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Relato: La mujer de mi jefe


 


Relato: La mujer de mi jefe

  

Estamos en una cocina de una casa moderna, clase media alta.
Una pareja, joven, están desayunando. El hombre se limpia, toma una cartera y se
levanta.


–Bueno cariño, me voy al curro. Se buena y pasa un buen día.


–¿Vendrás tarde?


–No, no creo, aunque hoy llega mi nueva secretaria, no sé si
me dará el coñazo mientras le enseño todo.


–Cuidado con lo que le enseñas –y Carmen le cogió del paquete
riendo.


–Si esta buena...


–Atrévete y te la corto.



Se besaron con sonrisas y Carlos salió de la cocina.



Al llegar al despacho de abogados, Alicia, la nueva
secretaria, le estaba ya esperando. Había llegado muy temprano en su primer día
de trabajo.



Carlos no la conocía en persona, había dado su visto bueno al
currículo que le presentaron de la agencia de empleo y la foto no decía mucho,
pero ahora que la veía y la reconoció, se dio cuenta que era una joven muy bella
y muy atractiva.



Alicia llevaba un top rosa muy ajustado, que dejaba bien
claro que sus pechos eran firmes y turgentes, pero lo acompañaba con una
minifalda de cuero, realmente sexy. Las piernas con medias oscuras de cristal y
unos zapatos rojos completaban su imagen sexy, provocativa.



Realmente era una provocación, y Carlos, a pesar de agradecer
tan preciosa mujer a su vista, se preguntaba si seria buena secretaria, si no le
traería problemas. Necesitaba una secretaria no una mujer bonita, un bombón,
revoloteando a su derredor.



–Buenos días.


–Buenos días.


–¿Eres Alicia?


–Sí.


–Soy Carlos Jiménez, tu jefe. Has madrugado mucho.


–Encantada. No quería llegar tarde el primer día.


–Bien. Aún no hay nadie. Pasa a mi despacho y luego ya te
enseñaran la oficina y tu puesto. Ahora hablemos sobre tu trabajo como
secretaria mía.


–Bien, don Carlos.


–¿Qué? Nada de don, aquí nadie se habla de usted. Eso sí,
respeto.


–De acuerdo Carlos.


–Anda pasa.



La introdujo en su despacho sin cerrar la puerta, esperando
que llegara alguien más a la oficina. Dejó su cartera y sacó de su cajón el
currículo de Alicia, repasándolo. Ella se sentó al otro lado de la mesa. Su
minifalda era tan corta que era imposible que no mostrara sus bragas rosa.
Carlos no sabia si mirar o no. Se concentró en el currículo.



–Veo que pese a tus 27 años tienes experiencia como
secretaria. Cuéntame por qué dejaste el último trabajo.


–Bueno don Carlos... perdón, Carlos, mi jefe pues... no sé
como decirlo... tuvimos un problema personal.


–¿Qué clase de problema?


–Pues... acoso sexual, sí, tuve que irme.


–Bueno Alicia, en este despacho somos abogados jóvenes y
normales, no vamos metiendo mano a las secretarias, pero la verdad, vienes
vestida muy provocativa, y perdona que te lo diga, nunca me ha importado como
viste la gente, pero eres... -Carlos dudó– muy atractiva y vistes muy sexy...


–Me gusta vestir así, pero procurare venir mas recatada.


–No, viste como quieras, pero deja muy claro las cosas a la
gente y evitaremos problemas.


–Yo no tengo culpa que por verme las piernas los hombres se
exciten, no puedo cortármelas.


–Alicia, enseñas algo más que las piernas...


–No enseño nada que no se pueda ver en una piscina o en la
playa, pero si mi cuerpo es un problema... Tenía mucha ilusión en este trabajo,
no acabé la carrera pero siempre quise trabajar en un despacho de abogados,
incluso pensaba acabarla si pudiera optar a pasante, me quedaron sólo tres
asignaturas, pero... Ya encontraré otro trabajo. Muchas gracias –y se levantó
para irse.


–¿Dónde vas? Siéntate. No digas tonterías –ella se paró de
pie apoyada en una silla y eso le permitió a Carlos examinarla bien. Con un
gesto de la cabeza le rogó que se volviera a sentar y ella obedeció–. Perdona
Alicia, es que me has sorprendido con tu figura, eres muy atractiva y desde
luego no sería justo negarte este trabajo, la agencia de empleo te calificó muy
bien. A veces nos dejamos guiar por prejuicios y olvidamos que cada uno tiene su
libertad para ser como quiera. Lo único que te insistiré es en que dejes bien
claro que no... que no... que no vas buscando que te acosen. Las cosas claras.


