webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Doncella, criada... y esclava


 


Relato: Doncella, criada... y esclava

  

DONCELLA, CRIADA...Y ESCLAVA


Hola. Me llamo Diego, y soy pijo. ¿Y qué?. Nací en la riqueza
rodeado de lujo, con ropa cara, mayordomos, sirvientas, cenas suntuosas, enormes
habitaciones y atendido las 24 horas al día. Mi padre, hombre de negocios donde
los haya, tenía sus manos metidas en negocios inmobiliarios, acciones de bolsa,
empresas de transporte, etc., etc., etc., y siempre sabía sacar beneficio de
todo. Siempre nos procuró dar lo mejor a mis dos hermanos Gaviro y Federico, a
mi hermana Celeste, y también a mí. Actualmente tengo 22 años, y soy el menor de
todos mis hermanos. Mi hermana la mayor tiene 36, y mis hermanos Gaviro y
Federico tiene 32 y 30, respectivamente.



Cuando tenía 8 años, mi padre contrató a Blanca, que entonces
tenía 16 años, para que cumpliera como sirviente y doncella de la casa. Era una
chica preciosa de pelo azabache brillante, ojos profundos de color verde, de
metro setenta de alto más o menos y un montón de curvas de arriba abajo, claro
que entonces yo de eso no me daba cuenta. Solo veía a una doncella más de la
casa con la que acabé congeniando como buenos amigos, a pesar de que, por
expreso mandato de mi padre, siempre debía llamarme "Srto. Diego", tanto si
estaba él delante como si no. Lo mismo se aplicaba a mis hermanos y hermana,
pero contando yo 14 años, mis hermanos ya habrían emprendido camino en solitario
para conseguir la fama y fortuna siguiendo los pasos de mi padre.



Volviendo a Blanca, debo decir que ella era mi confidente en
la mansión familiar, mi gran cómplice y casi podía decirse que mi asistenta
personal. Nos contábamos toda clase de cosas y secretitos, incluidas algunas de
mis gamberradas, de las cuales siempre sabía escabullirme. Blanca era muy buena
conmigo y me decía que tuviera cuidado con no ser descubierto o me llevaría una
buena azotaína, cosa que alguna vez recibí con dolorosos quejidos. Mi padre no
se cortaba un pelo si tenía que dar ejemplo e imponer algún severo castigo, pese
a que era y sigue siendo un hombre de talante agradable y de carácter afable y
humano.



Cumplidos 16 años, me encontraba en la flor de la vida y ya
entonces salía con alguna compañera de clase para coquetear y pasar un buen
rato. Estaba ardiente por hincarme a alguna, pero no lo tenía nada fácil, pues
ellas siempre se buscaban algún madurito más experto que yo para eso. Por suerte
tenía a Blanca, la cual, con sus generosas curvas, me consolaba, ya que por
aquel entonces comencé a percibir que debajo de su uniforme de doncella de falda
corta, medias negras de ligas, escote generoso y cofia en la cabeza se ocultaba
un cuerpo muy apetecible, pero no fue hasta pasados cinco meses de mi cumpleaños
que se me abrieron todas las puertas del cielo.



Los fines de semana, como siempre, los dedicaba a mis clases
de tenis y squash, al principio impuestas por mi padre, pero que luego me
gustaban debido a los monumentos de profesoras que tenía. Aquel finde, como
tantos otros, salí con la ropa de tenista y la raqueta para dar la clase en la
parte deportiva de la mansión y entonces, al echar mano en mis bolsillos…¡¡se me
habían olvidado las pelotas de tenis!!. Tuve que dar media vuelta para volver
por ellas, y fue, pasando por el salón comedor, que me pareció escuchar algo que
llamó mi atención y me hizo ir a la puerta, que estaba entornada, y abrirla. Lo
que vi me dejó estupefacto.



Allí sentada, con las piernas abiertas, con sus bragas a un
lado y los ojos cerrados, estaba Blanca…¡¡masturbándose viendo un video porno!!.
No era además un video cualquiera, si no una de las cintas que Papá había
grabado haciéndolo con Mamá. Me puse tan furioso que di un portazo, haciendo
notar mi presencia y dando a Blanca un susto de muerte.



-¡¡SEÑORITO DIEGO!!.



