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Relato: Círculo Incestuoso (28)


 


Relato: Círculo Incestuoso (28)

  

CÍRCULO INCESTUOSO


(Parte 28 – El adulterio de Pepita).


En el capítulo anterior mi madre y yo habíamos establecido
contacto con Pepita, una amiga suya de 44 años. Esta mujer, según decía mi
madre, estaba deseando ponerle los cuernos a su marido y fue mi madre la que me
instó a que intentara algo con ella. Tras una caliente conversación en el
transcurso de la cual Pepita llegó a reconocer tácitamente que las relaciones
incestuosas no le parecía mal, acabamos los tres en casa de mi madre metiéndonos
mano.


Pepita se notaba tremendamente excitada y tras los primeros
morreos míos con ella y con mi madre mientras los tres nos desnudábamos, yo supe
que aquella tarde me acabaría tirando a la calentorra y adúltera amiga de mi
madre.


Pepi, como la suele llamar mi madre, es una mujer bastante
atractiva a pesar de entrar con pleno derecho en la categoría de las gorditas.
Según se iba desnudando pude apreciar que sus rellenas piernas resultan muy
tractivas, torneadas y de piel finísima. Sus caderas son enormes, rotundas y
enmarcan un soberbio culazo que yo creo que sólo es superado en atractivo por el
magnífico culazo de mi madre. Sus tetas, como ya he dicho son espectaculares
aunque más que redondas o bien llenas las tiene descolgadas y sin sujetador
muestran una curiosa tendencias a desplazarse hacia los laterales de su cuerpo.
Sin duda ver a Pepita desnuda resulta extremadamente excitante para los que
gustamos de las maduritas rellenas,


Pepita se puso como loca cuando mi madre se arrodilló delante
de mi y me empezó a chupar la polla. Luego mi propia madre invitó a Pepita a que
me la chupara y entre las dos me hicieron una mamada de campeonato.


Mi madre dijo al de un rato que mi polla ya estaba preparada
para taladrar el chocho de Pepita pero yo, viendo lo que excitaba a Pepita mi
relación incestuosa con mi madre, le dije a ésta:


- Mamá, primero quiero metértela a ti en ese chochazo de
putona que tienes. Y que vea tu amiga Pepita lo guarra que eres.


Pepita entonces, para sorpresa nuestra, se empezó a frotar
con los dedos el chocho a una velocidad y con una intensidad increíbles y
estalló en un orgasmo descomunal.


- ¿Cómo te gusta que me vaya a follar a mi madre, eh, Pepita?


- No lo sabes tú bien, hijo. Casi más que si fueras a
follarme a mi. Venga, venga, jódela como a una perra, jódete a tu madre y
trátala como a una golfa, que quiero verlo. Quiero ver cómo te jodes a la
viciosa de tu madre y ver la cara de marrana que pone ella mientras la folla su
propio hijo. Y luego me jodes a mi, cacho cerdo, y me tratas como a una puta
también.


En efecto a Pepita las relaciones incestuosas parecían
ponerla realmente a cien así que situé a mi madre con el culo en pompa apoyada
sobre el sofá y se la metí en el conejo empezando a follarla suavemente. Pepita
no dejaba de masturbarse ella misma mientras me animaba diciéndome:


- Así, así, jódete a tu madre que es una buena puta. Mira
cómo le gusta el cipote de su hijo en el conejo a la muy guarra.


Mi madre, sin duda también muy excitada, no tardó en alcanzar
un tremendo orgasmo mientras decía:


- Sí, hijo, así, así. Jódeme delante de la viciosa de Pepita.
Que vea esta guarra como follo hasta con mi propio hijo, de lo puta que soy.
Dame, hijo, dame fuerte con tu polla, dale fuerte en el coño a mamá, que le
gusta mucho tu polla en el chocho. Mamá es tu puta; fóllate a tu puta, fóllate a
tu madre y dale gusto del bueno en el conejo.