–Es que los hombres siempre pensáis en lo mismo y un chica no
puede vestirse bonita porque enseguida o la llamáis furcia o intentáis
propasaros.


–Sí, es cierto, perdona.


–No entendéis que efectivamente nos vestimos así para llamar
la atención de los hombres, pero de aquellos que nosotras queremos, no del
primero que pase.


–Pues que envidia del elegido...


–Gracias. Me caes bien. No hay elegido de momento. Para mí
las relaciones personales han de ser muy liberales. No soy mujer para un solo
hombre, al menos de momento –Carlos soltó los papeles y se soltó.


–Pues así es como me gustan a mí las mujeres, liberales, no a
esas falsas mojigatas –y al decirlo contemplo descaradamente el bello cuerpo de
Alicia.


–Pues ya tenemos dos cosas en común.


–¿Dos?


–Sí. Las relaciones liberales y el profesionalismo en el
trabajo. Me das la sensación que eres un buen abogado y ya verás como yo soy una
buena secretaria.


–Estupendo –y como no había dejado de mirarla el cuerpo,
quiso tentarla mas allá-. ¿Te molesta que te mire?


–No Carlos, mira lo que quieras –y separó mas las piernas
mostrándole mejor el encaje de sus braguitas.


–Lo miraré por el lado bueno, si eres, como dices, una buena
secretaria, no solo me ayudarás, sino que además me alegrarás la vista
enseñándome el cuerpo.


–Lo haré encantada. Cuando quieras. Me has caído bien, me
alegro de tenerte como jefe. Temía encontrarme con un viejo verde o un salido
perverso.


–¿Eh? ¿El que harás?


–Pues enseñarte mi cuerpo. ¿No era eso lo que decías?


–No, no, me refería a verte así, con tu forma de vestir tan
sexy, no pensaba...


–Ah. Perdona, entendí que me pedías que me desnudase para ti.


–¿Lo harías?


–Sí. ¿Por qué no? Me caes bien y confío que te conformarás
con mirar y si sólo es eso, no tendría problema, y si es más lo que quieres,
también confío en que sabrás respetarme y no ir más allá de donde yo te deje.


–Caramba, me gustas. Contigo las cosas son muy claras, eso me
gusta.


–Y a mi.


–No sé porqué, pero me inspiras confianza, y desde luego esto
no es muy normal. Pero creo que llegaremos a trabajar bien, que me serás de gran
ayuda y nos llevaremos muy bien. Es como si ya te conociera de antes.


–A mi me pasa igual.


–Lo primero que debe cumplir una secretaria es fidelidad a su
jefe, fidelidad total, discreción y entrega absoluta.


–Seré fiel en las dos cosas.


–¿Dos cosas?


–Sí, en el trabajo y en lo personal. Cuando me entrego, me
entrego de verdad.


–Muy bien Alicia, creo que nos entenderemos –dijo sonriendo-.
Mira, ya han llegado todos, te presentaré.



Salen del despacho y le presenta a Patricia, la
recepcionista, y la deja con ella que le presentará al resto. Él vuelve a su
despacho y medita. Está muy sorprendido con Alicia, muy gratamente. Pasó de
pensar que era una puta a que realmente es una persona inteligente y liberal, y
con dos cojones. Desde luego no se corta un pelo.



Al poco llaman a la puerta y le sacan de sus pensamientos. Es
Alicia.



–Bueno jefe, ya estoy al corriente de todo.


–No me llames jefe. En tu mesa debe estar mi agenda, le dije
a la anterior que te la dejara muy clarita.


–¿Por qué se fue?


–Se casó.


–¿Y por eso lo dejó?


–Con un millonario.


–Joder, las hay con suerte.


–Otra cosa. Eres mi secretaria, así que no llames a la
puerta. Es tu puerta. Tú eres su guardiana y cuando te diga que no estoy, no
quiero que pase ni una mosca, solo tú.


–Ok jefe... huy perdón, ok Carlos.


–Bien, pues empecemos. Todas las mañanas lo primero es
repasar la agenda, me has de informar de las citas que tenga.


–Voy por ella.



Al poco volvió con la agenda y se sentó repasándola. Carlos
le miraba el pecho haciendo que miraba a la agenda que había puesto en la mesa,
ella se dio cuenta, pero siguió pasando las hojas de la agenda y leyendo. De
pronto sus pezones se endurecieron notándose claramente en su top. No llevaba
sujetador.



–Me excita como me miras –se justificó ella.


–Cierra la puerta y ven aquí –ella le miró un segundo y
obedeció.