-¡¡BLANCA, PEDAZO DE PUTA!!. ¿Se puede saber que estás
haciendo?. Voy a ir a mi padre y decirle lo que haces. Te vas a entrar,
¡masturbarse con los videos de Papá-la reproché muy enojado-!.



Blanca saltó del sofá y se arrodilló en el umbral de la
puerta para no dejarme pasar, con los ojos saltados en lágrimas.



-No por favor, no le diga el Señor. Haré lo que sea pero no
le diga al Señor, se lo suplico Señorito Diego. Sea bueno conmigo…



-¡¡Quítate de mi vista putón!!. ¡¡No quiero verte!!, ¡¡déjame
pasar!!.



-¡Por favor por favor por favor por favor!, ¡no le diga
nada!, ¡haré lo que sea pero no se lo diga!.



Se asustó al ver mi mirada cargada de verdadero odio, No
podía creerme que ella chica, a la que consideraba mi amiga, mi cómplice y
confidente, hubiera sido pillada haciendo aquello. Blanca giró la cabeza para no
mirarme al ver lo furioso que me encontraba, y en ese instante, como un flash
repentino, sentí como una punzada que me atravesó el cerebro, como si tuviera
una idea providencial, y me quedé mirándola fijamente, ya que desde mi posición
tenía una visión perfecta del escote de Blanca, viendo un par de tetonas
imposibles, ocultas bajo aquel traje de criada. Parecían grandes, pero realmente
enormes.



-¿Has dicho lo que quería?, ¿lo que yo quería?.



-¡Sí señor haré todo lo que me pida pero no se lo diga el
Señor!. ¡Por favor no se lo diga!.



Blanca estaba realmente presa del pánico, y yo presa del
júbilo.



-¡¡Sigue de rodillas y cierra la puerta!!.



Avanzó un poco y cerró la puerta. Al hacerlo, me desabroché
los pantalones y me los bajé, lo mismo que mis shorts.



-¡Chúpamela ahora mismo!.



-¿Quéeeeeeeeeeeeee?.



-¡Que me la chupes, o iré a mi padre!. ¡Vamos, CHÚPALA!.



Blanca, aterrorizada a más no poder, se acercó de rodillas
hasta mí, con sus manos tomó mi pene entre sus manos y lo masajeó para
calentarlo. La cara de asco que ponía a mí me excitaba, lo mismo que sus
maniobras. Me echó el aliento sobre mi glande, abrió la boca y se lo metió todo
dentro. Por su cara resbalaban lágrimas de humillación. Yo estaba en la gloria,
era la primera felación que me hacían y la verdad que era algo fantástico.
Blanca me la chupaba golosamente y mi miembro se enderezaba y ponía más duro en
su boca. Se lo sacaba un par de segundos para tomar aire y luego le ordenaba
volver a chupármelo todo. También la mandé usar la lengua y los labios para
lamerlo y besarlo. Me empalmé rápidamente por la acción de su boca, y ordené que
me masajeara los huevos y me los calentase más aún, para lo cual me fui al sofá,
me senté y la llevé hasta mí, volviéndola a poner de rodillas para que me
siguiera chupándolo todo.



-¡Déjame ver tus tetas!.



-No señor, por favor, basta ya-me pidió llorando-…



-¿¡BASTA, DICES!?. ENSÉÑAME TUS TETAS HE DICHO, ¡¡AHORA!!.



Deslizó su vestido por los hombros y quedó desnuda de cintura
para arriba. Vi sus melones y perdí la cabeza. Eran dos montañas imponentes, de
más o menos 110 de medida. Resultó que la cabrona las ocultaba bajo el traje con
una especie de faja que las oprimía, pero al soltarse quedaron libres. Siguió
chupándomela como yo quería, haciéndome una señora felación. No podía creer que
ella supiera mamarla tan bien. Y en ese momento…¡¡plas!!.



-¿¡SE PUEDE SABER QUE COÑO PASA AQUÍ!?.



-¡¡SEÑOR!!.



-¡¡PAPÁ!!.



Había entrado en el cuarto de golpe y nos había pillado. Me
adelanté diciendo lo que ella había hecho y señalé la cinta como prueba,
mientras que Blanca intentaba exonerarse de culpa. El semblante de mi padre
cambió súbitamente al ver una de sus cintas privadas en el video. Nos miró a los
dos muy fijamente. Luego dijo:



-¡Hija de perra!, ¡te vas a enterar!, ¡sigue chupándosela!.



