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Relato: Mi primera mamada con mi suegro


 


Relato: Mi primera mamada con mi suegro

  


MI PRIMERA MAMADA CON MI SUEGRO



Cada reunión en casa de mis suegros es motivo de emoción para
mi. Es la ocasión perfecta de ver con descaro a mi suegro pues la bebida en
estas reuniones no puede faltar. Para aquellos que nos cuesta satisfacer
nuestros deseos; el alcohol nos facilita mucho las cosas.


La razón de esta reunión es el festejo por el triunfo del
equipo de fútbol de mi suegro. Todos los compañeros de equipo se reúnen (como
cada fin de semana) para comentar sus proezas en el campo de juego y de paso,
emborracharse. La cerveza corre por litros. El aroma a licor y olor a sudor de
estos hombres se mezcla e inunda el cuarto. El desparpajo en la plática y en la
manera en que se sientan me permite contemplar sus piernas desnudas y musculosas
de futbolista. Algunas son completamente peludas, otras no. El short que portan
se adhiere a sus caderas y por ende a sus entrepiernas. A algunos puede
adivinárseles que traen un buen paquete y a otros no. Sin embargo eso no
importa. Su madurez es lo que a mis ojos los hace tremendamente atractivos.


Desde la cocina los observo. Discretamente me sobo el miembro
por encima del pans. Puedo ver mi tranca en total erección. Aprisiono mi verga
con una mano y miro como se tensa la ropa. Con la palma extendida la otra mano
froto rápidamente la cabecita de mi miembro, mientras observo el espectáculo que
me ofrece su borrachera.


Mi suegra y mi esposa no están en casa. No soportan aguantar
borrachos. Así, me doy vuelo en mis observaciones. Uno se ha quedado dormido de
tan tomado que anda. Otros discuten tácticas inútiles de juego, mientras otros
se divierten albureándose. En este grupo etílico no veo a mi suegro. Quizás ha
ido al baño. Inicio torpemente s u búsqueda (pues yo también he tomado). Cruzo
la sala salvando piernas, sillones y uno que otro albur. En el baño de abajo:
nada. Subo lentamente las escaleras y los escalones bailan frente a mis ojos. Al
llegar al final de ellos, continuo mi ruta. Parado frente a la puerta del cuarto
de mis suegros continuo escuchando las risas de los jugadores y la música se
enrolla en mis oídos. Con paso vacilante entro a la recamara y dirijo mis pasos
al baño privado.


Como lo pensaba . Mi suegro ha va ciado el estómago frente a
la taza del baño y dormita su borrachera en una de las paredes. Se ha manchado
su camiseta y por lo que se ve en su short, ha terminado de orinar dejando en la
prenda una mancha húmeda. Su imagen me turba sobre manera. La música continúa
atornillándose en mis oídos.


Al escucharme entrar, levanta la cara y su mirada perdida se
posa en mi. Su rostro es todo sonrisa y apenas puede articular palabra. Su barba
grisáceo enmarca su boca que como no atina a concretar lo que quiere decir solo
sonríe. Adivino y lo ayudo a salir de ahí.


¡Ay guey¡¡Que pedo¡ Nombre a penas puedo con mi alma.


Con paso indeciso nos dirigimos a su cama. Al llegar ahí se
sienta y con ambas manos se toma su cabeza para inclinarse hacia sus rodillas.


¿A qué horas son? -pregunta mi suegro-


Cerca de las seis. –contesto-


¿Y todavía no se van esos cabrones?


No. Y no tienen para cuando.


¡Ya diles que se larguen¡


¡No¡¡Ni madres¡ ¿Porqué no sale usted y les dice?


¡NO mames¡ Ve como ando.


¡Nada¡ que yo le ayudo.


Así que comienzo a desvestir a mi suegro. Tomo su camiseta de
abajo y subo. Su olor a macho sudado viola mi nariz y me pone a mil. Miro el
vello de sus axilas y pecho, lo oscuro de sus pezones que quizás por el frío se
ponen erectos. Su panza es abultada y cubierta también por un espeso vello que
se pierde en el resorte del short. Estando ya la camiseta fuera, él opta por
echarse hacia atrás y recostarse en el colchón, dejando que sus pies toquen el
piso. Cierra los ojos y parece dormir.