Cuando se acerco a él, este le hizo una seña para que se
sentara en sus rodillas. Ella así lo hizo, y el empezó a levantarla el top
dejando a la luz dos hermosas tetas con dos preciosos pezones erectos.



–Eres preciosa Alicia, que tetas tan bonitas, me tienes a
cien.



Ella se dejó hacer, dejó que Carlos le besara y mordisqueara
sus pezones y se apañó para llevar una mano suya al paquete de Carlos y notar su
erección. Le acariciaba y eso a Carlos le ponía mas a punto, ya no besaba los
pezones, se los comía.



Ella se separó, tomo unos pañuelos de papel y se secó los
pezones. Carlos la miraba expectante, con un gran bulto en el pantalón. Hasta
ahí le había dejado llegar, no estaba mal para ser el primer día.



Cuando tuvo secos los pezones, se compuso el top otra vez, y
para sorpresa de Carlos, se arrodillo ante él bajándole la cremallera del
pantalón y liberando a su polla caliente.



Comenzó a chupársela con delicadeza, con saber, con lascivia,
demostrando su valía y su experiencia. Llevaba su lengua recorriendo la polla
desde abajo hasta la punta, y se la metía en la boca muy profundamente. Forzaba
su entrada en su garganta y Carlos veía el cielo.



Pronto aceleró el ritmo y la mamada llegó a su esplendor.
Cuando se la sacaba de la boca, era para restregársela por la cara mientras
sacaba la lengua y lamía lo que podía para volver a metérsela y follarse la boca
y la garganta.



Al notar que Carlos iba a correrse, dejó su lengua bajo el
glande, con la boca abierta, para permitir que el chorro de semen le entrara en
su boca. Carlos se corrió, y ella no se movió, le dejó echarlo todo, y cuando
acabó, dejó que el semen cayera de su boca al suelo evitando mancharle y
mancharse. Luego se aplicó a limpiarle bien la polla y recoger todos los restos
de gotas que hubiera con su lengua.



Limpiada la polla, le miró, ambos sonrieron. Ella con mucho
tacto le volvió la polla a su sitio y le subió los pantalones y con pañuelos de
papel de la mesa de Carlos se dedicó a limpiar el suelo lo mejor posible.



–Perfecta. Eres perfecta. Un sueño.


–Gracias Carlos, me alegro que te haya gustado. Perdona que
no me lo tragara, pero aun no nos conocemos...


–Ja ja ja claro, no hay tanta confianza –le hizo mucha gracia
a Carlos el comentario de ella–, ja ja ja.



Al acabar de limpiar el suelo, él la volvió a indicar que se
sentara en sus rodillas. Así lo hizo, siempre con una sonrisa, y le pidió con un
gesto un beso que obtuvo. Un beso muy sensual y lascivo.



–Muy bien Alicia. Hoy es un gran día. Venga, a currar –y la
dio una palmada en el culo.


–Me alegro, me alegro mucho.


–Ponme con mi mujer, cariño –eso paró a Alicia por un
instante, poniendo cara de perpleja y provocando una carcajada de Carlos–.
Tranquila, no estamos casados pero como si lo estuviéramos, pero ambos somos
liberales, una pareja abierta. Y sí, quiero hablar con ella para hablarle de ti,
de lo bien que me has caído, de lo buena que estas y de lo maja que eres, aparte
de que la chupas de puta madre.


–Lo dicho, me alegro mucho de estar aquí –y volvió a su
sonrisa.



En cuanto salió buscó en la agenda el teléfono de la casa de
Carlos y le pasó la llamada.



–¿Sí?


–¿Carmen?


–Sí. Hola cariño. ¿Qué pasa?


–Nada, nada. Era para contarte lo de la nueva secretaria.


–¿Un callo?


–Al contrario, esta buenísima, un escándalo de cuerpo, y no
veas como viste y además tiene coco, es liberal y majísima. Me la ha puesto
durísima, tanto que me ha tenido que hacer una mamada...


–Serás cabrón...


–Ja ja, sabía que te alegraría. Oye, ¿recuerdas lo que
siempre hemos hablado de montar una orgía...?


–Joder, sí que vas rápido. ¿En serio te la ha chupado?


–Sí, ahora mismo, es la hostia.


–Caramba, pues sí que va rápido. ¿Y es buena secretaria?


–Sí, ya te digo que tiene coco y ha asumido todo enseguida.
Que decía que por qué no la invitamos a cenar hoy...


–Joder, sí que te ha puesto caliente... ¿Lo has hablado con
ella? A lo mejor le gusta chupar pollas pero no coños...


–No, aún no le he dicho nada...


–No sé, como tú lo veas, ya sabes que yo no lo he hecho
nunca, que son fantasías...