Mi padre se bajó los pantalones y se quedó desnuda de cintura
para abajo. Quedé boquiabierto al ver el pedazo de tranca que se gastaba, desde
luego más gruesa y larga que la mía. Se vino con nosotros y me miró con
expresión radiante, guiñándome un ojo y luego mirando a Blanca con furia
demoníaca.



-¡¡Maldita criada!!, ¡¡vamos a castigarte como te mereces!!.



-¡Por favor Señor no me haga daño!, ¡se suplico, no me
haga…!.



-¡¡CÁLLATE-la cortó Papá-!!. Oye, ¿quién te ha dicho que
pares?. ¿No se la estabas chupando a mi hijo?. Pues sigue chupando.



Blanca obedeció presa del miedo. Papá se puso detrás de ella
y la puso el culo en pompa para que quedase como las perras, a cuatro patas.



-¡Por fin voy a darte lo que te mereces!. Llevo queriendo
follarte desde que te contraté. Te voy a dejar más dolorida que si hubieses
llevado una paliza.



Blanca, humillada y vejada, lloraba mientras seguía
chupándomela. Papá deslizó su mano por la raja de sus nalgas y se puso a
hurgarla con fuerza, primero metiendo en su vulva dos dedos con que explorarla
violentamente. Podía notar que lo hacía con fuerza por los temblores del cuerpo
de Blanca y por los quejidos de dolor que profería con mi polla en su boca. Su
cabeza bajaba y subía mientras mi padre y yo la estábamos dando su merecido por
fisgona.



-¡Ahora me la chuparás a mí, y será mi hijo quien te toque!.



Se sacó mi miembro, Papá ocupó mi lugar y yo el suyo. Me
volví loco viendo que Papá había roto sus bragas y se le veía perfectamente una
panocha de color rosado, empapada y con una espesa mata negra, más un orto bien
dilatado.



-¡¡Por favor Señor déjeme marchar-rogó ella-!!. Me iré y no
diré nada a nadie.



-¡¡Si sales por esa puerta no solo te despediré si no que te
desacreditaré en todos los ámbitos sociales habidos y por haber!!, ¿¡queda
claro!?.



-Por favor, señor…se lo ruego…



La bofetada que recibió en plena cara fue tan sonora que
rebotó por la habitación. Luego volvió a darle otra y antes de la tercera ella
hizo un ademán de que parara. Cogió la polla de mi padre y se asustó al ver que
era más larga y gruesa que la mía. Según vi, debía medirle 26 centímetros,
mientras que a mí me medía 21, y su grosor sería de unos 5 centímetros de
diámetro, mientras que la mía era de 3. O sea, que mi padre se gastaba un señor
pollazo, que ahora Blanca tenía entre sus manos para pelársela. Yo me acerqué y
le metí un dedo en su coño empapado. El calor que tenía me impulsaba a seguir
metiéndolo y sacándolo, y meter otro más. Ya eran dos dedos los que entraban y
quedaban bien lubricados, y Blanca, ya imposibilitada de toda resistencia,
intentó meterse la polla de mi padre en la boca, pero debido al grosor le costó
hacerlo. Aún así prosiguió hasta haberlo conseguido, y una vez se la hubo metido
en la boca comenzó la felación que él tanto anhelaba que ella le hiciera. Puso
sus manos en la cabeza de ella y la impulsó a que se la mamara con fuerza, sin
delicadezas. Mis dedos seguían explorándola, y mientras mi mano izquierda
exploraba su cuca y su clítoris, mi mano derecha acarició sus nalgas, las golpeé
para dar buenos cachetes que me excitaron más y metí el índice y el dedo corazón
por su ano, haciendo que su cuerpo temblara por semejante invasión en tan
estrecho orificio. La sensación de tenerla dominada era algo que no tenía
palabras para describir, ni las tengo a día de hoy. Podíamos hacer lo que
quisiéramos con ella, lo que nos diera la gana.



Papá seguía en estado de trance por efecto de la mamada de
Blanca, mientras que yo, escupiendo en su cuca y en su vulva, continué
metiéndola varios dedos hasta que mi padre, con mirada de loco, la hizo
detenerse.



-¡¡Al suelo abierta de piernas y desnuda, YA!!.



Como fiel sumisa que era obedeció y así lo hizo, sin poder
ocultar la vergüenza que le daba mostrarse totalmente desnuda mostrando sus
intimidades. Papá sus manos en mis hombros y me dijo con gesto cariñoso.



