome
para adentro los labios del chocho, ensanchándome la raja y llenándomela toda… y
como salía… y como entraba otra vez, cada vez mas hondo y con mas fuerza…


¡Madre mía… que gustito mas bueno…!


- ¡Uuuyyy… no metas tanta ladrón… que me matas…!


Me queje yo mimosa, mas de gusto que de otra cosa, apretando
las nalgas y removiendo el culo.


- ¿Le hago daño señora…? ¿Quiere… quiere "uste" que se la
saque… un poquito…?


Me pregunto el muchacho dejando de moverse, asustado por mis
fuertes suspiros.


Y aquello a mí me hizo mucha gracia, y en seguida yo le
conteste riendo:


- ¡No tontito… no… sigue… sigue que lo haces muy bien…!


Entonces el chaval empezó a moverse otra vez, pero esta vez
yo note como lo hizo con más cuidado.


Agradecida y contenta por el detalle yo me volví sonriendo y
le mire a la cara para agradecérselo, y entonces pude ver la fuerza que hacia el
pobre al empujar para poder metérmela.


Entonces yo también quise ayudarle un poquito, y empecé a
moverme o también… empecé a remover el culo y las caderas para hacerle mas fácil
la "faenita del encajamiento"… ya saben ustedes lo que yo quiero decir…


- ¡Así nene… así… muy bien…! ¿Ves… ves que bien…? ¡Ya va
entrando… ya va entrando toda dentro…!


Le animaba yo melosa, sin dejar de mover el culo y las
caderas.


Cuando el chiquillo consiguió meterme toda la polla dentro,
yo por experiencia lo supe en seguida, sin necesidad de tener que volverme para
mirársela, porque note como sus gordos huevos chocaban contra mis nalgas.


¡Madre mía… que impresión…! ¡Nunca me había sentido tan llena
de polla…!


Entonces yo ya me relaje, mucho mas tranquila… bueno, mucho
mas tranquila… contenta… y… orgullosa…


Tranquila porque ya tenia toda la polla del chico dentro…
contenta porque no me había hecho ningún daño para metérmela… y orgullosa porque
yo había sido capaz de recibir toda aquella hermosura de polla, toda enterita,
dentro de mi chocho…


Por unos momentos el muchacho se quedo quieto, parecía como
si se estuviera recuperando del esfuerzo que había hecho.


Yo le dejé descansar un poquito, y luego le pregunte mimosa:


- ¿Ya cariño…? ¿Ya la tienes… toda… dentro…?


- ¡Uuufff… si… si señora…!


Me contesto el chaval resoplando como un caballo.


Y aquello a mi me hizo mucha gracia, pero yo me aguante y no
me reí, para que el chiquillo no pensara que me estaba riendo de el.


- ¡Bien cariño… pues ahora… empieza a moverte…! ¡Muévete…
muévete adelante y atrás… pero hazlo despacito… para que nos de mas… gustito… a
los dos…!


Le pedí melosa.


Entonces el chico me soltó las nalgas, me cogió por las
caderas y empezó a moverse… empezó a moverse adelante y atrás, metiéndome y
sacándome la polla del chocho sin parar, para darle gustito a su polla.


- ¡Floooppp… floooppp… floooppp… floooppp… floooppp…!


¡Madre mía… que gustito mas rico…!


Al principio el muchacho lo hizo despacito, como yo se lo
había pedido, pero poco a poco se fue emocionando y empezó a hacérmelo cada vez
más aprisa, haciendo que mis grandes pechos se balancearan al compás de sus
empujones.


- ¡Floooppp… floooppp… floooppp… floooppp… floooppp…!


Y aunque la verdad es que en aquellos momentos yo estaba en
la gloria, yo tenia miedo de que el chaval se corriera demasiado pronto, y al
poco le pedí mimosa:


- ¡Tranquilo nene… tranquilo…! ¡No corras… no tengas prisa…
que te correrás en seguida…!