Mi madre alcanzó un orgasmo brutal y en ese momento Pepita,
de nuevo por efecto de sus manoseos en su clítoris y en todo su chochazo, tuvo
otro tremendo orgasmo que la dejó derrengada sobre un butacón.


Yo no me había corrido fundamentalmente porque aquella misma
mañana había estado ya follando con mi madre y había depositado una carga de
semen en su chocho y otra en su fabuloso culazo. Esto me permitía aguantar así
que una vez mi madre hubo orgasmado le saqué la polla de su caliente coño y le
dije a Pepita:


- Venga, viciosa calentorra, ahora te toca a ti, guarrona. Te
voy a meter la polla que hace un instante le he metido en el conejo a la puta de
mi madre. Vas a ponerle los cuernos a tu marido con mi polla que acaba de estar
metida en el coño de mi madre dándole gusto del bueno. – Insistía yo viendo que
las alusiones al hecho de follar con mi madre excitaban tremendamente a la
gordita amiga de ésta.


- ¡Síííííííí…! – exclamó Pepita completamente excitada. –
Fóllame, jódeme con esa pollaza que acabas de sacarle del coño a tu madre. Y que
a mi marido le crezcan unos buenos cuernazos. ¡Ay, pero que calentorra y puta me
siento!


Le indiqué a Pepita que se pusiera a cuatro patas sobre la
alfombra y sus ojos brillaron de lujuria.


- Se le van a arrastrar los pezones por la alfombra. - Apuntó
mi madre riendo y aludiendo al tremendo tamaño de las mamas de su amiga. En
efecto mi madre no andaba muy descaminada. Cuando Pepita se puso a cuatro patas
sus tetas rozaban el suelo de modo que sus pezones recibían la caricia, si se
puede decir así, de la alfombra.


Enseguida se la metí en el chocho por detrás y empecé a
bombear con ganas. A pesar de que Pepita acababa de experimentar dos orgasmos
por efecto de su propia masturbación enseguida empezó a resoplar de gusto.


- Fóllame, jódeme bien jodida aquí delante de tu madre –
decía. – Así, así, que vea tu madre lo vicioso que eres y cómo me la metes por
el coño delante de ella. Mira Nati, mira cómo me mete tu hijo la polla en el
coño; mira como me está jodiendo el muy cabrón... ¡Aaaaaaaaahhhh!


Y tuvo otro orgasmo realmente brutal. Yo seguí jodiéndola y
entonces fue mi madre la que, comprendiendo lo que excitaba a Pepita el
trasfondo incestuoso de la sesión, participó con sus palabras.


- Así, hijo, así. Fóllate a esta perra y dale gusto para que
mamá vea que eres un buen semental. Que reviente de gusto la muy zorra, hijo.
Métele bien dentro la polla que me has metido a mi en el chocho hace un momento.
Y cuando te vayas a correr échaselo todo encima a mamá, que me encantará recibir
tu lechecita después de haber estado jodiendo a esta putorra. Riéganos a las dos
con tu lefa calentita, cariño. Echanos tu lechada encima a las dos, a tu madre y
a la golfa de Pepi.


Aquello fue demasiado para Pepita que volvió a estallar en
otro orgasmo realmente descomunal. Yo ya estaba también al borde de la
eyaculación así que siguiendo las indicaciones de mi madre se la saqué a Pepita
y les dije a las dos que se pusieran delante de mi arrodilladas o sentadas. En
esa posición mi madre me agarró la polla y me dio un par de sacudidas en ella;
acto seguido empecé a soltar varios chorros de semen que fueron a parar a la
cara y pechos de ambas maduritas con gran placer para ambas. Mientras recibía mi
leche sobre su cuerpo la viciosa de Pepita aún volvió a tocarse furiosamente el
coño provocándose una vez más un nuevo y tremendo orgasmo.