–Espera –y por el interfono llamó a Alicia. Cuando entró,
puso el manos libres–. Alicia, te presento a Carmen, mi mujer, Carmen te
presento a Alicia mi nueva y preciosa secretaria.


–Encantada Alicia, ya me ha contado Carlos que eres muy
buena... en todo.


–Gracias Carmen, igualmente. Supongo que siendo él como es,
tú también serás especial –le contestó Alicia.


–Alicia –era Carlos–, estábamos pensando en invitarte a cenar
en casa esta noche, me gustaría que os conocierais, cuanto antes mejor...


–Ah, pues por mi encantada –respondió Alicia.


–¿Eres bisexual? –le disparó Carlos.


–Bueno... -sonrió– de joven en la universidad tuve algunos
escarceos con compañeras, pero nunca pasamos a mayores, en realidad es algo que
me atrae, pero aun no lo he probado, no lo he hecho con ninguna mujer.


–Estupendo, Carmen tampoco, pero también tiene esa fantasía,
y nos gustaría que vinieses esta noche y así nos fuéramos conociendo mejor.


–Sí, sí, me parece bien –asintió Alicia.


–No te he preguntado, ¿tienes novio o algo parecido?


–No, todos los hombres sólo quieren una cosa de mí, no hay
ninguno que me llame la atención.


–Joder, pues con ese cuerpazo... tenías que verla Carmen.


–Me estáis poniendo los dientes largos... -se oyó a través
del teléfono- ¿Alicia?


–Sí.


–¿Qué te gusta para comer?


–Je je, como de todo.


–Ja ja.


–Ja ja –rieron todos.


–No te preocupes Carmen, no tengo problemas de dietas y esas
cosas –le respondió por fin Alicia.


–No te compliques cariño, pide la cena a Bartomeu, una buena
cena romántica, con velas y cava –dijo Carlos.


–Hummmm –se relamió Carmen.


–Bien, pues saldremos de aquí a las siete, así que sobre las
siete y media estaremos ahí –dijo Carlos.


–Yo he pasar por casa, a cambiarme.


–¿Qué? Pero si estás preciosa así, Alicia.


–Carlos, me he vestido así para agradar a mi nuevo jefe, no
es apropiado para asistir a una cena con una pareja de amigos...


–Nunca entenderé a las mujeres y sus líos con la ropa...


–Carlos -era Carmen–, perdona cariño, pero has mirado todos
los puntos...


–Ah sí. Esto... Alicia... ¿Estas sana?


–Como supuse que me harían un examen medico al entrar, me lo
hice primero yo para asegurarme y lo tengo en el bolso por si me lo pedían. Le
he dado copia a Santos –dijo refiriéndose al jefe de personal-. Voy por el...
-se levantó y se fue.


–Es majísima Carmen, ya veras que cuerpo, que culo, que tetas
tan bonitas, el coño debe ser igual...


–Te veo muy emocionado...


–¿Celosa?


–Ponme los cuernos y te mataré. Ya lo sabes.


–Cariño, jamás te engañaría.


–... aquí está –era Alicia que le entregaba unos papeles–. Si
miras en la pagina siete, verás el resultado del análisis del sida, el resto son
cifras y cosas en lenguaje medico, cosas que apenas entiendo, pero dicen que
estoy sana...


–Sanísima… no hay mas que verte, je je.


–¿Y vosotros?


–Je je –reía Carlos mientras sacaba unos papeles de un
cajón–, mira Alicia, cada año nos hacemos revisiones, este es el último. También
da negativo, como tú. Y respecto a Carmen... cariño, ¿has follado con alguien
más en los últimos diez años?


–No mi amor –contestó por el teléfono Carmen–, sólo con tu
polla en estos diez años y no me canso. ¿Y tú, cabroncete mío?


–Ja ja, ya sabes que no. Esos diez años –dirigiéndose a
Alicia–, han sido para levantar este despacho, ahora me permito estos lujos,
pero han sido diez años de lucha, de mucho trabajo, de salir a las tantas. Sin
Carmen no lo hubiera conseguido. Siempre le he sido fiel y es ahora cuando nos
planteamos vivir, y cuando hemos hablado de empezar a tener otras experiencias.
Ahora podemos.


–Es cojonudo. Me dais envidia. Cuando me dijiste que estabas
casado me cabreé, pensé que eras otro cabrón que va poniéndole los cuernos a su
mujer, pero esta sinceridad y esta forma abierta de hacer las cosas es lo que me
gusta, así que no sólo estoy contenta del trabajo, sino también de tener un jefe
normal y seguro que Carmen y yo nos llevaremos de fábula...


–Cariño eres un encanto –le dijo Carmen–. Estoy deseando
conocerte...