¡Ora cabrón¡ ¡Ayúdeme usted también¡


le digo entre risas, pero no responde y prefiere sonreír y
menear su cabeza de un lado a otro.


Voy hacia la cómoda y busco alguna playera. Ha comenzado a
roncar. Acostado como está y desde donde me encuentro puedo mirarlo a mis
anchas. Su robusto cuerpo cubierto solo por el short se me ofrece a manera de
buffet .


Me acerco a él vacilante playera en mano. La delgada tela de
su short me permite adivinar la calidad del bulto que resguarda. Sus piernas
ahora abiertas y relajadas encuadran su entrepierna. La música ya no se escucha
y solo se perciben risas y pláticas.


Mi mirada se dirige al vello que se arremolina en su ombligo.
Su respiración ahora es más acompasada y al tener abierta la boca ha comenzado a
babear. Soy un manojo de nervios y mi corazón late como vil conejo. Una
aspiración de saliva de su parte me devuelve a la realidad.


¡Órale cabrón¡¡No se duerma¡


¡Oh¡ No estés ¡chingando¡ -dice mi suegro- mientras retorna
al país de los sueños.


Sus ronquidos me envuelven de nueva cuenta y mi deseo ha
comenzado a acrecentarse. Ahora descansa sobre un costado suyo y su culo se me
ofrece gracias ha que ha adoptado una posición fetal.


Mi mirada viaja por el camino peludo de su ancha espalda.
Amplitud ganada a base de trabajo físico que le exige el pertenecer a la
división motorizada de la policía. Mi suegro es policía de tránsito. Enfundado
en sus altas botas de piel y su uniforme café, mi suegro seguro es el sueño de
muchos.


Sus ronquidos son cada vez más fuertes y desde donde me
encuentro lo veo dormir. Puedo observar a su vez todo lo que su cuarto tiene.
Algunos muebles y cuadros. Nada de interés. A un costado de la cama; cerca del
buró se encuentran sus botas. Me siento atraído hacia ellas. La visión de su
lustre negro me obliga a acercarme a ellas. Tomo una y siento su suave textura.
Mis manos recorren su extensión. Mi suegro duerme y no sospecha nada. Froto mi
verga con ella y consigo una buena erección. Sin saber exactamente porqué mi
instinto me lleva a querer olerlas. Su aroma a piel recién lustrada y en su
interior a pies cansados se convierte de pronto para mi en poderoso afrodisíaco.
Así que no me resisto más y comienzo a lamerlas. Mi lengua se desliza lentamente
por toda la bota. Tengo buen cuidado de no dejar centímetro sin probar.


Mis pans ahora forman a la altura de mi verga una insultante
carpa. Sigo oliendo y probando mientras mi suegro ronca. Tomo ambas botas y con
ellas aprisiono mi miembro. Con movimientos rítmicos de sube y baja comienzo a
masturbarme con ellas. La piel de la bota acaricia suavemente mi verga
provocando en mí enorme excitación. Eso aunado a la visión de mi suegro en short
me hacen sentir casi el orgasmo.


Cuando siento que casi me vengo; suspendo mi calzada
chaqueta. Esto es demasiado bueno como para terminar tan pronto. Así que decido
probarme las botas de mi suegro. Me desato las agujetas de mis tenis y el olor a
sudor me reanima. Tomo una bota y me la calzo. Existe cierta dificultad para que
esté totalmente puesta, pero esto no logra desilusionarme. A continuación la
otra. Con las botas puestas camino por el cuarto. Observo su oscuro color y
puedo sentir lo altas que son. Me veo en el espejo. ES increíble lo
tremendamente viril que puede verse un hombre enfundado en botas de
motociclista.


Mi fantasía (y mi atrevimiento) por el momento no conocen
límites. Imagino cual será la sensación de portar el uniforme de policía de mi
suegro. Así que sin hacer demasiados aspavientos revuelvo la ropa sucia que se
encuentra en el bote de la recamara de mis suegros en busca del que por ahora es
mi fetiche. Para mi total deleite puedo encontrar el pantalón y la chazarilla de
su uniforme. Los sonoros ronquidos de mi suegro me dan el ánimo y la confianza
de cambiarme y portar su uniforme.