Una vez acabada mi eyaculación los tres nos reímos contentos
y nos abrazamos para luego sentarnos en el sofá a descansar. Dejamos a Pepita en
el medio y mi madre y yo le preguntamos qué tal se lo había pasado y demás para
acabar preguntándole por las razones de su evidente gusto por el incesto.
Primero le contamos, a petición suya, cómo habíamos empezado nosotros a tener
relaciones incestuosas y desde hacía cuanto tiempo follábamos juntos. Lo hicimos
a grandes rasgos y sin mencionar a otras personas concretas cuando no estábamos
seguros de si éstas estarían de acuerdo en dar a conocer a Pepita su particular
y secreta vida sexual incestuosa.


Aún así el relato debió ser tan estimulante que Pepita volvió
a tener un tremendo orgasmo pues mientras nosotros le relatábamos nuestras
experiencias incestuosas y las de algunos de nuestros amigos ella estuvo
masturbándose todo el rato y yo ayudaba a su excitación tocándole las tetas y
estirándole sin miramientos de los pezones, que ella, por cierto, declaró tener
tremendamente sensibles.


Sin duda a la muy viciosa le gustaba masturbarse y cuando le
preguntamos por ello nos dijo que era la única manera hasta ese día que tenía de
darse placer mientras pensaba en situaciones incestuosas, que eran según nos
confesó, su gran vicio sexual secreto. Por eso se había aficionado mucho a la
masturbación pues la única vía para gozar del incesto para ella era la
imaginación.


Finalmente nos contó ella a nosotros el origen de su gusto
por el incesto y el porqué de su excitación al abordar estos temas. Su gusto por
el incesto tenía dos caras; una en el pasado y otra en el futuro. La primera se
debía a que cuando ella era una jovencita de apenas 18 años había tenido
relaciones sexuales con su padre aunque sin llegar a la penetración. Según nos
contó su padre le tocaba de vez en cuando las tetas como quien no quiere la cosa
y en plan de broma mientras comentaba el extraordinario tamaño que iban
adquiriendo sus tetas y es que Pepita siempre ha sido muy dotada de pecho y ya
con 18 años tenía unas mamas espectaculares y excitantes incluso para su padre.
Como a ella eso la ponía cachonda un día decidió dejarse sobar a base de bien y
no se hizo la remolona cuando su padre quiso explorar por dentro de su escote
permitiéndole a éste que descubriera que ese día no llevaba sujetador y que sus
fabulosos pechazos estaban completamente libres y a disposición de su padre bajo
la blusa. Ella entonces también le tocó a su padre el paquete y este se corrió
sin poder remediarlo mientras le sobaba las tetas a su hija. Desde aquel día
Pepita se dejaba sobar las tetas sin ningún pudor por parte de su padre y a su
vez le hacía a él unas pajas que lo dejaban deshecho de gusto. Así siguieron
hasta que Pepita se casó ya que, como era habitual en la época, había que
preservar la virginidad de las chicas hasta el matrimonio. Así que Pepita tenía
que conformarse con las sobadas en las tetas que de tarde en tarde le daba su
padre y éste con las pajas que le hacía su hija. Ahí fue cuando se aficionó a la
masturbación pues era el único camino para procurarse satisfacción sexual y
aliviar la tremenda excitación que le provocaban las escenas de magreo
incestuoso con su padre.


Según siguió contándonos, cuando se casó ella se fue del
pueblo y las relaciones con su padre desaparecieron. A veces en vacaciones de
verano, que era cuando se veían, se daban algún refregón disimulado, siendo
siempre ella la que tomaba la iniciativa pero nada más. Pero con el tiempo y
teniendo ya Pepita 40 años y su padre 63, ella se había convertido ya en una
cachonda sin remedio y volvieron a las andadas en unas vacaciones pero esta vez
pasando a mayores.