–Pues venga, todo dios a currar para estar listos luego. Un
beso cariño, nos vemos. Hasta luego –se despidió Carlos.


–Un beso y otro para Alicia –le contestó Carmen.


–Vale, ahora se lo daré yo. ¿Dónde se lo doy?


–Ja ja, cabroncete mío, donde mas le guste a ella, ja ja –y
colgó.


–Sois cojonudos –le decía Alicia-, una maravilla, increíble.
Siempre deseé tener este tipo de relación. Encontrar este trabajo y encontraros
a vosotros, ha sido mejor que el gordo de Navidad.


–Alicia, nosotros, los tres, somos normales, es el resto de
la gente quien hace de las relaciones una mierda, llenas de hipocresía,
mentiras, engaños, violencia, odio, celos... Bueno, sigamos trabajando. Luego en
casa te daré ese beso que te debo en tu precioso coño.


–Hummm. Mañana me traeré compresas, me tienes todo el día
mojada, ja ja.


–Ja ja, vamos, a currar, luego te secaré con la lengua,
preciosa.



Ese día pasó muy deprisa en el trabajo, y pronto llegaron las
seis, hora de salir. Alicia tomó la dirección de Carlos y quedaron en que
estaría en su casa a las ocho, tiempo que estimó que tardaría en prepararse.
Carlos se fue a su casa y ayudó a Carmen a prepararlo todo para la llegada de
Alicia.



Ambos comentaban el día y la sorpresa de encontrar en Alicia
a su compañera de juegos. Carlos la alababa y estimulaba a Carmen para
recibirla. Dieron las ocho. A las ocho y dieciocho apareció Alicia. Vestía un
vestido largo, muy escotado, negro, pegado al cuerpo como una segunda piel.
Estaba deslumbrante. Aun más erótica que con minifalda y top.



–Pasa Alicia. Estás genial. Mira te presento a Carmen.


–Perdonad el retraso, el taxista se equivocó. Hola Carmen.
Eres preciosa, lo sabía, sabía que detrás de Carlos había una gran mujer.


–Hola Alicia, cariño, tú si que estás preciosa. Vaya cuerpo
que tienes. Tenía razón Carlos, eres una mujer preciosa, el taxista se estará
matando a pajas en la esquina.


–Carlos, por favor, ¿qué le has contado? ¿No ves que Carmen
es mil veces mejor que yo?


–Alicia, tú estás buenísima, lo cual no quiere decir que
Carmen lo esté menos. Al contrario, para mi es la mejor, pero no me cabe duda
que detrás de ella, te pondría a ti.


–Bueno, basta de flores y chorradas, pasa, ponte cómoda
cielo.


–Gracias Carmen, eres un encanto –y se besaron de nuevo en
las mejillas.


–¿Eso es un beso de amigas intimas? –azuzó Carlos.


–¡Mírale! Este quiere empezar ya la fiesta...


–No cariño, sólo quiero que os conozcáis y si os besáis como
dios manda, entonces yo también podré hacerlo. No es morbo, es egoísmo.


–Ja ja –rieron las dos.



Carmen tomó de las manos a Alicia y le acercó los labios a
los suyos. Alicia le correspondió y se dieron un beso suave, cariñoso y largo,
convirtiéndolo poco a poco en más y más lascivo. Carlos se les acercó y unió su
boca a la de ellas. Las lenguas lamían los labios cercanos, el calor subió y
Carlos, bajándole las hombreras, le quitó el vestido a Alicia, dejándola sólo
con un tanga negro muy sexy.



Alicia le imitó y sin dejar de besarse los tres, desnudó a
Carmen. Luego le tocó el turno a Carlos que fue desnudado entre besos, babas y
risas por las dos mujeres. Fue el único que quedó desnudo del todo puesto que
Carmen quedó también con solo un tanga rojo.



–Quisiera quitaros los tangas con la boca, abriros de
piernas.



Y Carlos, arrodillado, se afanó en bajar en primer lugar el
tanga de Carmen, dándole lengüetazos a su coño en cuanto quedó al descubierto.
Carmen estaba rasurada. Remató con un beso y se giró para imitar la acción con
el tanga de Alicia. El corazón le latía fuerte, por fin iba a poder oler y
saborear el coño de Alicia. Y así lo hizo en cuanto lo dejó al descubierto. Le
metió la lengua todo lo que pudo extrayéndole sus jugos para levantarse y
compartir el sabor con Carmen.



–Hummm, delicioso –dijo Carmen y Alicia reaccionó besándola
con fuerza en la boca y apartando a Carlos que volvió a por más aroma intimo de
Alicia.



