Creo que lo que te voy a contar te puede resultar un poco
fantasioso pero aunque nunca he contado como empecé en estos menesteres, te
puedo asegurar que es totalmente cierto además de aconsejar que si te atrae este
tipo de contacto que lo pongas en práctica siempre que puedas.
Hoy tengo 25 años y la historia empezó cuando yo tenía tan
solo 12, y se aproximaba mi 13 cumpleaños, he de decir que siempre he sido un
poco infantil en mi forma de ser, por lo cual cuando mis padres me insinuaban
que se aproximaba la fiesta del cumpleaños yo me ponía muy nerviosa pensando en
que regalos me harían tanto ellos como todos mis amigos a los que invitaría a la
fiesta. Bueno pues por fin llego el día y en el salón de mi casa nos juntamos un
buen número de amigos y amigas del colegio y después de bailar durante un buen
rato llego el momento de la merienda y tras la tarta de rigor, los regalos. Cada
uno traía un regalo con arreglo a sus posibilidades económicas a lo que yo
agradecía con una muestra de alegría. El último regalo fue el de mis padres,
para lo cual y bajo la sorpresa de todos apagaron la luz y entraron los dos con
una gran caja adornada con un lacito azul, yo estaba muy nerviosa al verlos y de
momento me lancé a abrir la caja. Con gran sorpresa pude ver que en su interior
había un cachorrito de color blanco, parecía una bolita y tenía frío ya que
estaba tiritando y llorando, inmediatamente lo cogí y lo abracé con intención de
tranquilizarlo cosa que hizo rápidamente. Me hizo tanta ilusión que casi olvidé
los demás regalos, y tras agradecer a mis padres aquel maravilloso regalo mi
vida cambió de rumbo.
Yo me ocupaba de cuidarlo, lo bañaba una vez a la semana, le
daba de comer, aseaba su cestita y lo sacaba a pasear y a sus necesidades todos
los días un par de veces. Cuando cumplió un año y medio yo seguía con mis
menesteres con Zario, que es como se llamaba, pero ya era un animal un poco
grande como para poderlo manejar yo sola por lo cual casi siempre lo sacaba mi
padre a la calle y durante el resto del día estaba en el jardín de la casa donde
siempre estaba jugando.
Un día desde la ventana de mi habitación pude observar que
estaba echado y lamiéndose en sus partes y aunque lejos pude ver que le asomaba
un pene, que en aquel momento no sabía que era, rojo y bastante grande a pesar
de que no estaba del todo fuera.
En ese momento se me pasaron por la cabeza muchas cosas que
me excitaron pues en esa época también andaba saliendo yo con un chico de mi
edad con el que me daba buenas palizas pero no pasaba de ahí, nos tocábamos y
como mucho él me metía un dedo, cosa que me gustaba y me producía mucho gusto,
he de decirte que siempre he sido muy caliente y todo me gusta. En fin aquella
visión paso de momento hasta que un día volví a ver a Zario lamerse su pene y
esta vez no pude contentarme con verlo desde la ventana sino que bajé al patio y
me acerque, él no se asusto y siguió con su tarea y yo al verlo tan de cerca
pude observar que se trataba de un pene de unos 8 centímetros y mas o menos
grueso, así que me excité tanto con aquella visión que me acerqué aún mas hasta
que casi caí de bruces contra el perro, poco a poco fui acariciándolo hasta que
llegué a su zona y parece como si Zario se diera cuenta de mis intenciones pues
dejó de lamerse y se tendió totalmente dejándome hacer.