-Hijo, quiero que seas el primero en disfrutarla y que
pierdas la virginidad con ella. Fóllatela a gusto y no tengas piedad, hazle todo
lo que tú quieras.



-Sí Papá.



Me dirigí a ella y me puse encima, apuntando mi tranca a su
conejito ya preparado. Haciendo un poco de fuerza se deslizó fácilmente y la
penetré. Solté varios gemidos de placer al habérsela metido y echándome sobre
ella para mamar de sus tetas y probar sus labios me la empecé a follar a gusto.
Meneé las caderas con fuerza bombeando con golpes potentes y secos, sin gastarme
cariño ni afecto. La vulva de Blanca recibía mi polla con grandes exclamaciones
de dolor por parte de ella, pero eso me ponía más a cien. Sus tetas se
bamboleaban de lo lindo debido a mis embestidas, iban de un lado a otro como
enormes flanes de gelatina. Saber que estaba follándome a aquel cuerpo de
viciosa me tenía tan cachondo que poco faltó para perder la cabeza, pero quería
estar de allí dentro el mayor tiempo posible y la embatía poco a poco para
prolongar más mi primera vez. Besé sus labios y jugué con su lengua de guarra.



-Eso es, esclava, deja que mi hijo te folle. Vamos, déjate
follar. Gózalo que luego voy yo detrás-amenazó-.



El que mi padre estuviera allí participando me excitaba
terriblemente, me fascinaba que hiciera de mirón. Me apreté muy fuerte contra
las tetonas de Blanca, estrujándolas contra mis pectorales y notando lo duro de
sus pezones. Deslicé mis manos a sus hombros y a su culo para arremeterla como
un ariete visigodo, teniendo más fácil el moverme dentro de ella.



-Aaaaaaaahh aaaaaaaahh aaaaaaaaaahh aaaaaaaahh…ooooohh
oooooooooohh ooooooh que guarraaaaaaaaaaaaa…córreteeeeeeeeeeeeeee…quiero te
corraaaaaaaaaaaaaaaasss…



-Nooooooooooooo…bastaaaaaaaaaaaaaaaaaa…aaaaaaah aaaaaaahh
aaaaaaaah aaaaaahh…ya bastaaaaaaaaaaa…AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH…



-Síiiiiiiiiiiiii me corrooooooo OOOOOOOOOOOOOOOOOOOHH…



Mi semen largos años retenido por fin tuvo vía de escape y
eyaculé dentro de Blanca con fuertes chorros. Tuve la impresión de que no dejaba
de correrme y de que la llenaba de mi leche cremosa. En cuanto me hube
satisfecho volví a besarla por última vez y ella quedó allí tumbada con cara de
estupor y sus mejillas marcadas por los surcos de sus lágrimas. Papá se sonrió
maliciosamente.



-Ahora me toca a mí-se limitó a decir-.



Fue con ella, se puso encima y sin esperar ni tocarla enterró
todo su pollón dentro de su ya dilatado conejito. Blanca intentaba resistirse
pero era inútil, mi padre la tenía bien penetrada y bien sujeta.



-¿Qué pasa?, ¿no es esto lo que querías?, ¿no te estabas
pajeando viéndome follar con la Señora?...



-No, por favooooooooor…suéltemeeeeeeee…



-Claro que te soltaré. ¡¡En cuanto te folle!!.



Se echó sobre ella y apoyando las manos en la alfombra se la
empezó a follar con una cara de salido que daba gusto verla. Viendo aquello me
la empecé a tocar para volver a ponerme duro pues no pensaba dejar de metérsela
en todo el día. El polvo que mi padre la propinaba era fantástico, nada raro
teniendo en cuenta el tamaño de aquel mástil de bandera. Podía ver como su polla
entraba y salía de la pucha de ella y me encantaba ver como aquello se abría
para dejar paso a semejante trozo de carne. Se la metía con rapidez, con fuerza,
con furia…casi podía verse la pasión contenida de mi padre por ella, de tantos
años deseando vivir ese momento. En ese instante se dio la vuelta colocándola
encima y pegando manotadas en sus nalgas. Luego me miró guiñándome un ojo al
verme duro y volvió a dar bofetadas en su culo. Al comprender su intención
literalmente enloquecí, pues sin perder un segundo fui detrás de ella y la
penetré por su orto hasta enterrarle todo mi miembro.



-¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!!…



Blanca se convulsionó violentamente al notar como estaba
siendo desvirgada por su culo. Estaba tan estrecho y cerrado que sus glúteos me
la estrujaban por todas partes. La sujeté por las tetas para no salirme de ella
y tiré de sus melones para provocarle varios gemidos de dolor, al tiempo que la
puse en posición para que Papá pudiera cogérselas también y mamar de ellas,
mordiendo sus pezones y lamiéndolos con tanta ganas que parecía que iba a
arrancárselos. Blanca, usada por todas partes en aquella salvaje doble
penetración, sollozaba y protestaba a partes iguales incapaz de seguir
aguantando el castigo al que era sometida. Me encontraba tan cachondo que me
dolía el manubrio de tan duro que lo tenía, y seguía enculándola a las mil
maravillas. Llevé mis manos a sus caderas y a su culo para darle cachetes, y mi
padre continuó follándola mientras la estrujaba de sus melones, pellizcando y
retorciendo que acabó por dejarla un par de moratones en sus tetas. Papá y yo,
de algún modo, adquirimos un violento ritmo común y la follábamos a la vez por
todas partes, haciendo que todo su cuerpo de puta vibrara, nos hacía gozar como
ninguna otra.



-Oooooooooohh oooohh ooooooooooohh oooooooohh ooooooohh
ooooooohh ooooooooooohh…OOOOOOOOOOOOOOOOOOOHH…



-Me corro Papá me corroooooooooooooooooooooo…



-NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO…



Papá, que había gozado primero, la regó por dentro y acabó de
inundarla la panocha de lefa. Poco después, cuando aún no se había recuperado
del primer orgasmo me corrí yo y gocé de saciar mis apetencias y de embarrar su
ano de semen. Al salirnos de allí ella estaba agotada. Su respiración era
forzosa, estaba empapada en sudor y exhausta, por lo que no podía moverse. Por
su culo y su vulva salían hilillos de semen debido a tanta cantidad que había
recibido. Papá, que no perdió un momento, salió por la cámara de video y la
grabó en aquella posición, dejándola luego en el sofá para volver al ataque.
Tomamos posesión de sus tetas y las lamimos como posesos durante largos minutos.
La obligamos a pajearnos y a tragarse el semen bajo amenaza de recibir nuevos
bofetones, y por supuesto Papá la reventó mientras la daba por el culo al tiempo
que yo volvía a disfrutar de su cuca de putón. La insultamos y sodomizamos por
más de una hora en total, y cuando acabamos con ella, a Blanca daba gusto verla:
tenía un poco de semen en el pelo, en las mejillas, sus pezones agrietados
amenazaban con estallar de tan duros y grandes que estaban, sus tetas estaban
magulladas, su coño abierto de par en par, y su ano parecía el Gran Cañón. La
filmamos entre los dos con gran placer y la metimos toda clase de cosas por los
dos agujeros.



-Habrá que comprar otro traje de doncella-dijo mi padre-,
éste ha quedado hecho trizas. A partir de ahora vas a ser muy obediente y
cumplirás todo lo que digamos al pie de la letra, ¿queda claro?. Si no cumples,
mandaremos esta cinta a tus padres, a tus tíos, a tus abuelos, a tus amigos…



Blanca, llorando y sollozando, asintió con la cabeza de que
había entendido.



-Y ahora quédate aquí, que vas a ver lo sumisa que eres.



Papá la obligó a ver la cinta de video que habíamos grabado,
sentada entre nosotros dos, mientras la estábamos masturbando, mi padre por su
conejito y yo por su orto. Al término de la misma acabamos tan salidos que la
follamos contra la pared un par de veces más, y su coño recibía ya tanta polla
que ésta entraba sin dificultad alguna. La ordenamos ir a ducharse y la
recordamos que de ahora en adelante tenía que obedecernos en todo.



Desde ese día Blanca viene a despertarme chupándome la polla,
y en el desayuno, debajo de la mesa, me hace otra para tragárselo todo. Mi padre
la posee mientras trabaja en el despacho: la pone sobre la mesa y se pasa una
hora follándola. Su cara tan dulce e inocente ahora es la viva mueca del
puterío. Por la noche también nos la tiene que mamar, a los dos, y la obligamos
a vestir con un microtanga que hace que su pubis sobresalga por ambos lados. Más
de una vez se lo apretamos para que gima y luego masajeamos por encima de él
para dejarlo empapado de sus jugos. Aparte, su atuendo de doncella también ha
reducido su tela y muestra generosamente todos sus encantos.