Esta vez fue llevando su lengua de un coño a otro, se empapó
bien la lengua, los labios y la boca, y se levantó para compartir con ellas la
mezcla. Pronto le lamieron todos los restos compartiéndolo todo. Su polla ya
estaba en erección.



–Bueno, ha sido delicioso, pero habrá que dejar algo para
después, para los postres o nos liaremos y no cenaremos –acertó a decir Carlos.


–A la mierda la cena –le respondió Carmen.


–Cariño, calma, tenemos toda la noche y ni siquiera le has
enseñado la casa.


–¡Ah si! –dijo Carmen– Mira Alicia –y cogiéndole la polla a
Carlos–. Esto es lo más importante de la casa, la polla de mi Carlos.


–Sí, ja ja, ya la he probado y esta muy bien dotado, me gustó
mucho.


–Vamos a saludarla.



Y ambas se arrodillaron ante Carlos besándole y lamiéndole la
polla. Le dejaron justo a tiempo de que se emocionara del todo y levantando a
Alicia, Carmen se la llevó a enseñarle la casa.



–Carlos, prepara la mesa cariño. Voy a enseñarle la casa a
Alicia.


–Daros prisa o me haré una paja, me habéis dejado a tono.


–Ni se te ocurra, esa polla es nuestra, ¿verdad Alicia?


–Sí, prohibido tocarse, sólo nosotras.


–Esperad, le debo un beso a Alicia.


–¿Qué?


–Sí, le prometí un beso especial, el que tú me encargaste, no
se lo di en la oficina, se lo quiero dar ahora.


–A ver, veamos donde se lo quieres dar.


–Por supuesto que en el culo.



Se dirigió a Alicia que se agachó con una sonrisa, abriéndose
de piernas para facilitar el acceso a su ano. Carlos se arrodilló y con su
lengua recorrió toda la raja del culo, entreteniéndose en el bonito ano.



–¡Venga, vale ya! –le decía Carmen a Carlos, pero este no le
hacia caso, estaba ensimismado con su lengua en el ano de Alicia.



Carmen insistió dos veces más, pero al ver las caras de
placer de ambos, optó por arrodillarse ante Alicia y comerse su primer coño. Al
principio con algo de exploración, con algo de indecisión, pero pronto su lengua
atacaba el clítoris de Alicia que ante la doble acción sólo sabia gemir.



Según recorría Carlos la zona con la lengua, llegaba a rozar
con su lengua la lengua de Carmen, al principio accidentalmente, luego ambos se
buscaban y compartían salivas, besándose bajo el muy húmedo coño de Alicia.



Al final se unieron, unieron sus lenguas y ambas recorrían la
entrepierna de Alicia haciéndola sentir placeres desconocidos. Para no dejar
aislado al ano cuando lamían el coño y al coño cuando besaban el ano, Carlos
usaba sus dedos metiéndolos profundamente en el agujero abandonado.



Alicia se retorcía, tuvo que apoyarse en el sillón. Cuando
las lenguas llegaban a su clítoris se volvía loca, y el sentirlas recorrer todo
su sexo y llegar al ano, era un éxtasis. Avisó que se corría, y ambos lamedores
le atacaron con fuerza su clítoris; Carmen dedicó sus dedos a introducirlos en
la húmeda vagina mientras Carlos llegaba a meter tres dedos en el ano dilatado
de Alicia.



No pudo evitar Alicia emitir un grito de placer al llegar a
una cadena de orgasmos seguidos, hasta que no pudiendo mas se retiró de las
ávidas lenguas viciosas. Carlos y Carmen la besaban suavemente el coño y fueron
subiendo hasta besarla en su boca.



–Chicos, chicos, me habéis dejado exhausta.


–Delicioso, ha sido delicioso Alicia, eres un encanto –le
decía Carmen–. Ha sido el primer coño que me como en serio y me ha gustado. Me
ha gustado mucho –y la besó.


–Venga, venga –era Carlos–. Iros a ver la casa, que tenemos
que cenar, tenemos toda la noche de postre.



Riendo, le hicieron caso y le dejaron preparando la mesa.
Estaba feliz, con una sonrisa interior y su polla seguía en lanza, se sentía muy
bien.



Durante la cena, se hicieron mil preguntas personales,
conociéndose más. Fue una cena exquisita y rica, comieron despacio y
disfrutándose de sus cuerpos y de los platos. Llegó el postre. Fresas con nata.
Carlos se dispuso a servirlas, pero se quedó parado, pensando. Se miraron los
tres y comenzaron a sonreír.