- Yo para entonces – nos contaba Pepita – ya tenía relaciones
extramatrimoniales con un antiguo novio que había tenido en el pueblo y le ponía
unos buenos cuernazos a mi marido con él. Bueno, y no sólo con él porque alguna
vez hasta estuve con él y con algún otro amigo suyo a la vez. O sea, que ya veis
que ya estaba hecha toda una golfa. Y entonces pensé "Con lo calentorra que me
pone mi padre, si follo con estos y le pongo los cuernos a mi marido, ¿por qué
no voy a echar un casquete con mi padre, que a mi me va a gustar una barbaridad
y a él seguro que le doy la alegría de su vida?" Y dicho y hecho.


Nos contó que entonces volvió a insinuarse a su padre cuando
las circunstancias lo permitían para que nadie más de la familia sospechara lo
más mínimo. Le enseñaba las tetas a través de sus generosos escotes en cuanto
podía y llegó a encelar a su padre de tal manera que terminaron echando un polvo
descomunal en cuanto tuvieron ocasión. De entonces para acá, según nos contó, no
hay verano que no echen unos cuantos polvos.


- Y no sólo eso – seguía contándonos Pepita – sino que como
le conté el lío que me traigo con mi antiguo novio y que alguna vez he estado
también a la vez con algunos amigos de éste, mi padre también me ha empezado a
traer a un par de amigos suyos porque le pone muy cachondo ver que su hijita es
una buena putona viciosa dispuesta a enseñarles las tetas y a darles gustito a
sus amigotes. Así que me monto unas orgías los veranos que no veáis: con viejos,
con tíos de mi edad que me hacen de todo y por supuesto con mi padre. Así que ya
veis; soy una zorra de tomo y lomo. Pero bueno, por lo que me habéis contado
vosotros tampoco os andáis con tonterías ¿eh?


- Sí, chica, ¡menuda zorra estás hecha! – le decía mi madre.
– Me parece que tú no vas a ser de las que se asustan porque yo folle con mi
hijo…


Luego le preguntamos por la faceta de su interés en el
incesto que tenía que ver con el futuro y ella nos dijo:


- Bueno, ya se que tengo garantizada vuestra discreción
total, tanto por lo que hemos hablado antes, y sobre todo después de lo que ha
pasado, y también porque vosotros menuda parejita de viciosos que estáis hechos,
cachondones. Pero de todas formas os pediría que de esto no digáis nada de nada
a nadie, ni siquiera a la gente con la que tenéis confianza para estas cosas y
de la que me habéis hablado antes. Sobre todo porque de momento sólo son ideas
mías y no querría que salieran de aquí.


Entonces nos contó que una idea que la ponía muy cachonda era
que su hija Marta, de 19 años, hiciera el amor con su padre, es decir, con el
marido de Pepita. Nos explicó que como ella había tenido, y de hecho seguía
teniendo, relaciones sexuales con su propio padre la idea no le parecía mala
sino todo lo contrario siempre que hubiera voluntad por ambas partes. A esto se
añadían varios detalles que ella venía observando y que alimentaban sus
pensamientos incestuosos en lo que respecta a su hija y su marido. Resulta,
según nos contó, que su marido se queda como tonto cuando ve a la chiquilla
ligera de ropa por casa y que tampoco pierde ocasión de darle alguna palmada en
el culo o de hacer comentarios sobre el tamaño de las tetas de la chica y de su
éxito con los chicos a la vez que se las toca un poco.


- Lo bueno es que la muy zorrita, que saldrá a su madre,
claro, no creas que se enfada ni se molesta. Todo lo contrario; le ríe las
gracias a su padre y no sólo eso: yo creo que cada vez anda más por casa en
bragas y sujetador, especialmente delante de su padre. Algunas veces incluso con
tangas y sujetadores de esos medio transparentes, y claro, no veáis cómo se pone
su padre; si no se corre con solo verla así yo creo que le falta poco.


También nos contó cómo su hija cuando estrenaba ropa,
especialmente si era un tanto provocativa, se la probaba delante de su padre
para pedirle a éste su opinión y que él nunca censuraba sus modelitos por
atrevidos que fuesen sino que aprovechaba para tocarle el culo o las tetas a la
joven con la total complacencia por parte de ésta.