Lo primero que hice fue tocar esa parte roja que asomaba de
su funda, estaba húmeda y caliente, y al tocarlo pareció como si un resorte
soltase todo aquel enorme pene, ya que salió de su funda y engordó casi por
encanto, sin pensarlo comencé a pajearlo como hacía con mi amigo y el perro
respondía aumentando su respiración y manchándome la mano cada vez con mas
líquido que salía de la punta de su pene, se puso como de unos 17 centímetros de
largo antes de que la bola saliera de su funda y su grosor era bastante grande
pues yo no lo abarcaba con mi pequeña mano. Seguí haciéndole una paja hasta que
se puso en pie y crei que saldría corriendo o que me atacaría, pero lo único que
hizo es buscar de nuevo mi mano hasta que seguí tocándolo y se corrió. Lanzó un
montón de liquido blanco caliente que me manchó la manga de la blusa que tenía
puesta, el perro se relajó y se tendió en el suelo y de nuevo se dedicó a
limpiarse su pene a base de lametazos.
Yo fui a mi habitación a limpiarme la manga manchada, pero
con una excitación tan tremenda que tuve que masturbarme por lo menos un par de
veces y no dejaba de pensar en lo que había visto antes. Una vez mas relajada me
senté en mi mesa de estudio a preparar un examen que tenía para el día siguiente
además de tener al lado la merienda que me había dejado mi madre, ya que ellos
habían salido a una reunión de trabajo y regresarían un poco después de la hora
de cenar.
Yo seguía con mi estudio cuando me di cuenta de que en la
puerta de la habitación había alguien mirándome y al levantar la mirada observé
como Zario estaba en la puerta mirándome, de inmediato se me paso por la mente
un montón de imágenes guarras con el perro pero me daba un poco de asco y lo
dejé, pero cuando el animal de nuevo frente a mi se dispuso a lamerse el pene,
me fijé mejor en su lengua, larga, carnosa y húmeda, por lo que se me ocurrió
llamarlo y ofrecerle un poco de galleta con mermelada, Zario siempre fue muy
goloso por lo que de un solo bocado se la trago después de haber lamido de mi
mano la mermelada.
Y ya no podía mas y sin pensarlo me quité la falda y las
braguitas y me puse ante Zario con las piernas abiertas ofreciéndole mi rajita,
pero el perro ni me miró así que se me ocurrió llamar su atención untando mi
mano con mermelada, así que el muy goloso, se dispuso a lamer mi mano y yo la
fui dirigiendo hacia mi rajita que también había untado de aquella golosina,
Zario se lanzó contra mi rajita y se dispuso a lamerla muy golosamente, yo
notaba aquella lengua un poco rasposa pero húmeda y rápida, sin pensarlo me
produjo mi primer orgasmo, tremendo, mientras seguía lamiéndome yo abría cada
vez mas las piernas y ofrecía la mezcla de mermelada y jugos al perro que se los
bebía con verdadero placer y mi me produjo un segundo orgasmo. Tanto rato
seguimos que se acabo la mermelada cuando yo no sabría decir cuantos orgasmos
había tenido.
Después de esto me pareció que no debería dejar a Zario de
esa manera, así que me dispuse a hacerle otra paja para que quedara tranquilo y
mientras se la estaba haciendo se me ocurrió el chupársela y así lo hice, me
bajé poco a poco para no asustarlo y de principio le pasé la lengua por la
puntita con un poco de asco, pero noté que su gusto no es del todo desagradable
ya que es un poco ácida pero de inmediato fui metiendo cada vez mas trozo en mi
boca hasta que ya no me cabía mas mientras por dentro le pasaba la lengua por
todo su tronco hasta que noté que el perro no podía mas y sin darme tiempo a
retirarme noté como se corría en mi boca de una forma bestial, yo no podía
aguantar en mi boca tanta cantidad de líquido y mientras chupaba se me salía por
la comisuras.
Os puedo asegurar que fue una experiencia sensacional y la
cual repetí cada vez que tenía oportunidad, quería llegar a mas pero me daba
mucho miedo, así que de lamidas y chupadas no pasé hasta que un día el perro fue
atropellado por un camión de reparto y murió. Ya tenía 6 años y mucha
experiencia conmigo, la verdad es que lo sentí y aunque todavía le recuerdo, hoy
tengo otro perro que es una maravilla, se llama Torx y como en otra historia os
he contado ya practico el sexo total con él, eso si, con ayuda de un buen amigo.