Pero el pobre chiquillo estaba tan caliente, que ahora que ya
tenía su polla bien metidita en el chocho de una mujer, ya no podía parar de
moverse por nada del mundo ni podía oír a nadie.


La verdad es que se notaba que el chico no tenia mucha
experiencia en esto, y eso una mujer madura y con experiencia lo nota en
seguida…


Porque al fin y al cabo a las mujeres todos los hombres nos
tocan lo mismo y todos los hombres nos follan igual… nos meten y nos sacan la
polla el chocho sin parar para darle gustito a su polla… pero los hombres
maduros y con experiencia lo hacen despacito, para que nos de tiempo a nosotras
de que nos venga el gustito y también podamos disfrutar, y en cambio los hombres
jóvenes lo hacen todo aprisa y corriendo, pensando solo en su propio gusto.


Y la verdad es que en aquellos momentos a mi me hubiera
gustado decirle como tenia que hacérmelo, pero el muchacho me estaba dando tanto
gustito al chocho con su polla sin darse cuenta, que yo ya no le dije nada mas,
cerré los ojos y me puse a disfrutar de aquel rico mete y saca.


- ¡Floooppp… floooppp… floooppp… floooppp… floooppp…!


¡Madre mía… que gustito mas grande…!


Pero aquello no duro mucho…


Porque aquella polla era tan gorda que con sus entradas y
salidas me rozaba con fuerza las paredes del chocho, y aunque yo no quería
correrme tan pronto, como yo estaba tan cachonda no pude aguantar mucho, y a las
pocas metidas me vino el gusto y me corrí por primera vez.


- ¡Asiii nene… asiii…! ¡Sigue… sigue…! ¡No te pares… no te
pares ahora… por lo que mas quieras…! ¡Sigue… sigue…! ¡Que me viene… que me
viene yaaa…! ¡Siii… siii…! ¡Asiii… asiii…! ¡Aaahhh… aaahhh…!
AAAAAAHHHHHHHHHHHH…! ¡AAAAAAOOOOOOUUUUUUFFFFFFSSSSSS…!


¡Madre mía… que gusto…!


Fue tan fuerte que me temblaron las piernas, y menos mal que
el chaval me tenia bien cogida por las caderas, porque yo tuve que cogerme muy
bien a la cama paro no caerme al suelo.


El chiquillo no me soltó, como ya se había corrido una vez el
aun aguantó un ratito mas y siguió follándome cada vez mas aprisa, buscando su
propio gusto.


Me la metía y me la sacaba sin parar, dándome de vez en
cuando unas metidas tremendas, y aunque yo ya había acabado y ya me había
corrido, yo con el culo en pompa me dejaba hacer, para que el también pudiera
acabar y pudiera correrse, y lo recibía contenta, porque la verdad es que a mi
hacia mucho tiempo que no me lo hacían así, con tanta pasión y con tantas ganas.


Además, el chico me había dado mucho gustito al chocho con su
polla, pero la verdad es que a mi me había venido muy pronto y yo aun no estaba
cansada, y aunque a mi me da un poco de vergüenza decirlo, yo quería mas…


Como el muchacho aun no se había corrido y seguía follándome,
yo quería aprovecharme de eso, quería aprovecharme de su fuerza y de su
juventud, y quería que siguiera follándome y dándome gustito al chocho para ver
si yo podía correrme otra vez antes de que el acabara y se corriera.


- ¡Así nene… así…! ¡Empuja… empuja fuerte… bien adentro…!


Le animaba yo melosa.


Durante un buen ratito en la habitación solo se oyeron los
ruiditos que hacia la cama…


- ¡Riiiiiiccc… riiiiiiccc… riiiiiiccc… riiiiiiccc…
riiiiiiccc…!


los ruiditos que hacia la polla del chaval entrando y
saliendo de mi chocho…


- ¡Floooppp… floooppp… floooppp… floooppp… floooppp…!


y los suspiros de gusto que dábamos los dos…


- ¡Ahhh…! ¡Ahhh…! ¡Oooiii…! ¡Ahhh…! ¡Ahhh…! ¡Hummmnnn...!