- Lógicamente lo hacen todo medio a escondidas de mi pero
como ahora ya sabéis, a mi no sólo no me importa sino que me encantaría que mi
marido se jodiera a la calentorra de mi hija. – Y entonces como entre paréntesis
Pepita dijo: - ¡Uy, si hasta me mojo sólo con decir cosas así!


Siguió contándonos que estaba segura de que hasta ahora no se
habían atrevido a más pero que ella quería favorecerlo porque la idea la
excitaba enormemente y estaba segura de que tanto su marido como su hija también
lo deseaban.


- Como veis soy tan incestuosa o más que vosotros y si mi
hija y su padre echaran un polvo delante de mi con sólo meterme los dedos en el
chocho creo que tendría uno de los mejores orgasmos de mi vida.


Seguimos hablando de ello y Pepita nos dijo que pensaba que
con el tiempo los hechos se desencadenarían solos pero que por un lado estaba
harta de esperar y por otro ella quería ser parte del asunto aunque fuera como
mera observadora. Así que estaba decidida a hacer algo para favorecer los
acontecimientos pero no sabía qué.


- Pues si nosotros te podemos ayudar en algo... – se ofreció
mi madre. – No sé, que mi hijo se ligue a tu hija y la joda en vuestra casa para
que los sorprenda tu marido o bien los dos, tú y él y... no se.


- O si quieres – intervine yo – te jodo a ti para que nos
pille tu hija, a ver si luego os puedo follar a las dos juntas para que nos
pille a los tres tu marido y la liamos buena. Igual me gano un puñetazo de tu
marido pero... si hay que ayudar se ayuda.


Los tres reímos alegremente con mi descabellada propuesta y
Pepita continuó:


- Gracias, gracias. La verdad es que teniendo en cuenta que
vosotros lleváis también este rollo incestuoso algo se nos ocurrirá porque creo
que es imprescindible que alguien de fuera nos ayude, o mejor, les ayude a dar
el primer paso. Por cierto, aunque terminemos teniendo un plan lo de la
discreción que hablábamos antes con mi marido sigue en pie porque él ni sabe que
follo con mi antiguo novio y sus amigos en el pueblo ni, por supuesto, sabe nada
de lo mío con mi padre ni le voy a contar lo que acabamos de hacer aquí, claro.


- ¿Qué tal es tu marido en esto del sexo? – Le preguntó
entonces mi madre.


- Bueno, pues bastante cachondo, ya te digo, conmigo hace de
todo. Yo no es que le ponga los cuernos porque me tenga desatendida; se los
pongo porque soy una zorra viciosa, ja, ja, ja… Y ya os he contado que le veo
con ganas con la chavalilla pero...


- Es que igual me lo podía tirar yo y que nos descubráis tú y
tu hija y acabamos las tres con él.


- ¡Serás puta, mamá! – Le dije yo en broma.


Todos reímos y a continuación Pepita hizo una observación muy
atinada:


- Eso estaría bien si yo quisiera que mi marido me fuera
infiel en un trío conmigo, está claro. Pero para meter en el asunto a mi hija...
no sé. Igual sí pero no es tan evidente ¿no? Otra cosa sería que vosotros dos y
mi marido hicierais un trío y os sorprendiéramos mi hija y yo. Como ya hay
componente incestuoso la cosa puede ir mejor aunque me da miedo la reacción de
mi hija si no es favorable y por otro lado no es que dude de tu capacidad para
ligarte a mi marido, ¿eh, Nati? pero meter también en la operación a tu hijo así
de primeras no se, no se... puede ser demasiado ¿no? Que mi marido es bastante
cachondo, ya os digo, pero encontrarse follando a una mujer con la participación
de su propio hijo igual no lo digiere así como así.


- Sí, puede que tengas razón; igual se lleva un buen susto el
hombre si ve que quiero joder con él nada menos que en compañía de mi hijo, ja,
ja.