No han faltado, por supuesto, nuevas actividades, pues Papá,
más de una vez, ha invitado a compañeros de profesión a una cena de negocios que
se convertía en una orgía con Blanca como única chica. La cena empezaba como
cualquier otra, de charla sobre sus asuntos, pero luego, con la llegada de
Blanca, la cosa iba degenerando en algo totalmente distinto. Papá, nada más
entrar ella, les guiñaba el ojo a los amigos para que se percataran de la
estupenda sirvienta que tenía para él. Éstos no podían apartar la vista de las
enormes tetazas que lucía nuestra doncella favorita, más aún cuando el uniforme
las resaltaba que era una barbaridad. Luego, fingiendo un pequeño accidente, mi
padre siempre tiraba algo al suelo para que ella lo recogiese sin doblas las
piernas, por lo que Blanca acababa enseñando a los hombres de negocios el tanga
que llevaba y la mata de pelo que asomaba por los laterales. La clímax se
disparaba cuando uno de ellos, incapaz de aguantar la situación, arremetía
directamente contra la honorabilidad y la decencia de aquella chica al
levantarse de la mesa e ir a frotarse contra aquel tesoro que el tanga intentaba
ocultar en vano. Ya duro el empresario la obligaba a hacerle una estupenda
felación para dejársela bien empapada. Los demás, que tampoco estaban para
aguantar aquello, se colocaban para turnársela, por lo que no era nada raro que
al cabo de aquellas reuniones interminables Blanca terminaba bañada en leche,
quedando restos en su cara, en su pelo, entre sus piernas, entre la raja del
culo…parecía la versión pervertida de Cleopatra, bañada en leche no de burra si
no de sementales, porqué mi padre, como mínimo, sometía a Blanca a un castigo
por el cual debía hacer que todos los invitados se corrieran al menos dos veces,
a fin de que no escasease leche para ella.



Yo también hice lo propio con mis amigos con el debido
consentimiento de Papá y a condición de que, al igual que sus compañeros de
profesión, Blanca fuese el centro de atención. Con la excusa de ver algún video
secreto de Papá o fotos de mi hermana en su época de estudiante(que rompía
cremalleras solo de verla, y que incluso yo la espiaba en secreto cuando se
cambiaba de ropa). Aludiendo que teníamos hambre ordenábamos que Blanca nos
trajese un refrigerio de la cocina, y al traerlo me las apañaba para que cayera
al suelo cuando iba a marchar, con lo que quedaba en el suelo con el culo en
pompa y sus melones colgando como campanas. Mis amigos, por supuesto, no eran
inmunes a semejante visión y se lanzaban a cogerla entre varios para no dejarla
escapar, haciendo que cogiera con sus manos sus pollas tiesas y pajeándolos
mientras algún otro le rompía el tanga con fuerza para lamerla y ponerla
cachonda. Yo la ordenaba que tenía que hacer todo lo que ellos la ordenasen, y
acto seguido ya estaba mamando polla como una descosida. Mis amigos, los cuales
se lo han pasado bomba enseñándose con ella, dada su juventud, enseguida se
empalmaban y procedían a divertirse con la doncella de la casa, metiéndole polla
por arriba y por abajo. Me encantaba verla recibiendo una doble penetración, con
su panocha y su orto tragando verga y más verga. A veces, incluso, la doble
penetración era por el mismo agujero, dejándonos atónitos de lo mucho que
aquello dilataba: verla con el coño recibiendo dos pollas a la vez es algo que
solo se superaba cuando era su ano el que las recibía. Los gritos de placer y
dolor que profería solo podíamos clasificarlos como insuperables, y para cuando
mis amigos se iban, ya caída la tarde, Blanca era incapaz siquiera de levantarse
del suelo.