Y la verdad es que yo tengo que reconocer que yo estaba
disfrutando como una loca, pero por los suspiros que daba el chiquillo se notaba
que el también estaba disfrutando tanto como yo.


¡Madre mía… que a gusto me estaba follando el muy
sinvergüenza…!


El chico no tendría mucha experiencia en esto, pero con su
fuerza y su juventud no se cansaba nunca, parecía una maquinita de follar.


De repente el muchacho dejo de moverse, se paro en seco y
empezó a decir nervioso:


- ¡Sáquesela "seña" Amparo… sáquesela… sáquesela "uste"… que
me sale… que me sale… que me sale yaaa…!


Y aquello a mi me hizo mucha gracia, porque yo ya sabia muy
bien porque me lo decía.


Se notaba que el chaval solamente había follado con chicas de
su edad, y seguramente ellas siempre le pedían que les sacara la polla fuera del
chocho antes de correrse y que se corriera fuera, igual como hacia yo cuando
follaba con mis novios, y ahora me avisaba a mi de que ya estaba apunto de
correrse.


Pero eso a mi no me importaba, porque no había ningún peligro
de que el chiquillo pudiera dejarme embarazada, porque yo tomaba pastillas para
no quedarme embarazada desde que nació mi hijo pequeño.


Además, aunque la verdad es que antes de que el chico
empezara a follarme yo ya había pensado que cuando el estuviera a punto de
correrse yo le pediría que me sacara la polla fuera del chocho y se corriera
fuera, aunque solo fuera por respeto a mi marido, que era el único hombre que se
había corrido dentro de mi chocho en toda mi vida, en esos momentos a mi me daba
igual que el muchacho me echara la leche dentro, aunque el no fuera mi marido,
porque en esos momentos a mi también estaba a punto de venirme el gustito y yo
no hubiese querido que me sacara la polla del chocho por nada del mundo.


Deseosa de correrme yo también y loquita por que no me sacara
la polla del chocho, yo le pedí desesperadita:


- ¡Sigue nene… sigue…! ¡No la saques… no tengas miedo… puedes
echarla dentro…. Que no hay peligro…! ¡Sigue… sigue… córrete… córrete dentro…
pero no pares…!


Entonces el chaval empezó a moverse otra vez, me dio unas
cuantas metidas más rápidas y profundas y en seguida sentí como se corría,
bufando como un toro y soltando toda su leche a borbotones dentro de mi chocho.


Con su caliente descarga y con sus profundas metidas finales
a mi me vino otra vez el gusto, y de una manera mucho mas fuerte que la primera,
y yo me corrí dando culadas para atrás y suspirando como una loca.


- ¡Sigue nene… sigue…! ¡Asiii… asiii…! ¡Dámela… dámela toda…
dámela toda dentro mi amor…! ¡Sigue… sigue…! ¡Asiii… asiii…! ¡Ooohhh… me viene…
me viene… me viene otra vez…! ¡Siii… siii…! ¡Oh… oh…! ¡Ooohhh… ooohhh…
OOOOOOHHHHHHHHHHHH…! ¡OOOOOOHHHHHHUUUUUU…!


¡Madre mía… que gusto…!


Fue tremendo. Me quede medio atontada y flojísima. Ahora si
que me había quedado satisfecha y contenta de verdad.



Cuando todo acabo, caímos los dos cansados encima de la cama,
y durante un buen ratito nos quedamos así, quietos en la misma posición…


Yo acostada boca abajo, atravesada en mitad de la cama y con
las piernas abiertas, y el muchacho encima de mí, con la cabeza apoyada en mi
espalda y con su gorda polla aun metida entre mis dos nalgas.


Poco a poco se le fue aflojando la polla al chaval, perdiendo
su dureza y su grosor, hasta que yo sentí como resbalaba y se me salía del
chocho, pingándome las nalgas y los muslos de leche. Entonces el chiquillo se
bajo de mí y se tumbo a mi lado en la cama.