Carmen le dijo un "Espera" y se levantó poniéndose a recoger
la mesa, todo menos el bol con las fresas y la nata. Enseguida Alicia la ayudó y
pronto la mesa estaba totalmente despejada. Carlos, aún de pie, sonreía. Se
miraron los tres.



–¿Alguna voluntaria? –preguntó Carlos.


–O voluntario –añadió Carmen.


–Ah, por supuesto, me ofrezco sin pensarlo.



Carlos se tumbó en la mesa, y ambas mujeres comenzaron a
ponerle fresas y nata por su cuerpo, cogiéndolas con las manos, esparciendo el
postre por el cuerpo de Carlos que reaccionó con una erección.



Carmen, con la mano llena de nata, le agarró la polla y
suavemente le masturbaba. Alicia se subió en la mesa, sobre Carlos, presta a
rebozarse en su cuerpo. Carmen, con la otra mano, también llena de nata, le
empapó de nata el coño y el culo a Alicia. Tenía ante sí, la polla blanca de
Carlos y el coño y el culo de Alicia, todo lleno de nata. Algún que otro trozo
de fresa se dejaba ver entre la montaña de nata.



Mientras Alicia restregaba su cuerpo sobre el de Carlos,
Carmen fue acercando el coño manchado de nata a la impregnada polla de Carlos.
Iba a asistir en primera fila a la follada de su Carlos con Alicia. Estaba
excitadísima.



Cuando la polla entró de pleno, acercó su lengua. Lamía desde
los huevos de Carlos hasta el culo de Alicia. recorría con su lengua todo lo que
podía, llenándose los labios y boca de nata.



De repente, se acercó a ellos, a sus cabezas, les cogió del
pelo a ambos obligándoles a mirarla, y les dijo:



–Escuchadme bien. No quiero que te corras dentro de ella.
Eres mío, no lo olvidéis, los dos.



Ante la cara de sorpresa de ambos, les dio un beso en la
boca, pasándoles parte de la nata y luego volvió a lamerles su follada. Tardaron
poco en volver al ritmo adquirido y ella tardó poco en meter su lengua por los
recovecos que encontraba. Lamía el ano de Alicia con toda la lujuria que podía.



De nuevo se incorporó y volvió a ellos. Tenía otra idea.
Estaba excitadísima. Los volvió a obligar, cogiéndoles del pelo, a que la
miraran y les explicó:



–Cuando te corras avísame, que me lo tragaré todo yo, y tú,
Alicia, mientras, quiero que me comas el coño. ¿Vale?



Ambos asintieron mecánicamente, con cara de asombro y cuando
Carmen volvió a seguir lamiéndoles, se miraron y rieron, para a continuación
seguir Alicia empalándose la polla llena de nata de Carlos.



No pararon hasta que Carlos avisó. Alicia, obediente, se bajó
de Carlos y de la mesa, y se sentó bajo las piernas abiertas de Carmen. Tenía el
coño chorreando y le fue fácil meterle la lengua. Carmen se tragó toda la polla
que pudo, follándose la boca, esperando el maná mezclado con nata.



Cuando Carlos se corrió, Carmen no sólo lo notó por el calor
del semen, sino por la cantidad, y procuró no dejar escapar nada, chupándole con
más ansia.



Al ver que de la polla de Carlos no salía mas, se retiró
cogiendo del pelo a Alicia obligándola a levantarse y acercar su boca a la de
ella. Besándola le pasó parte del semen y nata que guardaba en su boca. Alicia
lo entendió y le lamió los labios y el interior de la boca. Casi todo el semen
acabó en la boca de Alicia.



Satisfecha, Carmen volvió a empujar a Alicia hacia el suelo
para que siguiera lamiéndola el coño, y ella puso su cabeza en la entrepierna de
Carlos que había asistido excitado al trasvase de saliva. Para descansar mejor,
Carmen abrió la boca como un tiburón y se metió en ella la polla y parte de los
huevos de Carlos. Cerró los ojos y se dedicó a disfrutar de la lengua de Alicia.



Tuvo un orgasmo múltiple y Carlos lo notó por los bocados que
le daba. La veía tan concentrada que no se atrevió a quejarse.



Relajada ya, Carmen, indicó a Carlos que se bajara de la
mesa, y ordenó a Alicia que ocupara su lugar, luego ella se sentó sobre Alicia,
con su cabeza ante el coño de ella, y le ordenó a Carlos que se lo comiera, que
le diera a Alicia el mayor de los placeres, con ella en primera fila,
acariciándola, llevando la nata a la preciosa raja, y guiando la cabeza de
Carlos.



A Alicia, por su parte, le bastaba con sacar la lengua para
toparse con el coño de Carmen, pero se concentró en la acción de Carlos en su
coño.



