MI JOVEN HOTELERO
No se puede estar sólo en el mundo. Parece una afirmación
tonta y traída de los pelos, pero a mi me ocurrió estando unos breves días en
una localidad chica de esta provincia cordobesa. Me alojaba en un modesto hotel
de ese pueblo y de entrada observé que el joven propietario tenía cierta
predisposición hacia los varones.
La noche de mi primer día noté que me miraba mientras cenaba
y con el menor pretexto se acercó a la mesa y entablamos conversación sobre
"bueyes perdidos", hasta que avanzamos sobre otros temas más serios.
Durante la tercera cena, siendo sábado, había dado franco a
su personal de cocina, por lo cual debí conformarme con un suculento omellette y
un bife. Cuando hube terminado el postre, le pregunté si había algún lugar donde
pasar un rato dado el intenso calor de la jornada que se prolongaba en esa
noche. Me respondió que los jóvenes iban a una disco del pueblo cercano, pero
que allí no había donde ir, salvo a algún bar o a la heladería. Es decir que
había poco y nada a la vez.
Finalizada la cena, como dije, me propuso ver uno videos en
sus habitaciones que ocupaban el ala del entrepiso del hotel. Le agradecí la
invitación y un rato después, habiendo él cerrado el comedor y entregado el
turno al anciano que hacía de sereno, nos trasladamos a su área personal. Debo
recordar que es un joven soltero y el hotel es una herencia de sus padres.
Regentea el establecimiento con algunos pocos empleados y a pesar de la
modestia, hay buen gusto y comodidad por todos los cuartos que no pasan de diez
habitaciones, a la sazón, ese sábado desocupados en su totalidad, obvio, el
ocupado por mí.
Ya en su "departamento" montó el equipo de video y antes de
colocar el casete me pregunto qué tipo de filme deseaba ver. Le dije que
cualquiera, con tal que fuera entretenido. "No. Quiero decirte si ¿prefieres
cine o algo subidito de tono?". Le respondí que si tenía alguna porno buena la
pusiera. "Ah. De esas tengo muchas y muy buenas, pues me traje de Europa una
buena cantidad", me aclaró.
"Bien. Del tipo que desees, seguro me agradará pues hace
tiempo que deseo ver alguna europea", le dije.
Buscó en un mueble, extrajo una caja y tomando el casete lo
insertó en el video y apretó "play". De entrada me percaté que se trataba de un
filme gay, pero antes que irme a dormir, era esto mejor. Bueno, para que les voy
a narrar escenas, si es seguro que todos ustedes alguna vez han visto uno de
estos filmes. Lo que sí debo decir es que eran bastante fuertes, incluso hubo
unas de introducción de aparatos inmensos y hasta de manos. Estas escenas muy
calientes fueron formando un estado de tensión en ambos y que se notaba con solo
mirar las entrepiernas, donde sendos bultos comenzaban a observarse, en
particular el mío, algo que no debe haber pasado desapercibido para mi joven
hotelero, pues noté que en varias oportunidades como al descuido, fijaba su
vista en esa zona de mi cuerpo. Habiéndome percatado de ello, nada hice para
demostrarle desagrado. Antes bien, me acomodé mejor en mi asiento para darle una
"mejor visión".
Los quejidos en la pantalla (aunque en bajo volumen), se
sucedían al igual que las mamadas y posteriores penetraciones en las más
diversas poses. "Hay, quien pudiera disfrutar de eso pero en vivo", dijo de
pronto y exhaló un largo suspiro. "Con que te busques a alguien que cumpla esos
deseos es más que suficiente", le respondí secamente pero era un ardid para ver
cómo reaccionaba. Por supuesto que fue tal y como lo esperaba y unos momentos
después me lo tenía muy acaramelado sobándome la verga por sobre el pantalón.