Dos meses después de sexo con Blanca día sí día también Papá
y yo tuvimos una idea tan genial como perversa y la pusimos en práctica lo antes
posible. La llamamos al salón comedor con el pretexto de que nos sirviera un par
de refrescos debido al tremendo calor que hacía(lo del calor era cierto, pues
era pleno mes de Julio). Al servirnos las bebidas, que dejaba en una mesita al
lado del sofá, la cogimos con fuerza entre los dos y la atábamos en el suelo a
cuatro patas y con el culo en pompa. Nos encantaba desnudarla lentamente para
descubrir sus encantos. Mi padre, haciéndome una seña, me pidió que fuera por el
producto especial que necesitábamos. Al volver nos ensañábamos con Blanca
tocándola por todas partes, poniéndola una mordaza para que no chillase y una
venda en los ojos para que no supiera quien la hacía qué ni donde. Chupábamos
sus cerezas y su almeja largamente, y cuando vimos que estaba a punto pusimos el
producto especial por su cuerpo, especialmente en sus tetazas colgantes, en sus
nalgas y en su panocha. Entonces llamábamos a los dos perros de la casa,
Kronk
y Randolph, que de inmediato se ponían a lamer la miel con la
que nosotros habíamos cubierto su cuerpo. Blanca, ignorante de todo, gemía sin
parar apretando con los dientes la mordaza. Papá y yo nos pajeábamos viendo como
nuestros amados perros lamían su cuerpo, y para cuando se montaban encima de
ella y la penetraban nosotros ya estábamos en órbita. Al verla en plan salvaje
nos corríamos de gusto(y nunca mejor dicho), llegando a tener varios orgasmos. A
mitad de faena quitábamos su mordaza para escuchar sus gemidos y más tarde la
venda, para ver sus ojos espantados al ver quien la estaba follando de forma
incansable. Cuando los perros quedaban satisfechos los hacíamos irse y Papá,
como siempre, conseguía atenazarla para que siguiera a nuestras órdenes.



Lo último que se nos ocurrió implicó algo que hasta la fecha
habíamos obviado: una noche en que estábamos especialmente calientes la llamamos
para que nos hiciera compañía en la cama. La hicimos desnudarse delante de
nosotros, y la ordenamos bailar, contoneándose de modo que sus ubres iban de un
lado a otro volviéndonos locos de sexo. Sus pezones clamaban por unas bocas que
se enseñaran con ellos. Enseguida nos empalmábamos, y se nos quedaban las pollas
como un par de garrotes de hierro macizo. Nos la pasamos como una pelota de
ping-pong, hasta que, tras un par de polvos previos, nos apartamos de la acción
para dejar paso a alguien más: una prostituta que Papá contrató, y que se ensañó
con Blanca de tal modo que le quedaron unas buenas marcas de las manos y boca de
la profesional. Cuando terminó con ella Blanca parecía salida de una sesión
sadomaso. Papá, que siempre ha ejercido un poder total sobre ella, al igual que
las otras veces, grabó todo el acontecimiento en video, que después hemos visto
juntos en la salita, desnudos y pajeándonos como monos. Más recientemente
repetimos la escena pero con otra mujer: mi madre. Mamá siempre ha sido y será
la esclava de Papá, sometida al igual que Blanca a los deseos y caprichos de
éste(que posee un magnetismo animal muy palpable dada su imponente presencia), y
como una esclava leal accedió a lo que él quiso, así que en cuanto la dejamos
vía libre, Mamá se dispuso para follarse a su sirvienta predilecta(pues las
demás difícilmente la ganaban en cuerpo y belleza). Mientras Blanca era
sodomizada por Mamá, Papá me dio autoridad para hacer lo que quisiera no solo
con Blanca si no también con Mamá dada su disposición para obedecer, autoridad
que he usado en no pocas ocasiones. Los videos grabados con Blanca de
protagonista fueron copiados y vendidos a nuestros amigos íntimos por una módica
cantidad de dinero y la oportunidad de jugar con ella, cosa que hicieron a
cambio de estar nosotros como testigos del evento. Papá y yo nos lo hemos pasado
de miedo con ella, nos hemos divertido, lo hemos gozado y la usamos para lo que
nos da la gana, que para algo es nuestra doncella, criada…y esclava.




Dedicado a Peli



 

Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .


Número de votos: 2
Media de votos: 5.50





Relato: Doncella, criada... y esclava
Leida: 6076veces
Tiempo de lectura: 18minuto/s

 





Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes
Foro porno
sexo
lesbianas
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados
porno
peliculas porno gratis
videos porno gratis
telatos porno incesto
porno español
travestis
peliculas porno
zoofilia
sexo gratis
sexo madrid
chat porno
webcams porno
fotos de culos
juegos porno
tarot
juegos
peliculas online
travestis