Tengo la verga dura. El contacto de la tela en mi miembro
hace que la cabeza de mi pito se encuentre toda lubricada.


Cuando termino de cambiarme de ropa, me observo nuevamente en
el espejo. En mi entrepierna se dibuja perfectamente mi verga gorda. Froto por
encima del uniforme mi pene. Estoy tan lubricado que éste líquido logra
humedecer el pantalón. La visión de mi transformado en policía me excita sobre
manera.


Un movimiento brusco por parte de mi suegro me devuelve a la
realidad. Ha cambiado de posición Ahora él se encuentra boca arriba y puedo
mirar con claridad la hermosa erección que levanta su short. Seguramente el muy
buey sueña con tremendas tetas. Por ahora no me importa nada, así que vestido
como estoy me a cerco a la cama y con mano temblorosa presiono ligeramente la
verga de mi suegro. El no dice nada, solo se concreta a roncar y a dejar que su
sueño fluya. Ya más animado recorro toda la extensión de su miembro. La
incertidumbre de que en cualquier momento despierte hace de este momento algo
verdaderamente único.


La música ya no se escucha. Al parecer todos se han ido.
Mejor. Una preocupación menos.


Con mucho cuidado sigo frotando su gorda verga. Trato
sutilmente de hacer que su miembro salga por la abertura del short, ahí por
donde está la pierna izquierda, hasta que lo consigo. Es una pinga morena,
gruesa y larga que se ve un poco presionada por el calzón. Es rico contemplarla
así, ´pero yo quiero más. Así que me animo a bajarle lentamente y con cuidado su
short. Mi suegro no despierta. Ya abajo la prenda, me acerco lentamente para
percibir el olor a macho que se desprende de su pito y ya cerca, me animo a
lamer un poco. Su sabor salado por el sudor y el orín me engolosinan por lo que
me animo a metérmela toda en la boca. Mi suegro solo suspira. Rezo para que no
despierte. Es la primera vez que mamo una verga, pero mi lengua parece saber
bien que hacer pues con velocidad recorre la cabeza del miembro de mi suegro, el
cual solo atina a mover las caderas en un movimiento que pareciera que me folla
la boca. Quizás sueña que coje con una vieja riquísima. Sus huevos chocan con mi
barbilla. Sus enormes manos toman mi cabeza y hacen presión. NO puedo tragármela
toda y hasta siento un poco de naúseas, pero mi suegro no se detiene. Mi nariz
se rosa con su vello púbico. Mis manos le acarician los huevos. Saco su verga de
mi boca y contemplo el espectáculo que me ofrece su cuerpo. Mi suegro sigue en
estado de semiinconsciencia. Supongo que no sabe con exactitud lo que pasa y
solo se deja llevar.


Me siento a su derecha y con mi mano derecha comienzo a
masturbarlo. Su pinga crece y se torna más dura. Su respiración se agita, hasta
que de su boca emerge un ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAHHHHH¡¡¡¡


Que inunda todo el cuarto; mientras un espeso chorro de semen
blanco brota de su pene. Su cuerpo fornido se convulsiona para dar paso a su
respiración agitada.


De la ropa sucia tomo una de sus truzas y me limpio las
manos. Con la misma prenda aseo con cuidado su miembro y vientre. Guardo su
truza en el bolsillo de mis pans para utilizarlo en futuras chaquetas. Rico
trofeo el que llevo.


Mi suegro no dice nada y solo se concreta a roncar. Subo como
puedo el short y comienzo a quitarme el uniforme que tanto gozo me ha dado.
Sentado como estoy en la cama puedo verme en el espejo de cuerpo entero que está
al frente. Me quito una bota y al tenerla en mis manos se me ocurre una idea.
Saco mi verga y comienzo a puñeteármela. Arriba y abajo, arriba y abajo, rápido
hasta que logro sacarme toda la leche; leche que expulso al interior de una de
sus botas.


¡JE,JE¡ mi suegro ni se imagina lo que entre sus dedos
llevará mañana a trabajar.


 

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Relato: Mi primera mamada con mi suegro
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