Forcejeó con la cremallera y liberó al "prisionero" y tomándolo por la base lo
frotó a todo lo largo en tanto iba inclinando su cuerpo paulatinamente hasta
acercar su boca al glande. Su lengua se encargó de humedecerlo y de a poco fue
tragando el tronco hasta la mitad. Chupó con ganas un rato y quitándola de su
boca me instó a que fuéramos a la cama y allí nos desnudáramos.
En bolas nos acostamos uno al lado del otro y poniendo su
boca sobre la mía me besó con una pasión que sólo recuerdo en muchachitas
adolescentes y calientes. Nuestras lenguas se trenzaban como víboras y nuestras
manos no dejaron lugar sin acariciar. Ya no hacían falta palabras. ¡Los hechos
estaban demostrando que sería una gran noche!
Su hermoso cuerpo mostraba mucho cuidado de gimnasio, pero
eran sus glúteos los que sobresalían en hermosura. Estaba rasurado en la
entrepierna y zona anal, lo que le daba un aspecto de niña colegiala.
Incorporándose se tendió hacia mis pies y de inmediato su boca buscó "el dulce"
que al parecer ansiaba. Lo encontró expectante y listo para ser "mimado"
oralmente, algo que a medida que se sucedía más me calentaba. En un momento dado
logró lo que pocas veces he disfrutado "un garganta profunda". Y no es que mi
verga sea extraordinaria. Es normal, pero ocurre que generalmente sus 15
centímetros no son fáciles de deglutir enteros, pero este hotelero poseía la
técnica y la dominaba muy placenteramente. Como siguiera con ese ritmo y esa
profundidad lo seguro era que recibiría "una rociada" de crema que yo no quería
largar todavía. Felizmente finalizó el oral, pero pasó a hacerme colocar boca
abajo, y abriendo mis nalgas me obsequió con una larga serie de "besos negros".
Mi calentura no era menor. Me di vuelta y tomándolo de la cintura lo ubiqué en
cuatro patas y montándolo hice jugar mi dura verga sobre sus nalgas. Gemía y
suplicaba lo penetrara. Accedí de buenas ganas a sus ruegos e instantes después
mi verga trabajaba su recto lenta y acompasadamente. Rotaban sus caderas en
círculos y se iba hacia delante y hacia atrás sin dejar escapar mi cilindro y
sin dejar de suspirar. Me decía entrecortadamente que era el mejor macho que
había tenido y pedía lo penetrara hasta las bolas pues me deseaba desde mi
llegada al hotel.
No estaba usando profiláctico y temiendo alguna infección,
extraje la verga, pedí me pusiera el látex. Nos acomodamos ahora de costado, él
dándome la espalda y levantando su pierna izquierda acomodé mi trozo enfundado
en goma y de un empellón corto y seguro lo ensarté hasta casi el final de mi
verga. Gimió y se contorsionó, pero seguí dándole lo que deseaba. Ahora, al
pasar mi mano hacia su verga, la encontré totalmente dura, señal de que estaba
gozando realmente.
Un largo rato después y mientras seguíamos la danza sexual,
entre quejidos me anunció que estaba por venirse. Apuré el mete y saca y
mientras él descargaba su semen, el mío se alojaba en el depósito del látex. No
obstante haber acabado al unísono, seguimos moviéndonos un rato más, hasta que
exhaustos nos dejamos estar como un limbo que nos sirvió de relax.
Él reaccionó y quitándome la goma lamió lo restos de leche
que tenía a lo largo del tronco hasta beberlo por completo.
El reloj anunció las cinco de la madrugada, cuando sudorosos,
agotados pero plenamente satisfechos, me hizo la última mamada repitiendo la
"garganta profunda", pero esta vez los goterones finales de semen se los bebió
"de la fuente".
Regresé a mi habitación y me dormí completamente hasta casi
el mediodía siguiente cuando por el teléfono interno, "mi hotelero" me llamó
para almorzar juntos.
Por supuesto que no me cobró el alojamiento y ya estamos
pensando en "una nueva estadía" en su hotel.