- Claro. – Asintió Pepita. - Yo como tengo lo del incesto en
la cabeza desde siempre, cuando hoy la conversación ha dejado entrever que
vosotros teníais mucha confianza en esto del sexo, lo que me he puesto es
cachonda a tope. Pero mi marido, no se. Seguro que si ve que lo que quieres es
que él te joda mientras se la chupas a tu hijo igual se pone como una moto o
igual sale despavorido pensando que eres una depravada peligrosa, ja, ja, ja.


- Sí es difícil – intervine yo. – Pero yo creo que tenemos
que hacerlo de modo que tu marido se implique desde el primer momento y que tú
también estés en el ajo, Pepi. Quiero decir que tu hija deberá ser la última en
entrar. Así que tenemos que hacerlo de modo que tu marido se tire a mi madre y
yo a ti en la misma sesión. Yo creo que sería lo mejor aunque tampoco es que sea
fácil ¿eh? Si lográsemos eso, una vez las cosas lanzadas yo me follaré a mi
madre delante de vosotros y así ya saldría a la palestra el tema incestuoso. Una
vez veamos la disposición de tu marido ya lo montaremos para que tu hija nos
sorprenda a los cuatro.


- Claro, - intervino mi madre - y en función de la reacción
de tu hija ya veríamos si lo que procede es que tu marido se la folle o le pida
disculpas por ser un padre tan golfo.


- Pues me parece bien. Eso lo veo más claro, más lógico ¿no?
Aunque difícil sí que es, sí, porque mi marido es bastante calentorro, la
verdad, pero ni siquiera estoy segura de que esté dispuesto a ponerme los
cuernos o a participar en un intercambio.


-.Bueno, tendremos que ir averiguando todo eso poco a poco.


A las dos maduritas les pareció bien. Ahora solo quedaba
establecer el plan para que los cuatro acabáramos en una orgiíta a la que luego
pudiera incorporarse la joven hija de Pepita.


Tratamos de esbozar un plan y tras unos minutos pensándolo yo
propuse que nos encontráramos los cuatro un día en la sección de lencería de
unos grandes almacenes de modo que se propiciara una cierta situación picante
que atrajera la atención del marido de Pepita sobre mi madre. Planeamos que
ellas, y especialmente mi madre, estarían eligiendo lencería realmente sexy y
que trataríamos de que ambas mujeres se la probaran juntas en el mismo probador
con la excusa de ahorrar tiempo pues seguro que los probadores estarían llenos.


- Con un poco de suerte vosotros entráis en el probador con
nosotras y allí ya le enseñaré el culo en condiciones al maridito de esta putona
– dijo mi madre, - y si no pues ya os diremos que nos deis el visto bueno luego
bien en vuestra casa o en la nuestra ¿no? Seguro que con esa estrategia, a nada
bien que lo hagamos, acabamos con el culo al aire.


- La cuestión es que mi madre le guste a tu marido por un
lado y por otro que él no vea con malos ojos que yo te vea a ti las tetas. –
Dije yo. - Si eso cuadra tenemos medio camino andado porque de ahí a una sesión
de folleteo entre los cuatro no hay nada.


- Eso no lo veo difícil. – Señaló Pepita. – No es que sea
sencillo pero bueno, mi marido es un hombre y en cuanto le vea el culo a tu
madre…


- Pues después ya sólo quedaría que en esa sesión mi madre y
yo nos demos unos morreos o nos metamos un poco de mano para ver cómo reacciona
tu marido. Si se escandaliza pues marcha atrás y aquí no ha pasado nada; a
pensar en otra cosa. Si lo ve excitante pues yo me acabo jodiendo a mi madre
delante de tu marido y comentamos todos lo excitante que es el sexo incestuoso.
Tú dices que lo nuestro te parece bien y a ver si tu marido dice algo de vuestra
hija…


El plan nos pareció bueno y quedamos para ponerlo en práctica
el jueves de la semana siguiente a la tarde pues era un día que nos venía bien a
todos.


Continuará…


 



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Relato: Círculo Incestuoso (28)
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