Rápidamente yo me puse una mano entre los muslos para no
manchar las sabanas, luego me levante y me fui al cuarto de baño a lavarme.



Mientras iba caminando desnuda por el pasillo hacia el cuarto
de baño, yo notaba como la leche del muchacho se me salía del chocho y me bajaba
por los muslos, y tapándome el chocho con una mano y sujetándome los pechos con
la otra, yo caminaba mas aprisita, apretando las piernas y dando pasos cortitos,
y aquello a mi me hacia mucha gracia y yo iba riendo toda contenta y divertida
porque parecía una japonesita.


Cuando entre en el cuarto de baño rápidamente me senté en el
bidet, luego me quite la mano del chocho, toda pringadita de leche, abrí los
muslos y me mire el chocho llena de curiosidad.


El chaval acababa de follarme hacia solo unos momentos, y yo
pude ver que yo aun tenia los labios del chocho rojos, hinchados y abiertos, y
también pude ver como me salía del chocho toda la leche que el chiquillo me
había echado dentro y caía en el suelo del bidet a grandes goterones.


¡Madre mía… si que se ha desfogado a gusto el muy
sinvergüenza…! ¡Vaya que sí…! ¡Que barbaridad… que cantidad de leche me ha
echado…! ¡Si me ha echado más leche que mi marido…!


Pensé yo mirándome el chocho y mordiéndome lo labios para que
no se me escapara un gritito de sorpresa y que no me oyera el chico desde la
habitación.


Como ya les he contado antes, a mi me gusta mucho ver como se
corren los hombres, como les sale la leche por la polla, me pone muy cachonda.


Y cuando mi marido me folla y se corre dentro, luego cuando
voy a lavarme, me gusta mirarme el chocho para ver como me sale toda la leche
que me ha echado, así es como si pudiera ver como se corre.


Además, así yo también puedo estar segura de que mi marido ha
disfrutado follando conmigo. Y por eso a mi no me gustan los condones.


Luego, una vez satisfecha mi curiosidad, yo me di cuenta de
otra cosa, y es que me estaba meando. Con todos los nervios que yo había pasado
esa tarde tenía el "globito" lleno, estaba a punto de reventar.


Y sin querer esperarme mas, allí mismo donde yo estaba
sentada en el bidet, ya no me aguante mas y solté un chorro de pipi enorme.


- ¡Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisssssssssssshhhhhhhhhhhh…!


¡Madre mía… que a gusto me quede…!


Fue una meada tan grande que en seguida pude ver como
arrastraba toda la leche del muchacho que había caído el bidet por el agujero
del desagüe


Después, ya más calmada y tranquila, yo abrí el grifo del
agua y empecé a lavarme el chocho, el culo y los muslos bien lavaditos.


Y mientras me lavaba me puse a pensar en todo lo que había
pasado esa tarde…


La verdad es que mi marido era un buen hombre y no se merecía
algo así, pero yo sabia que esto tenia que pasar más pronto o mas tarde, era la
única manera de quitármelo al chaval de la cabeza.


Si salía mal… ya se había acabado todo… y si salía bien…


Y la verdad es que yo tenia que reconocer que hacia mucho
tiempo que yo no disfrutaba tanto en la cama, ni a solas ni con ningún hombre,
como esa tarde con el chiquillo… y yo aun era joven y tenia derecho a disfrutar
de la vida…


Además, yo no le quitaba nada a mi marido… porque mi marido
no me buscaba y no me lo hacia tanto como antes… y como yo siempre tenia ganas y
siempre estaba a punto, podía darle a mi marido todo lo que el me pidiera y
dejarle que me follara siempre que el tuviera ganas, y al mismo tiempo follar
con el chico siempre que tuviera ganas yo...


Por fin lo decidí…


Seguiría viendo al muchacho siempre que pudiera, hasta que a
mi se me pasara aquella obsesión o hasta que a el le saliera una novia o se
cansara de mi.



(Continuará)


 

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Relato: Confesiones de una mujer casada (3)
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