Entre la lengua de Carlos y las caricias y atenciones con la
nata de Carmen, pronto Alicia dio espasmos de orgasmos y gemidos.



Carlos se retiró pero Carmen alcanzó a pillarlo por el pelo.



–¿Dónde vas? Cómela el culo.



Carlos, muy asombrado por la aptitud de Carmen, obedeció,
pero empezaba a preguntarse que le pasaba a Carmen, la miraba de reojo,
inspeccionándola, viéndole esa cara que nunca le había visto antes, una cara de
lascivia, de placer.



Poco a poco se fueron calmando. Carmen y Alicia se sentaron
en la mesa, restregando su coño y culo con los restos esparcidos de nata y
trocitos de fresa. Carlos se sentó en una silla ante ellas, con la visión de sus
coños pegados a la nata y a la mesa.



–Quiero hablar con vosotros –les dijo Carmen–. A mi me ha
encantado, y además se me ha ocurrido una cosa que os voy a proponer.


–A mi también me ha gustado, ha sido cojonudo –dijo Alicia.


–Calla puta –la cortó Carmen. Ellos se miraron sorprendidos–.
De esto se trata, que Alicia sea mi puta y tú, Carlos, mi puto, mis sumisos, que
yo sea vuestra Ama.


–¿Qué? –Carlos asombrado- ¿Sumisos? ¿Ama? ¿Qué dices cariño?


–Te acostumbrarás Carlos, te gustará ser mi esclavo. Me
conoces y sabes que será para bien, así que calla y obedece. Y tú, Alicia, ¿que
dices?


–Pues como juego me parece bien, es morboso.


–No es un juego, puta, será muy en serio, estáis preparados
para disfrutar pero es mejor que alguien tome las riendas de todo, y soy la mas
indicada. Pensad que si rompo la baraja se os jode el juego y así lo pasaremos
mucho mejor. Y tú, Carlos, no me mires así, ¿Acaso no lo soy todo para ti ya?
–Carlos asintió pero sin dejar la cara de asombro– Pues, nada cambiará, excepto
que yo daré las ordenes, yo tomo el control. Alicia, baja de la mesa. Poneros
los dos de rodillas, sobre vuestros talones y atendedme.


–Pero cariño... -protestaba Carlos.


–¡Obedece perro! –y mientras Carmen le gritaba a Carlos,
Alicia se puso como le había indicado- ¿Ves? Alicia es lista, es una mujer, sabe
lo que es bueno...


–Sí, mi Ama.


–Muy bien putilla, muy bien. A ver si metemos en cintura a
este tonto.


–Vamos Carlos, obedece al Ama –le dijo Alicia al atónito
Carlos que como un zombi se colocó de rodillas junto a Alicia.


–Quiero bajar de la mesa, pero quiero bajar limpia del todo,
así que usad vuestras lenguas y desde los pies a la cabeza lamerme entera para
que pueda bajar –les ordenó Carmen.



Alicia fue la primera que tomándola del pie izquierdo comenzó
a lamerla los dedos, la planta, todo el pie. Carlos la imitó, un poco mas
animado, tomando el pie derecho y lamiendo todos los restos de nata o fresa.



Fueron subiendo por las bonitas piernas de Carmen, que pudo
poner los pies en el suelo, y se repartieron muy bien la entrepierna, Alicia el
coño, Carlos el culo. así siguieron largo tiempo hasta dejarla perfectamente
limpia de restos del postre.



–Muy bien –les dijo Carmen y acercó a Alicia para darle un
gran beso en su boca–. Muy bien putilla, te quiero. Y tú –dirigiéndose a
Carlos–, ven aquí, tonto. Quiero que me digas que soy tu Ama, que eres mi perro
fiel y que siempre me obedecerás.


–Sí cariño, pero... -fue cortado por Carmen, que le agarró
del pelo y lo acercó hacia ella.


–¿No decías que yo era la mejor? ¿Qué era tu diosa? Pues
demuéstralo ahora.


–Sí, Carmen, cariño, pero...


–¿Cómo se dice?


–Sí, mi Ama, pero entiende, todo es tan rápido...


–Mira a esta putilla que has, que hemos encontrado, mira su
cara, ella sí entiende, ella sí es feliz ¿Verdad puta?


–Sí, mi Ama, soy muy feliz –dijo Alicia y se arrodilló a
besarla los pies.


–Aprende de ella. Entrégate.



Carlos se quedó mirándolas y cavilando la situación y el
cambio de las relaciones que proponía Carmen. Al poco, decidió.



–Sí, mi Ama –dijo Carlos e imitó a Alicia.


 

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Relato: La mujer de mi jefe
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